PESTOSA.

Frente al sentido canónigo en mi casa se decía que éstos que atravesamos eran “días de perros”, desde el punto de vista meteorológico, claro, y no por el calor calor extremo, sino por desapacibles; esos en que cae de todo, el viento nos barre de la calle y -al menos hace años- sólo deambulan los canes por todos los pueblos.

Los hablantes olvidan el origen de las expresiones, pero no por ello dejan de ser significantes.

Poco se puede hacer a la intemperie en algunos días de invierno, pero cunden las horas si se emplean, pongamos por caso, en preparar al resguardo los semilleros de algunas plantas auxiliares o aromáticas con vistas a garantizar la diversidad alimentaria de la huerta. Aún espero dos o tres semanas para la germinación de solanaceas y demás plantas del huerto de verano.

Hay pocos cogollos de Tudela. Voy dando cuenta de coles y demás brassicas.

A los rábanos murcianos, al daikon se les han helado los hombros pero -bien anclados en la tierra- siguen siendo muy aprovechables. Cebolletas, escarolas… Ya no quedan calçots.

Me gusta apuntar lo que le ocurre a las hortalizas. En estos días, después de un generoso desarrollo vegetativo, la rúcula sube a flor.

No puedo dar yo respuesta o explicación a muchos sucesos. Desconozco si éste que me ocupa tendrá relación causal con la moderación de las temperaturas medias que se vienen registrando por todo el planeta. Pero la rúcula, en efecto, florece en pleno invierno. No descarto que las plantas, sometidas a repetidos cortes -vislumbrado su fin- se estresen y tomen el camino de la propagación para perpetuarse.

He mantenido, desde que entró hace años en la huerta, una inocente prevención con esta planta. Quizá debido a la intensidad del gusto tan peculiar que pudiera ocultar matices respecto a otros ingredientes cuando se combina. Lo más probable: un prejuicio alimentario. Una planta nueva presente en los lineales de los comercios del ramo.

Una de las resistencias a cambios mas severas del ser humano tiene que ver con lo que se come y la manera de comer. (No es inoportuno comentar que en algunas zonas la planta de marras en su advocación silvestre es conocida como “pestosa”).La mejor terapéutica quizá venga de la necesidad, o de la curiosidad.

Pero ese tránsito es historia y la rúcula forma parte ya de las verduras habituales en casa.

La temporada de rúcula es larga y de buenos rendimientos. Cuatro meses de libre disposición en una primera fase desde el final del verano hasta febrero, en el centro peninsular.

Poco puedo estirar el relato más allá de la descripción del movimiento de las manos escogiendo los mejores tallos entre la abigarrada maraña.

¿Puede situarse al nivel de la lechuga o el canónigo en la mesa, sumando matices, oportunidades nutritivas, diversificación en el campo, (y en el plato) esta interesante apuesta entre las opciones que ofrece la paleta de verdes comestibles?

Algo más que hierbas. Valerianella locusta

Aunque está documentado su consumo en época romana y en culturas anteriores hasta finales del siglo pasado no tomó relevancia comercial. Para algunos era poco más que un apunte entre las plantas silvestres comestibles en buena parte de España y del resto del Mediterráneo.

“La rúcula excita el deseo sexual de la gente soñolienta” reconocía un clásico. Algo tendrá que ver el estimulante picor sulfuroso.

Me he acostumbrado en el ínterin a cosechar y consumir, entre otras, también las flores blancas que desarrollan sus pétalos en cruz y que da nombre a la familia de plantas a la que pertenece.

Foto: Flora y fauna de Malpica de Tajo.

Visto lo visto, he puesto a germinar otra tanda de semillas de eruca vesicaria a sabiendas de que el ciclo esta vez, mirando a la primavera, puede ser más corto.

Lo mismo vale, a este respecto, para algunas verduras asiáticas.

Salud.

Referencias:

ttps://www.botanical-online.com/alimentos/rucula-propiedades

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Limitación del alcaucil.

Es momento de hacer evaluación de los daños producidos por la tormenta Filomena en el huerto de invierno.

El cultivar de alcaucil no ha salido bien parado.
Las alcachoferas se han resentido por el peso de treinta y cinco cms de nieve pero, sobre todo, por la persistencia de temperaturas bajo cero durante varios días. El frío extremo ocasiona muerte celular y pudrición de los tejidos de las plantas.

Aún así, la nieve puede resultar promisoria en algunos casos. Veremos algunos ejemplos en otro momento.

Es ineludible retirar todas las hojas dañadas, asear y despejar los brotes, hacer recuento de los supervivientes.

Bajo la capa de nieve la temperatura se ha mantenido en el umbral preciso para que sobrevivan casi todos los tallos del año pasado arropados por los jóvenes.

El cultivar de tres años entraba en la fase de pleno rendimiento y ya habían proliferado desde el final del verano un buen número de hijuelos. Se han perdido casi todos a partir de la pudrición del tramo de inserción en la tierra, a resultas del exceso de humedad en el suelo.

A pesar de las incidencias, en el caso que me ocupa, se puede apreciar en las imágenes la supervivencia de buena parte de las plantas y rebrotarán si las condiciones meteorológicas en lo que queda de invierno les son propicias. Es muy probable que remonten, a sabiendas de que la planta no florecerá con normalidad.

Todo tiene aprovechamiento y las carretillas de hojas retiradas van a entrar de nuevo en la red alimentaria del suelo.

Los insectos encontraron refugio bajo las hojas y ahora, al retirarlas, corren a buscar nuevos acomodos. La acumulación de hojas tronchadas y pencas quebradas, sobre el caballón ha sido colonizada por hongos.

En apenas dos días la materia orgánica comienza a desprender calor. Sorprende, al coger unos puñados para rellenar la compostera, la tibieza de las hojas muy ricas en agua en vías de descomposición.

La degradación implica pérdida de una parte de energía en forma de calor y no va a ser desaprovechada por los microorganismos.

Los detritus que no sean capaces de procesar los hongos y macro-organismos quedan a disposición de las bacterias y protozoos; es la base de su alimentación.

Sólo queda hacer una entrecava pinchando con la orca para airear el suelo, permitir que entre el agua y aporcar los tallos que han quedado más expuestos.

Salud.

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ESTRATEGIAS Y MERODEOS INVERNALES.

Un equivalente natural del crecimiento periódico de la densidad del tiempo vivido puede encontrarse en esos días en que se alternan sol y lluvia, en primavera o a principios del verano, cuando las plantas crecen, de manera casi visible, varios milímetros, centímetros al día. Esas horas de crecimiento y acumulación inconmensurable respecto a la horas de invierno, en que la semilla yace inerte en la tierra.” 

J. Berger

Aun bien hecha, la horticultura no deja de ser una actividad incierta. Tiene más preguntas que respuestas. Una forma sencilla de sustanciar dudas o curiosidades es detenerse a observar o encontrar analogías y yuxtaposiciones.

La huerta es un paisaje emocional siempre contradictorio, entre la inutilidad o la desesperanza y el gozo de la pura observación  o entre el  dolor y la ilusión más serena por los alimentos obtenidos.

Sabemos algunas cosas de las plantas, pero la naturaleza es medianamente previsible y pueden desencadenarse todo tipo de sucesos adversos para la consecución de buenas cosechas; ayudamos a unas pocas para alimentarnos y/o por el placer de su sanadora compañía.

