LA PEREZA DEL COLOR

El color hace huerto. Y viene que ni pintado el asunto porque cuando el agronauta anda perrángano puede echar mano de la galería fotográfica y salir al paso con una entrada sobre la vida cotidiana de las plantas que nos comemos.

Apenas da el resuello para enderezar el espinazo y apreciar los matices que ofrece este entretiempo mesetario y periurbano.

…son ya versos sueltos entre las matas color tabaco, cenicientas. Unos pigmentos degeneran para dar relevancia a otros renovados. La menta rebrota bajo la mejorana segada.

Hay que alzar un poco más la mano en una planta aislada para alcanzar las gotas púrpuras de algunos tomates cereza.

Los montones de estiércol, secos superficialmente, albergan bajo la capa de paja morena los precursores y agregados nutricios que darán vida a las plantas del huerto de invierno. Va entrando el alimento en la tierra en sus diferentes presentaciones naturales, pero hay pocos cocineros. He puesto en marcha una granja mestiza de lombrices.

Gran parte de las pipas de girasol gallego van destinadas a conseguir germinados.


Va a ser al final del verano cuando los tomatillos con cáscara cuajen (physalis alkenkengi) y abran sus capas pringosas para mostrar un azul intenso entreverado, casi negro. Por ahora no hay manera de hincarles el diente por la carga más amarga que ácida. No, si buenos y nutritivos serán, pero me manejo mal con algunos sabores exóticos. Alcaloides y fisalinas no van a amargarme una ensalada.

Como siempre hay mucho interés por esta planta el motivo de su presencia en el huerto es recuperar semilla Par a realizar trueques.

Cautivan las piezas de berenjena estas semanas y esperan en la pequeña mata el momento de la cosecha final para levantar el cultivo; sobre la parva del acolchado visten hojas ocres las mamilas blancas de luz.

La melongena turca se exhibe impúdicamente al pie del camino; parecen tomates exóticos. Cabe recordar que durante mucho tiempo fue considerada una planta tóxica hasta que alguien decidió no comerla cruda. Tampoco las he probado.

Me dicen los que saben que estos malum deben ser cosechados un poco antes de que cojan ese color azafrán listado y por supuesto ser cocinadas con conocimiento de causa. Va siendo suficiente por ahora el aprovechamiento estético…


Las tareas del huerto tan prosaicas, tan banales a veces, tan sucias y arrastradas no están reñidas con las bellezas espontáneas o intencionada

Salud.

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UNA PUERTA PARA EL HORNO.

Muchas familias disponían de horno hasta mediados de siglo pasado en gran parte de las comarcas rurales de ésta “Hispania fecunda.”

Puedo hoy prestar atención a una construcción complementaria -como pajares, zaurdas, casillas, fraguas- erigida con elementos más sobrios y toscos que las casas.

La ruina vuelve a dejar el pensamiento en suspenso, intentando atajar los modos y maneras de manejarse, en tiempos, para cocer el cereal molido y fermentado en éstas instalación exentas las más veces pero tb integradas en las casas.

La fábrica y los materiales varían en función de las comarcas, los recursos de que se dispone o la tradición constructiva, pero es habitual emplear ladrillo, como en el caso que muestra la imagen inferior.

La intemperie deja a la vista las piezas toscas que en origen estuvieron cubiertas de una generosa capa de barro.

En los alrededores pueden apreciarse las mordidas realizadas para extraer la piedra con que se construyen hogares y casillas auxiliares.

En muchos casos no se prepara tiro o chimenea en la embocadura y el humo sale con facilidad por la tejavana.

Abandonado ya hace decenios, un amigo me sugiere la posibilidad de limpiar el recinto de zarzas y saúcos pero sobre todo preparar una nueva puerta con unas pocas tablas, no sé si puesta la intención en una improbable restauración.

La cubierta desapareció hace tiempo, seguramente expoliada tras el derrumbe.

No tiene mayor importancia la tarea. Tampoco es momento de realizar un estudio detallado de este tipo de instalaciones de utilidad múltiple (a juzgar por las piletas y pesebres colocados en el interior para alimentar a los animales) o consecutiva, pero es agradable poner la mirada sobre algunos detalles, en las técnicas y procedimientos de la arquitectura popular más humilde.

Las jambas, el cargadero y la pisa son elementos cardinales del hueco para acceder a la casilla que alberga el horno; pueden apreciarse unos trabajos paradigmáticos de maceta y cincel para encajar la puerta y poder cerrarla: rebajes, hendiduras, sisas…

Las piedras están aún suficientemenas y basta con medir para montar un bastidor y sobre él clavar la ripia que completa la puerta.

Quedó perforada en su momento la piedra donde va a entrar el eje en la parte superior y se colocó una pequeña pletina de hierro -rehundida y encastrada en la peana– donde pueda pivotar el estribo y realizarse el juego del elemento de madera principal.

La muesca, el arañazo en la pisa de granito -aquí más oscurecido por la humedad- facilita el montaje.

Con una pieza angular, como la que muestra la estampa superior y forjada por un herrero, hubiera sido suficiente para conseguir un giro suave, pero cumple ya su función en otro sitio y se ha sustituido por un tornillo grueso en el extremo sobre el que la puerta apoya en la base.

Hay que hacer alguna prueba antes de terminar.

Los refuerzos en la trasera no vienen mal.

Con el horno reduciendo la temperatura, acaso las mujeres echan unos dulces.

Salud.

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SAN MARZANO

                                                                                          “Plantar una semilla, verla crecer,cuidar la planta y después recoger                                                                                                          los frutos era una satisfacción sencilla pero profunda. La sensación de                                                                                                        ser custodio de aquella pequeña superficie de tierra tenía un cierto regusto de                                                                                          libertad.”                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                                     N. Mandela

Son al menos cuatrocientos compuestos químicos los que conciernen al tomate. Ya sabemos que sólo tras ser cocinados podemos asimilar alguno de los más interesantes para nuestra alimentación.   Entre los treinta y algunos mil registros de germoplasma de tomate que hay en el mundo podremos, con certeza, encontrar algunos grupos de genes que pudieran corresponder a variedades muy recomendables para guisar. Madrid no es la Agro-Nocerino Sarnese, pero es posible cultivar tomate San Marzano con buenos resultados.

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Solo dispongo por el momento de un puñado de estos sobrios tomates, de modo que voy a probarlos en crudo; quizá lleguen para elaborar un salmorejo.

