EL PUPITRE.

Para trabajar  juntando fotos y letras necesitaba el agronauta algún soporte adaptado al entorno hogareño. Adecuación y acomodo sin más gasto que algo de tiempo.

No hay necesidad de sacrificios ergonómicos en casa; alguna adaptación puede hacerse  a este respecto  si se monta, por ejemplo, una pequeña mesa auxiliar sacando provecho a retales, pecios metálicos o chambariles de  distintos orígenes. Algunos de los palos que han contribuido a montar este pupitre han permanecido al menos cinco años a la espera de que pudieran servir para algo.img_20161030_105306535.jpg

Ese propósito de guardar por cualquier sitio materiales recogidos de no importa qué lugar, e independientemente de la enjundia de los mismos, lleva a no pocos dilemas derivados de las necesidades de espacio de los demás habitantes del lugar que habita  y que también conciernen a la eventualidad de mantenerlos guardados cada vez que se hacen búsquedas y acopios para algún proyecto, por pequeño que sea, como el que le ha traido entre manos a ratos perdidos esta última semana.  Pocas veces se  arrepiente de haber tirado algo  a pesar del estorbo manifiesto de muchos de los avíos, enseres malogrados,  maderas, contenedores, muebles, perfiles, hierros y demás trastos.

No imagina otro modo de salir a la calle que observando -ya sea atareado o al ralenrí- escrutando rincones  y casapuertas, comercios  o contenedores de  alguna reforma, para compendiar  en sus guaridas cada uno de los objetos y cacharros aprobechables que su descarriado juicio  le de an entender. Por otro lado la manera de tirar de los ciudadanos no es ya como la de antes.

La condición cacharrera y chamarilera de algunos españoles  llevados por la necesidad, o no, es provervial y le ha sido muy grato reconocer en estas úlimas tardes las andanzas nocturnas del Ránger, un superviviente a perpetuidad en la ciudad más antigua de Europa.   Pero es ésta la historia de un coetáneo que en otro momento  pueda glosar al paso, quizá,  de otro asunto.

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Ultra-PECK. En:  mercado de espejismos.

Ahora toca trabajar la madera. La mitad de un oficio es la heramienta, pero tampoco es necesario para este tipo de  accesorios  algo más sofisticado que un serrucho, amoladora con disco de lijar, escuadra, lapicero, flexómetro y herrajes…

De la humildad de los materiles y la sencillez del diseño  saca el agrobloguero cierto regusto de cosa sencilla, pero  eficicaz.

Ha lijado sin mucho celo todas y cada una de las tablas para desbastar las superficies castigadas por la intemperie o el abandono, toda vez que podrá más tarde afinar en diferentes acabados, aún por determinar.

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Lo esencial de esta empresa  tiene que ver con la salud de la espalda, los brazos o las piernas cuando  permanece sentado mucho tiempo.  El diseño permite acercar el tablero al regazo, y la estructura de atril superior articular una posición adecuada a la mirada,  a la cualidad del trabajo, pero también alcanzar una colocación ventajosa en función de cada estado de ánimo e incorporarse o derramarse en el sofá sin miramientos.

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Las cuatro reglas de la escuadría, el conocimiento sucinto del comportamiento de estas maderas de no muy buena calidad-procedentes en su mayoría de bosques quemados- pero que afortunadamente tanta relevancia tiene en lo que concierne a las variaciones de color y la textura meridianamente tosca  de los acabados,  son suficientes para montar un mueblecillo adaptado a las necesidades del un usuario con  requerimientos o exigencias que van poco más allá de sortear ciertos achaques.

Esto es,  en fin -a falta de alguna capa de linaza o barniz teñido- un pequeño remedio para las molestias que implican esas  actividades más reposadas  que tantas satisfacciones procuran  al hortelano; un escritorio versátil con aires de pupitre escolar compuesto  a la medida, apoyo del lector y del agronauta escribiente, mesa auxiliar para la comida en soledad, cajón de sastre…

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Comoquiera que la faena no está resuelta puede parecer  ineludible dar cuenta más adelante  de los acabados y adaptaciones que pudieran hacerse, sin perjuicio de que quizá permanezca hasta el fin de sus días de esta inmaculada manera.