Cuando se cultiva son siempre necesarias adaptaciones y renovaciones del criterio. Gran parte del trabajo en la huerta tiene que ver con la previsión, para ser más preciso con  la anticipación. Son necesarias tareas precisas más allá de la simple sucesión de labrar y sembrar y actuaciones que van a ser esenciales para llegar a buen fin.  Y eso para cada uno de los “palos” hortelanos. Por eso, iniciado el invierno, es tan determinante lo que se hizo en otoño.

En este orden de tareas culturales no puede olvidarse, por ejemplo, la dinámica de los suelos que condiciona buena parte de los procesos agrícolas. Conviene continuar con algunas tareas de incorporación de materia orgánica, estiércoles, pero también es momento de dejar la tierra en paz. A mil m de altitud las temperaturas invernales bajan de cero de forma recurrente. Los primeros cms del suelo se congelan durante muchas semanas.

Algunos hongos que se desarrollan en los niveles más superficiales dejaron esporas que se activarán en primavera por todo el terreno; otros operan en la paja aún.

Gran parte de las plantas que pueden verse en la imagen insertada más abajo (hierbas, arbustos, árboles) son capaces de resistir la congelación; el sistema radicular que han ido desarrollando establece una serie de estrategias para protegerse. Las raíces de las plantas acumulan agua muy rica en azúcares y sales minerales en y entre las células, lo que permite que suba el punto de congelación;  pueden, del mismo modo, liberar agua en el entorno más cercano de la rizosfera, mejorando la respuesta al frío.

Algunos protozoos sobreviven a las bajas temperaturas formando una capa gruesa y resistente en torno a sí mismos. Es un tipo de enquistado que puede compararse a la hibernación; una maniobra muy eficaz cuando no hay agua presente o se congela.

Conocemos, cada día mejor, el papel de los microorganismos en la descomposición de la materia orgánica. En cuanto las condiciones físicas y de temperatura cambian recuperan su actividad primordial que va encaminada a consumir la energía que contiene aquella para poder ponerla, transformada y asimilable, a disposición de las plantas.

Nueve grados bajo cero en vísperas de la noche de Reyes. Aun con sol predominante el termómetro no marca positivo en todo el día. 

El Sistema Central ha retenido una severa tormenta de nieve que ha afectado a gran parte de La Península. Poca nieve presente en los campos pero la tierra es pura roca y se pueden suceder  heladas negras.

Sé dónde estoy. Bajo mis botas la vida se demora, permanece latente, cambia de ritmo, cede. Disfruto con la huerta en invierno. Aprecio esa engañosa inactividad.

Se suceden las noches para tomar notas y apuntar pequeños proyectos o hacer capturas en la red.  Hay tiempo para esbozar detalles ornamentales, constructivos, para enfocar una sutil arquitectura efímera, u observar las correrías del agua.

Me había planteado hacer rótulos o etiquetas perdurables, para poner al píe de cada árbol o arbusto.  Basta con el nombre común, científico y fecha de plantación. Los soportes pueden variar: losas de pizarra, retales de madera de teka pirograbada, pletinas de aluminio impresas … La memoria es voluble y limitada. Cierta propensión hacia el arboreto íntimo me lleva por ahora al inventario, a mapear el escenario de y representar cada pie en el punto exacto y archivar imágenes digitalmente, junto con la flora autóctona. El procedimiento por el momento me va a permitir actualizar la información con las marras, trasplantes o las incorporaciones, en el tiempo.

Voy a modificar ciertos hábitos de consumo energético. Viene de camino una placa solar con otros componentes, para arrinconar el farragoso, indiscreto y contaminante motor de explosión y así incorporar algunos servicios básicos: luz y energía para la pequeña herramienta de mano, programadores.

Va a ser necesario completar fases de cierre en la valla perimetral.

Si van a entrar gallinas a finales del invierno en la huerta es más que necesario garantizar el bienestar de las ponedoras, establecer protecciones preventivas,  rigurosas.  Los zorros van a merodear tenaces para buscar su sustento.  Sin compasión y con un insignificante descuido una garduña o un zorro, en una noche atroz, pueden acaban con todas las aves. 

Hay que dar continuidad al diseño de riego o a la planificación de los espacios destinados a las hortícolas, sus asociaciones, rotaciones y sucesiones.  Lectura del terreno, manchas de color, niveles vegetales y profundidad del suelo, estimaciones de tamaños a medio plazo, el juego de las sombras…, pero dando siempre opciones a la improvisación. Se van  definiendo áreas de cultivos permanentes o de semileñosos como el boj o los frutos del bosque, vid en cordón doble y parras,  borduras diversas pero -por supuesto- también dejar hacer al lugar…

El Prado de La Isla se integra en un entorno antropizado, aunque difuso en la actualidad por el éxodo proverbial de las tierras de Castilla, desde mitad del siglo pasado. Es palpable la diversidad botánica y de vida silvestre en general con algunos desequilibrios apreciables.

Los árboles frutales plantados hace más de medio año están sanos, arraigados y queda por delante, en dos o tres años, una estimulante tarea de poda y maniobras de formación específica para especie o grupo

Empiezo estos días a pensar en algunas adquisiciones, en los trueques de semillas, en la reposición de árboles y arbustos.

Fracasó de nuevo  la plantación de avellanos por la falta de humedad ambiente quizá, pero tengo preparados dos pies más pequeños que en otras ocasiones, para intentar que se adapten las plantas al lugar, procurando establecer sombreos y mejorando la capacidad de retención de agua y la estructura del suelo. En este sentido he podido hacerme con un pequeño ejemplar de haya de dos savias, siendo consciente de que estoy jugando con el límite meridional de la presencia de la fagaceae en La Península. He leído que sus hojas tiernas son comestibles y no descarto incorporarlas en unos años -si tengo tino en su localización y tienen recompensa los cuidados que le preste- a las ensaladas primaverales. Dos pinos piñoneros, un pié de arándano rojo grande (vaccinium macrocarpon) que tiene una moderada resistencia al frío, un nogal, dos castaños obtenidos de frutos procecentes de la comarca de La Vera, son algunas de las especies que van a formar parte de las especies de gran porte en el bosque comestible.

Una docena de arbustos de goji.

El hielo me obliga a respetar el estado de buena parte la huerta. No labranza, ninguna intervención o volteo.

Las adventicias con raíces pivotantes profundas ya hacen su labor. Muestran un estado vigoroso, dentro de la contención a la que se ven sometidas por las bajas temperaturas.

El suelo no debe estar nunca desnudo, expuesto a la intemperie. Cualquier cobertura verde, viva o seca cumple una función determinante para mitigar la meteorización o la escorrentía gratuitas. En horticultura el menestral formado y con criterio, debe imitar hasta donde sea capaz a la naturaleza, ser parte de las sinergias que dirigen el crecimiento saludable de las plantas.

Cubro los bancales que tracé en la primavera pasada con estiércol flojo de caballo, hecho viruta o con paja, hojas, restos de crucíferas…

Nardus stricta

Aprovecho las horas de sol  para sacar algunos cervunos (narus stricta) que se resistieron al cultivador el año pasado.

Ofrece la huerta en algunos rincones un aspecto de media montaña respecto de la vegetación predominante, musgos y líquenes, incluidos.

