EL BANCAL EN TRANSICIÓN.

Los bancales o paratas con que se estructuran los pequeños huertos de auto-consumo, familiares o urbanos y sobre los que crecen las hortalizas no son elementos estáticos, no permanecen inalterables.

Huelga decir que son determinantes el lugar y la naturaleza del espacio donde se sitúan los huertos urbanos y si hay suelo o tierra cultivable disponibles (frente a una terraza, solería, etc) y, por tanto, si se puede partir de una tabla de tierra más o menos elevada respecto de los pasillos de tránsito. Con frecuencia se suelen establecer barreras o elementos para sujetar y delimitar el espacio de cultivo. Es habitual emplear madera, cerámica, bloques o piedras.

Son bancales elevados que permiten trabajar con algunas de las orientaciones de la agricultura bio-intensiva modificando los sistemas tradicionales agrícolas de surcos o canteros en los que la vía de riego es aún en muchas regiones por inundación.

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Bancales con limites difusos son habituales en los huertos urbanos.

Como para otros aspectos relacionados con la planificación de un huerto la adaptación hacia zonas con un perímetro cerrado tiene ventajas indudables por lo que concierne al cultivo y a la comodidad y precisión cuando se llevan a cavo las tareas culturales.

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Bancal como tabla cubierto de mantillo con vistas a la huerta de verano.

El montaje de estas piscinas de sustrato tiene que ir acompañado de otras actuaciones como el acolchado, el empleo de un sistema de riego eficiente y siempre un proceso continuo de mejora de las cualidades del suelo, algo más que un simple soporte para las hortalizas. Pueden implementarse técnicas de las conocidas parades o del bancal sándwich, aportando capas de materiales orgánicos en el tiempo y con cavas que no modifiquen el perfil.

Es cierto que en verano estos sistemas pueden repercutir en la evaporación rápida del suelo o al aumento de la temperatura de la tierra porque están más expuestos al sol o por el calentamiento del material cerámico y por tanto en el desarrollo de las plantas. Aun así, incluyendo un moderado coste económico, el balance es más que positivo.

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Bancal con material cerámico que se puede ir llenando con aportes sucesivos de materia orgánica.

Es muy respetable hacer, por tanto, una re-estructuración progresiva hacia el bancal con perímetro delimitado, con algo mas que un trozo de cuerda, en la medida de las posibilidades y recursos de cada hortelano y pensando, a mayores, en el aprovechamiento más efectivo de cada cm del espacio disponible. El huerto no bebiera estar nunca libre de plantas.

Las laderas que se forman cuando se realizan los cultivos en tablas con las pequeñas eras de tierra debido al pisoteo continuo de los bordes reducen el espacio aprovechable y facilitan una escorrentía poco deseable del agua hacia los pasillos; al margen de que puede estar comprometida la integridad de algunas plantas limítrofes la compactación, la tierra apelmazada y dura es siempre un problema.

Cuanto se montan bancales sin retención muy elevados acaban teniendo el aspecto de prismas truncados en los que la superficie en que se pueden instalar plantas es mucho más estrecha que la base. En ese chaflán que se genera no se puede sembrar.

Es evidente que estos trabajos tienen consecuencias estéticas que no vamos a obviar. La presentación de los espacios y las plantas con los demás elementos auxiliares contribuyen a generar otras perspectivas y promover la idea de las cosas bien hechas.

Sabemos que es posible trabajar buscando la imitación de la naturaleza, dejando que el lugar rija la evolución de las plantas, de forma más o menos autónoma y con intervenciones mínimas, pero para eso existen los diferentes criterios de aquello que de forma genérica venimos denominando agricultura ecológica; todos valen si las tareas, o la ausencia de las mismas, permiten que las plantas lleguen a buen fin.

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Una tabla o un cordón de piedras puede evitar la pisada en los bordes y la compactación.

No hace falta siquiera esperar a que el cantero esté libre. En la medida que se van levantando o consumiendo plantas o queda el perímetro más libre pueden colocarse por ejemplo rasillones guiándose de una cuerda y sujetando cada pieza con trozos de varilla de hierro coarrugado.

No hace falta decir que es una estructura muy estable y duradera, resistente a la intemperie o al el deterioro por el contacto con la tierra.

Con el tiempo podremos comprobar que se pueden hacer adaptaciones y acoplamientos de estructuras muy efectivos, como micro-túneles para proteger a las plantas de los rigores del clima.

Salud.

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DETALLES CENICIENTOS.

No es casual que tenga la impresión de que la huerta no es un espacio estático. La dinámica de trabajo en el tiempo con una planta que se come rompe la foto fija. esa fracción de terreno, acotado, que no tiene sentido sin la dedicación, la actividad de mujeres y hombres, está sujeto a no pocos actores: la luz, el sudor, la elección, una brizna de hierba exenta que sobresale entre la cobertura de paja, la trofobiosis, la partícula elemental que circula en el suelo y se reduce a nutriente. La huerta es relectura atenta, inacabable

Investigar la fracción mineral del suelo puede resultar tedioso para el hortelano pero en cuanto se entra en materia no dejan de sorprender la infinidad de perspectivas que se abren y que permiten ampliar saberes o asililar manejos relacionados con la fertilización.

Me parece determinante cuando se cultiva estar familiarizado con los ciclos de al menos esa media docena de elementos nutritivos básicos y sus combinaciones, pero debiera ser además irrenunciable el conocimiento de esas minúsculas porciones de otros, indispensables para el desarrollo equilibrado, la salud de la planta y, en consecuencia, del ser humano. El déficit en el suelo de elementos que sustentan la vida repercute directamente en la adecuada alimentación de las gentes.
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Madera hecha mineral

Tiene el mismo estatus el nitrógeno, (que tantos artículos, estudios y debates genera entre los hortelanos, al que tanto tiempo, medios y esfuerzos se dedica) que el boro, porque no hay desarrollo vegetal equilibrado, sano, si falla alguno. No solo de NPK vive la planta.
Hago acercamientos individualizados a elementos como el potasio (los expertos no lo consideran en sentido estricto un nutriente ), en la idea de que tiene una función esencial como catalizador, transportista, facilitador de otros minerales a las plantas; procuro dejar entrar en la huerta materia orgánica que lo contenga. Pero se puede abrir el foco de atención para entender las evoluciones de los coloides o de los compuestos en función de las interrelaciones entre minerales. El compuesto K, Mg, Ca, B, (fósforo, magnesio, calcio y boro) controla, por ejemplo, el desarrollo de las plantas.
No son, por tanto, tan importantes los elementos nutritivos aisladamente como la trabazón de los mismos, en equilibrio, y su disponibilidad.

