Tareas de paso.

Desde hace ya unos días se suceden las tareas de transición hacia los cultivos de otoño-invierno.

Gran parte del medio centenar de plantas hortícolas que pueden cultivarse en torno al frío deben estar en un punto adecuado de desarrollo fenológico, para encarar las semanas de diciembre y enero período que pueden llegar a ser prácticamente “inhábil”- si se tiene en cuenta, además, la retirada de horas de luz o la baja actividad de los microorganismos que viven en los niveles más superficiales del suelo.

Sabemos que no hay linderos, ni marcas espacio-temporales nítidas en la naturaleza, tampoco en la huerta.

Se trata de ir levantando los pecios del verano, aquellas plantas que llegan al final de su ciclo y no pueden prolongar los rendimientos de manera significativa e incluso aquellas que, aún con buen aspecto o incluso floreciendo, no tienen mayor recorrido. Un día helará o bajará, al menos, por debajo de cinco grados la temperatura nocturna y se precipitará la muerte celular.

Es tiempo de transitar los últimos tramos de la cosecha. Saco el primer cajón de boniatos, California y Jewel.

Voy a poner todo el ramaje de las batatas en bandejas con agua, para poner después en tierra algunas guías, en el invernadero, y comprobar si llegan en buen estado -y creciendo- al mes de febrero o marzo, poder completar la propagación para los plantones de primavera.

Barruntando, entonces, que gran parte de las especies no van a dar más de sí, procuro desarraigar las plantas antes de que se pierda el material vegetal aun verde para picarlo, incluyendo frutos verdes muy inmaduros (como en el caso del tomate) y ya retiradas las últimas piezas de los pimientos y berenjenas; el destino más recomendable es la compostera. Quizá este otoño no sea necesario quemar los restos de cultivos.

Sobre las primeras capas verdes, más gruesas, echo otras tandas de material seco (paja, hojas) para equilibrar el balance carbono/nitrógeno del humus resultante, base de la fertilidad y la salud del suelo.

Para contribuir con el arranque del proceso añado también alguna carretilla de hojarasca y elementos diversos que forman el sotobosque del encinar o de la chopera cercana, muy ricos en microorganismos y mesofauna, hongos. Si no se esperan lluvias, riego de forma generosa.

Hay en El Prado de La isla un déficit manifiesto de lombrices. Estoy muy atento a las agrupaciones que se forman en zonas del entorno, especialmente fértiles, en las camas de las vacas o en los montones que los vecinos dejan cerca de los cebaderos. No es complicado conseguir la reproducción de lombrices si el suelo es rico en materia orgánica; también es viable en la misma pila de compostaje. Después del verano suben a niveles más superficiales en busca de alimento. Se recogen en un cubo con tierra y se reintroducen a discreción en las zonas con mejor calidad del suelo.

No descuido la incorporación a la compostera de alguna mano de estiércol. En cuánto sea posible -y para montar la pila de una vez- busco en los prados, en los restos de los comederos o en las zonas donde sestean los animales. A veces es suficiente con “cosechar las bostas” que ya han empezado a colonizar escarabajos e insectos. Pero los mejores compostadores son las vacas, los equinos, que año a año, con tiempo van triturando todos los estiércoles a la intemperie…

El color de la tierra en zonas recuperadas para el cultivo hace poco tiempo pone de manifiesto la carencia de restos orgánicos. El humus es uno de los elementos esenciales para conseguir suelos agregados, equilibrados. Fertilizamos la granja de seres vivos que viven en el suelo. La materia orgánica de no importa qué índole, del entorno cercano supone -sobre la base de un terreno silíceo y franco- un aliño imprescindible para mejorar la retención de la humedad y que se abran poros que permitan la penetración del oxígeno y del agua.

Todo para volver a sembrar y plantar.

En lugar de echar estiércol fresco directamente en los bancales (práctica habitual en muchas comarcas) me inclino ahora, enfilando el invierno, por establecer abono verde. Luego en primavera incorporo el estiércol muy procesado ya, tierra rica en minerales.

El suelo sobre el que cultivamos no debe estar desnudo en ningún momento. En lugar de dejar que proliferen las adventicias todo el invierno doy rienda suelta al festival de plantas que toleran los fríos castellanos.

Son conocidos ya los beneficios de estas prácticas para las plantas que vendrán después. Quiero insistir en la idea de que, de forma general, las raíces de las plantas hortícolas se desarrollan mejor en zonas radiculares antiguas, donde siempre han proliferado diversas especies, con distintos grados de exigencia nutritiva, en todos los horizontes, bien planificado, a partir de las rotaciones y con la intensa participación de hongos, bacterias y arqueas.

Los espacios que han trabajado las raíces funcionan como galerías de penetración de otras nuevas, son vías de trasporte y movimiento de nutrientes, verdaderas autopistas de la nutrición. ¿Puede entenderse, entonces, la idea de “dejar descansar” la tierra, tan arraigada entre los agricultores que trabajan en convencional?

Que si centeno, que si avena negra, veza, mostaza, habas y alverjones, grelos de Lugo, rábanos y nabos (donde hubo solanáceas) rúcula y brásicas … cebolletas y calcost, cebollitas de primavera, zanahorias, canónigos y remolacha. Escarolas, lechugas, espinacas. Pero también algunas de origen asiático que empiezan a ser populares y tienen unos tiempos semejantes los de las lechugas: tatsoi, packchoi, horenzo. Alguna tablita de chirivía y salsify más zanahorias…

Es tiempo de plantar también los bulbos obtenidos después de completarse la primera parte del ciclo vegetativo de algunas variedades de cebolla. Los más interesantes son los calçots que pueden desarrollar hasta una docena de tallos a partir de una sola pieza.

Cada día es más gratificante permanecer atento a los estímulos de la naturaleza.

En ocasiones este lugar en las estribaciones de Gredos parece más acogedor por un tipo de familiaridad que se edifica con gestos apenas perceptibles, los aromas de la tierra y las hierbas o la madera en descomposición, la diferencia de temperatura entre el día y la noche, pero también con toda esa serie de trabajos culturales, con las plantaciones, las podas del arbolado más adelante, el movimiento de tierras para hacer nivelaciones y evacuar el excedente de agua de lluvia o la marcación de los pasillos, la labranza, la humilde reparación de las paredes bajas de piedra; la potencia de los robles jóvenes de los linderos, a los que veo desarrollar de nuevo las enigmáticas agallas, mientras van palideciendo las hojas.

Otras veces la ferocidad de la tormenta o los enseres y materiales arrumbados, el desorden que deja el silencio, la leña por cortar y los sonidos del viento, la soledad vespertina, promueven una sacudida de indefensión que solo se desvanece cuando, en casa ya, se enciende la lumbre. Pronto no quedarán en el paisaje sonoro animal más que el graznido de los córvidos. Vivencias de la duración cuando no hay dos días iguales.