Voy haciendo acopio de todo tipo de restos de poda, hojarasca, plantas secas de solanaceas y otras hortícolas, auxiliares anuales con vistas a la quema -casi ritual- en febrero.

Urge desmontar ya los castillos de bambú empleados para tutorar el tomate. Aún quedan por el suelo algunos tramos de tubería de exudación y toda la red secundaria de riego, que habrá que modificar.

Los frutales muestran un aspecto extraordinario en su joven desnudez y voy pensando ya en las intervenciones que van a requerir las distintas especies y variedades, para conseguir estructuras que contribuyan a obtener buenos rendimientos, longevidad y permitan la estabilidad de los ejemplares frente a la intemperie. La formación de los frutales tradicional, en copa, puede ir admitiendo modificaciones atendiendo, por ejemplo, a la bifurcación más baja de las ramas principales y a la utilización de soportes y estructuras metálicas o de madera para establecer palmetas o vasos que hagan más accesibles los frutos al agronauta y permitan la simplificación de tareas. No parece que haya que seguir alejando en altura la fruta de los notorios escamoteadores, como en otros tiempos

No es momento para podar aún. Tendrá que esperar a que las temperaturas sean más propicias.

Convendría ir colocando la tanda de bulbos de primavera (una tarea de otoño normalmente) y otras plantas plurianuales que cada año voy introduciendo. A media tarde, frente a la caseta de aperos puedo rellenar un tramo de arriate con buen sustrato y entierro tres veces su tamaño bulbos de tulipanes, jacintos, ranúnculos, crocus –todas melíferas- algunas cebollas de primavera, para terminar cubriendo todo con estiércol de caballo.

La regadera carga unos cms de  hielo. Una mano de crucíferas han llegado a duras penas al estadio apropiado para cosechar. El hielo ha quemado los brócolis. Si se pierde algún pié lo dejo sobre el bancal entre hojas de roble y hierbas en ciernes. 

En ocasiones consigo alguna partida de paja, paquetes que se deshacen o se mojan y cogen hongos, se guardan peor y los desechan los ganaderos; un pienso que no quieren las vacas.

Las empacadoras comprimen la paja y toman un cuerpo laminar. Es muy interesante deshacer en pliegos de entre seis y ocho cms de grueso estas alpacas, a modo de losas orgánicas, y utilizarlas para cubrir los bancales en los que proliferan ya las  hierbas.

La intemperie y los organismos nativos irán propiciando la integración en el suelo de todos los materiales secos ricos en carbono y otros elementos para contribuir en la formación de grumos, agregados más estables y biopeliculas. Siempre mejor que labrar, por ahora.

Paja sobre los bancales helados.

Es sobradamente conocido el rendimiento de la paja para retener la brotación y desarrollo de adventicias que, junto con otros subproductos vegetales, como los fragmentos de madera o la viruta que se genera con las podas forestales, pueden funcionar como eficaces reguladores térmicos también en invierno. He visto lombrices en un nivel relativamente superficial, cuando en estos meses pueden llegar a bajar metros. En profundidad -donde encuentran el terreno más templado- las lombrices se agrupan en bolas (lo habitual es encontrarlas en solitario) que recubren de baba y pueden pasar la estación en mejores condiciones. Esa mucosa les permite mantener la humedad y sobrevivir hasta que cambia el panorama.

No he sido capaz de destapar unos calçost para asar en la lumbre. La azada rebota en el caballón. No pierden. En otro momento será.

Al menos han brotado la mitad de los pequeños cormos de azafrán que puse en junio, en una tabla  paralela a la regadera. En torno a Los Santos florecieron un puñado de rosas, como es frecuente en el primer año del cultivar. Lentamente van desarrollando el espartillo característico. El azafrán tiene un ciclo contra-vegetativo, es decir que inicia el periodo de floración primero y luego se desarrolla el follaje cuando las demás plantas de forma generalizada van en retroceso.

He podido dar la vuelta a un montón de estiércol de vaca que recogí en verano en los prados del entorno, propiedades de ganaderos que trabajan el ganado en extensivo. El compost obtenido está estabilizado, pero muy húmedo. Aquella bosta seca se ha humificado en cuatro meses y muestra una textura, color y olor característicos.

De este modo, con ayuda de una compostera metálica, voy haciendo una nueva pila intercalando capas de estiércol de caballo de un año. Hasta mayo puede que haga un nuevo trasiego pensando en introducirlo superficialmente en los bancales y mejorar la aireación.

Debía valorar la eventualidad de reducir la superficie de los cultivos hortícolas si en mayo no hay nieve en La Sierra. Las penurias derivadas de la escasez de agua al final del verano no son nada edificantes.

Llega un momento, antes de irme, en que el trabajo se hace merodeo entre los bancales desdibujados, por la zona de compostaje, subo al cancho más alto, paseo ya regateando restos de poda de robles, encinas o alisos del invierno pasado. Se dispara la descripción mental de las cosas por hacer. Debía valorar la eventualidad de reducir la superficie de los cultivos hortícolas si en mayo no hay nieve en La Sierra. Las penurias derivadas de la escasez de agua al final del verano no son nada edificantes.

Me observan los robles, aún con algunas hojas pardas, que forman un austero telón de fondo desde el límite norte. Entro y salgo de la casilla guardando herramienta o apurando el calor del fuego, Levanto la cabeza para observar la montaña, ligeramente cubierta por la nieve…

Morillos en el hogar.

Todo lo que sucede estimula nuevos procesos creativos y de continuidad en íntima connivencia con la naturaleza, la vida silvestre, comprometido con las buenas prácticas de baja tecnología.

Una garza levanta el vuelo, incómoda por el sonido de los golpes de la maza sobre una estaca Un águila atraviesa el territorio. La huerta no termita en sus límites.

Salud.

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LA SOMBRA.

Es ya una práctica habitual por estas fechas colocar tandas plantón de tomate que vienen a renovar o complementar las que se hacen más tempranamente, pero que están al albur de la meteorología más caprichosa y pueden haber marrado.

Si se desata el granizo sólo cabe instalar con antelación mallas protectoras.

Hay alternativas para manejarse con las altas temperaturas que cada primavera -lenta, pero casi indefectiblemente – parece que van subiendo algún punto.

Apenas levantadas las estructuras que han sustentado la manta térmica y con el fin de poder retirar restos de cultivos del invierno, fertilizar y labrar los bancales, no parece imprescindible volver a colocarlos.

No quisiera pasarme de frenada asegurando que el meteoro de que hablamos se repite cada año por estas fechas, en esta misma semana. Al menos vale decir que son frecuentes las tormentas y una cortina de piedra puede arrasar cultivares enteros, llevar al traste el trabajo de varios meses.

Sé a ciencia cierta que no debieran plantarse las solanáceas en las huertas del centro peninsular, por estos pagos del piedemonte occidental de Gredos hasta que no se abordan los primeros días de junio, eludiendo gran parte de las amenazas y más cerca ya de los días en que el suelo está más templado y empieza a correr al agua por la regadera.

Los sombreos y coberturas son de obligado cumplimiento en la Castilla mas esteparia. Pongamos que hablo de madrid.