Me entretengo algunos ratos del periodo invernal, por momentos suspendido, en hacer combinaciones de materiales y aportes de ceniza al suelo cultivable en distintas presentaciones, pero aprovecho también para repasar algunos documentos o escritos propios ya antiguos, apostillando, afinando sobre los elementos integrantes de la materia vegetal quemada y sus funciones.

Toda esta pulsión pregonera tiene mucho que ver con mi forma de tomar nota, de buscar explicación a las cosas que suceden en la huerta para ampliar, modificar o suspender estrategias. Me conviene dar otro paso más allá de echar ceniza al bancal de los ajos.
Con la combustión de la madera se consume la práctica totalidad del carbono orgánico, quedado en el material resultante altas concentraciones solubles de calcio, potasio (segundo elemento más demandado por las plantas después del nitrógeno), magnesio, hierro, fósforo, manganeso o sílice.

La ceniza contiene pequeñas cantidades de boro, aluminio y zinc, esto es, microelementos, imprescindibles para la fertilización orgánica.
No obstante aportar demasiados carbonatos a los suelos -sobre todo a los básicos, claro- puede hacer que se bloqueen otros minerales como es el caso paradigmático del hierro del que, por otro lado, se conoce muy poco.

Pero la ceniza (hay que mencionarlo) no es inocua. Debiera precisar, para no mentir ni causar alarma que no es un aporte neutro por lo que se refiere a la presencia en proporciones mínimas de algunas partículas tóxicas y/o metales pesados.

Sabemos que la ceniza es un insumo muy popular, de uso reglamentario para muchos hortelanos con pocos recursos o limitación de acceso a otros mejorantes específicos y que adquiere especial relevancia en los huertos ecológicos, de auto-consumo.
La ceniza permite efectuar enmiendas -relativamente rápidas en huertos pequeños- que modifican al alza la acidez del soporte. Es ingrediente necesario en preparados para el control de plagas y de forma decisiva permite, como fertilizante, mejorar las cualidades de las paratas o bancales sobre los que instalamos las hortalizas.
Es una fuente relativamente importante de boro, aluminio y zinc, minerales, oligoelementos muy deficitarios en los suelos e imprescindibles para la fertilización orgánica. De modo que, como para otros aspectos de las tareas hortelanas o para preguntas sobre su empleo, siempre depende.

Aporto ceniza en función de la disponibilidad, pero no dejo de emplear abonos concentrados de liberación lenta, que se presentan en forma de pellest, ecológicos, a base de estiércoles animales, (gallinaza o de oveja) y también cenizas.
Estos fertilizantes se pueden agregar de fondo pero me gusta, cuando tengo tiempo, hacer disoluciones en un bidón de plástico y regar periódicamente con ellas.
En ocasiones echo la ceniza en agua y dejó el combinado un tiempo al aire porque al parecer, leo, se neutraliza en parte en contacto con el CO2 ambiental. Luego vierto, sin mas, pequeñas dosis con un bote o la regadera sin difusor en el entorno de la planta, con la floración pongo por caso.
En otras ocasiones vierto puñados de este subproducto gris en los bancales, sobre otros materiales húmicos (hojas o paja ya presentes como acolchado) o en descomposición -más ácidos- o entra a formar parte de los materiales que engrosan la pila de compost.
Según algunos autores la adición de cenizas en los procesos de descomposición del humus permite que los minerales estén listos más pronto, “más biodisponibles” antes de que se pudieran sintetizar con su ciclo normal.
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Agua con el característico color amarillento del agua con alto indice de alcalinidad.

La ceniza que utilizo procede de la quema en la chimenea de madera de encina, roble o aliso, o de algunos restos vegetales más gruesos, adventicias secas.
Lecturas, charlas y experiencias familiares me han permitido conocer otros usos domésticos, no profesionales, de la ceniza. (Ver la expresión “hacer la colada” para tirar del hilo)
Aquellos que manejan ceniza habitualmente y la manipulan conocen la suavidad jabonosa de las manos si no se usan guantes.
No voy a divagar, que estamos a fertilización de hortalizas, pero no puedo dejar de mencionar el empleo tradicional de estos polvos grises en construcción, en rehabilitación de edificios antiguos, para dar color a los yesos con finalidades estéticas y para retrasar el fraguado.
Por ahora cuenta con gastar unos cubos rociando los bancales con no mucho más de un par de paladas por metro, incluso sin pasar por la criba para que los trozos de carbón permitan ahuecar algo más el suelo.

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Pronto llegarán las patatas para siembra. Después de cachearlas suelo guardar los trozos cubiertos de ceniza hasta que la tierra está en tempero. Pero también he sembrado patatas cortadas en el momento y no se producen apenas marras.

Sé que algunos fruticultores emplean ceniza para cicatrizar las heridas de las ramas causadas por las podas, abundando en la idea de acentuar la alcalinidad para inhibir la presencia de hongos y otros patógenos.

La capa de silicatos procedentes de la ceniza con que cubrimos las hojas cuando se rocían los preparados con el atomizador puede estorbar la instalación de aquellos y es probable que con la apertura de los estomas de las hojas al atardecer, la planta asimile parte de los nutrientes. Tengo, no obstante, muchas dudas sobre la capacidad de las plantas para absorber elementos disueltos en agua vía foliar, de que sean cantidades relevantes para la nutrición. Debo investigar mucho mas al respecto.
Todos los caldos y mejunjes que se preparan con ceniza incorporan al medio hortelano compuestos mejorantes muy escasos o incluso esquilmados en algunos medios sobre-explotados
Dejo, para finalizar, otro clásico, una secuencia de la fabricación casera de un caldo de ceniza y del jabón de ceniza (muy mejorada tras esa fase ineludible de documentación y consulta en algún foro del ramo ) y el en que se da cuenta, así mismo, de algunos trucos de manejo.
JABÓN DE CENIZA (potásico)
Se precisa:
Unos puñados de CENIZA de leña.
TRES litros aprox. de agua libre de cloro o agua de lluvia.