Ardoria, utilizando pimiento, o salmorejo es, era una comida de pobres a base de ajo, pan, aceite, vinagre, sal y agua fresca que admitió el tomate a posteriori, en la medida que las clases populares tenían acceso a la baya. El caso es que en mi humilde mesa la sopa fría se va quedando en tomate aliñado con buen aceite, sin pan, porque no es preciso engordar ni afinar la mezcolanza.

Es ésta  que figura más abajo la ficha que he podido elaborar después de las búsquedas en la red y algunos manejos de la planta.

Nombre común: San Marzano

Origen: Italia. Laderas del Monte Vesubio (en las denominadas Viñas del San Marzano)

Lugar de cultivo: Sur de Madrid, a la intemperie

Tipo genético: Polinización cruzada. Variedad local.

Semilla: Cultivo orgánico. Cedida por Helechos.

Color: Rojo brillante.

Forma/ tamaño: Alargada con depresiones paralelas longitudinales, cilíndrica pero irregular, casi cuadrangular o piramidal. Longitud de 60 a 80 mm y en torno a 22 de diámetro La sección transversal puede aparecer, por tanto, en ángulo o más redondeada. Minina cicatriz peduncular. El ápice puede aparecer deprimido o en punta.

Interior: Se presenta  al abrirse longitudinalmente con dos o tres lóculos que pueden aparecer vacíos y con paredes muy gruesas. El endocarpo del fruto ofrece casi todo el volumen aprovechable. Escasa presencia de semillas y haces vasculares en una placenta que queda reducida a una “raíz” engrosada. Apenas sin agua, el gel que envuelve las semillas es prácticamente testimonial. Carne firme y consistente.  Esta cualidad permite elaborar estimables filetes.

Maduración. Escalonada e irregular. Los hombros del fruto permanecen verdes algún tiempo en periodo de pre-maduración. En el mismo grupo de frutos pueden aparecer piezas en distintos estadios de maduración.

Planta: La mata crece de forma más desordenada que los arbustos de otras variedades. A la intemperie alcanza más de 150 cms de altura por lo que precisa tutorado.

Tipo de hoja: Pequeña, de un verde moderado. Pinnada, es decir con foliolos anchos a lo largo del raquis o eje principal, recubiertas de vellosidades como es común en otras tantas variedades.

Crecimiento: Indeterminado. Variedad de ciclo medio-tardío caracterizado por plantas vigorosas. La planta no se ramifica en exceso. El tallo, en principio erecto, pronto comienza a generar grupos de entre cinco y doce bayas.

Rendimiento: Muy bueno

Fisiopatías/ enfermedades: Resistencia a las enfermedades, no se raja con facilidad, aunque como otras variedades de tipo local tiene baja tolerancia a las situaciones de estrés.

Características organolépticas. Sabor del buen chocolate dicen los expertos. Agridulce. Carne firme de un rojo intenso muy vistosa. Sabor ligeramente amargo en boca y de muy baja acidez. (En torno a 4.5) hasta el punto de que hay quien no incorpora sal en su preparación. Tiene una proporción mayor de azúcar que de ácido en comparación con la mayoría de los tomates, pero aun así mantiene, en general, una bajos niveles de azúcar y ácido. El sabor único del tomate San Marzano se ha atribuido tanto a las cualidades intrínsecas de la variedad como a las condiciones únicas de los entornos en los que se ha cultivado tradicionalmente, con largos veranos y suelos volcánicos.

Información complementaria. Su cultivo es más viables en climas cálidos. La baya se desprende con facilidad de modo que hay que proceder en la recolección de forma cuidadosa para no hacer caer los frutos inmaduros, pero también a la hora de manejar la planta. El tomate San Marzano es muy agradecido para pelar cuando está muy maduro lo que facilita en gran medida su procesado.

Referencias históricas y de cultivo. La Denominación de Origen Protegida solamente designa al tomate pelado para embotar y a los gruesos filetes de la piel. La planta crece de forma más desordenada que otros arbustos. Por esta razón, no se adapta bien a la recolección mecanizada moderna, de modo que San Marzano ha sido sustituido por variedades híbridas determinadas cuyos frutos se pueden recoger al mismo tiempo. Los tomates tienen una forma similar al original, pero son más cilíndricos y menos sabrosos. En la actualidad, como para otras variedades locales, es en el ámbito de la agricultura familiar y de auto-consumo donde se conserva el ecotipo tradicional.

 Las tareas culturales contribuyen a obtener una producción de calidad. La planta debe crecer verticalmente sin muchas ramificaciones secundarias para su mejor manejo. La aparición de los frutos a cierta altura evita el contacto con el suelo y con el agua de riego. Por lo general se realizan podas encaminadas retirar los retoños laterales o axilares que no vayan destinados a una formación más plana de la planta.

Como para otras cosechas es la mano del hortelano, hábil y metódico, la que consigue frutos limpios y en su estado óptimo de maduración.

En su lugar de origen suelen utilizarse para tutorar alambres de hierro galvanizado paralelos al suelo, montados sobre postes de madera, normalmente de castaño. Por lo general, se disponen tres niveles de cables (a 50, 90 y 130 cm del suelo), mientras que los postes de madera se colocan cada 4-5 plantas, espaciados a 200-250 cm a lo largo de las filas

San Marzano es tomate para conserva y fue el procesado lo que disparó la industria italiana del ramo hace más de cien años. La razón es clara: al margen de cualidades como textura, sabor y una alta proporción de carne compacta, en relación con el jugo y la escasez de semillas y una piel fácil de quitar, el procesado es económico y cunde; la reducción del agua es más rápida. Es un tomate de notables cualidades para cocinar una vez pelado.

No obstante las variedades originales del San Marzano eran vulnerables a muchas enfermedades. En los años 70 del siglo pasado el virus del mosaico del pepino destruyó en toda la zona de Nápoles lo que quedaba de un frágil mercado. En la actualidad, los tomates mejorados que pudiéramos comprar enlatados provienen de variedades híbridas que son menos sabrosas pero si muy resistentes enfermedades comunes.

Valoración: Desde el punto de vista del aroma y sabor supone un verdadero hallazgo por la naturaleza neutra de la carne, sin rastro de flavor. Es siempre de agradecer la resistencia que ofrece al rajado y otras fisiopatías.   Tomate de gran aprovechamiento e incuestionablemente adecuado para la conserva.