Habida cuenta de los daños que se producen, y pensando en la prevención de las alteraciones que producen en las jóvenes plantas los picos de calor puntuales, puede plantearse sin temor a pecar de exceso de celo, instalar de nuevo, los arcos para cubrir el plantel, al menos la mitad de su área de influencia, con una malla adecuada y atendiendo a la orientación. Despejado para la incidencia del sol en las primeras horas del día y sombreando desde el mediodía.

Cumple esta sencilla y básica infraestructura una doble función, al menos, en las primeras semanas de calor: dar cobertura a las plantas -algunas muy sensibles a la fuerte radiación, como lechugas y otras hortalizas de hoja- y soportar la eventualidad de un barrido del pedrisco.

Pero entre tanto, me afano en otros procedimientos de urgencia como poner en torno a las plantas unos ramos de algún arbusto aromático, cartón o similar. En breve el suelo de los bancales estarán de nuevo cubiertos con diez cms de paja..

Así mismo.
Algunas lechugas a cubierto en los primeros días en la huerta. En paralelo unos ramos de romero para proteger plantones de tomate.

Busco la humedad al hacer el hoyo y echo unos puñados de humus de lombriz para envolver con la tierra extraida al cubrir el pié, en esa zona caliente que la botánica conviene en llamar rizosfera.

La transición de las plantas desde el umbráculo a huerta puede resultar crítica y prefiero asegurarme de que las raíces no han sido confinadas en contenedores o alvéolos muy pequeños, pero también de que van a una profundidad ajustada, por debajo de esos primeros cinco cms del terreno que se deshidratan en pocas horas.

Es aconsejable hacer una regolita en torno al pié de la planta para que recoja el agua del riego de asentamiento.

Coberturas para tomate a base de ramas de laurel.

Todo esto permite hacer riegos profundos cada tres o cuatro días, por el momento.

Tomate corazón rosa, ruso o Kosovo, (que con todos estos nombres puede identificarse) o Tomate de Sama y otro, tipo cóctel, como Siberia, Taxi, negro trufa.

Tengo ya la convicción de que resulta complejo obtener rendimientos aceptables si no se implementan sistemas de sombreo o coberturas en los cultivos más sensibles. Tanto al suelo como a planta.

Lo conozco bien para el tomate.

Por encima una temperatura bien contrastada el polen del tomate no es viable y condiciona severamente la fertilización.

Los artífices de Kokopeli hacen hincapié en este hecho:

La fertilización de la flor en sí misma depende de varios factores complejos. Las condiciones climáticas desfavorables durante una semana de verano darán como resultado 1 mes y medio más tarde una serie de frutos muy pequeños o deformes, porque la fertilización de las flores no se habrá llevado a cabo correctamente. La temperatura es, además, un elemento importante en el proceso de fertilización: las flores se “hunden” por debajo de 13 ° C y más allá de 23 ° C (durante la noche) y 39 ° C (durante el día). También se ha observado que las denominadas variedades de “hoja de papa” con flores grandes encuentran muy difícil dar fruto cuando la estación se caracteriza por temperaturas altas sostenidas.

Sabemos del gusto del calor de los ácaros a los rigores veraniegos y éstos no se encuentran cómodos en la umbría que disminuye la evo-transpiración y permite distanciar los riegos.

En el mismo orden de cosas se previenen o evitan fisiopatias por quemaduras de los frutos o alteraciones del color y rajados.

La radiación directa y continuada sobre el suelo de cultivo eleva la temperatura de la rizosfera. A partir de ciertos niveles la planta deja de absorber agua y nutrientes y hay modificaciones muy severas en el habitat de la microfauna.

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AVANCE DE NOTAS PARA El PLAN GOJI.

Se trata de Lycium barbarum, una prima, del tomate -o la petunia- y que popularmente se conoce como goji.

Pero no se más, salvo que es una baya insípida una vez desecada y que se le atribuyen propiedades casi milagrosas desde el punto de vista nutritivo pero que parece sólo medianamente justificado, si establecemos una relación comparativa otros frutos o plantas que consumimos, procedentes de huertos ecologicos, de autoconsumo… Puede resolverse como una opción más para insistir en la diversidad y abundar en la estructura básica (regadío/secano) del espacio en la almunia

Me interesa estudiar la planta y confirmar su adaptación y viabilidad productiva.

El arbusto ha tenido ya una amplísima difusion en Europa y se cultiva merced a su adaptabilidad en casi todo el mundo. Procede de los valles del Himalaya y el Tibet. China es el amo de esta galaxia.

La información en la red no es tan precisa, abundante o fiable como para las plantas hortícolas u otros arbustos o subarbustos frutales. Es aún un exotismo, aunque hay alguna explotación puesta en marcha con éxito en España y proyectos, como cultivo alternativo a la cereza, en el Valle del Jerte.

Es manifiesta la campaña de marketing de países y corporaciones , a nivel global, para promocionar su consumo con la etiqueta, como en otros casos conocidos, de “superalimento”. Creo que la baya seca tendría un producto equiparable en la uva pasa u otros frutos desecados de la cultura mediterránea. He puesto éste invierno una vid de la variedad sultana y arándanos, grosellas, endrinos….

Algunas de la principales características que anima al cultivo es la baja exigencia respecto de los requerimientos edáficos e hídricos. Progresa en casi cualquier tipo de suelo y en condiciones de sequía severas.

Ya son aceptables las razones para integrar y acercar a la mesa este alimento. Calidad nutritiva, rusticidad, postcosecha y transformación asumibles, pero también, a priori, cultivo agradecido.

Hay que tener cuenta una cierta toxicidad a causa de la solanina, como en el tomate, que va desapareciendo en tanto va madurando el pequeño fruto. Una anécdota.

Por todo esto he preparado un pequeño cultivar con una docena de plantas. Van quedando documentadas algunas tareas culturales.

He instalado los plantones después de una cava profunda, a mano, sobre un suelo que no se ha tocado en algunos años, (suelto y poco agregado) en la parte alta de la huerta, donde se retiene menos el agua de lluvia.

Esta mano inaugural se presenta en un marco de plantación sencillo: en una sola fila y 90 cms entre plantas. Si el desarrollo es el adecuado para esta zona de clima continental no debería hacerse muy grande. En su caso podría ampliarse.

Para intentar que las plantas capten la mayor cantidad posible de luz y energía solar planteo la orientación de la hilera en dirección norte-sur.

No fertilización. Acolchado con mantillo.

No riego de asentamiento. La tierra está en tempero.

Tutor de bambú por el momento, para que las ramas, atadas, no toquen la tierra y a expensas de colocar postes y tirantes de alambre.

Preparo alcorques para que retengan el agua de los riegos esporádicos.

Algunas ramas del plantón comprado, de casi un metro de longitud, vienen dañadas a pesar del cuidado con que ha sido preparado el envío. Se cortan sin mayor problema. Traen algunas flores del vivero de origen y se han perdido de modo que, si agarran los plantones, no hay que esperar fruto este verano.

Antes de dejar la almunia por unas semanas observo indicios de hongos en algunas hojas.

La horticultura no tiene prisa.
Salud.

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NUEVAS PLANTAS DE PATATA DULCE.

“Naturaleza es lo que sabemos- 
Y todavía no somos capaces de decir- “

E. Dickinson. Poemas.

Sirva esta nota ilustrada para hacer de nuevo una llamada de atención sobre el cultivo del boniato.