Y se procede:

Tamizar y separar trozos de carbón.
Mezclar en un cubo de plástico y dejar reposar tres días, (cuidado con los ojos y manos)
Poner a cocer un par de horas a la intemperie o en un lugar ventilado, en un bidón de tamaño adecuado, caldero etc. Nunca de aluminio.

Dejar reposar al menos un día, se cuela con un cedazo o colador muy fino y se deja decantar de nuevo para que las partículas no obstruyan las mochilas de fumigar.

El líquido resultante es de color ámbar y lógicamente se habrá reducido.
Esta solución se utiliza como detergente líquido. Esta a lejía de ceniza necesita ser diluida con agua caliente para su uso, como hacemos cualquier detergente líquido. Para una lejía más fuerte puede preparase con una proporción de 1:3 de ceniza y agua.
El sólido resultante se puede incorporar a la pila de compost o como abrasivo para limpiar cacharros de cocina que se emplean al fuego, parrillas, etc, a modo de asperón.
He capturado algunas fotos con muestras de tiras reactivas en el proceso de elaboración del caldo sulfo-cálcico Cuando se va rebajando el preparado para su empleo se puede testar el ph. de modo que la tira irá aclarando progresivamente.

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Agua al final del proceso de reposado de unos días. Aunque la tira está aún húmeda se puede observar que supera incluso el índice más alto de la tabla adjunta.

Cuando guardo este tipo de preparados o los bioles lleno los recipientes al máximo para que no quede aire y los microorganismos no precipiten su descomposición. Lógicamente se conservan mejor. Siempre relleno.

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Agua del Canal en reposo durante tres o cuatro días en la que el cloro se ha evaporado.

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Muestra de tira reactiva procedente de un biol a base de aromáticas guindilla ajo, y que a pesar de que se ha incorporado un poco de vinagre vinagre muestra un ph es manifiestamente ácido.

Caldo ceniza.

5 litros de agua
De medio a un k de ceniza muy tamizada.
Entre 150 Y 250 g de jabón de potasa.
1.- Coger la ceniza y poner con agua caliente en un cubo con una proporción de 4 a 5 partes de agua. En verano usando un cubo de metal será suficiente con colocarlo al sol.
2.- Dejar cubierto con un paño o tapa de 24 a 48 horas, removiendo bien al menos una vez durante el tiempo de reposo.
3.- Decantar el liquido filtrando con un paño, un trozo de manta térmica.
Como ya se ha comentado el líquido es resbaladizo al tacto, lo que ya indica su cualidad como detergente. La forma de saber si está listo puede consistir en poner un patata o un huevo en la mezcla antes de filtrar. Si flota esta lista. Si se hunde se debe agregar mas ceniza y volver a repetir el proceso.
Fuentes:
Jairo Restrepo.
SOS. Salud orgánica sostenible
Salud.
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NOTAS RADICULARES.

Me ayuda a concretar las planificaciones un modelo que tiene en cuenta lo que nos comemos de las plantas: hoja, tallo, fruto, raíz; siempre es posible en combinación con otros como los requerimientos relacionados con la nutrición, la familia botánica, el ciclo vegetativo o el tamaño. Acaso no tener modelo definido es un modelo y no renuncio a la eficiencia por ello

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De modo que he cogido estos días carrerilla para hacer siembra directa de media docena de plantas de raíz y bulbos donde crecieron solanáceas. No tienen buenas perspectivas este tipo de plantas en suelos arcillosos o que se compactan con facilidad.

Las zanahorias son -por ejemplo y para comenzar con la revisión- un verdadero reto. Debo reconocer que fracaso casi sistemáticamente y que si no pongo las semillas sobre bancales con suelos preparados ad oc, bien abonados y friables, tras unos cuantos meses apenas crecen más allá del tamaño de un meñique y/o se espigan formando sus características umbelas. Es muy probable, por lo demás, que me interese e integre alguna otra variedad de zanahoria menos pivotante. Porfío en más ocasiones de las que debiera e insisto con plantas que no marchan bien cuando quizá optando, en este caso de daucus carota, por alguna más oronda de ciclo algo más corto (variedades locales siempre que puedo) que no necesitara penetrar tanto en el terreno como las de tipo Nantesa y demás, mejoradas, otras serían las cosechas.

Pero son otros muchos los factores que inciden en el progreso de los cultivos que parten de semilla de muy pequeño tamaño, de siembra directa y que complican su consolidación.

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Se me ocurre insertar aquí algunas anotaciones relacionadas con otras tantas raíces comestibles.

Vengo sustituyendo el sistema de riego por goteo en favor de la tubería micro-poro; creo que es determinante en el cultivo de raíces. La siembra puede hacerse a lo largo de las cintas -que no entierro en principio- y el reparto homogéneo de la humedad queda asegurado.

Antes de hacer referencia a otros requerimientos no puedo obviar que el estrés hídrico o los encharcamientos inciden negativamente en todas las fases de la germinación, de todas las plantas; el crecimiento posterior de muchas puede ser muy anómalo y provocar muchas marras.

Nunca uso regadera con su característico difusor o similar, porque estoy en la idea de que por mucho cuidado que se tenga se altera el nivel en el que fue colocada la semilla. Al echar agua de forma poco cuidadosa se remueve ese primer centímetro de suelo donde se sitúa la simiente; unas se entierran más, otras se sacan a la superficie. En el caso de que hayan comenzado a brotar puede truncarse el proceso y muchas especies no reinician la secuencia codificada genéricamente. No hay que molestar en un tiempo. Ya tienen bastante con los pájaros.

En todo caso -y si fuera necesario por la perspectiva de falta de humedad- hago dos pequeños surcos en los laterales de la línea de siembra donde verter el agua e hidratar el terreno por capilaridad.

Cierto que es práctica común sembrar con generosidad, al chorrillo. Las semillas suelen emerger amontonadas en ciertos sitios, se abren calvas en otros, muy apretadas o dispersas. El aclareo posterior se hace muy complicado. Es así que llevo tiempo sembrando zanahorias, rábanos y canónigos, rúcula u otras planta con semilla de muy pequeño tamaño sobre una hendidura en el suelo practicada con el canto de una tabla o un listón, a golpes de entre tres y seis granos separados al menos cinco cms; me aseguro de la posición que ocupan, dónde caen y de que la profundidad sea homogénea. Malo ha de ser que no germine alguna de cada lote, de forma más arreglada.