Créditos:

Página oficial San Marzano:ttp://www.colturaecultura.it/content/san-marzano Miguel Rosa Alta cocina italiana.

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EL ALFICOZ Y SU RABITO.

“Nuestros cuerpos son jardines/en los que hacen de jardineros nuestras voluntades”

                                                 Shakespeare 

Si me preguntan está noche cuál es mi palabra del castellano diría alficoz. Espero mantenerme firme para no divagar sobre Al-Andalus.

Ya que está suficientemente documentado su origen, distribución y características nutritivas  va de suyo abundar un poco en la voz, en la sonoridad de una palabra con que nos referimos a este melón alargado. (Cucumis melo flexuosus) y tampoco voy a privarme de hacer una coda gastronómica.

 Cohombro es el “sinónimo perfecto” y lo utilizamos para nombrar tanto al fruto que aparece en la foto superior, como a la planta que lo produce y tiene origen muy claro: Cucumis. Pero la voz hortense alficoz  parece un poco arábica, no?

Ya me dijeron en el cole que muchas voces que comienzan como ésta de que hablo proceden de la lengua árabe y  recuerdo que no es anecdótico ni  casual.

 Para estas vicisitudes e investigaciones están los diccionarios. De modo que transcribo literalmente la entrada de una enciclopedia digital que plantea una teoría romántica sobre el origen de alficoz. 

Dice el Diccionario de Autoridades, no obstante, que Alpicoz procede del  “dialecto de La Mancha” y que pasó a Valencia y Murcia  por simple vecindad.

alficoz: (Del ár. al-faqqus, especie de melón.)(¿del sup. ár. and. «alfiqqús», del arameo rabínico «pikkūsā», acción de preparar el cohombro para su consumo?) m. *Cohombro (planta cucurbitácea y su fruto).

alficoz. (Del ár. hisp. *alfiqqús, y este del arameo rabínico pikkūsā, acción de quitar el rabillo al cohombro para consumirlo). 


Vamos a quitarle el rabito al fruto, pues; quizá no debiera pelarlo. 

Ya que no es en absoluto dulce, (pero nunca amarga) cambio de dirección y sin pudor alguno preparo una sopa fría donde el protagonista puede llegar a perder plano en favor de la menta, de tanto valor condimentario. 

Un alficoz de pequeño tamaño, ajo, aceite, sal rosa, vinagre, con dos yogures griegos -para darle cuerpo y contribuir  a mejorar su textura –  más dos hojas de la  verde aromática son suficientes.

Salud.


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DESPUES DE TANTO TENDEDERO PARA TAN POCO TOMATE.

Una economista agrícola del oeste de Stavropol que proseguía sus estudios en la Universidad Humboldt de Berlín (el dinero para vivir lo ganaba en un establecimiento de Wedding), insistía en que el amor como objeto de trabajo para las personas civilizadas tiene su sede no en el interior del individuo, sino en que es la red que surge espontáneamente entre las personas que mantienen entre sí una relación amorosa. Dicha red es siempre más rica que las intenciones de las dos personas que deciden quererse […] Hasta la mirada casual de un transeúnte pude aportar algo, y todas esas cosas el otro no tiene por qué compartirlas ni saberlas” 

                Alexander Kluge. El hueco que deja el Diablo.


Del mucho hacer a no hacer nada no hay más que todo un corpus de modelos agronómicos, con sus seguidores, dispuestos -en más ocasiones de las que serían deseables- a no ceder ni un ápice en ideario, normativas o postulados.

Si bien la ciencia hortelana tiene una faceta que entrampa los sentidos -y por tanto el gozo-  no es menos estrecha su vinculación al pensamiento, hasta  el punto de otorgar, en espacios relativamente pequeños, con tareas amables,  suficientes satisfacciones de orden intelectual,  pero también sensaciones muy cercanas a la serenidad.

Y aunque no siempre es la laboriosidad desatada lo que más nos convenga, la imaginación excita ciertas tareas y se les va dando suelta si las deidades familiares y del agro así lo dispusieran

Cuando el huerto es pequeño también se puede profundizar en el aprendizaje  de algunas tareas culturales que no perjudican a las hortalizas, pero muy al contrario permiten corregir el rendimiento, la salud, el aspecto final de los frutos. Por ejemplo, tutorar.

Entiendo que son los cultivos de verano los más  necesitados de estas instalaciones temporales. 

Voy levantando semana a semana unas estructuras un poco más elaboradas para las tomateras.
Si las  solanáceas no están bien ancladas por el sistema radicular, el  viento, los aguaceros y chaparrones que nos agitan algunos días pueden tumbar todo el huerto en un rato.
He probado distintos apaños a lo largo del tiempo -con la connivencia explícita y anónima de muchos huerteros- para afianzar y mantener erguidas las plantas del tomate  y hasta ahora han sido éstas las que de forma habitual terminaban, con agua, sol y buenos alimentos, campando a sus anchas, enmarañadas.

Los procedimientos  tradicionales de tutorado empleando cañas, estacas, cuerdas, tablas, (más recientemente las mallas agrícolas) o el simple caballón alzado, me vienen pareciendo precarios en según qué modelos de cultivo o variedad; quizá no llego a conocer bien aún el empleo de cada técnica.

Trípode de bambú para cultivar pepinos en vertical con un tirante para aguantar la tensión del cable. Foto: huerta agroecologica en Leganés (España)

Con menos terreno cultivable puedo dedicar también más tiempo a cada planta, individualizarla, observar  sus querencias y, si fuera preciso, hacerle  un soporte a medida.

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 Mucho tutor ahora para tan poca mata, esta temporada

Podemos hacer referencia a algunos modelos básicos.

Como por ejemplo un canónico entramado en forma de caballete  más o menos alzado a base de cañas, varas o ramas, varillas de hierro forrado con tubo corrugado o de bambú…

Se ven en vivo y en las redes sociales, trípodes a modo de tipi indio para plantas aisladas, o estructuras metálicas estables, complementadas con tutores en espiral de acero galvanizado que abrazan los tallos principales;  estructuras con mallas de hierro o varas de fibra de vidrio.

Tutorado tradicional del judion con tres palos en la Comarca de Barco de Ávila.  Foto: cortesía Sergio.