No entiendo algunas cenas de invierno sin boniato asado (O batata, términos, por cierto sinónimos perfectos, como mazorca y pañocha). Esta raíz gruesa tiene una post-cosecha prolongada, si se guarda de forma correcta, y puede consumirse en perfecto estado durante meses. No hay que insistir en sus cualidades nutritivas o en la relevancia que tiene desde el punto de vista culinario para varias generaciones.

No ha sido hasta ahora un cultivo preferente en la almunia. Pero esta temporada esa tendencia puede cambiar.

Ya sea por las dificultades para encontrar plantones en los viveros, las dudas sobre el origen seguro de las piezas que pudieran emplearse para la reproducción vegetativa, el posible tratamiento con inhibidores en la comercialización o la conservación de aquellos, sólo han progresado pies sueltos de largos tallos, como enredaderas y he cosechado un par de cubos.

Como para otras plantas y tareas culturales me permito incidir de nuevo en la idea de oportunidad, en la precisión por lo que concierne a la toma de decisiones, en tiempo y forma, para obtener en este caso un número procecente de plantones.

Soy consciente ya de que los boniatos no plantean muchas restricciones de tipo estacional para brotar y proliferar. (Las patatas en este sentido son más exigentes. Observo variables en la naturaleza de las latencias). He podido inferir trabajando con las distintas técnicas de reproducción, por el procecer de esta convolvulacea, que es entre el final del invierno y la primavera el período más faborable para la obtención de nuevas plantas, por la posibilidad de ofrecerles luz y calor sin costes evidentes y se realiza avanzando hacia un clima más favorable para el desarrollo en campo de la planta.

En ocasiones, cuando encuentro variedades con buen aspecto, de origen orgánico, he comprado piezas pequeñas y las he sembrado de forma directa como en el caso de las patatas, procurando dejar por debajo del nivel de siembra un buen tramo de suelo agregado, suelto. No se deben enterrar demasiado.

Si las raíces que van engrosando y penetrando en busca de nutrientes se encuentran con suela de labor o terreno compactado, tienden a deformarse y se ve comprometido el rendimiento o, cuanto menos, puede entorpecer después su manejo culinario o la homogeneidad de las piezas.

De ser éste el procedimiento habitual de siembra no resulta, precisamente, muy económico.

Sabido esto, de cada pieza de boniato se pueden obtener, buscado una mayor eficiencia, varias plantas para sembrar.

Es así que, en éste pasado mes de abril, los tubérculos se han manifestado mas activos en presencia de luz, agua y calor o enterrados someramente en sustratos adecuados. Ya se pudrieron algunos que preparé en el invernadero durante el mes de marzo.

Hay un buen rosario de técnicas de propagación. Entre ellas por medio de esquejes que, con seguridad, se emplean para obtener grandes cantidades de planta y prolongar las campañas.

Por el momento los pongo en un bote de cristal mediado de agua para poder vigilar el proceso, que no haya podredumbre y procurando que no sea el ápice que estuvo enganchado a la raíz madre el que quede sumergido.

En unas semanas los brotes verdes y las raíces son mas o menos visibles y en agunos casos generosos.

Sólo queda observar e ir regulando el nivel de agua para que no se vea resentida la humedad necesaria, hasta que los tallos adquieren un tamaño de entre siete y dieciocho cm, por dar una reverencia que me peta. Los nutrientes necesarios para el buen fin del proceso están garantizados.

De modo que es sencillo en una segunda fase desgajar, dividir el boniato en trozos con brotes y raíces llevando en el empeño, al menos, un tallo integro y plantar en un contenedor adecuado con buen sustrato.

Si llevo estos “proyectos” de plantón directamente al campo no puedo la garantizar la humedad continua o los cuidados necesarios para que generen nuevas raíces y progresen. Los tiempos de siembra en la Meseta Norte son claros y éste procedimiento permite tener las plantas creciendo y al resguardo de posibles heladas, como hago con solanáceas. Suelo encarar las siembras y plantaciones bien finalizando el mes de mayo, en que es previsible que haya subido la temperatura del suelo.

Pronto llega el tiempo de entregar los plantones y nuevas semillas a la tierra. Salud.

Créditos: Atención al “patatús”

https://m.youtube.com/watch?feature=youtu.be&v=Zfy_3TFFdKE

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PEQUEÑA NATURALEZA CONFINADA

Un universo en el arriate descuidado.
Estalló el pequeño rododendro junto al aro de carro.
Las plantas que verdean en el píe de la la imagen son violetas despues de una importante limpieza destinada a la propagación; encontraron ese lugar hace al menos diez años.
Pero tb vuelve a rebrotar la albahaca.
Apenas puede apreciarse el pié de una parra en ciernes, de segunda savia,  uva de mesa del cuerno rosada.

Al fondo un arbusto, rosa de Siria blanca, adventicias, dalias… Los musgos brillantes y jugosos de las paredes, junto a líquenes centenarios.

Y a la solana, ombligo de Venus…tan rupestre y tan oportuna.

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ENTRAMADOS DE INTERIOR.

Una buena parte de los esfuerzos destinados a mejorar la habitabilidad de la casa se los lleva el acopio y recuperación de materiales de provecho por el entorno.

 Río Tormes.

La arquitectura popular se apoya desde que se construyó el primer refugio, en la utilización de materiales que se encuentran en la zona donde se van a asentar los poblados. Es lógico. Se hacen las casas, los edificios auxiliares, los rediles o las paredes de las fincas con lo que se tiene a mano y en abundancia. La piedra es un elemento esencial:  pizarra, granito, caliza, arenisca, bloques ciclópeos que se integran en las estructuras, o lanchas finas que se utilizan en solerías. También es imprescindible la arcilla en otras regiones para amasar barros y dar forma a adobes con paja, ladrillos y por supuesto la madera, pero también elementos que proceden del expolio de otras construcciones y de no importa qué periodo histórico o naturaleza de las edificaciones, como sillarejos o piedra labrada, cuartones, columnas, losas. Huelga comentar la funesta pérdida de patrimonio cultural que ha supuesto a lo largo de centurias. Está bien documentado cómo las familias de la nobleza romana que fueron adoptando el cristianismo desmontaron los templos paganos para construir sus basílicas o remozar sus alquerías. Los campesinos  ha recurrido a los nichos de muy buena materia prima de castillos, fortalezas o palacios cercanos para construir sus casas.

Dicho esto, hay materiales de los que es difícil  prescindir para las necesidades modernas de eficacia, rapidez de ejecución, habitabilidad y bienestar. Pienso ahora en la membrana que impermeabiliza la azotea o los materiales cerámicos tan determinantes desde el punto de vista de la higiene… Pero casi cualquier cosa sirve: tejas y ladrillos, cascotes y ripios, maderas nobles procedentes de descartes de alguna reforma, cristales abandonados al pie de un contenedor…

Y la piedra, en efecto, que siempre va a estar ahí, en forma de mampuesto o piedra angular, dovela clave, por mor de la intención del albañil.

Con todo, sigo abordando los trabajos de interior, en tanto se estabiliza el tiempo. Hay que revocar los altos paramentos y muros de carga, sl mismo tiempo que se replantea e instalar tuberías del sistema eléctrico, cajas para los mecanismos y de registro de la sala principal.

Repasando las juntas.