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Es ley natural que las adventicias germinen al mismo tiempo que las hortalizas cuando, además, el agua de lluvia humedece la superficie plácidamente y las condiciones climáticas en general son benignas como en estas últimas semanas.

Ya conocemos un sistema muy popularizando en pequeños huertos o jardines para retrasar o alterar la presencia de hierbas no deseadas y que consiste en cubrir las zonas afectadas con papel o cartón (limpio de colores y plásticos) y taparlo todo con tierra. Lo de las membranas agrícolas es otra história.

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Del mismo modo corto tiras de cartón ondulado o similar, ligeramente humedecido, de entre ocho y doce cms, por ejemplo, para colocarlo entre líneas de siembra, cubrir y sujetar con paja mojada, restos vegetales muy picados, tierra o incluso humus y contribuir en la fertilización a medio plazo.

No tengo dudas a la hora de tirar de las plantitas nacidas para -en varias pasadas y a lo largo del ciclo vegetativo- dejar solo las más aparentes, canónicamente separadas. Son ineludibles binas minuciosas y conocer el aspecto de ciertas plantas del terreno en sus fases primeras para poder purgarlas.

Pero quizá sea mejor, si se mantiene la humedad y las condiciones óptimas de germinación, olvidarse un poco del asunto y dejar pasar las semanas sin intervención alguna. Cuántas veces sorprende el tamaño de zanahorias u otras raíces que nacieron más o menos espontáneas en lugares ocupados por plantas de otras familias, al abrigo de auxiliares.

No puedo eludir a estas alturas del año hacer algún comentario sobre esos bulbos picantes que tan bien se comportan por todo el Mediterráneo.

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Siembro los ajos cavando un pequeño surco de la profundidad que marca la hoja de una pequeña azada y con tiralíneas, no necesariamente por cuestiones ornamentales, sino por guardar las distancias con precisión para situar otros cultivos. Si me voy de línea en tramos pequeños puedo condicionar el número y la presencia de pies de plantas en asociación o para otras sucesiones.

La ley general, muy difundida y de eficacia comprobada, es enterrar “las semillas” no menos de dos o tres veces su tamaño y con estos gajos no voy a hacer excepción. La siembra somera permite a los pájaros, siempre atentos, tirar de los pequeños ápices claros y extraer los ajos de la tierra. Del mismo modo el sistema radicular de ese contenedor de nutrientes, corto pero vigoroso y sobre un suelo que puede ofrecer resistencia, tiende a empujar al ajo hacia la superficie. Son numerosos los factores que inciden en estas prácticas. Algunas tradiciones son milenarias. Pongo mucha atención en el conocimiento de los ciclos vegetativos o climatológicos, me detengo siempre que puedo en intentar comprender un poco más cómo funciona el suelo. Asimilo prácticas culturales que puedo implementar y testar con sencillez de no importa qué origen, y dejo que pasen cosas, practicando el antiguo juego de la prueba y el error, procuro rotar con cierto criterio, generar materia orgánica e incorporarla regularmente con cada gesto. Entiendo inexcusable mantener esa primera capa de los bancales con una estructura nacroporosa que garantice la aireación e infiltración del agua y el oxígeno. Quizá nunca llegue a conocer el nombre de los seres vivos de esta granja que mimo y alimento en cada huerto pero si están en buena riña me darán mejor de comer.

Así las cosas aún no me ha tentado la observación celeste para tener en cuenta las fases lunares o demás formas y conjunciones astrales creadas por la imaginación humana en las siembras, las podas o cosechas. No estoy por quedarme en vela a comprobar si el satélite tira de los ajos.

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Me cede generosamente un amigo ajos zamoranos blancos, de excelente aspecto y, casi seguro, estimables cualidades organolépticas. Deben ser muy diversos también los condicionantes del aroma y el sabor del ajo, al margen de su genética y se suele mencionar la cantidad de agua recibida, el tipo de suelo o la temperatura. De entrada no huelen igual que los que puse hace unas semanas y predominan unos compuestos volátiles de matices húmicos, avainillados muy agradables. No encuentro en todo el manojo ni un solo diente en mal estado. Algunas fuentes, frente a lo que se suele considerar, aseguran que es el frío lo que determina el nivel más elevado de picor y parece tener sentido si se consideran las áreas tradicionales de producción.

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Al abrir las cabezas perfectamente selladas de los ajos que algunos botánicos encuadran ahora dentro de la familia de las amarilidaceas, se aprecia que no se trata de una variedad (aunque todas sean la misma planta), convencional o mejorada como las que están proliferando en estos últimos años en el campo y en los mercados. A diferencia del ajo spring o chino que no tiene muchos más de ocho gajos gordezuelos y de sabor un poco plano, en este eco-tipo asoman dientes más pequeños según avanzamos hacia el interior. Y esto me agrada.

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Se acostumbra uno a tratar con la homogeneidad también en este tótem culinario (no voy a enfatizar de nuevo su relevancia económica o cultural) y hay quien agradece no perder demasiado tiempo en pelarlos, pero mis necesidades en la cocina son variadas, lo mismo pequeños para frito, sin pelar, que más grandes para picar o abordar la salsa española. No debo perder de vista la diversificación y me gusta trabajar en la reproducción y conservación de variedades autóctonas o locales. Después de todo el ajetreo advierto que las capas que protegen el germen no son precisamente blancas en comparación con otros que he sembrado en ocasiones de la misma región. Se conocen en la península tres tipos de ajo atendiendo a su color o aspecto exterior: blanco, rosáceo y otro más tostado, aunque de cultivo menos extendido. Tema para el debate.

De conformidad con lo que vengo glosando me planteo sembrar estos ajos intercalando entre diente y diente remolacha, rábano o alguna otra raíz. Es ésta una distribución que permite un aprovechamiento muy eficaz de la superficie disponible, pero sobretodo difumina la carga de tablas o bancales con una sola planta y no parece que vayan a llevarse mal. Durante un buen tramo del periodo vegetativo, si no son necesarios riegos, pueden prosperar a la par y cuando fuera necesario un nivel de humedad más alto pero dispar es probable que se hayan cosechado unos ajos que no son muy exigentes o quizá mucho antes las crucíferas. El terreno no queda desnudo a la espera de otros cultivos de verano.