Intento desmenuzar en el lapso temporal que media entre ese rato en que planto unos bojes en torno a unos bolos de piedra y los días en que las caballerías dieron las primeras vueltas tirando del arado, cómo se ganaron espacios sobre las lanchas acercando carros de tierra, los sucesos mínimos de los seres vivos del lugar, la suspensión del paso del tiempo, atento a los últimos rayos del sol y hasta la aparición de la luna y Venus al sur. Linares en tiempos y aún cereal, patatas… legumbre, reinetas. Un racimo de uvas negras para el almuerzo. La delicia mensurable de estar y habitar, que es construir, el otoño más montaraz.

Me interesa indagar en la manera en que las diversas tareas sobre el terreno, a la intemperie, modifican mi actitud y las respuestas inusitadas a lo largo de los días y cómo condicionan la elección de los tajos abiertos o los que les van a suceder, el reparto de los esfuerzos. Vale para cualquier movimiento de las manos -con o sin herramientas- o del resto del cuerpo: hincar la laya en los

canteros después de casi seis meses, insistir en la reorganización de los espacios, sacar niveles, determinar las caídas que permiten el paso del agua sobre unos caños resueltos con teja árabe, subsanar los encharcamientos o cortar un ramo de rosas…

¿Esperar a que aparezcan acaso, los topillos voraces, sentado junto a la boca de un túnel y darles para el pelo con una estaca? Voy a cortar unos esquejes de saúco para colocarlos, una vez arraigados, en distintas zonas húmedas y fértiles de la huerta.

Estoy empeñado en modelar un lugar mejor, una construcción emocional que perdure, arraigada como las vides, los frutales, tan pertinaz como las adventicias autóctonas, las zarzas y rosales silvestres.. y que evolucione solo, prospere, fructifique. Los trabajos inveterados en el paisaje.

La moto-azada me permite con apenas una pasada levantar el suelo compactado para sembrar los cereales o remover zonas de tránsito destinadas a formar pradera, sin tantas irregularidades en el terreno. No hay que abusar del rotabator. Tengo que investigar sobre las plantas que se pueden emplear para empraizar.

Han quedado algunas matas de frijoles negros cubanos. Pero después de improvisar una pequeña era, aprovechando días soleados, he desplegado las plantas con las vainas más secas y quizás pueda trillar antes que llueva.

Para la próxima temporada tengo que ajustar el marco de plantación de esta legumbre. No conocía sus hábitos de crecimiento, ni los tiempos que llevan a la leguminosa a buen fin. Tres pulsos en golpes separados cincuenta cms y ochenta, al menos, entre líneas, sobre bancales; no vendrá mal un palo de un metro en cada pie para tutorar y que las guías no se crucen por el suelo con las de otras filas y cierre el paso a la luz.

Las judías de Anguiano a mediados de octubre han granado pero no estoy seguro de que vayan a secarse adecuadamente. Pueden aparecer fisiopatías: destonificación, tamaño poco homogéneo. Si se mezclan los pulsos de distintas tandas, puede que nos se guisen bien. Probaré, eso sí, a cocinar unos puñados para pochas tiernas o para preparar ensaladas…

Hay que adelantar la siembra de estas leguninosas de verano foráneas , si el tiempo lo permite.

Han cuajado algunas bayas de goji después de la incertidumbre del primer año en que se plantaron los pequeños arbustos. Han surgido algunas dudas sobre la idoneidad y adaptabilidad de la solanácea, en principio muy versátil, y adaptable en estas tierras.

El ph del suelo, su naturaleza ácida por defecto, la escasa disponibilidad de algunos minerales, o el clima, pueden ser factores muy limitantes. Por el momento he reforzado la presencia de calcio, fósforo, magnesio, manganeso, boro o zinc echando en superficie unos gránulos o pellets de abono ecológico bien balanceado, de liberación prolongada, compuesto de gallinaza, cenizas y harina de rocas.

Un poema de Ángel González, que conocía bien lo que significa el mes en curso.

“Cuando nada sucede,
y el verano se ha ido,
y las hojas comienzan a caer de los árboles,
y el frío oxida el borde de los ríos
y hace más lento el curso de las aguas;

cuando el cielo parece un mar violento,
y los pájaros cambian de paisaje,
y las palabras se oyen cada vez más lejanas,
como susurros que dispersa el viento;

entonces,
ya se sabe,
es lo que pasa:

esas hojas, los pájaros, las nubes,
las palabras dispersas y los ríos,
nos llenan de inquietud súbitamente
y de desesperanza.

No busquéis el motivo en vuestros corazones.
Tan sólo es lo que dije:
lo que pasa”. Ángel González

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AZAFRÁN A JEME.

Y ya la Aurora primera regaba las tierras con nueva claridad, abandonando el lecho de azafrán de Titono”.  Virgilio. La Eneida. S. I aC.

El azafrán continúa siendo uno de los cultivos más agradecidos que conozco, con rendimientos espectaculares, si se atiende a la naturaleza del órgano de la planta que se consume y el valor culinario, el precio en el mercado o la representación cultural a lo largo de milenios.

Perdí el último plantel por falta de atención mínima en los trabajos culturales, la invasión de adventicias y la voracidad de algunos animales, a raíz los sucesivos confinamientos.

La tarea de replantear el terreno.

En septiembre, cuando se va apreciando el declive de las horas de luz, se puede colocar el cormo de azafrán en la tierra. Lleva desde primavera en parada vegetativa y, si procede del plantel que se ha levantado por cierre del ciclo tetranual y se ha guardado de forma adecuada, responderá con normalidad, en su momento, a los estímulos de la humedad y la bajada de temperaturas.

Pero no es el caso. He comprado en esta ocasión cien cormos del mayor calibre disponible, limpios, sanos, sin taras. Esta decisión debiera permitir disfrutar de un goteo de rosas, en torno a Los Santos.

Las plantas van a estar muy a mano y he apostado por apretar el marco de plantación y colocar cien cormos a jeme, habitual para los ajos y en una sola carrera de cinco  metros de largo por cincuenta cms de ancho, en tres filas.  

Jeme o distancia entre los extremos del índice y pulgar en el mayor ángulo que puede presentar la mano.

En ocasiones hay que hacer entrecavas atravesadas para desherbar pero se puede hacer de forma minuciosa a mano  o con algún útil habilitado quizá  para este fin.

El terreno,  que ha  estado sembrado de patatas, quedó limpio y labrado en profundidad. No ha llovido.

Se pueden hacer agujeros equidistantes con un bote de chapa o cristal si el suelo tiene suficiente humedad, para depositar todos los cormos a la misma profundidad.

Así, es necesario hacer unos riegos previos para procurar que el suelo tenga algo de humedad y el sol no acabe calcinando los cormos y se pierdan muchos pies.