El yeso no es el material más adecuado para la casa que quiero. Hay a quien no le agrada la textura pétrea en interiores. En una región a pie de monte, donde la humedad ambiental es persistente y se emplea estufa de leña en los largos inviernos para calentar las estancias, los enlucidos de yeso son poco resistentes a los roces, se ensucian con facilidad, hay que pintarlos regularmente. He de confesar que tampoco tengo la pericia necesaria que exige este material, como en el caso de otros palos de la albañilería, para aplicarlo en tajos tan amplios. No es la mejor opción.

Aún no está seco del todo y es necesario terminar de limpiar la madera. Quizá aplicar algún tratamiento para sacar el color. En otras ocasiones las uniones entre tablas las he sellado con una pasta a base de serrín de la madera de marras y cola blanca de carpintero

He optado por simular el entramado que se emplea en la construcción de muros en la cercana Sierra de Francia y otras regiones.

La imagen de las fachadas que se ha querido fijar en los pueblos serranos por sus cualidades estéticas más rústicas no se corresponde con el aspecto que tenían cuando se construyeron. Era habitual cubrir y enlucir las piedras con cal y arena entre palos, y tornapuntas. Con el tiempo y la falta de mantenimiento esa capa se ha ido perdiendo y en pocas ocasiones se restituye -cuando se abordan las restauraciones- su estado original.

Rincón de Mogarraz. Foto: Acuario norte.

Voy a presentar, de este modo, un diseño rectilíneo y/o cuadrangular con tablas de teca reciclada. He lijado la cara principal, para recuperar el aspecto crudo original. La madera no presenta veteados, pero se trata de un material muy resistente a la podedumbre, al ataque de xilófagos y al contacto con morteros o hierro.

Aún fresco.

Voy a combinar pliegos más toscos formados con ripios, trozos de teja, ladrillo o lajas de piedra, con una serie de enfoscados, para romper la monotonía de color y con algunas convenciones que tienen que ver con los acabados o las texturas de las paredes en las viviendas de la ciudad.  No descarto que, según vienen secando los paños,  haya variaciones sobre el mismo tema del revoco.

No es ajena a este proyecto la intención estética que estoy implementando en torno a tres elementos: hierro, piedra que ha estado expuesta a la intemperie (historiada por la proliferación de líquenes) y la madera de distinto origen.

Ya en su momento cuando levanté los muros de carga quedaron insertados -para dejar a la vista en el interior- ladrillos de barro toscos, de gran tamaño. Ahora se pueden cubrir las juntas que quedaron rehundidas con el mismo mortero.

Las herramientas modernas, de corte por ejemplo, permiten modelar y adecuar algunos elementos para nuevos usos. Es el caso de la teja que voy “rebanando” en finas tiras y pueden ser insertadas con diferentes diseños en las paredes o de media docena de pequeños aros de carro o el estribo de la puerta de un pajar que ardiera no importa  ahora en qué momento.

Han quedado alicatados unos altillos que pretenden ser armarios para guardar enseres.

Para preparar el mortero estoy utilizando, de forma complementaria a la que me sirve el almacén de construcción, la arena que se acumula, lavada, en algunos caminos o cunetas por donde corre el agua de las tormentas.

El color ocre, tan cálido, el matiz tostado que busco se obtiene añadiendo una tercera o cuarta parte de almagre -tierra roja- a las masas. En otros espacios de la obra he empleado cal morena pero no es recomendable utilizarla mezclada con cemento y a pesar de que se obtiene una gran plasticidad en los morteros y retrasa el fraguado.

Un par de carretillas de tierra roja.

En los alrededores de la aldea hay “minas” de donde los tejeros obtenían tradicionalmente el material para hacer, además, baldosas o ladrillos.

No voy a afinar mucho en las dosificaciones. Tampoco me preocupan esas leves variaciones de tono de los paños porque en el resultado final incide, además, el tiempo de fraguado, la hidratación, el paso del frotás. Todo ello contribuye a mejorar, según mi criterio, el efecto estético deseado.

La otra opción es la utilización de materiales técnicos tipo mortero monocapa que garantizan la homogeneidad del color, (a elegir en un catálogo muy variado) y de altas prestaciones. Al margen del elevado coste que supone, difícilmente asumible, en su fabricación se incorporan resinas que, en mi opinión, no permiten “la respiracion” de los muros y se pueden producir condensaciones con mayor facilidad.

Uno de los problemas reseñables que surgen con estas tareas tradicionales de albañilería es de tipo técnico, debido al comportamiento de los materiales y a la ejecución. La mezcla de tierra arcillosa con arena de río ocasiona la aparición de grietas en pocas horas. Con la pérdida de agua, y en tanto se seca, el mortero se retrae. Es habitual por, otro lado, ese mismo defecto  si se descuelga la pasta porque se aplican capas muy gruesas y muy rápido. No es lo mismo tender la pasta sobre la pared seca que si se ha humedecido con anterioridad.

Se trata de un revoco interior y no es preciso que tenga un dureza y resistencia equiparable a que se exige en muros expuestos a la intemperie.

Es muy conveniente demorarse, combinar técnicas de jaharrado, (cuando la pasta se tira sobre la pared de forma precisa) con el empleo de la llana.

Esta herramienta de mano permite tender el mortero con mayor rapidez pero no queda tan apretado y agarrado al paramento.

En algunos manuales que estudian y describen los trabajos de restauración de casas singulares o monumentos y que documentan técnicas de albañilería o constructivas antiguas, se hace referencia a la aplicación de hasta ocho capas de mortero a base de cal y arena mediante la sacudida del brazo y el golpe de muñeca, con la cantidad precisa de mortero y en el punto de plasticidad óptima, sobre la paleta. Una paletada tras otra cubriendo paredes. Una capa tras otra.

La naturaleza del aglomerante requería esperar, segun fuentes y los apuntes de maestros albañiles, varios días entre una mano y la siguiente. En los enlucidos tradicionales que han perdurado el ingrediente fundamental es el tiempo.

El caso es que el defecto de agrietado puede trampearse si se pasa el frotás en el momento preciso o se vuelve a repasar posteriormente, antes de que el inicio del fraguado impida alisar o afinar el material extendido.

Si se emplea solo y exclusivamente arena de río fina y cemento en una proporción 2:1 el enfoscado es muy resistente y duradero en exteriores. Para interiores (esto es muy importante) la técnica, los materiales y la obtención del color deseado permiten ahorrarse la pintura.

Es determinante, por supuesto el grosor del enfoscado y parece muy recomendable, cuando se hace con cemento, para centímetro y medio en adelante, aplicarlo en dos manos, la última maestreada.

Se resuelve ineludible, así mismo, alisar e igualar los enlucidos en una sola fase humectando con un cepillo o escobilla, porque cualquier intervención o rectificación puede cambiar el tono o la textura final y generar manchas.

Es éste un motivo añadido para preparar y dividir las paredes con tablas de madera. Los tajos son más llevaderos y más cómodos respecto de la  ejecución. Las tablas sirven también de guías maestras para hacer el paso de regla metálica o de madera e igualar el tendido, de abajo a arriba, retirando el sobrante y posteriormente cubriendo las zonas que pudieran haber quedado hundidas. 

Estoy abordando acabados menos convencionales, pero muy populares ya en una decoración rústica integral -también para las fachadas- que no debiera interferir en la visión del conjunto urbano o del territorio.