Ya han brotado las primeras tandas de ajo pero hay espacio, ánimo y tiempo para preparar otras. Hay pocos cultivos tan agradecidos. Una vez dibujado el surco echo una cama de humus de lombriz y voy colocando encima los mejores dientes. Cubro con la azada. Toda vez que he dejado marcada la situación de cada diente siembro, esta vez intercalados, granos de zanahoria apenas arañando la superficie y cubriendo someramente.

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Vuelvo a revisar las imágenes guardadas estos días por ver si de ellas se desprende alguna coletilla.

Un sobre con semillas poco comunes de salsifí resalta sobre los bancales oscuros. Barbas de chivo. Otra raíz, otra rareza por lo que me atañe y que será objeto de alguna entrada porque aún no tengo apenas datos sobre su cultivo y no puedo esquivar, a estas alturas, cierta sensación de pudor, como para otras veces, otros cultivos y otros lances en que pudiera mostrarme más estupendo, excéntrico o snob. Ahí quedan sembradas junto a daikón verde y blanco, kabu, nabicol, grelo y otras tan pedestres como apetecibles.

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Salud.

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COBERTURAS SULFUROSAS.

“Lo que está herido en nosotros pide asilo a las cosas más pequeñas de la tierra y lo encuentra”.
Christian Bovin

El trabajo sobre el terreno cultivable me aleja del papel en blanco, de la pantalla brillante y el cursor que apremia. Con todo, no me agrada la demora en publicar.

No puedo dejar de cumplir con algunos rituales, como hacer inventario de semillas según va venciendo el año astronómico para enseguida ponerlo por aquí y poder seguir cediendo semillas o perpetrar trueques.

La perilla roja parece ya a punto para cortar y seleccionar semilla.

A veces unas fotografías y un comentario al pié sería suficiente para dar señales de vida. Pero pudieran ser tan intrascendentes o vanales…

Si tiene algún sentido este espacio virtual tiene que ver con mostrar lo que me ocurre en tanto hago lo que hago. Describir de forma burda algunas tareas culturales, la exposición de los trabajos para que medren plantas comestibles, para lo que ahora toca, pueden justificar alguna que otra publicación. Q

No olvido la descripción y caracterización de algunas variedades de tomate cultivados en verano.

Por las tardes continuó con los hilvanes suspendidos de la mañana. Algo siempre queda por hacer.

Como en la mañana encuentro plantas deboradas por las aves tengo que improvisar una estructura para colocar una red. Con seis tablas de un palet colocadas en forma de tienda canadiense, dos cañas a modo de cumbrera y unos clavos puedo cubrir ahora de forma eficaz brasicas y lechugas, acelgas o escarolas.

He comenzado la recolección de hojas gigantes: berzas, cavolo nero… Las más viejas o de peor aspecto no se tiran. Pueden utilizarse a modo de acolchado cubriendo amplias zonas del bancal. El azufre que contienen las brasicas actúa como inhibidor en la germinación de esas plantas que brotan en momento y lugar inadecuados.

Éstas sábanas vegetales en combinación con paja, por ejemplo, actúan como reguladores térmicos, retienen la evaporación que genera el viento, funcionan como cebo para los pocos grillos que resisten y, tras un periodo de tiempo variable, entran a formar parte del suelo, engordando el nivel de nutrientes.

Es otra opción al compostaje. Pero vale también a veces cortar, picar a mano y tirar sobre el terreno, sin más, como hago con raíces de puerro y los extremos de sus hojas más duras o las de cebolla entre otros desperdicios hortelanos. No suele gustar un bancal sembrado de restos de cosecha, pero solo hay que darle a la naturaleza un poco de tiempo. Troceo la hojarasca aún verde de algún pié de solanacea, piso tomates que cayeran de la mata seca.

Se me ocurre que las hojas de bardana pueden asumir la misión cobertora. El aprovechamiento de la raíz de ésta planta plurianual aún queda lejos y la parte aérea que se desarrolló durante el verano es tóxica. No conozco en absoluto cómo cuándo o qué se come. Veremos.

Los pétalos de la rosa del azafrán tras el desbriznado vuelven a su lugar de origen.

Al levantar las plantas de tomate se fueron confirmado algunas sospechas sobre la presencia de nematodos aunque no de forma generalizada.

La mejor intervención que se puede hacer a este respecto -complementando otras medidas de control integrado y siembra de plantas auxiliares- es introducir materia orgánica en el suelo y facilitar la reproducción impúdica de la mesofauna. Y voy a empezar ya mismo dando de comer a hongos y demás bacterias o protozoos que contribuyen al equilibrio estructural y ecológico del suelo. Algunos horticultores versados recomiendan incorporar no menos de un kilo de materia orgánica, humus, etc por metro cuadrado y año. Pero a mayores, no desdeño, visto lo visto, hacer aportes continuos, que ahí van quedando.

Va de raíz. La semana que entra va de todas esas plantas de las que consumimos las partes subterráneas o los tallos blanqueados. Pero ya voy abusando de la paciencia del improbable lector y será otro el momento de ponerlo de relieve.

Salud.

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AVANCE DE SEMILLAS PARA 2019.

Es muy probable que puedan aparecer, en semanas próximas, algunas especies o variedades desubicadas o mal guardadas en lahuertadelosrobles, pero me peta hacer un avance de las semillas que he podido recuperar, limpiar y guardar con rigor.  Es viable trocar o ceder semillas hasta que quede la cantidad mínima para para seguir reproduciendo y mantener referencias.

Solo debo hacer una mención particular en relación al garbanzo negro que dadas las dificultades y los costes de producción he decidido ponerles el  precio de 2.50 euros por cien semillas, mas los costes del envío certificado, en vías de hacer justicia con el  manejo de los últimos meses.

20181102_1331521422572253.jpg Planta de perilla lista para recolectar semilla.

Salud y buena siembra.

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EL RASTRO DEL COLOR

¿Cómo sería la concepción del arte sin los pigmentos?. ¿Cómo entenderíamos ciertas emociones estéticas? o, sencillamente, ¿por dónde abordaríamos la visión pintoresca de algunos entornos.?