Se utilizan en túneles y viveros macarrones elásticos  que parten desde el pié de la planta y que el hortelano va enrollando alrededor del tallo principal y tensando hasta un soporte superior, corrido, por encima de la fila de plantas, de alambre o similar. Pero también  se emplean en campo abierto, estructuras metálicas o bastidores de madera donde atar  el extremo superior del cabo o rafia. No es fácil encontrar en la ciudad cuerda de pita con que suelo hacer las ataduras de forma preferente;  es orgánica, se degrada con facilidad y el nudo se aprieta cuando se moja. Estas técnicas van bien cuando la planta tras decir la poda crece con una sola rama principal. (En general con menos rendimiento.) Para variedades y prácticas con más ramificaciones la tarea se complica.

Pueden emplearse, a falta de materiales rígidos y alargados,  postes anchos bien clavados en el suelo con tensores en ambos extremos de las filas de tomate para tender cuerdas, pasándolas a ambos lados de las plantas y a distintos niveles. El manejo del tutorado con cuerdas es rápido y barato, se trabaja menos, pero tengo la certeza de que la planta si persiste  en su tendencia a acodarse y a bailotear con intemperie, en su querencia  a asilvestrarse, no va a resultar  fácil hacerse con ellas

Y palets o jaulas metálicas redondas o cuadrangulares que se pueden adquirir en centros especializados.

Pero una planta puede colgar, así mismo, de un contenedor,un cubo,  macetón  etc, accesible y que sustente todo.

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Hay otros elementos sustentantes especialmente acertados desde el punto de vista estético, como éste de Bengt Andren

Cualquier soporte es válido, efectivamente, si cumple su función  esencial: aislar de forma estable la planta del suelo, sujetar el peso del follaje y de los frutos a lo largo de todos los estadios del crecimiento, hacer más cómoda la recolección y facilitar  el acceso diáfano a las bayas, pero también la observación de los mismos o la realización de las distintas tareas de limpieza y eliminación de hojas secas.

Cuando se clavan las cañas en la tierra al pie de cada planta y se atan en la parte superior formando esa galería piramidal tan popular, limito en buena medida el acceso  visual o manual, más aún  cuando el marco de plantación es un poco apretado. Creo que se está contraviniendo la tendencia  natural de la mata -incluso a ras de tierra- a extenderse, a abrirse buscando la luz, al menos por lo que se refiere a solanáceas.

De modo que la estructura convencional para sujetar una serie de plantas vigorosas va implicar, al menos ésta temporada, algo más elaborado que un simple poste, cabo, o guía  y  – sin tener en cuenta las determinaciones intensivas y comerciales- el empleo de un sistema alternativo múltiple, basado en un ingenio mas cerrado al pie y en la posibilidad de abrirse a la par que  las ramas en forma de embudo, copa o sus variantes.

Partiendo de esa estructura básica en forma de “uve” para plantas de pequeño porte o determinado, pueden plantearse otras alternativas o variantes válidas incluso para pimientos y berenjenas que cargan frutos pesados e ir ganando en altura y resistencia en función del crecimiento de las matas.

La opción de un un agronauta en la red

Tiendo a un sistema que me permita incorporar elementos a medida  que van apareciendo los pomos florales.   Es muy fácil, luego, llevar las bayas a descansar sobre un peldaño o soporte horizontal.

Es habitual que algunas variedades superen por arriba el nivel  de cañas  u otros elementos  sustentantes establecidos y  -si no se despuntan las ramas- caigan en cascada cubriendo las partes bajas dando sombra o limitando la aireación.

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Esta planta de tomate chocolito va a necesitar varias ampliaciones del trípode.

Al comenzar  los cultivos de verano no pueden faltar tutores  y ya desde principios de primavera voy inventariando el material disponible o reponiendo, si fuera preciso, el más deteriorado. Las cañas, si se cortan en febrero y se guardan bajo techo en invierno, pueden durar varias temporadas.

Para el huerto de verano estoy preparando una estructura  básica cruzando elementos de los materiales  más diversos  a un metro de altura; tubos clavados al pie de cada una de las dos líneas de plantas, cruzados en forma de tijera y atados  para ir situando otros soportes verticales u horizontales según sean las necesidades.
 Un tendedero de tomates con diversos elementos que me permite atar de forma minuciosa casi cada rama y  abrir la planta a la circulación del aire  o el flujo de aromas de otras auxiliares y la incudencia del sol. 

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De forma habitual voy retirando hojas secas o muy deterioradas y cuando el tallo principal es suficientemente robusto, es posible recuperar las cañas más bajas que quizás sujetaran el primer nivel de tomates, para reutilizarlas mas arriba.

Para otras manos de tomate he colocado golpes sucesivos  de tres cañas perpendiculares al suelo, con una estructura  zigzagueante y adaptada a un tipo de planta concreto. Sólo cabe ir añadiendo peldaños cada semana.

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Nuevos soportes verticales pueden rectificar la altura.

Las ramas no van a salir fácilmente de estas estructura, ni  se  van a tronchar con facilidad por su longitud, el peso de los frutos o por el azote de los meteoros.

Algunos hortelanos especializados que disponen del terreno suficiente,  miman sus plantas o quieren evitar rigurosamente la hibridación, insisten en sembrar cada planta de tomate a la distancia que pueda marcar un adulto con los brazos extendidos hacia todos los puntos cardinales.  Valen en estos casos estructuras de madera bien armada.

Foto: Dean Slater. EEUU.

Sabemos que la voz “cultura” tiene la misma raíz que “cultivo”. Y cultivar supone trasformar un espacio físico, realizar una serie de labores de muy diversa índole relacionadas con las plantas, los insumos y algunos materiales complementarios; es trasformar con ritmo una realidad por otra, al mismo tiempo que toma sentido el tiempo que se le dedica. Cultivar no sustituye a nada. Nunca se puede olvidar al hortelano.

Es estimulante montar soportes al ritmo lento de las plantas. Una navaja y una bobina de cuerda en el bolsillo son suficientes esta tarde.

Salud.

 

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BREVES EPISODIOS DE SOL Y SOMBRA.

El huerto hay que madrugarlo cuando se alcanza este largo verano de Castilla, cada año más largo. Poco se puede hacer con treinta y cinco grados al medio día salvo dejar que las plantas se manejen con la intemperie que les ha tocado en suerte.