Ando alejado de la concepción del hogar como paralelepípedo, cubierta a dos aguas y pintado de blanco, con puerta, ventanas homogéneas y chimenea.

Para lo que pretendo en estos días no es preciso hacer grandes cantidades de masa de golpe. Basta un esportón y una mezcladora para amasar la tierra, la arena de río, bien cribadas, el cemento blanco y el agua.

Es incluso muy recomendable preparar poca cantidad cuando se realizan tareas minuciosas con piedra, ladrillo, teja o lo que hubiera a mano para tal fin, con un llagueado fino. Es fácil demorarse.

Por lo que respecta al chapado con piedra, tras completar los paños hay que esperar a que el mortero de las juntas esté un poco duro y no manche las “teselas”. Todas las piedras encuentran su lugar para conseguir una disposición armoniosa, sisando o partiendo lajas, si es preciso, para integrarlas. Raspo toda la trama de juntas con la punta de un paletín y repaso con un cepillo de raíces. Para otros acabados lavo el conjunto con un trozo de esponja bien escurrida y se perfilan adecuadamente las piezas.

La lijadora de banda es una buena inversión cuando se trata de trabajar muchos metros cuadrados, frente a las orbitales que rompen la linealidad de la fibra.

Se precisa cierta destreza en este tipo de trabajos, en el manejo fino, preciso de las herramientas o respecto del comportamiento de los materiales, y solo se adquieren trabajando. Y además paciencia y tino en la minuciosidad. No deben apreciarse ladrillos o piedras manchadas de mortero seco, huecos o -si tomamos una perspectiva mas amplia , desequilibrios manifiestos en la composición, aunque esto es más opinable.

En bruto.

Me acerco la huerta. En la caseta de herramientas guardo madera que voy a necesitar. Al volver me encuentro con un paisano que está sembrando unos miles de puerros, una generosa cantidad de cebollas y me ofrece cuatro manojos.

Estos presentes no se pueden rechazar y tendré que dedicar una mañana a preparar algún bancal más para sembrar los plantones y podré dedicar un rato a pensar sobre el terreno en la planificación y disposicion de un pequeño cultivar de goji. Hay que buscar también emplazamiento para una parra de la variedad pizzutelo, un acebo.

Aunque son muy rústicas durante unos días las solanáceas estarán en tránsito, entre la calle y el interior protegidas de la bajada brusca de temperaturas nocturnas.

Pero es ya materia para otra entrada.

Salud.

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MODO MULTITAREA.


Roca madre a treinta cms en un tercio del Prado de La Isla. Soporte un poco escaso para algunos cultivos.

Esta circunstancia implica efectos desfaborables para el proyecto de bosque comestible. Pienso ahora en el desafío para las raíces de las plantas que deben desarrollarse en un ambiente con temperaturas adecuadas. Hay que tener presente la inercia térmica de la roca. Los árboles tienen sus recursos de penetración, pero van a desarrollar sus sistemas de raíces en horizontal.

Con vivaces, arbustos u hortalizas no tendrían, en principio, que surgir problemas. Es por esto que se plantea un motivo añadido para insistir en mantener la superficie del suelo siempre cubierta con hierbas, arbustos, cultivos auxiliares, ornamentales, aromáticas o acolchados.

Es bien sabido que las altas temperaturas en la zona de la rizosfera pueden paralizar la asimilación de nutrientes. Pero por otro lado la diferencia térmica entre el día y la noche es proverbial en una comarca que está en torno a mil m de altitud y se pueden paliar estos efectos. Cada planta puede tener su lugar.

En otro orden de cosas, los elementos y minerales disueltos en el agua no se van a perder fácilmente por lixiviado al encontrar una capa dura, poco permeable en el perfil y van a permanecer, más tiempo disponibles.

Afortunadamente en torno a un área de cuatrocientos metros cuadrados tiene una profundidad respetable y se han desarrollado frutales, venidos a menos por la falta de cuidados, y vienen engordando robles, alisos…

Por ahora parece viable hacer algun aporte de tierra, al margen de la materia orgánica que sea capaz de acopiar para ir incorporando a discreción. Tengo que procurar ganar profundidad. Siempre se puede recurrir a los bancales elevados, muy elevados, como en el caso de la “cultura de la colina” que es tradicional en los países del norte de Europa.

He podido meter por el momento en torno a 15 metros cúbicos de tierra procedente de los terrenos donde desde hace ya años un proveedor de la zona viene almacenando leña de encina y roble. Puedo montar los primeros bancales.

Y paja. No puede faltar paja.

El color de las tierras es un buen indicador de los materiales y minerales que las componen.

Conozco bien la vegetación presente en La Isla, plantas pioneras más propia de prados y navas que de huertas en explotación como cenizo, correruela, ortiga, grama y juncia menta borriquera, junco… Si bien es cierto que la tierra foránea traerá consigo todo un rosario de especies adventicias, las menos gratificantes vendrán vía estiércol, de ahí la ineludible necesidad de realizar los compostajes de forma canónica y con tiempo, llevando las pilas a temperaturas que degraden la mayor cantidad de aquellas que sea posible, las hagan inviables.

Es importante, así mismo, que no haya huertas en producción en el entorno más cercano porque se evita la propagación de hierbas por acción del viento o la hibridación de plantas hortícolas.

Talud de piedra seca que parte en dos la finca.

Queda pendiente hacer un test para tener refencia del punto de acidez del terreno, pero sin olvidar lo que viene de fuera. El origen de la materia orgánica, (estiércoles de caballo, oveja, vaca, hojas de roble, alisos, madera podrida y fresno) o incluso el color y la propia naturaleza de la roca madre ofrecen ya indicios estimables. Aún así, se puede consultar el mapa de los suelos predominantes en las distintas zonas de La Península, para confirmar, en el caso que me ocupa, la naturaleza silícea del valle que habito de forma intermitente.

El silicio es el segundo elemento más abundante en la corteza terrestre después del oxigeno; un mineral determinante para los buenos rendimientos de los cultivos. Es utilizado incluso como “abono” en suelos que pudieran ser deficitarios.

La naturaleza del suelo en torno a la Comarca de El Barco de Ávila -como gran parte del oeste peninsular y la Cordillera Central- es, por tanto silícea y en los valles de textura franco-arenosa o limosa y configuran, uno de los escenarios mas favorables para cultivar. Aún así la tierra en sentido estricto no es suelo cultivable. Al abrir los hoyos para plantar los árboles van apareciendo materiales de textura gruesa. Se aprecian incluso fragmentos de granito de calibre muy dispar. Es, sin lugar a dudas, suelo en vías de formación, en un proceso que se prolonga a lo largo de miles de años, apenas humificado.

Puedo contribuir a mejorar la situación para el cultivo con la humildad a que nos obliga el tiempo a los mortales. Apenas hay unos cms de materia orgánica vegetal en superficie.

Una buena parte de las zonas regables fueron ganadas a lanchas y canchos para el cultivo de legumbre, cereal y patata rellenando con el acarreo de tierra vegetal durante decenios.

El afloramiento rocoso en la parte más alta de la huerta puede ser un magnífico lugar para colocar depósitos de agua o construir una alberca.

Apenas quedan ya neveros en las cumbres. El deshielo ha repartido el agua por gargantas y valles. No va a ser fácil, si no vuelve a nevar, disponer de agua este verano cuando, para mayor desatino, se siguen empleando de forma generalizada sistemas de riego por inundación, que se resuelven despilfarradores e insolidarios.