A mayores, en tanto llega algún chubasco que pueda rehidratar  el terreno, es importante cubrir la tabla con un acolchado de paja o mantillo, para que regule la temperatura del primer horizonte del suelo donde ha quedado situada la cebolla y regar de vez en cuando, sin perjuicio de que pueda ir poniendo ya la tubería de exudación.

Tablas para evitar que el viento se lleve la paja.

Asoma, entonces, en tanto recojo la herramienta, en una ondulación del cerebro la imagen del entorno húmedo de las primeras horas del día en un otoño que quisiera inminente, la sensación de la escarcha novembrina.

La memoria ejerce sus derechos de aproximación al característico aroma acre del azafrán recién tostado, recuperado en una suerte de arqueología emocional de un tiempo, de un pueblo míticos.

Fresco recuperado en Sartorini. Quizá la escena recrea una historia sobre el origen del Crocus sativus semejante a otras de la mitología griega, pero prefiero pensar que es una mujer sencilla, herida durante la cosecha.
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Imaginar huertas.

Ha llovido esta noche. Hay charcos en los caminos y se hacen patentes en la mañana los aromas característicos de los pastos segados o la paja del acolchado en descomposición.

Lo primero que hago al llegar a la huerta en estos días primaverales es atender las plantas de tomate.

Después de un período de crecimiento vegetativo vigoroso el ramaje está sobre el acolchado de paja. Pero no es la situación más deseable.

Tengo la impresión (vengo insistiendo en ello durante algunos años) de que los buenos rendimientos en el cultivo del tomate tienen que ver con toda una serie continuada de trabajos culturales; desde la manera en que se sitúa en el suelo el plantón, atravesando la observación y vigilancia de la salud vegetal, hasta el tino en la cosecha de los frutos, en el punto óptimo de maduración y teniendo en cuenta las particularidades varietales, el tipo de planta o la retirada de estípulas y brotes no deseados.

Voy montando los armazones para los tomates con una serie apoyos de cuatro cañas -o con trípodes- unidos en una estructura solidaria por medio de otros elementos atados en horizontal, como las líneas de un pentagrama. Pero se insertan y cruzan otros tramos para que las ramas no cuelguen en ningún momento.

Una vez esbozados los castillos (así llaman a este sistema de tutorado en algunas regiones) procuro ir siempre por delante de las plantas -colocando cañas- de modo que las guías de la solanácea puedan formar una copa abierta o espaldera.

La luz es la clave de la fructificación, pero también la semisombra que genera el propio forraje para proteger los frutos de la radiación directa. No escatimo gestos ni operaciones, atando y distribuyendo guías o colocando pomos florales cerca de los soportes. Observo el aspecto general y voy testando la humedad del suelo.

Retiro las mantas térmicas de los microtúneles -que han atemperado consecuencias de las noches frías en semanas pasadas- y las cuerdas, pero dejo los arcos para que contribuyan a la estabilización de los esqueletos de bambú.

Una primavera abierta que viene alternando días muy calurosos y tormentas ofrece, a pesar de algún episodio de pedrisco, un balance positivo. Comienza la cosecha de cucurbitáceas.

Las plantas peor paradas en esta ocasión han sido las berenjenas. Pero los brotes apicales se conservan y pueden regenerarse en breve.

Las cebollas que planté en marzo tienen buen tamaño y la mayor parte de los tallos se van secando. Es momento de sacarlas de la tierra y colgarlas en algún rincón-secadero improvisado, para poder ir disponiendo a voluntad.

Los bancales que dejé labrados hace dos semanas parece que tienen algo humedad.

La agencia meteorológica anuncia lluvia en los próximos días. Es buen momento para sembrar unos puñados de judías rojas de Anguiano y frijol negro redondo, y las variedades de verdeo plana otra tanda de Roquencourt amarilla de ciclo, corto como la que me llegó este invierno desde Córdoba.

Hay que dar continuidad también a los trabajos de los demás cultivares del verano: pimiento chocolate, italiano y de asar, berenjena listada de Gandía y blanca, pepino tanja y blanco, puerros, cebolla babosa, calabacín, tres variedades de boniatos, y algún pie de okra. De todo ello podré ir dando cuenta, como una tarea más del agronauta.

No es menor el trabajo de propagación de plantas auxiliares, ornamentales y condimentarias. Equinacea, cresta de gallo, tagetes y caléndula, cilantro.

He germinado unas semillas de la popular sandía zepellin procedente de Marruecos y que inunda el mercado en estas semanas. Parece una variedad de polinización abierta y ya está puesta en los linderos.

Sigo imaginando huertos y jardines, bosques entremezclando ejercicios tan creativos como efímeros, a pie de campo (de literatura, antropología, tecnología popular, arquitectura) con la interpretación de libros, fotografías y archivos guardados hace tiempo y que sirvieron para troquelar estos lugares que custodio.

Interpretaciones del habitar con la naturaleza.

Salud.

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Una agenda fructuosa.

Tengo la sensación de que los huertos bien hechos permiten acomodar todos los afanes que describe esta gaceta en una realidad acogedora.

Realidad acogedora y singular que me peta, como el sabor eléctrico de algunos tomates que se avecinan o el aroma que arrastro -como un velo entre las manos- de los amarilis y liliáceas en flor.

La naturaleza cultivada es un universal poético… ¿desde hace ya más de cuatro mil años?

Alguien injertó este manzano asturiano que observo esta mañana para que yo lo cuidara -a expensas del azar y las buenas prácticas- de tal manera que un año con otro pueda morder algún fruto. Puede que llegue también el turno de aquel acerolo de tres savias.

La huerta cubierta.

He pedido un paquete de paja grande, de seis cuerdas, que iré incorporando en los próximos años mediante los acolchados o más procesado a través de las composteras de largo recorrido que mezclo con diversos residuos orgánicos.

Durante dos años de merodeos puntuales, muy limitados por los severos condicionantes de la pandemia en los últimos meses, he acopiado distintos insumos procedentes de las hojas y restos de siega de la propia finca y del entorno, más algunos sacos de bosta de vacuno rica en nitrógeno y que, sobre todo, representa un extraordinaria fuente de microorganismos. A los hongos autóctonos que vienen del sotobosque se suman en el suelo donde crecen las hortalizas, la fauna microscópica, la mesofauna más activa y más tarde también -terminado su ciclo vital- sus propios cadáveres. Todo irá formando una granja de microbiota que precisa cuidados, un ecosistema esencial para la mejora estructural del suelo, la nutrición y, por supuesto, la resistencia de los cultivos.

Estos paquetes destinados a la alimentación del ganado se moja ocasiones y no es el plato mas apetecible. Aún así tiene aprovechamiento para camas de las cuadras y en la huerta.

Voy a cubrir el paquete con una chapa galvanizada para no precipitar la descomposición.