Algunos vecinos y compañeros de lances hortelanos utilizan redes o tramas para controlar el exceso de sol y las altas temperaturas.  No es nuevo, claro.  Tengo para mi que tendremos que ir incorporando esta técnica para mejorar el rendimiento de las plantas y moderar las secuelas de tantas horas de estrés térmico. Filtrar la luz quemante  durante las horas centrales del día permite mantener algunas horas más la humedad en la tierra, evita la perdida de frutos por quemaduras, mejora las condiciones de trabajo del hortelano. El coste vinculado a huertos familiares o de autoconsumo, para colocarlo sobre determinados cultivos más sensibles, no debería ser un inconveniente. Guardo desde hace tiempo una red apatente de al menos cuarenta m cuadrados y los vientos, tirantes y soportes tampoco van a ser un problema.

No son, me temo, las técnicas más habituales o normalizadas para una horticultura natural,  pero tampoco han sido documentadas hasta ahora estas sacudidas inesperadas del calor.

Viene a cuento esta digresión porque pongo al resguardo del sombrajo limítrofe una planta de cuca melón en la idea de que no es una cucurbitácea adaptada al pleno sol de Madrid; no conozco en absoluto su cultivo, ni su comportamiento pero la delicadeza de tallos y unas hojas livianas me vienen advirtiendo que va a ser complicado que pase el corte de esta primera ola de calor.  Unos finísimos y escrutadores zarcillos abrazan a ojos vista el alambre para trepar.

Resulta amable dedicarle ratos a esta cucurbitacea, menor por ese aspecto tan vulnerable; me he permitido el dispendio de sembrarla con un cubo de tierra vegetal para colaborar un tanto con  su alimentación y la retención del agua.  Quizá deje de ser esta temporada  Melothria Scabra  una planta singular.

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Las plantas de tomate parecen apocadas y enfermas en comparación con las vigorosas y verdesísimas variedades híbridas de mis vecinos.  Pero a este lado de la verja van apareciendo los pomos florales normalmente;  son ejemplares  de follaje parco, limpio y  cargan ya las más precoces algún ramo de tomatillos ovalados.
Aquellas carecen, hasta donde he podido observar,  de los tricomas característicos de tallos y hojas  de estas plantas de polinización abierta, más rústicas.

Las plantas de berenjena de la mayoría de mis vecinos triplican el tamaño de las que vegetan de mi mano.

El tutorado proyectado esta temporada requiere más tiempo y materiales, pero  las tareas no son en absoluto ingratas y me permiten  merodear en el entorno de los bancales de solanaceas, para zarandear de forma también más metódica las plantas en las que van cuajando los primeros niveles de flores o quitar los brotes, tirar de alguna hierba pajarera o retirar alguna hoja seca.

Es otra forma de contar, otra cultura agronómica.

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El lindero natural, improvisado con girasoles gallegos de pipa negra y maíz, con aguaturma a la cabeza, va tomando forma pero me temo que en poco tiempo, cuando las piñas y mazorcas  se desarrollen, acabará invadiendo el espacio de mis vecinos.  Espero no dar mal ejemplo de correlindes porque esta intervención efímera está pactada y hay correspondencia en la buena vecindad.

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Eltomatillo negro es una planta agradecida, apunta ya maneras un poco alocadas y excéntricas; esperamos su pudorosa fructificación.

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Tras dos buenas pasadas de recolección de arvejas hay que ir cortando las matas secas. Las vainas que han quedado  son rescatadas para  obtener simiente después de que acaben de secarse en el pasillo.  No he arrancado la raíz pensando en la incierta marcha de los hongos inoculados este tiempo atrás.

Ya he probado la tortilla de guisantes que me recomendara mi buen vecino virtual de Viña Lagar y han quedado unos puñados aún para trabar un estimable paté de guisantes eludiendo el tahine en beneficio de un aguacate maduro.  Vamos aliñando todo con aceite, ajo y una lima par ir untando el pan y pringarse hasta la muñeca.

Salud.

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POR UN PLATO DE ARVEJAS

Están listos para cosechar los primeros guisantes en apenas sesenta días.
No se parecen  a las variedades brillantes, planas y caras  que adornan  los comercios del ramo.

Las arvejas pueden consumirse crudas o con apenas un hervor,  solas o compuestas, a la manera canaria,  en ensalada o estofadas con alcachofas y espárragos… pongamos por caso.

Entra en escena como protagonista indiscutible esta leguminosa para una comida frugal y sencilla, pero delicadamente sensual. Nada de acompañamientos ni procesados que oculten y distraigan la textura, el sabor de un fruto  -hace un instante tan intimo- que se presenta crugiente y se despide sedoso. Acaso una cebolla caramelizada para que pueda el tenedor cargar algo mas.

Es suficiente, para empezar, abrir una tras otra todas las vainas escogidas de entre las más llenas  e introducir el dedo índice para sacar los botones alineados, gordezuelos, limpios. Tienen estos estuches verdes apretadas canicas que estallan suaves en la boca, con el nivel justo de acidez.

Es uno de esos productos hortelanos de absoluta temporalidad, que se consumen frescos unos días al año, como los higos o la ciruela Claudia y no hay que perder la oportunidad de cultivarlo.

Para la siguiente tanda sopa o humus.

Sorprenden estos frutos  frescos y no defraudan porque no hay vaina vana, pero no dejaré de recoger  para otra ocasión algunas flores, esta vez sí, para acompañar y condimentar alguna ensalada.

Quedan al menos otras dos pasadas -y el escote para recuperar semilla-  entre las mejores matas.

Parece que he conseguido no desvariar sobre  aquel cuento de todos conocido sobre un guisante y  la hipersensibilidad femenina, ni incordiar con el recuerdo del señor de los guisantes y sus genes.
Pero callo, que está todo listo ya… Ha llegado el momento.

Salud.

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EL HUERTO FLACO.

Es éste un huerto flaco por el momento porque el ambiente empieza a seducir. Sin reparo  tiende uno a exhibirse de nuevo.  Debiera desaparecer detrás de este proceso de obtención de hortalizas, ocultarme bajo su más amable rendimiento.

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Abrigo ciertas dudas sobre la necesidad de generar contenidos en Internet, pero si algo celebran estas proposiciones  -no sé si superando el sentido del ridículo y  un tono sospechosamente chusco- es la posibilidad de dar cuenta, sin presunciones,  de unos ciclos terrenales  y de lo que le me ocurre durante el proceso.