Qué misteriosas cualidades la de los elementos que inciden en la retina, de tan incontables formas, siguiendo los dictados de la luz, para que podamos ver la paleta inabarcable del color.
Hago colores para la casa.

Todos estos años he trabajado con los blancos, grises y ocres que procuran las tierras ferruginosas, el cemento o las cales. Ofrecen los morteros primigenios texturas y tonalidades que se integran de forma discreta y estimulante en un entorno feraz.

Hay oportunidad, no obstante, de emplear como complementos constructivos otros polvos secos para rematar algunos trabajos y conseguir efectos decorativos inusitados, poco comunes.

A partir de un tinte verde he conseguido un agregado con el que he cubierto las llagas de una parte del empedrado que, a modo de faja, bordea el enlosado del patio que inicié este verano, renqueando y quejándome lo justo.
En ocasiones se esparcen unas paladas de arena sobre las baldosas y la circulación, el uso o la intemperie hacen que se cubra la llaga de la solería.

Es habitual utilizar lechadas a base de cemento y agua; con la densidad apropiada, repartido por la superficie, penetra y acaba cubriendo las ranuras que quedan entre las piezas.
El problema de esta técnica para solados de colores vivos es la manera de retirar los sobrantes que se realiza lavando con abundante agua y sucesivas pasadas de cepillo. Es muy comprometido manejar las aguas residuales cargadas de cemento y coloreadas.
En esta ocasión he mezclado unos puñados de arena de río tamizada, muy fina, un poco de cemento gris y una punta de paleta de polvo verde.
Lo mismo para las zonas soladas con piezas rojas de 15×15.

Primero riego generosamente la superficie que voy a rejuntar para que las piezas porosas, fabricadas con cemento, absorban la humedad y sea ésta la que precipite de forma controlada y limpia la reacción con la mezcla y fragüe entre llagas.

En lugares con inviernos rigurosos y heladas frecuentes es muy recomendable sellar las juntas con un aglomerante formado por cemento, arena y el tinte de marras. En ocasiones cuando las llagas quedan sin cubrir, el agua acumulada puede congelarse y, según materiales, hacer estallar los bordes. Hay que evitar el deterioro de los encuentros.

De modo que, una vez seca la superficie, se vierte el mortero, seco también, coloreado y se barre llenando las juntas. Se pueden dar pases atravesados o el la dirección de la llaga para que vaya quedando tapada pero sin dejar muchos restos….

En unas horas la humedad que acumulada el solado permite fraguar el material de relleno y resulta ya improbable que se descubra.

Y transitar y utilizar los espacios con normalidad sin necesidad de más agua que aquella procedentes de la humedad ambiental o las lluvias ocasionales.
Estas piezas toscas utilizadas para solados exteriores presentan características que ayudan en los acabados o remates. Aunque las superficies son rugosas e irregulares, formando vetas, los bordes vienen rebajados, biselados y la “lechada” seca se acumula con facilidad para completar el proceso.

La combinación de estos productos tintoreros permite hacer algunas pruebas ya imaginadas para, por ejemplo, llaguear en verde los ripios del suelo o de muros vivos donde proliferan musgos y líquenes.

Voy rematando los bordes del patio con ripios y losetas de piedra procedente de los merodeos por viejas canteras locales o buscando en zonas más descubiertas de los alrededores de la aldea, entre las lajas que la intemperie saca a la roca viva, con lo que encuentro por ahí y que no hace enmienda en el más mínimo detalle del entorno.

Detesto el gris cemento para acabados de trabajos a posteriori con piedra o en entornos de marcada rusticidad. Pienso en el ocre, en los ceniza para respetar -en las construcciones de nueva fábrica o en entornos muy sensibles- la tendencia estética de casas o edificios auxiliares, pero también en el rojo o el verde.

Cuando veo llaguear a rejuntar con cemento gris muros levantados a piedra seca o con barro levantados en su momento con materiales del entorno no puedo eludir una cierta decepción. El cemento Portland forma parte de otra cultura constructiva y hay que hacer juegos malabares para intervenir e integrarlo con originalidad y sin estridencias…en el entorno campestre.
Los tintes que se utilizan para morteros en la construcción son muy versátiles y mantienen sus características durante mucho tiempo.

Siempre he utilizado tierra mazarrón o amarillo albero para teñir en rojo, o tostado cuando el tajo lo precisaba, para conseguir un efecto sorprendente pero discreto; ya no es fácil encontrar estos productos a granel.
Las posibilidades decorativas se amplían cuando se utilizan para rebocos y enfoscados finos en interior o jaharrados, hasta el punto de que no haya necesidad de pintar; tirolesas con gravilla en paramentos que dan al exterior…

Recuerdo el aspecto de eminentes obras arquitectónicas que, observadas en la distancia, toman una buena parte de su dimensión por el color, que al acercarse y pasar la mano, en la medida en que se fija la mirada en la estructura íntima de cada pieza y de sus uniones, de los amplios rebocos, pueden intuirse los procesos constructivos y los trabajos de los hombres. La Alhambra, pero tambien los palomares zamoranos, los chozos manchegos o las casas adaptadas al terreno, colgadas en las Alpujarras; los pueblos de la arquitectura negra ocultos en el paisaje ceniciento de Guadalajara. El añil es otro cantar.

Hay que contar siempre con las reacciones químicas que genera el agua en el aglomerante y es necesario esperar a que seque y poder ver el resultado final.
Para estos casos empiezo tanteando en seco con cemento gris. (Hay que estar muy atento a los distintos cementos y sus fabricantes porque la presencia de cenizas y las características de la roca con que se fabrica, entre otros factores, dan como resultado morteros de diferentes tonalidades de gris) la arena y el colorante seco ya mencionados…

La mezcla ensucia toda la superficie y me temo que solo el tiempo y algo de intuición permitirán verificar el tino en las proporciones. El cemento blanco lleva a otra tanda de colores cálidos y suaves, matizados…
Aún queda un tramo de rejuntado. Prefiero no dejar las rebabas y la textura bruñida que le confiere el pase de la paleta. Para desbastar un tanto el llagueado -pasadas unas horas y perdida una parte de la humedad para no manchar la piedra- raspo con un cepillo suave. Los restos quedan en el tajo hasta pasados un par de días en que se puede barrer con normalidad.