Salud.

 

 

 

 

 

 

 

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AL TUNTÚM.

A resultas de la actividad veraniega,  después de la cosecha mollar, recorre el hortelano los bancales, a sabiendas de que pueden reservarle aún pequeños gozos, otros aromas no necesariamente agradables de plantas auxiliares, quizá algunos alimentos.

En apenas una hora da una vuelta  para  empaparse de la nueva estación, seguir a la intemperie.

Las capuchinas se dispersan  bajo la hojarasca seca de las tomateras -al ritmo de las lluvias-  en la cabecera del bancal.

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En tierras donde proliferan  las adventicias los acolchados suelen ser contraproducentes si no se está muy pendiente de que no se hagan estas demasiado grandes.  Las lechugas  ganan la partida a las demás hierbas porque en unos días estarán  ya para cosechar.

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Algunos  de los pimientos finos y alargados, que algunos amigos  sugieren que nombre cornicabra, quizá cuelguen en la terraza, en la confianza de que no se pudran.  La cebolla al pie de la planta  que muestra  la imagen inferior  no ha ganado a estas alturas buen tamaño y debería evolucionar, bien arropada, hacia cebolleta.

Al retirar las plantas secas, juncias y cardos marianos, han aparecido los puerros que sembrara en el verano y que daba por perdidos; no más gruesos aún que un lapicero. Sólo cabe aporcar y esperar.

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No es relevante la ruina de las plantas si los frutos acaban de madurar y van cogiendo color.

Algunas variedades en tanto no hiele siguen floreciendo y los frutos que fueran cuajando al final del verano  están ya en vías de recolección.

Sorprende  las  planta  de tomate gallego intentando sacar adelante una segunda tanda en el  final del ciclo ya olvidado.

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El tomate, lo sabemos por experiencia,  es un fruto climatérico, capaz de madurar después de ser cosechado cuando ha superado cierto punto de desarrollo; no es el caso de los pimientos que permanecen el las bandejas de la cocina tal cual,  ablandándose, verdes o pintones.   Algunas piezas de malacara abren sus carnes a causa de las lluvias de estos días, pero otra buena cantidad aún irá completando este proceso lento de maduración  en casa.

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Esta es la primera imagen que puede ofrecerse de las patatas azules. Se sembraron al buen tuntún, pero pueden hacerse aportes de materia orgánica o de purín de consuelda para mejorar el rendimiento y soslayar  cierta ingenuidad que revela el hortelano sobre el tema. El aspecto que muestran las plantas no parece que pueda inquietar, por ahora.  Quizá llegue a cuajar  una cosecha  mínima  de tubérculos de esta variedad de ciclo corto, que gusta de los días con algo menos de luz.  Una prueba invernal.   wp-image-382776048jpg.jpg

Es la horticultura orgánica a pequeña escala una actividad benigna. Sembrar, cuidar y recolectar frutos y plantas al pie de casa es cultura. Algo ha sido construido y no es casual.

El plantón de consuelda estará algún tiempo en el contenedor hasta que se le reserve un lugar en el huerto.

No puede demorarse más este post. Se precipitan los acontecimientos meteorológicos  y el huerto es ya otra cosa.

Salud.

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ARDORES BERCIANOS.

Esta primavera compré seis plantones de pimiento del Bierzo y los puse en un bancal entre dos cuerdas de tomateras.  Dos variedades más cumplen aún con las discretas expectativas generadas en la huerta respecto de los pimientos, esto es: italiano y  largo de colgar.  Llegado el final del verano y sobreponiéndome a cierta impaciencia he podido empezar recoger suficientes piezas para asar un par de bandejas, por el momento.