Al parecer la “galaxia bloguera” se apaga en poco más de una década, superada por otros medios más urgentes e inmediatos, donde las escrituras y las buenas representaciones están más relajadas. No obstante sigue siendo interesante “navegar” para conocer otras propuestas…y me engancho sin pudor a todo lo que chisporrotea en pantallas de no importa qué tamaño. Y a ratos cultivo hortalizas.

Gran parte de las pequeñas plantas de tomate ya están intercaladas entre las cebollas. Un nuevo repertorio se pone en marcha a distintas velocidades. Tomate huevo amarillo, verde cebra, tomate pera de Girona, tomate criollo (tipo bistec) chocolito, un híbrido obtenido a partir de una variedad de polinización abierta y muy popular en Argentina. Quiero volver a probar Brandy Whine después de cuatro años y, por supuesto, un clásico ya en lahuertadelosrobles: negro de Crimea,  tomate equilibrado donde los haya.  Parece que van a ser nueve, o diez, si incluimos en el conteo un par de matas de tomatillo negro, consagrado a la reproducción.

Tomo nuevos derroteros en el aprendizaje del cultivo del tomate, itinerarios que llevan a la nutrición de la planta o la prevención de los problemas fisiológicos, al suelo donde mejor prosperan o  a las distintas escuelas que pontifican sobre las  intervenciones durante el ciclo vegetativo.

El tomate es una planta vivaz plurianual en sus zonas de origen, pero en las regiones en que se cultiva como anual, en un corto periodo de tiempo que dan de sí los meses más benignos es necesario realizar distintas prácticas, tomar decisiones  para conseguir un rendimiento aceptable. Es evidente que una planta de tomate se cultiva más que una lechuga.

Las berenjenas listadas de Gandía ya están acomodadas sin que apenas hayan notado el cambio​ a la tierra. ¡Cómo remolonean estás plantas tan exigentes, tan necesitadas del calor de pleno verano!.

 

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Es estimulante observar la marcha de los guisantes para el tiempo en que estamos. Estos días borrascosos han sido providenciales para su evolución, pero antes de segarlos van a formar parte de un plan intensivo.  Al atardecer el sol radiografía las vainas planas de arvejas y muestran granos  incipientes; en una semana estarán muchas de ellas pomposas y  bien llenas.

Aun cediendo y repartiendo mucho plantón, (en la idea de poder visitar durante el verano a los vecinos y disfrutar de su marcha en otros huertos según otros apaños y estrategias), se repiten por estas fechas las dificultades, casi proverbiales ya, para repartir  todo esta  materia viva que ha resistido a la intemperie y a la impericia del hortelano. Siempre tengo la impresión de que se van a suceder fallos, errores que arruinaran todo el plantel. Aun así  se vuelve a dar bien y otra vez me costará encontrar sitio para unas cuantas plantas.

 

No quiero volver a comprimir el marco de plantación de las tomateras. Para evitar cualquier conato de instalar más plantas de lo que sería deseable para los planes de este año, he preparado un escantillón de setenta cms y señalo escrupulosamente el lugar donde  voy a colocar los pies de solanáceas;  esta decisión me lleva a intentar organizar un sistema de tutores más abierto.

Tengo apalabrada con algunos vecinos de la red una entrada sobre tutores y los distintos sistemas de emparrado, en su caso, de la tomatera. Para cosechar algunas variedades como campari o verde cebra hay que estirar bien los brazos al final del estiaje. Aprovecho cualquier cosa como soporte. Entre cañas y barras, hierro corrugado…

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Por ahora pruebo una instalación con soportes metálicos cruzados y sujetos a un metro de altura, complementados con cañas hincadas al pie de las dos patas y atados en el extremo superior para ir añadiendo después otras horizontales, a modo de  peldaños, según demanda. Se trata de abrir la planta en copa para que circule el aire y llegue  la luz o se sujeten convenientemente las bayas de mayor peso.

En los bancales más largos dispongo  líneas de  plantas de porte indeterminado o tipo vid  para luego a sus pies, orientadas todas al mediodía,  añadir  otra paralela con tiras más bajas de pimientos y berenjenas. Un decir, porque a la postre el huerto  -y a pesar del sesgo ceremonial que  toman  algunas  series de intervenciones sobre las plantas- se ensancha menos como un jardín de hortalizas ordenadas,  que como un vergel difuso, de tiempos caprichosos, donde arrancan  hermosas y sorprendentes trasformaciones.  En ocasiones se  cosecha algo.

Quedan aún por acarrear al huerto las berenjenas blancas y unas turcas,  el pimiento italiano, alguno tipo manzana y las piparras, que tanta buenas vibraciones están generando, pero  también más tomate canestrino y liguria, que van más atrasados. Y aún habrá que buscar sitio para unas matas de tabaco mapacho. 

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No parece que pueda plantar muchos  pies de pepino limón y alficoz. Les corresponde crecer en vertical,  pegados a la valla, a una celosía de madera, sobre algún viejo somier rescatado de una escombrera, o para que trepen por una espaldera de cañas habilitada a tal efecto. No hay lugar para más cucurbitáceas, pero quizá pueda completar un ensayo con minimelancias, quizá la cucurbitacea más delicada que pueda haber sembrado hasta el momento y de la desconozco todo. Hace apenas tres días ha empezado a parecerse a algo.

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Planta de Melothria scabra o minisandía.

Van a salir ya zumbando las acelgas arco iris que han completado su ciclo y muestran tallos pelados, tras la cosecha de hojas tiernas y  que voy destinado a las ensaladas más delicadas de lo que va de temporada.

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Planta joven de tomate negro de Crimea

La paja limpia aún  refleja la luz y el estiércol  de caballo desbarata la apariencia de un huerto estético; una forma inocente, cambiante y efímera  de hacer paisaje local. Pronto será pasto todo de los gusanos.

 

 

 

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HACIENDO SUELO.

“Cuando veo algo tan sumamente perfecto que solo podría convertirse  en una foto (o un cuadro, un poema, un relato, o una canción…) de belleza total, me revuelvo y me vuelvo hacia la ruina, lo roto o  quemado, en resumidas cuentas, lo vivido.
          Laura Caneda.

 

Los hongos y las plantas vienen compadreando desde hace más de cuatrocientos millones de años. Parece que les va bien.