Probablemente una mujer puso una mano sobre la roca y sopló un color o sacudió una rama cargada con ocres y negros de la madera quemada para dejar impresa una de las primeras manifestaciones artísticas de que se tiene noticia. Quizá pasó los dedos por su cuerpo huntados de almagre humedo para mimetizarse; acaso quería llamar la atención de los hombres o de los astros… o evitar las picaduras de los insectos.

Una referencia técnica.

http://www.atelier-st-andre.net/es/paginas/tecnica/colores/pages/verts.html

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MIJO DE NUEVO.

El mijo rojo de escobas es, quizá, la variedad de entre este econjunto de pseudocereales la menos propicia para el consumo humano, al menos en Europa donde el trigo  es la base de la alimentación.

En efecto tiene una fisiología muy semejante al maíz y constituye en la huerta una fuente importante de materia orgánica para compostar o cubrir el suelo, conformar pantallas cortavientos, procurar sombra a otros cultivos…

Mijo en sus primeros estadios.

Otras temporadas la cosecha se ha destinado a mejorar el balanceo de pienso para las gallinas.

Pero no tiene mal apaño culinario si se introduce para complementar, enriquecer, decorar  ciertos guisos. Se me ocurren los estofados con verduras; de ninguna otra forma, por razones obvias, que no sean integrales, porque no se me ocurre cómo refinarlo. Aún así, la cáscara o integumento que cubre el grano procura gran cantidad de fibra y nutrientes.

He cosechado una primera tanda de escobones cuajados de grano rojo. El ramo se desgrana bien pasando la mano cerrada por cada hilo para que vaya cayendo en un serón o recipiente ancho habilitado a tal efecto.

 

No prescindo de una poacea o gramínea de rendimiento más que generoso aún cuando pudiera cultivarse como cereal en un suelo poco favorecido, con poca agua. Es fundamental que el suelo esté libre de adventicias.

Es muy probable que coseche más de tres kilos procedente de una linea apretada de cuatro metros.

No estorba ni cae enferma. Ahí anda todos los veranos…

Acostumbro a colocar el grano de mijo en una caja grande de cartón o sobre una tela para que se seque despacio, a la sombra. Es fácil que, guardado de forma prematura, inadecuadamente, pueda fermentar o que aparezcan hongos… Este cereal puede acabar en la cocina con polvo e impurezas y es muy recomendable lavar concienzudamente las cantidades que se vayan a consumir.

El mijo es comida de aves en los países desarrollados, pero en grandes áreas de África y Asia es “cereal” primordial. Su nombre panicum da cuenta de su importancia económica y cultural.

Puede que entre a formar parte de las materias primas, como la avena, la almendra el anacardo, la chufa…que vengo empleando para leches vegetales.

El mijo rojo de escobas es otro don gratuito que apenas requiere unos ratos para sembrar y cosechar; y procura otro de los innúmeros momentos dichosos del entorno hortelano.

Quieren las plantas de tomate dar un último empujón floral, en tanto disfrutamos del pico productivo de berenjenas y pimientos. Asoman las calabazas entre la hojarasca más seca. Hay que ir pensando en la planificación del huerto de invierno sobre los bancales despejados.


Salud.

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MONTSERRAT. En construcción

Nombre común:

Origen:

Lugar de cultivo:

Tipo genético:

Semilla: La Troje.

Color:

Tamaño: Pequeño.

Cosecha después de la siembra: 55 a 60 días (variedad temprana) en Madrid a mediados de junio.

Peso medio:

Esquema aparición del fruto.

Fruto:

Planta:

Tipo de hoja:

Crecimiento:

Rendimiento:

Fisiopatías/ enfermedades:

Manejo:

Cualidades organolépticas:

Información complementaria.

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UN TOMATE AMARILLO.

La huerta puede representar uno de esos lugares tan anhelados donde estar seguro; forma parte de la normalidad cotidiana, de la devoción por las cosas cercanas que atañen a los hombres.

Tengo una perspectiva poco ordenada de la realidad. Nunca hubiera sido científico. Desde niño me han aburrido los aprendizajes que no se realicen en espacios abiertos o sobre el terreno, caminando.  Por eso ésta intención clasificadora,  la de registrar los cultivares,  de hacer fichas pormenorizadas que parecen elementos de un todo, no son más que un escozor descaradamente improvisado.  Catalogar y ordenar  van siendo cada día rutinas más engorrosas. Pero como no urgen y siguen un patrón pre-determinado, van saliendo algunas desde una pereza mental muy acusada. Al menos un listado con fotos debería conservar.

Dice J. Fowles en un breve libro vinculado al proceso creativo y el amor a la naturaleza:

“La observación directa, que implica descubrir lo que sucede segundo a segundo, es en realidad una actividad increíblemente sintética ( en su acepción de mezcla o combinación de elementos)  y deriva de una compleja diversidad de hebras: de la suma de los recuerdos del pasado y las percepciones del presente, de tiempos y lugares, de la historia colectiva y la historia en particular… Una realidad muy alejada de esa capacidad específica de la ciencia que analizarlo todo. “

El escrutinio de tomates que vengo realizando desde hace unos años es otra forma mas de ejercitar los distintos palos de la observación, de todos esos hilos de los que habla el escritor inglés,  pero sobre todo una vía para valorar los efectos tan sutiles que sobre el ánimo y la apreciación del mundo, vegetal o natural, generan.

Va terminando el ciclo de algunas tomateras de porte determinado, como en el caso del amarillo que muestro hoy, y es posible ir haciendo algunas consideraciones, sobre todo para afianzar la eventualidad de volver a repetir el cultivo

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Nombre común: Tomate amarillo francés. Taxi amarillo.

Origen:  EEUU. Según algunas fuentes esta variedad fue seleccionada en un programa de recuperación de semillas realizado en el Occidental Arts & Ecology California.

Lugar de cultivo: Madrid. A la intemperie.

Tipo genético: Polinización abierta

Semilla: La Troje.

Color: Amarillo intenso.

Tamaño: Pequeño.

Peso medio: 60 g de media.