La paja es ya un recurso fijo en la huerta para complementar las prácticas y tareas culturales que constituyen un estilo necesariamente ecléctico de cultivar.

Abriendo paso en la pastura después de más de seis meses. Es ineludible ya la utilización de desbrozadora.

El primer paso para preparar el terreno después del invierno se encamina a desbrozar las hierbas adventicias y el cereal que ha surgido de forma espontánea a partir de la paja de otras campañas, sin emplear ya maquinaria pesada.

Compost a punto.

El sistema radicular de unas y otros puede ser profundo, muy fasciculado también; han trabajado disgregando los niveles superiores de los bancales que destino al cultivo de hortalizas.

No limpio las hierbas donde no cultivo y prefiero pisar las cubiertas ralas de un prado amable.

El suelo cultivable, no obstante, está ligeramente compactado después de varios mesesy ha sido necesario hacer una primera labor a mano, pinchando con una orca

Toda vez que los cepellones más grandes se van retirando, es posible el trabajo con el rotabator.

He desbrozado de forma concienzuda las zonas de la huerta donde incorporé en otoño unas carretillas de estiércol de caballo. Lo retiro todo con la escoba de flejes para que no se enrede en las cuchillas.

Cuento por el momento con al menos treinta cms de suelo cultivable en profundidad e incorporo varias cargas de compost muy procesado, antes de iniciar la plantación de las primeras especies del verano.

Son tantas las tareas que se van realizando sucesivamente, en los distintos ámbitos hortelanos para llegar a estos momentos, tan gratificantes, en que pongo de forma poco ceremonial la planta en el suelo…. Una señal insertada literalmente en el tiempo…

Pero la temperatura condiciona la adaptación al medio con clima continental de plantas de origen subtropical. No puedo dejar que los plantones sufran las consecuencias de la exposición a la intemperie. Las variaciones térmicas entre el día y la noche rondan estos días los veinte grados.

El termómetro esta noche, a mil m de altitud, ha sido de cinco grados, a mediados de mayo, y pueden dañar los tejidos aún tiernos de las plantas; hay que tener muy presentes otras variables como la luz ultravioleta del mediodía, más el aire seco, la temperatura que alcanza la capa superficial del suelo a media tarde y que pueden quemar las primeras hojas . Las plantas no tienen patas y no pueden eludir la flama que desprende muchos días el terreno desnudo.

En ocasiones empleo para proteger los plantones la misma manta térmica del invierno (que permite subir la temperatura en torno a tres grados) pero en estos días no cierro del todo los túneles.

La supervivencia de los plantones hasta que generen nuevas raíces depende de que puedan realizar la fotosíntesis, de que se generen nuevas raíces; si las primeras hojas se dañan el retraso en el desarrollo puede ser importante.

De modo que soy riguroso en la adaptación de las plantas, en su endurecimiento. Busco la mejor conformación fisiológica, la más normalizada de cada especie, para que apenas aprecien la nueva situación una vez sean instaladas en el bancal.

Para cada plantón saco la tierra húmeda de los niveles más bajos y los situo en un marco de plantación habitual ya para cada especie. No descuido un riego generoso de asentamiento, después del acolchado con paja. Para los primeros días de las cucurbitáceas utilizo, por ejemplo, cajas de fruta que desechan los comerciantes y que reducen de forma estimable la insolación directa.

La planificación este año bebiera incluir siembra y plantación de tres variedades de batata que están echando raíces a partir de tallos y paradas de legumbre para seco.

Pero queda aún trabajo de desbroce y preparación de algunos bancales, la ampliación y mejora del sistema de riego o la colocación de plantas auxiliares, aromáticas, condimentarias, siempre en el camino de la diversidad. Sobre el suelo cada año más oscuro dibujo algunas ocurrencias hortícolas.

Durante poco tiempo aún he intervenido en este espacio elegido, no heredado, pero se aprecia la actividad, la progresión de las planificaciones y el desarrollo de las plantas.

Un detalle de la rosa o la vid…en un instante. Los Palacios de leguminosas con almejas de panizo. Esos días mejores de abundancia.

La visita deja nuevos rastros comestibles.

Salud.

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Guisantes costa.

Quizá el asidero mas robusto para sacar la huerta adelante, en todas sus dimensiones, está en la continuidad más que en espera. Los desvelos en el tiempo.
Uno de los procesos más fascinantes y accesibles a la comprensión de los neófitos en que se ven involucradas las plantas para alimentarse, es la trasformación del nitrógeno atmosférico, que no pueden tomar directamente de la atmósfera, en amonio que si es bioasimilable.

Tengo presentes las imágenes invernales de raíces noduladas de la leguminosas. Un ejemplo muy interesante de las relaciones simbióticas que se producen en la naturaleza y que benefician claramente a los humanos. Son trueques en los que todos los participantes salen beneficiados. Voy sabiendo más de la función de estos nódulos radiculares característicos que -bien estudiados por los expertos- no son lugares de reserva o almacenamiento de nitrógeno; es en esa porción del universo subterráneo donde se realizan los intercambios de nutrientes entre las bacterias (rhizobium leguminosarum) y algunas plantas, gracias a una enzima llamada nitrogenasa.

En el caso de las habas los nódulos pueden ser especialmente grandes.

Me gusta desarraigar de vez en cuando alguna planta para verificar que, en efecto, tras cortar una de esas concurrencias efímeras, ofrece un aspecto rosado, indicio de que hay actividad microbiana.

Se dan, por ejemplo, casos muy notables del cultivares de guisante en algunas regiones que aplican determinadas tareas culturales encaminadas a mejorar las calidades y cualidades gastronómicas. Puedo reseñar algunas que son aplicables a cualquier zona.

A poco más de un mes para la instalación de solanáceas y cucurbitáceas en la huerta, los guisantes van completando su ciclo vital y procuran perpetuarse mediante lageneración de semilla. Las vainas estarán pronto llenas y durante unos días, de forma escalonada, por niveles superpuestos, podrán ser cosechadas con no poco entretenimiento, en un período muy corto. Voy a curiosear primero en los niveles más bajos.

Un año más, después de 190 días van granando.

Solo si se establecen suficientes plantas en
los huertos de autoconsumo pueden cosecharse pulsos para cocinar un simple plato. Hay que trabajar con paciencia un cultivo de ciclo muy largo, en que puede ocurrir de todo, para poder disfrutar del fruto de una de las especies hortícolas de gusto más fino.

Sabemos que no se consume esa curiosa funda orgánica que acoge los granos -salvo en el caso de los tirabeques- y hay una merma importante en el aprovechamiento.

La fase productiva es muy variable. Una primavera calurosa puede malograr bruscamente la cosecha. Por eso muchas tandas de lágrimas verdes no salen de la huerta. No necesitan cocina. Se pueden consumir crudas.