 

No sé muchas cosas  sobre hortalizas y menos sobre pimientos y alojo en estas páginas lo que me pasa cuando cultivo de modo que insisto –como no podría ser de otra manera- en  incorporar de forma esporádica las tribulaciones resultantes de comer lo que cosecho.

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Pimiento largo de colgar aún verde.

Me gusta recordar que las notas que aquí se vuelcan  no tienen vocación científica ni magistral y adquieren cierto crédito, quizás, porque se apoyan en las observaciones de lo que se produce en el huerto familiar y por un cierto orden a la hora de presentar, como en este caso,  los elementos descriptores ya establecidos  por los que saben  como en el caso de esta baya hueca llena de poco más que aire.

Ya lo conocemos, lleva por este lado del Atlántico unos cuantos cientos de años muy bien adaptado.  El pimiento es una cápsula (κάψουλα), constituida por pericarpios  gruesos más o menos jugosos y un tejido placentario blanco en el que se fijan unas semillas muy latosas cuando de cocina. Y un rabito.

Sabemos que la deslocalización de un ecotipo determinado puede incidir en la conformación de las bayas de la solanácea  y, claro está,  en  la producción.  Tengo que dar cuenta de los resultados, en esta primera tentativa con la variedad berciana, a partir unos  pocos ejemplares.

Las plantas del llamado pimiento del Bierzo han dado  frutos de paredes no muy gruesas, con la piel tersa y brillante, con algunas  hendiduras y ligeramente aplanados. No se muestra cicatriz estilar. El color, una vez maduro, es intensamente rojo.

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Es este pimiento  de aspecto  triangular y pueden describirse hasta tres lóculos (costillas, septos…si hablamos con precisión botánica…) a lo largo de doce los cms, del fruto (poco más o menos) y no más de seis de ancho en la parte más cercana al pedículo.

En la parte interior más ancha está la placenta con las semillas (pocas y se agradece) formando un corazón no muy grande.  El espesor medio de la carne del pimiento es de 5 mm y puede llegar a pesar más de 160 g.

En esta ocasión he recogido frutos en dos niveles. No muchos pero muy limpios, sanos y  sin rastro de quemaduras, ataques de insectos o podredumbres.

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La  somera descripción de este pimiento se completa haciendo referencia a la punta redondeada; en algunos ejemplares surgen  ápices.

No es pimiento dulce y toma camino, según los frutos, hacia un sabor moderadamente picante, pero todos siempre con un gusto carnoso e intenso.

Se rebaja esa leve inquietud, que siempre aflige cuando los resultados  del cultivo no son buenos, en el momento en que echo en el cesto de castaño unos pimientos de buen tamaño -para los estándares que he podido recabar- maduros, rojos pero también pintones.

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Pongo algunas  bayas  en la bandeja del horno eléctrico y dejo que a poco más de ciento cincuenta grados comiencen a transformarse. No estoy en el mejor lugar para encender lumbre.

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Pican  más, por experiencia,  de derecha a izquierda .

La cocina es tiempo y para asar unos pimientos del Bierzo no voy a hacer una excepción.

Se inflan los pimientos con el calor del horno, se tuesta la piel; no hay más que dejarlos enfriar en la misma bandeja tapados con un paño.  Ya tengo cena.

Se deja quitar la piel el primero de los  frutos cocinados de forma tan  limpia…, muestra la chicha una textura tan delicada y suave…  Ni siquiera los voy a mixtificar esta vez con aceite.

Tiene al paso por el paladar y hasta la garganta un intenso sabor, desconocido hasta ahora para mí, como si de un fruto exótico se tratara. No se parece en nada a los ralos e insípidos pimientos, sea cual fuere el tipo,  de la agricultura convencional, de mayor tamaño y paredes más gruesas. Es esta una verdad revelada por la naturaleza de un huerto orgánico.