Hace algún tiempo un hortelano amigo me obsequió con una muestra de micorrizas. Era la finalidad primera esperar a que los tomates estuvieran bien acomodados en los bancales para incorporar cerca del tallo, una vez diluido en agua,  el contenido del sobre. Pero me he adelantado y -aprovechando que están creciendo con buen tono unas manos de arvejas- he planeado probar si es posible infestar la leguminosa, una de las familias de plantas que mejor asume la simbiosis.  De modo que el destino inicial de esta pizca de esporas,  vinculadas recientemente en horticultura a mejorar el rendimiento de las tomateras y otras plantas como si de un abono se tratase, va camino de resolverse dando prioridad a la reproducción del hongo para contribuir a la vivificación del suelo. Aun así, no deberían verse afectadas todas las plantas de guisantes porque han quedado algunas en otra tabla, al margen de la aplicación, para observar las evoluciones de unas y otras.IMG_20170513_102708764

Comentan los que saben que Glomus intrarradices es uno de los hongos endomicorrícicos más comunes por estos andurriales hispanos y estos últimos años algunos agricultores lo vienen utilizando como “fertilizante biológico”.  Atendiendo a las presentaciones comerciales, el inóculo está formado por esporas, partículas de micelio y arcillas inertes…  En puridad esta mixtura no es un fertilizante; más bien el uso más recto se derivaría de una técnica, un procedimiento integrado en un conjunto de trabajos destinados  reintroducir organismos vivos en el medio y que actúan directamente, en comandita con las raíces, para incrementarlos agregados del suelo y  la salud de la planta, la resistencia a los ataques de enfermedades y plagas y, por consiguiente, el rendimiento. (No olvido nunca la finalidad primera y cabal de este huerto: producir alimentos limpios y saludables.) Estas experiencias son, hoy por hoy, alternativas desarrolladas, con rigor científico, a la fertilización convencional de NPK, mas biocidas  y que tan aciagas consecuencias está generando en las últimas décadas para el agro a nivel mundial.

En esencia el hongo de marras, pionero en suelos pobres en nutrientes, estimula el desarrollo de las diferentes especies de plantas con las que se hermana; sus hifas penetran las células de la raíz donde forman unos órganos característicos, organizados para el intercambio de azúcares y nutrientes con la planta huésped.   La mayoría de ellos también forman pequeños nódulos en y entre las células de la raíz. Desde las raíces colonizadas los micelios crecen en la tierra hacia fuera y actúan a modo de extensión del sistema radicular.Se empieza a conocer mejor el proceso por el cual las plantas avisan al cultivar, a través de este íntimo vínculo, de la amenaza de una plaga o una enfermedad.

Muchas especies Glomus pueden producir esporas dentro de la raíz, (como por ejemplo, el organismo al que vengo haciendo referencia) y generalmente se propagan a través de los animales del subsuelo. Las micorrizas arbusculares  no pueden sobrevivir ni reproducirse fuera de la raíz viva de una planta huésped;  rápidamente coloniza especies importantes como maíz, trigo, alfalfa, vicia faba… u otras y eso puede ser determinante para lo que me interesa a la hora de planificar “cultivos” específicos del hongo con cereales u otras leguminosas y  ampliar su presencia.

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En otras ocasiones cuando el entorno, el tiempo y los recursos me lo han permitido, he buscado hongos y otros microorganismos en el sotobosque de media montaña, al pie de Gredos, bajo encinas centenarias o campas arbustivas.  No era complicado para lo que pretendía en ese momento, bastaba recoger en zonas umbrías esa primera capa de suelo fértil, incluyendo hojas, raicillas e hilos claros, excrementos, materia orgánica e inorgánica y que funciona como precursor del humus.  Estas operaciones repetidas con asiduidad pueden conseguir mejoras sustanciales en la estructura  de los suelos empobrecidos o sin apenas vida microbiana, como es el caso del huerto periurbano en el que estoy metido.

Es ésta una actitud encaminada a mejorar los procesos que se organizan en la pila de compost y, sin ser del todo desatinada esta tendencia, el proceso de aproximación a las micorrizas me ha permitido abordar estas nuevas prácticas culturales de forma más meticulosa.

La pretensión de esta entrada es, por tanto, dar cuenta de un paso, más allá de la discreta y proverbial incorporación de estiércol,  en el  proceso que inicié al levantar los bancales para generar suelo  y mostrar las primeras actuaciones, pero sin descuidar ningún procedimiento contrastado que contribuya a obtener un soporte vivo,  fértil, para las hortalizas.

Son diversas las fuentes  consultadas, de mayor o menor rigor y  extensión, que pueden consultarse para acercarse a este sorprendente mundo tan espectacular regido por la colaboración, el trueque o el intercambio.

De a aquí para allá  tengo  que  adaptarme  a escenarios diferentes y por ello  organizo este ensayo sin mayores expectativas, por ahora, que introducir el hongo en un cultivo, pero también la multiplicación de esporas en un contexto de modales orgánicos incipiente. Léase: laboreo proporcionado,  cuidado de la vida macro y micro-orgánica, abonados, humificación continua, siembra cercana y superposición de cultivos, rotaciones, cultivos mixtos y otras conductas destinadas a generar con más tino y de forma integrada materia orgánica y agregados que sujeten la humedad en los primeros veinticinco cms de tierra.

Ratifico, según ligo  la solución, esta idea de ir  plantando intercaladas en los próximos días  las solanáceas, (no arrancar las plantas de guisantes) y esperar el contagio a través del contacto de las raíces o animales. La tierra a estas alturas del año  va tomando  la temperatura apropiada para trasplantar.  En todo caso, cuando las primeras plantas hospederas se fueran agostando (si tuviera éxito la simbiosis), podría ser viable cosechar esporas sacando las raíces, para después procesarlas y  convertirlas en un nuevo soporte que se pueda guardar, o sencillamente segar las plantas y dejarlas en el terreno.

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Es habitual  en este procedimiento mezclar el polvo con el agua que se utiliza para regar si está libre de cloro o, en su defecto, agua destilada o de lluvia.  Una vez aplicado el jugo al pie de las plantas he abierto el sistema de riego para facilitar el proceso.

 

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No debiera perder de vista el sembrador curtido este proceder mutualista de algunos organismos que tan importante papel desempeña  en el ecosistema de las huertas. Para los más no son más que monsergas.