Me parece importante identificar el punto idóneo de maduración y buscar las primeras horas de la mañana antes de que el calor pueda secar los granos, si se van a consumir muy tiernos. En las zonas de origen de estas prácticas se pretende que no maduren, que no se hinchen, que los azúcares de la savia no se conviertan en almidón.

No sé si me puedo permitir comer savia. Pues, como siempre para las cosas del campo, depende. Puede que tampoco deba renunciar a alguna tanda de guisantes tan finos de piel como crocantes en la boca.

Este otoño pasado pude encontrar una empresa que comercializaba guisante lágrima de costa en Guipúzcoa: Aroa, de Guetaria, en concreto. En principio va bien en climas templados de entre doce y 18 grados y baja altitud; puestos en el centro mesetario peninsular parece que se han dado las condiciones para que, por el momento, lleguen a florecer abundantemente y se vean ya algunas vainas.

En principio va bien en climas templados de entre doce y 18 grados y baja altitud; puestos en el centro mesetario peninsular parece que se han dado las condiciones para que, por el momento, lleguen a florecer abundantemente y se vean ya algunas vainas. Se les atribuye allí ciertos matices salados por razones comprensibles y parecen determinantes los suelos en que se cultivan.

Pero en realidad el guisante lágrima o costa no corresponde a una variedad concreta (mejor las que ofrecen un grano pequeño en su madurez) y se pueden emplear aquellas que cada agricultor decida. Incluso las de ciclo corto conocidas, para prolongar la disponibilidad del producto sembrando en febrero; algo parecido ocurre con las pochas en Navarra o La Rioja..

Es cierto que me he preocupado de seguir trabajando para establecer suelos cada día más agregados y ricos en materia orgánica . No he descuidado los tutorados para que se agarren las guías de las plantas en busca de la luz. “Somos el propio suelo. Decía una precursora de la agricultura ecológica que conocemos hoy día.

Los guisantes no trepan solos pero en cuanto los zarcillos tocan un elemento vertical se agarran y aseguran su posición frente al viento. Cuando las plantas abren su zona de ocupación procuro ir abrazando las guías con cuerda para que no se crucen a las espalderas que he establecido en paralelo.

No he tenido que regar hasta hace un par de semanas. Los guisantes son sensibles a los encharcamientos del suelo y pueden presentarse problemas. Pero las raíces son cortas, se desarrollan en niveles altos del suelo y, en función de la
disponibilidad de agua, pueden sufrir estrés hídrico.

Todo ello explica algunas veces el aspecto amarillento de las hojas, los problemas de crecimiento o las mermas en la floración. No puedo dejar de recordar los cuidados, técnicas y rutinas (como por ejemplo el tino en los riegos) que necesitan otras plantas como el tomate, en que cada tarea puede ser determinante para que el cultivo llegue a buen fin.

Creo poder ir confirmando que después de unos años trabajando suelos más equilibrados en los bancales permanentes, cuidando la granja de microorganismos, se pueden eludir algunas fertilizaciones muy comunes en la fase de desarrollo de la planta en que la exigencia de nitrógeno es mayor o luego, más adelante, con refuerzos a base de otros macro-nutrientes como fósforo, potasio, magnesio tan útiles en el proceso de floración y cuajado del fruto. En este sentido ha sido determinante la participación de las propias leguminosas, crucíferas y los cereales.

Una mancha de veza.

Es muy estimulante el aspecto que muestran las filas de guisantes estos días, a un punto de empezar la cosecha.

De modo que no es fácil, no.

A la repetición meticulosa de ciertas tareas tradicionales más o menos recientes o los nuevos y prolijos ensayos, para la consecución de alimentos limpios y nutritivos, se suma lo que hizo un hombre con las semillas que le diera su padre en la Edad de Bronce. Desde no sé muy bien cuando hasta aquí, en el momento en que un área y dos centiáreas que custodio suponen algo más que una alegoría de la vida preñada, telúrica y aérea.

Salud.

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CONTRA LA RATTE.

Con viento fresco precisamente me voy, pero a sembrar otra tanda de patatas. El año pasado, a causa de la pandemia quedaron sin cosechar unas patatas La ratte y en otoño -cuando las condiciones fueron favorables- volvieron a brotar,; dejé que siguieran su ciclo natural. No les he prestado mayor atención. Y las plantas en buenos suelos van….

RATTE en Nov. de 2020

El suceso se ha resuelto como un apreciable método de conservación de material de siembra.

Entrado el invierno, a pesar de que se heló follaje de las plantas, hubo recorrido suficiente para que se produjera una nueva tuberización y pude cosechar un cubo de estas pequeñas patatas para, ahora si, poder consumir una parte y sembrar otra comme il faut.

Algo más de un kilo de pequeños tubérculos por planta en forma de riñón dorado -o alargada- es el resultado de un ciclo de 120 días, si no hay mayores problemas.

No parece el plan más codiciado ni rentable. Patata de ciclo tardío, pequeña, con una cuarta parte de la producción de tubérculos en comparación con las variedades comerciales más comunes y dependiente de un delicado trabajo respecto de las tareas culturales y de atenta vigilancia de las fases claves del crecimiento, la fertilización, de riegos ajustados en el momento preciso y cosecha manual…

Asumo por supuesto el riesgo de que, tratándose de un ecotipo, (una variedad, incluso, con denominación de origen y marca comercial) pueden sucederse con las campañas algunas variaciones fisiológicas o bastardeos, de rendimiento. Pero solo cabe seguir cultivando estas finas patatas.

Todos estos factores inciden en la variabilidad del calibre.

Soy consciente de que es muy susceptible a las deformaciones o fisiopatías si el en suelo hay piedras. Éste es un aspecto que no me atañe y que debe preocupar a los cocineros exigentes. Pero los bancales sobre los que trabajo no hay este tipo de materiales.

No desarrolla raíces profundas. En los niveles superiores del suelo lo a temperatura puede ser más alta en momentos puntuales y por ello puede sufrir estrés hídrico y las consecuencias del bloqueo de nutrientes. No obstante, como para otros casos, el problema puede ser controlado con el uso de acolchados de paja.

Aún así, con esta patata que estuvo a punto de desaparecer y fue elevada a los altares gastronómicos por mor de la nueva cocina francesa, puede establecerse un marco de plantación más cercano y representar un modelo ejemplar de cultivo cómodo, mas favorable y regalado para pequeños huertos de autoconsumo, familiares o para contenedores. No es preciso hacer grandes movimientos de suelo ni realizar tareas culturales agotadoras.

Bancal de seis m cuadrados para unas cincuenta plantas.

Pero no debo dejar de mencionar sus cualidades gastronómicas y culinarias. Me gustan también las variedades de pequeño tamaño y de carne firme. Se cocinan en menos tiempo. Puede ser muy agradecida su presencia en el plato, entera, con piel, en ensaladas, purés. Se ajusta adecuadamente a mis necesidades.