Fruto: Globular. Aunque algo variable. Tipo ciruela de hombro aplanado. Piel muy fina. Cuatro lóculos que contienen un buen número de semillas en el mucílago característico. Facilidad para separar el fruto del pedicelo. Color intenso de la pulpa y pericarpio. Algunos frutos ofrecen una forma angular al cortar transversalmente. La cicatriz del pistilo es inapreciable.  Forma redondeada en el corte transversal.

Planta: Porte determinado. Escasa densidad del follaje

Tipo de hoja: De patata. Colgante.

Crecimiento:  Precoz. Progresa muy bien en terrenos de media montaña o con temperatura más frescas y humedad en el ambiente, pero tolera perfectamente el calor. El fruto aparece en racimos aglomerados. El cuajado se detienen mediado el verano. La planta puede llegar a medir metro de altura.

Rendimiento: Muy bueno.

Fisiopatías/ enfermedades: No destacables. Ligera tendencia a rajarse pero sólo si hay exceso de riego. Cierta deformación si están apretados los pomos florales.

Manejo: Cómodo. Puede reducirse el marco de plantación si se cultiva solo o alineado. Tutorado bajo, a un metro, pero admite el cultivo rastrero sobre cama de paja. Es muy sensible a la insolación directa por lo que no es conveniente hacer podas innecesarias. Riegos moderados en beneficio de la concentración de nutrientes y calidad en el sabor. En esta ocasión se ha realizado un abonado suplementrio durante el cultivo con purín de estiércol.

Cualidades organolépticas: Sabor a tomate muy apreciable. Gusto peculiar y menos ácido que otras variedades. Textura melosa, jugosa y agradable al paladar. Está en el ámbito de los tomates de pequeño tamaño y de piel muy fina. Mantiene todas las propiedades nutritivas propias otras variedades rojas. Algunos estudios aseguran que presenta mayores concentraciones de micro-nutrientes.  Sería poco responsable no comentar la posibilidad de preparar sopas frías o salsas sorprendentes con este tomate de cualidades tan equilibradas.

Información complementaria. El tomate amarillo de no importa qué forma o tamaño es una mutación; su color se debe al bloqueo de algunas antocianinas en beneficio de otras.

Es conveniente cosechar cuando pierde el color netamente vede y empieza a clarear en la idea de que si se cosecha con todo su color final, como en otros mucho casos,  puede estar muy blando o pasado. Aún así tiene una buena post-cosecha.

Puede apreciarse erosión genética relativamente temprana si se sitúan cerca de otros cultivares rojos. Algunas bayas muestran en el interior tonalidades rosadas.

 

 

Fuentes:

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TOMATE STUPICE.

Nombre común: Tomate Stupice (Se pronuncia “Stoupitché”)

STUPICE es el nombre anglosajón de la legendaria variedad checa según refieren todas las fuentes. STUPICKÉ POLNĺ RANÉ, 1921.

Origen: República Checa

Lugar de cultivo: Madrid. A la intemperie.

Tipo genético: polinización abierta. Variedad fijada

Semilla: La Troje. Se reproduce con normalidad en la Sierra de Madrid

Color: Rojo brillante con hombros verdes inapreciables.

Tamaño: Pequeño. Tipo cóctel. 2 o 3 cms. 6 cms de diámetro. El tamaño de los tomates es homogéneo.

Se pretende aumentar el tamaño de los frutos Pero también la precocidad y facilitar el trabajo de cosecha.

Cosecha después de la siembra: 55 a 60 días (variedad temprana) en Madrid a mediados de junio.

Peso medio: 35-40. g.

Esquema aparición del fruto. Por niveles en ramos de 7 y diez frutos.

Fruto: Dos lóculos o celdas pequeñas. Mucílago con abundancia de semillas. Piel fina. Depresión muy pequeña en la inserción peduncular.

Planta: Compacta. Vigorosa y robusta, de ramas muy resistentes y con numerosas guías que protegen los frutos del exceso de radiación. Numerosos pomos florales en la medida que se desarrolla. Color verde muy oscuro.

Las ramas tienden a doblarse hacia el suelo desde la inserción.

Tipo de hoja: Patata.

Crecimiento: Semideterminado. La planta produce flor en tanto acompañan las condiciones climáticas. Planta de 100 a 110 centímetros de altura en adelante.

Rendimiento: Muy bueno. Variedad temprana pero rinde hasta final de temporada. Producción escalonada.

Fisiopatías/ enfermedades: No destacables. Buen comportamiento fitosanitario. Variedad resistente.

Manejo: Apenas requiere más cuidados que las primeras podas de formación, retirada de estípulas y entutorado a dos metros. Muy fácil de cultivar.

Se puede dejar crecer a pleno desarrollo, pero se separan al menos noventa cms. De ésta nanera los frutos serán más pequeños pero más numerosos.

Posibilidad de hacer varias siembras para prolongar la producción, en función de la climatología.

Cualidades organolépticas: Sabor notable. Ideal para incorporar a ensaladas, aperitivos. Tomate tipo cóctel, terso y firme. Jugoso. Suficientemente carnoso como para hacer salsas si hay excedentes.
Es muy probable que, cultivado en un lugar cálido y soleado, desarrolle un sabor más afrutado que si crece en áreas más frescas.

Información complementaria. Ecotipo que tolera ambientes fríos y húmedos. El tomate Stupice es uno de los primeros tipo cóctel o bola que se conocen.

Los primeros frutos tienen sabor muy suave y van intensificando matices en siguientes pomos. Excelentes horneados.

Conservación y postcosecha corta. Unos tres días. Por lo que es recomendable cosechar antes de que adquiera el color rojo definitivo.

Se comporta muy bien en zonas de media montaña y de temporadas cortas.

Obtención en la “Planta de Investigación y Cría Inst. De verduras” en Olomouc en la antigua Checoslovaquia. Según algunas fuentes en torno a los años veinte del siglo pasado. Otros hablan del año cuarenta.

La variedad fue enviada a los EE.UU. en 1976 por el criador checo Milan Sodomka. Se adaptada a las regiones con clima fresco. “Stupice” se cita a menudo como uno de los tomates más sabrosos del mundo en su clase.

Fuentes:

Extracto Windbuckle

Semillas Saint Martha.

Foto tomate:

s://www.engrainetoi.com/tomate-rouge/515-graines-tomate-ancienne-stupicke-polni-rane-stupice-seeds.html

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