El día templado permite hacer avances en el desarrollo de los planes trabajados a vuela pluma y en los tajos ya abiertos, siembras esporádicas de bulbos o plantas no necesariamente comestibles: varios lilos blancos que, a pesar de ser un punto menos aromáticos, son raros y resistentes para los rigores del pie de monte; camelias, romeros, bojes, salvias, helicrisum, lirios en los perímetros de los canchos, madroños, rosales. Aún hay tiempo para los arbustos frutales y están en la tierra varios pies de vid, junto a la caseta para formar parrales, en busca de sombra y uva de mesa.

He colocado en varias tandas algo más de treinta garras de espárrago y varias filas de fresas.

La finca limita en la parte baja con la regadera que carga en febrero algo de agua procedente de las lluvias. Solo hay disponibilidad durante tres meses en verano durante la campaña de las leguminosas. Habrá que sacar el agua de la trinchera con una bomba y preparar instalaciones para cosechar agua de lluvia.


Zanja abierta con cama de compost para colocar las garras de espárrago.

Si están a mano los materiales necesarios para montar un túnel no implica una tarea engorrosa, ni en absoluto compleja. Mejor no improvisar. Solo es preciso atender a todos y cada uno de los pasos para evitar problemas a posteriori . El micro-túnel debe instalarse a prueba de huracán con elementos de bajo coste y sencillos.

Creo haber leído que este tipo instalaciones efímeras se empezaron a popularizar a raíz de su implementación en zonas muy expuestas a la más dura intemperie, como en La Patagonia.

Ya no concibo el huerto de invierno sin la protección de esta estructura de arcos de no más de noventa cms de alzado y que se puede cubrir con plástico, red anti-pájaros mallas de sombrero o manta térmica.

Bancal elevado con tierra vegetal y arcos de tubería multicapa bien alineados.

He repartido en una tabla varias carretillas de tierra negra hasta un grueso de veinticinco cms aproximadamente y sobre ella he colocado media docena de espinacas y otros tantos pies de acelga roja, por dar inicio, apunto, a la actividad hortícola de forma nada solemne.

La pieza de hierro coarrugado en forma de cruz al pie de cada arco (pueden ser pequeñas garrotas) es esencial para hacer pasar las cuerdas que atan y aseguran la manta por el exterior.

Los pájaros y/o conejos han estado atentos porque han dado cuenta en un rato de descuido de otro buen puñado de lechugas y escarolas que iban destinadas a este arranque. No es posible cultivar sin las protecciones adecuadas para cada plantel.

La disposición de las cuerdas permite que la instalación sea registrable para realizar las tareas culturales sin que haya que retirar la manta por completo.

Sucesos de este tipo, en apariencia intrascendentes, me ponen sobre aviso una vez más y determinan algunas decisiones o planificaciones respecto del huerto de verano. Como por ejemplo, la intención de plantar unos garbanzos en un mes. Mucho me temo que la superficie va a ser menos ambiciosa. En un minuto, una vez granada la leguminosa, tordos, rabilargos y torcaces pueden dejar el cultivar arrasado.

Es aconsejable sellar con tierra la parte que queda más expuesta a los vientos predominantes.

En este sentido no cabe demorar las tareas de cierre de la huerta. La pared de piedra en seco, muy deteriorada, se puede suplementar con una malla cinegética -versátil, económica- que deja pasar a la fauna menor y sujeta, en principio, a jabalíes y ciervos que duermen no muy lejos.

Un par de sacos de cemento arena, ripios y paleta… Una vez aplomado el poste puede servir de guía para levantar un murete.

En una noche un venado puede devorar todos los brotes tiernos de los frutales o ramonear la corteza u otras plantas, al gusto.

Algunos bolos pueden tener interesantes valores ornamentales. Al pie camelia japonica y liliaceas. Frutales con el alcorque acolchado para reducir la evaporación y mantener la humedad.

Voy a ir terminando las columnas en la entrada para anclar la puerta, con ladrillo y piedra y replantear después la colocación de los postes.

Poste para montar la puerta y arranque de la malla perimetral.

Créditos: https://www.tecnicoagricola.es/ph-de-un-suelo/

Silicio en agricultura (SiO2) [Remineralizador de suelos agrícolas]

Hügelkultur for the Homestead

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EL PRADO DE LA ISLA.

“isla. (Del lat. insŭla)… 2. f. manzana … recinto o zona claramente separada del espacio circundante.

Se aprende a estimar la vida en la naturaleza tomando tragos largos. Como si de un vino eminente se tratara surgen, con cada sorbo, en las distintas zonas de la boca, matices, el deleite, la sorpresa… detalles que se agarran al gaznate, al cerebro hasta desencadenar la necesidad, el deseo de dar otro sorbo mas, y otro.

Ahora llega la oportunidad de entrar en una nueva bodega para ir abriendo botellas anheladas durante mucho tiempo: El prado de la isla. ¿Quién quiere guardarlas?

A pocos metros del río Tormes, en su curso medio, donde cambia de dirección de forma brusca para dirigirse hacia el norte, por debajo de la ciudad abulense de Barco, hay una pequeña huerta cercada con piedra seca, pajarera, desmontada en buena parte por las incursiones de los animales salvajes y las vacas en busca de pasto. El macizo occidental de Gredos.

Se trata de la oportunidad de cuidar, custodiar un espacio, atender un trozo de naturaleza en tanto pueden obtenerse alimentos limpios y saludables, dormitar, trazar bancales, sembrar parras, pergeñar amenidades. Una paraje para la agroforistería familiar, si me invento la etiqueta; un bosque comestible diverso que va de la pamplina al castaño.

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Las yeguas van dando cuenta del herbazal.

Hay por delante no pocas oportunidades para derrochar lances y estrategias que tienen sus asideros en la intuición forjada con el avance de los cultivos durante años con dispares modelos hortícolas o las tareas culturales de aquellos que trabajan en orgánico por todo el mundo y que se vienen teniendo en pie por la gratitud de un puñado de maestros, unos pocos amigos y -según la que se puede ya denominar sin pudor, la tradición agroecológica y su dimensión simbólica.

Encontré otro lugar al lado de Lahuertadelosrobles, abierto, amplio, suficientemente diáfano para trabajar con árboles y arbustos frutales, ganado menudo, que puedan arropar un fértil -casi virgen por el tiempo que lleva inculto- espacio hortelano.

El tiempo y las plantas. El tiempo y los animales. El tiempo y el agua. El tiempo y el suelo. El tiempo y los canchos cubiertos con manteles bordados liquen. El tiempo y las herramientas. El tiempo y la elección. El tiempo y la casa cercana. El tiempo y descansar. El tiempo y el cuerpo que me sostiene. El tiempo y las semillas, órganos precursores y regenenadores por excelencia.

Los bloques graníticos que afloran pueden ser excelentes atalayas para cosechar y almacenar agua.

Hay que retirar el portillo improvisado con palos de papel y el proverbial bastidor de una cama.

En tanto se va secando el terreno para voltearlo y retirar las raíces de vegetación muy invasiva, (zarzas y cervunos…) puedo ir semillando y reproduciendo algunas plantas que la historia, la cultura popular hace nobles, porque han dado de comer a la gente.

Comenzamos.

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