Por el momento se confirman las expectativas generadas por todo el proceso de documentación e investigación y me doy por satisfecho. Por eso repito. Para gustos, las patatas.

Créditos:

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VA DE PAPAS. Siembra cercana

Me he planteado que las patatas pasen ya esta corriente siberiana que se nos echa encima bajo diez cms de suelo.

Aunque el nivel más superficial del bancal está más seco por la acción del sol y del viento de estos días, el terreno está a capacidad de campo. Es muy probable que el suelo se mantenga húmedo al menos seis u ocho días sin tener que regar para que continúe el ciclo vegetativo de la planta una vez pregerminada la “semilla”.

El suelo bien estructurado, equilibrado y con capacidad de retención de humedad es primordial para el cultivo de la patata.

Las raíces de la patata son finas y de débil capacidad de penetración. Hay que favorecer su progresión.

En otras ocasiones cuando sembraba en caballones incorporaba al caño (donde se asienta la patata) unas paladas de compost o incluso estiércol. No es necesario en esta ocasión habida cuenta de los trabajos continuados de fertilización orgánica.

Es proverbial la dureza del cultivo de la patata y en no pocas ocasiones he valorado comprar a los vecinos y dedicar tiempo y esfuerzo a otras plantas con tareas culturales más complejas, quizá, pero también más llevaderas. Quiero contribuir a cambiar ese prejuicio.

En consecuencia voy haciendo adaptaciones importantes respecto de algunas tareas, cambios en el cultivo encaminados primero a que el trabajo de siembra manual no suponga un sobresfuerzo, obviando todo el esfuerzo preliminar que supone la preparación del terreno. Pero también debo optimizar las cantidades de agua necesaria y afinar en relación con algunas tareas periódicas como binas y aporcados. No cabe duda de que se pueden obtener alimentos limpios y saludables en espacios mas reducidos.

En algunos terrenos, el riego por inundación lleva directamente a la aparición de adventicias y la consiguiente necesidad de retirarlas para que no compitan con los tubérculos. Y así sucesivamente a lo largo de casi todas las etapas de crecimiento de la planta. Debo desterrar esa idea penitencial del cultivo de solanun tuberosum en huertos de autoconsumo o familiares.

Con cada riego se desaloja buena parte del oxígeno presente en el suelo y disminuye su disponibilidad para las plantas.

En el sistema tradicional los caballones o surcos están muy expuestos a la intemperie, a la sequedad, la escorrentía, al endurecimiento de la capa superficial. En realidad se coloca la patata por encima del nivel bajo del caño y es por capilaridad y tensión del agua que ésta moja el terreno.

Las dimensiones de un huerto de autoconsumo permiten cultivar tandas de patatas en tablas de longitud variable adaptadas a las necesidades particulares de cada cual aprovechando el espacio con marcos de plantación ajustados y riego por goteo bien planificado, siempre en la galaxia orgánica, trabajando la “granja de microorganismos” y sin descuidar la incorporación de compost maduro e inmaduro en el tiempo.

Las instrucciones biointensivas sugieren, por ejemplo, situar el material de siembra en el espacio -después de los cultivos invernales de raíz- labrando al menos treinta cms profundidad. Se trata de eludir la suela de labor o los duros aporcados manuales de tierra con la azada. Debe procurarse una presencia de oxígeno aceptable el terreno.

Por el momento en esta fase inicial, para la primera mano de patatas, he establecido tres filas en un bancal de poco más de 1 m de ancho y cinco de largo con golpes de una pieza de patata sin cachear, separadas 35 cms y a una profundidad de tres veces su tamaño. (Entre 8 y 12 cms). Al tresbolillo.

Me decanto por sembrar patatas enteras, sin cachear. No están claro que algunas prácticas redunden en mejores rendimientos.

La patata rajada acarrea trabajo extra. En primer lugar se ocupa más terreno para el cultivo y a su vez exige mayores esfuerzos de preparación del terreno, más cantidad de fertilizantes o compost que acarrea trabajo añadido. Tampoco parece llevar poco tiempo seleccionar y trocear adecuadamente las piezas, curar la gran herida que se genera con ceniza para evitar que aparezcan enfermedades. Trocear la patata parece cosa de nigromante.

Tengo para mí que se ha pretendido a lo largo de la historia el aprovechamiento de la semilla y la plantacion de más pies. La semilla nunca es barata. Si la patata entera, con varios grillos (de dos a siete) genera más raíces, donde apareceran las tuberizaciones, es razonable pensar que se producirá más tubérculo por pie, en menos espacio.

La siembra cercana en tablas o paradas permite desarrollarse a posteriori un eficiente microclima y reducir, por tanto, la dimensión de los espacios que no se aprovechan destinados, por ejemplo, a caños y pasillos.

Este método implica una forma de estimular el desarrollo de las plantas en un suelo suelto, en horizontal pero también en profundidad, antes de que se inicie la tuberización.

Por precisar, para este caso se establecen 21 matas en cinco m cuadrados. Los rendimientos son otro cantar y habrá que esperar en torno a 120 días (para la zona centro peninsular) para confirmar los resultados de otras campañas.

Distribuir

Y tapar…

Por otro lado la nascencia está supeditada a la temperatura y la humedad de la tierra en los siguientes días. No es necesario regar, en tanto no sean visibles en superficie las primeras hojas. Mejor que pasen un poco de sed antes que se cuezan literalmente o se pudran si sube la temperatura.

El riego por goteo aplaza la compactación y permite eludir entrecavas periódicas para airear. Si hay una tarea determinante en el cultivo de la patata es el aporte del agua en los momentos precisos y de más exigencia para evitar, en todo caso, los problemas que desencadena el estrés hídrico. Un mal riego puede malograr la calidad del tubérculo.

Quizá pueda documentar más adelante en otras fases, la cobertura de paja que permite de forma eficaz mantener la humedad, en tanto se reduce la evotranspiración, pero se puede además controlar la proliferación de hierbas que aparecen donde menos gusta;es viable conseguir que la luz no incida directamente sobre la superficie del bancal. La luz es capaz de penetrar gradualmente a distintos niveles de la tierra en función de su estructura. Si no se hacen aporcados se acaba descubriendo el tubérculo que verdea por la aparición de la clorofila y puede presentar toxicidad.

No hay en principio grueso predeteteminado para los acolchados y procuro no racanear en la incorporación de capas.

Las patatas manifiestan en función de las variedades una cierta forma oblonga o longitudinal; muestran mas claramente la dominancia en la aparición de grillos en una zona cocreta. Esto me permite asentarlas concienzudamente, con la parte más despejada tocando el fondo suelto del hoyo y los brotes hacia arriba, antes de tapar.