Queda pendiente ilustrarse y  forjarse un criterio sobre las condiciones en que mejor se desarrollan estos conspicuos organismos -que tanto darán que hablar por estos pagos- y sus ciclos… temperaturas, estaciones más propicias para su activación. Estoy medianamente convencido de los resultados, pero tampoco será un drama si en el próximo semestre no hay evidencias de su propagación, porque nunca se parte del absoluto cero.

Completados, grosso modo, los trabajos  de diseño  y organización del huerto es probable que, abundando en estas resoluciones orgánicas, pueda dedicar algunos ratos a capturar los microorganismos con  más presencia en el entorno y conocer, siquiera de forma genérica, aquellos que más van a dar la cara.

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Es este huerto hirsuto cada día un poco más amable y comestible.  Todo suma: una pequeña acumulación de hojas, un brote descartado, los meteoros… (El viento también cultiva). Para su buena marcha de los cultivos debe seguir el hortelano el mismo protocolo sobre y bajo tierra aunque las velocidades sean bien distintas.   La memoria de un huerto habita en el suelo.

Salud

micorriza

Algunas referencias:

http://lacienciadeamara.blogspot.com.es/2013/05/raices-y-algo-mas.html?m=1
http://www.monografias.com/trabajos-pdf2/tipos-micorrizas/tipos-micorrizas.pdf

rjb.revistas.csic.es/index.php/rjb/article/download/334/328

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INCENTIDUBRES y QUEBRANTOS.

Una cosa es la información,  el saber que ha helado y mucho, …  y otra muy distinta llegar al huerto  y  ver el daño que el hielo ha hecho. 

                        Encarnación en El Huerto 2.0

Intercambio argumentos y comento situaciones con algunos vecinos de la red que trabajan en muy distintos lugares de la Península y en otros países del Subcontinente Americano. 
Queremos plantar de todo, tener de todo. Anhelamos adelantarnos cada año unos días a las diembras y cosechas del año anterior. Nos confabulamos con el cambio climático para cultivar sandias donde, hasta hace bien poco, era impensable.  Nos ponemos con los semilleros para los cultivos de invierno al terminar de colocar los plantones del verano. Plantamos árboles como mandan los cánones. Hay hortelanos que tienen la posibilidad de cultivar en varios lugares a la vez, incluso, con climas bien distintos y es una buena oportunidad para tomar perspectiva.

Comento en algún hilo que siempre hay que mirar por el rabillo del ojo  a lo que hacen los demás en el campo. La tradicion. Pero no hay que perder de vista la hoja de ruta de la tecnología, las certezas de la ciencia agronómica o las experiencias contrastadas en proyectos concretos  y según escuelas.

Los semilleros sembrados en la montaña pueden viajar sin problemas a la meseta y colocarse por ejemplo en un huerto urbano, escolar… Hay huertas  familiares o de autoconsumo en Siberia y en el Sáhara produciendo más y mejor.

Foto: Bengt Andven. En algun lugar de Noruega

Por lo demás, es muy interesante conocer lo que le ocurre a una hortaliza de invierno cuando se suceden los días de temperaturas bajo cero y el suelo está congelado en sus cinco o diez primeros cms y  otros muchos no se superan los ocho. No puedes ni clavar una azadilla. Hielo sobre hielo.

 Se siembran frutales conociendo los riesgos y en la idea, por supuesto, de  que si cuajan se van a obtener unos frutos sin parangón.El hortelano aprende a cogerle el punto a las hortalizas con el tiempo y asume los retos y las pruebas más sugerentes con estas o con los árboles. Siempre hay incidentes, situaciones que se llevan por delante el trabajo y las espectativas de todo un año, o varios.

Es horticultura de montaña, mesetaria. Una buena escuela.
Sabemos que con acolchados, mantas térmicas, invernaderos, etc,  se puede regatear  a la naturaleza, pero en un descuido te “trinca” y se lleva por delante alimentos e ilusiones.

Estos días se lamenta la artífice de El Huerto 2.0  de los estragos de una helada    -no por previsible menos dolorosa- que ha quemado casi toda la flor de los frutales, brotes; las imágenes son sangrantes pero no va a dejar de cultivar su huerta.  Dollus de fatiga, afliccion, trabajo.

Legumbre en Lahuertadelosrobles.

 Témporas y cabañuelas, calendarios zaragozanos, paseos al Santo. A cada uno le gusta su método de predicción metereológica y se fía y lo observa porque se ha hecho siempre.  

Siempre desde el respeto mas sincero me resulta pintoresco, pero no menos descriptivo, entiendo, valerse de referencias religiosas y litúrgicas, astronomicas, mágicas o sobrenaturales para facilitar cálculos o el día de una siembra. 

Otros agricultores humildes  observan los indicios y señales de la naturaleza en su entorno. Los hay más perspicaces, pacientes y seguro que un puñado con más suerte o buen tino. 

Debe saber el hortelano dónde cultiva, los tempos de su entorno, el paso de los vientos dominantes, estar  al tanto de los ciclos circadianos para afinar en los márgenes  de error. Pero sobretodo, en los tiempos modernos, echarle un ojo al último tramo del telediario.

No debiéramos minusvalorar a los hortelanos que siembran y cultivan observando poco más que el suelo de los bancales, cuando disponen de  unos ratos y obtienen respetables cosechas.
Pero incluso a pesar de disponer de una prestigiosa agencia metereológica que nos ofrece con bastante exactitud tendencias, imágenes por satélite, estadísticas, datos y predicciones suficientemente fiables con una semana de antelación, es muy complicado eludir los daños de una tormenta o un frente frío.

Me temo que todas las herramientas nos valen.

Seguimos cometiendo errores, (hablamos poco de ellos) pero lo fundamental siempre es que siempre habrá imponderables.

No puedo por menos que apoyar a Encarnación  comentando estás incidencias y recordardo que  en algunas zonas el huerto vive por la tenacidad de sus operadores, y a pesar de las observaciones  de los gurús o los dioses del ramo.

El hortelano pasa el duelo (dollus: aflicción, pero fatiga, trabajo) en la idea de que el azar o la ley de la naturaleza pueden volver a liarla, sin compasión, pero fortalecido y otorgando a la fatalidad…a los destrozos la importancia justa y  relativa que sólo enseñan las sucesivas campañas en el tajo.

Salud.

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