Las “semillas” pueden mostrar un brote apical más vigoroso que algunos hortelanos aconsejan retirar para promover el reparto de las reservas, entre los demás y equilibrar la progresión de los tallos.

Brote apical más desarrollado en patata kennebec.

Red pontiac (semitemprana) y kennebec (temprana). De carne blanca, ambas tienen una post-cosecha corta y no son las más adecuadas para guardar.

Voy a sembrar dos de las variedades más cultivadas en todo el mundo. Y se entiende por las excelentes características culinarias… (de “carnes” suaves y mantecosas) la homogeneidad, el calibre y los buenos rendimientos.

He tenido que ir descartando cualquier intento de recuperar alguna variedad tradicional o local. Habitualmente ofrecen una morfología menos aparente. No es cosa menor que se pelan mal y tienen más desperdicio debido a la irregularidad de los tubérculo o a las fisiopatías, por la predisposición a enfermedades en general. Aún así, afortunadamente, se puede encontrar patata certificada, en ecológico, de excelente calidad.

Patata red pontiac para siembra.

Se corren riesgos severos si se introduce en la huerta patata de origen poco seguro, entre otras cuestiones porque puede inocular virus y oresentarse enfermedades en el suelo que permanecerían latentes en la tierra durante muchos años, después de renunciar al cultivo.

La imagen que aparece más abajo puede ayudar a comprender el ciclo de la planta, las fases de rirgos más intensos y conocer mejor otras buenas prácticas.

Etapas de crecimiento de la patata . Fuente: Agricolum

El tubérculo es un fuerte consumidor de nutrientes y es muy importante tener clara la sucesión del cultivo en el bancal. Viniendo de hortalizas de raíz, posiblemente entren en el juego de las rotaciones en El prado de La Isla plantas de hoja y luego una leguminosa. Pero está por ver, en cinco meses.

En otra tanda sembrare unos kilos de patata rate, variedad a la que ya he dedicado espacio en este blog.

Patata rate.

Salud.

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El viejo zacho.

He recuperado un almocafre que encontré hace unas semanas cuando colocaba un poco la herramienta, los pertrechos propios y heredados o encontrados en el antiguo vertedero.

Tiene esta herramienta de mano alguna “cicatriz” pero el mango de un limatón en
desuso y unos ajustes sobre el torno para enderezar la hoja, son suficientes
para ponerla de nuevo a disposición del agronauta.

Zacho con mango de una lima

Si bien empleo la azada aún de forma esporádica para dar tierra a puerros, partir un caballón y perfilar bancales, en El prado de la isla las herramientas grandes para cavar o levantar suelo, empiezan a estar proscritas. No entiendo ya la idea del trabajo duro y esforzado en los huertos de autoconsumo o familiares cuando ya llevan algún tiempo en marcha, formados sobre bancales de suelo agregado, suelto y fecundo.

Para mejorar las competencias hortícolas ando buscando métodos y procedimientos, tareas culturales vinculadas a cultivos concretos, herramientas inusitadas que vayan encaminadas -al menos en una primera instancia- a disminuir el impacto del trabajo sobre el cuerpo. Es sceptable manejar una buena pala que no ceda o se doble con el uso exigente, pero también he apañado algún pequeño rastrillo estrecho para escarbar entre líneas, soldando y dando forma a unas varillas de acero.


Estoy obligado reconocer y aplicar operaciones mas aeróbicas y, por supuesto, a evitar que se instale el desánimo o que el trabajo se resuelva de manera ineludible como dolor. En esta dinámica permanente es fundamental la adaptación y elección de las herramientas.

Es posible que no haya herramienta mas apropiada para la labranza manual que una horca, si el suelo está preparado pero, del mismo modo, se trabaja bien con la pala recta o la laya. Es muy popular ya -y se ha conseguido un apreciable nivel de sofisticación- la orca de mango doble o grellinete, al menos en otros países como Francia y el mundo anglosajón.

Las azadillas de hechuras más rectas y ángulo más abierto pesan más que el almocafre y se embazan con facilidad si el terreno está un poco húmedo. A veces el pequeño astil es muy grueso.

Para el caso que me ocupa doy cierta relevancia al ángulo que se establece entre la lámina triangular y el mango. En efecto, puede parecer a algunos usuarios un poco cerrado e incómodo porque obligaría a bajar un poco más la mano, a trabajar más agachado
o rodilla

Para el caso que me ocupa doy cierta relevancia al ángulo que se establece entre la lámina triangular y el mango. En efecto, puede parecer a algunos usuarios un poco cerrado e incómodo porque obligaría a bajar un poco más la mano, a trabajar más agachado
o rodilla en tierra.
Visto lo visto, el zacho es una herramienta ligera y versátil -de precisión añadiría- muy adecuada para tareas como siembras de pulsos o granos, permite buscar en niveles bajos y sacar la tierra húmeda sobre la que depositar las semillas, realizar trasplantes. El diseño del regate de la varilla que une hoja y mango no es caprichoso. Una muestra soberbia de tecnología popular.

Pulsos de garbanzo “gitano” pacense.

El garabato, voz con la que nombran en otras regiones a este útil es, a todas luces, adecuado para formar regolitas en torno a un plantón en tanto recibe el primer riego de asentamiento, permite realizar binas minuciosas o afinar y raspar los sellados duros, las costras que se forman en tierras poco agregadas, después de la lluvia y la acción del sol o por riegos a manta continuados.

Un aspecto que me parece especialmente facilitador tiene que ver con el uso y
mantenimiento de la herramienta. Quienes utilizamos herramientas de
horticultura o jardinería sabemos que la
integridad estructural de estas, con mango de madera, requieren ajustes cuando no se usan en un tiempo. La madera se seca y hay que hidratar el extremo del mango o meter cuñas para poder ajustar la hoja de
hierro. En no pocas ocasiones abordamos las tareas de mala manera, con la hoja bailando sobre el mango.

Con la pequeña empuñadura del almocafre clavada no es tan frecuente esta
eventualidad y basta un ligero golpe para
encajar la empuñadura.

El herrero-carretero ha sido en toda la España rural durante siglos una institución, un oficio que puede tener origen -como algunos otros relacionados con el campo- en la Edad de Hierro. Es
indiscutible la herencia latina, para la Península, de buena parte de las
herramientas del agro que conocemos hoy, reconociendo sin dudar el origen
musulmán de una ingente cantidad de vocablos y pir tanto de los aperos que nombran, relacionados con este mismo universo.

Pero no seré yo quien exponga ni desarrolle un capítulo de la historia campesina, de la jardinería y de los aperos, si hay quien lo hace de forma
rigurosa, breve, generosa y mostrando una afección envidiable.

Me gusta imaginar al dueño de la azadilla en tiempos y los escarceos del herrero
con el metal en una fragua de altos paredones y tejavana. Me gusta ver el
momento en que quedó orillada junto a un trillo, unos changarros rotos, el
ripio de cardar lino o unas viejas cajas de fruta, para que en decenios nadie volviera a utilizarla. Solo pensar en ello tiene recompensa.

Créditos:
:

Pdf.
“EL ORIGEN LATINO DE LAS HERRAMIENTAS DE LABOR Y DE CORTE” de Luciano Labajos Sánchez. En la orbita del Jardin botánico
DE CORTE” de Luciano Labajos Sánchez. En la orbita del Jardin botánico

de Madrid.

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PESTOSA.

Frente al sentido canónigo en mi casa se decía que éstos que atravesamos eran “días de perros”, desde el punto de vista meteorológico, claro, y no por el calor calor extremo, sino por desapacibles; esos en que cae de todo, el viento nos barre de la calle y -al menos hace años- sólo deambulan los canes por todos los pueblos.

Los hablantes olvidan el origen de las expresiones, pero no por ello dejan de ser significantes.

Poco se puede hacer a la intemperie en algunos días de invierno, pero cunden las horas si se emplean, pongamos por caso, en preparar al resguardo los semilleros de algunas plantas auxiliares o aromáticas con vistas a garantizar la diversidad alimentaria de la huerta. Aún espero dos o tres semanas para la germinación de solanaceas y demás plantas del huerto de verano.

Hay pocos cogollos de Tudela. Voy dando cuenta de coles y demás brassicas.

A los rábanos murcianos, al daikon se les han helado los hombros pero -bien anclados en la tierra- siguen siendo muy aprovechables. Cebolletas, escarolas… Ya no quedan calçots.

Me gusta apuntar lo que le ocurre a las hortalizas. En estos días, después de un generoso desarrollo vegetativo, la rúcula sube a flor.

No puedo dar yo respuesta o explicación a muchos sucesos. Desconozco si éste que me ocupa tendrá relación causal con la moderación de las temperaturas medias que se vienen registrando por todo el planeta. Pero la rúcula, en efecto, florece en pleno invierno. No descarto que las plantas, sometidas a repetidos cortes -vislumbrado su fin- se estresen y tomen el camino de la propagación para perpetuarse.

He mantenido, desde que entró hace años en la huerta, una inocente prevención con esta planta. Quizá debido a la intensidad del gusto tan peculiar que pudiera ocultar matices respecto a otros ingredientes cuando se combina. Lo más probable: un prejuicio alimentario. Una planta nueva presente en los lineales de los comercios del ramo.

Una de las resistencias a cambios mas severas del ser humano tiene que ver con lo que se come y la manera de comer. (No es inoportuno comentar que en algunas zonas la planta de marras en su advocación silvestre es conocida como “pestosa”).La mejor terapéutica quizá venga de la necesidad, o de la curiosidad.

Pero ese tránsito es historia y la rúcula forma parte ya de las verduras habituales en casa.

La temporada de rúcula es larga y de buenos rendimientos. Cuatro meses de libre disposición en una primera fase desde el final del verano hasta febrero, en el centro peninsular.

Poco puedo estirar el relato más allá de la descripción del movimiento de las manos escogiendo los mejores tallos entre la abigarrada maraña.

¿Puede situarse al nivel de la lechuga o el canónigo en la mesa, sumando matices, oportunidades nutritivas, diversificación en el campo, (y en el plato) esta interesante apuesta entre las opciones que ofrece la paleta de verdes comestibles?

Algo más que hierbas. Valerianella locusta

Aunque está documentado su consumo en época romana y en culturas anteriores hasta finales del siglo pasado no tomó relevancia comercial. Para algunos era poco más que un apunte entre las plantas silvestres comestibles en buena parte de España y del resto del Mediterráneo.

“La rúcula excita el deseo sexual de la gente soñolienta” reconocía un clásico. Algo tendrá que ver el estimulante picor sulfuroso.

Me he acostumbrado en el ínterin a cosechar y consumir, entre otras, también las flores blancas que desarrollan sus pétalos en cruz y que da nombre a la familia de plantas a la que pertenece.

Foto: Flora y fauna de Malpica de Tajo.

Visto lo visto, he puesto a germinar otra tanda de semillas de eruca vesicaria a sabiendas de que el ciclo esta vez, mirando a la primavera, puede ser más corto.

Lo mismo vale, a este respecto, para algunas verduras asiáticas.

Salud.

Referencias:

ttps://www.botanical-online.com/alimentos/rucula-propiedades

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Limitación del alcaucil.

Es momento de hacer evaluación de los daños producidos por la tormenta Filomena en el huerto de invierno.

El cultivar de alcaucil no ha salido bien parado.
Las alcachoferas se han resentido por el peso de treinta y cinco cms de nieve pero, sobre todo, por la persistencia de temperaturas bajo cero durante varios días. El frío extremo ocasiona muerte celular y pudrición de los tejidos de las plantas.

Aún así, la nieve puede resultar promisoria en algunos casos. Veremos algunos ejemplos en otro momento.

Es ineludible retirar todas las hojas dañadas, asear y despejar los brotes, hacer recuento de los supervivientes.

Bajo la capa de nieve la temperatura se ha mantenido en el umbral preciso para que sobrevivan casi todos los tallos del año pasado arropados por los jóvenes.

El cultivar de tres años entraba en la fase de pleno rendimiento y ya habían proliferado desde el final del verano un buen número de hijuelos. Se han perdido casi todos a partir de la pudrición del tramo de inserción en la tierra, a resultas del exceso de humedad en el suelo.

A pesar de las incidencias, en el caso que me ocupa, se puede apreciar en las imágenes la supervivencia de buena parte de las plantas y rebrotarán si las condiciones meteorológicas en lo que queda de invierno les son propicias. Es muy probable que remonten, a sabiendas de que la planta no florecerá con normalidad.

Todo tiene aprovechamiento y las carretillas de hojas retiradas van a entrar de nuevo en la red alimentaria del suelo.

Los insectos encontraron refugio bajo las hojas y ahora, al retirarlas, corren a buscar nuevos acomodos. La acumulación de hojas tronchadas y pencas quebradas, sobre el caballón ha sido colonizada por hongos.

En apenas dos días la materia orgánica comienza a desprender calor. Sorprende, al coger unos puñados para rellenar la compostera, la tibieza de las hojas muy ricas en agua en vías de descomposición.

La degradación implica pérdida de una parte de energía en forma de calor y no va a ser desaprovechada por los microorganismos.

Los detritus que no sean capaces de procesar los hongos y macro-organismos quedan a disposición de las bacterias y protozoos; es la base de su alimentación.

Sólo queda hacer una entrecava pinchando con la orca para airear el suelo, permitir que entre el agua y aporcar los tallos que han quedado más expuestos.

Salud.

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