Cuando parece que el suceso llega a su fin vuelven a conjurarse los matices de humo y tierra en el encuentro del cielo de la boca  y la nariz,  como si  viniera mansamente acariciando toda la boca hasta la garganta.

Pronto desaparece del plato el primer ejemplar y abordo el segundo con algunos aditamentos.  Pan, aceite de oliva… Un buen trozo para no distraerse del proceso.  Son apenas tres segundos los que hacen falta para que las papilas  reparen en el calor que se reparte acelerado  por toda la boca. Estos pimientos del Bierzo han estado a punto de abrasarme la boca.

En alguna ocasión creo haber probado la carpetovetónica  guindilla encurtida, alguna especialidad  mejicana o aquellos que introdujeran, según cuentan algunos, los monjes del convento de San Francisco de Herbón.  Pero no tolero bien el picante;  lo paso mal porque, aunque algunos expertos catadores inciden en que  el picante puede estimular la generación de endorfinas  en el cuerpo humano, después de  la quemazón, la aceleración del ritmo cardíaco y la sudoración que suceden a la ingesta ya no se puede paladear otra cosa.

La usanza más frecuente del chile o guindilla en lahuertadelosrobles es de uso tópico,  externo, y sólo aplicable a las plantas como repelente de insectos, macerado con tabaco, ajo y cebolla.  Aprovecho la capsaicina presente en los ajíes  como repelente.

Pero han merecido la pena estas pungencias. Empiezo a bosquejar las posibilidades que se abren con este ramal de los ajíes; hay variedades muy apetecibles, aunque por tandas inquietantes, y comienzo a confiar en que les voy tomando la medida.

Hay que tener en cuenta, en este orden de cosas,  que algunas variedades de pimientos pueden presentar variaciones importantes en los valores de picante medidos en función de las condiciones de insolación o estrés ambiental de  los frutos escogidos.

Hay una extensa literatura popular relativa al sabor picante de los pimientos. Para poder diferenciar las variedades que pican de las que no refieren algunos que tendremos que fijarnos, antes de cocinarlos, en el color y la forma;  los más puntiagudos y de color mate son los que tienen más posibilidades de ser picantes.

Otros abogan por considerar el número de lóculos como guía para profetizar el sabor.   De modo que los ejemplares con 2 o 3 septos picarían y los que se conforman con entre 3  y 5 serían dulces.

Creo recordar haber escuchado o leído, por ejemplo para el pimiento de Padrón, que son las primeras flores las que producen frutos picantes resultado, quizás, de haber estado muy  expuestos al sol. Pero otros hortelanos inciden en la relación del sabor picante con los riegos… o en las dos causas a la par.

Me temo que el factor humano es en el caso que me ocupa poco fiable para conocer la cantidad de capsaicinoides que puede producir cada cultivar y la introducción del viverismo puede hacer reconsiderar todos estos apuntes. ¿Podríamos fiarnos, entonces, de las referencias pseudo-científicas o aquellas teorías legadas por los relatos de los agricultores o los intentos fruto de la experiencia, de  expertos foreros que desarrollan algunas aplicaciones?   No hay nada como saber que se trae uno entre manos.  O lo que es lo mismo: estar al tanto de las características consolidadas de las  variedades que cada uno cultiva, documentarse con seriedad, y practicar, improbables lectores, cultivar.

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Foto: Cerespain

Es razonable que la cantidad de capsaicina presente en los pimientos de marras tenga que ver fundamentalmente con la exposición al sol, con los riegos y menos con formas y colores, aunque sospecho que cuanto más maduros más tendencia tienen a picar. Bo lo puedo asegurar.

Es por eso que algunos horticultores que conocen su huerto y su cultivar, muy experimentados, pueden jugar a escoger los frutos, con menor índice de error.  El único procedimiento para conocer con fiabilidad el sabor picante de los frutos, a decir de los científicos, pasa por realizar cromatografías en el laboratorio.

En la primera tanda  de asados pagué el peaje de la desinformación jugando con formas, propensiones y colores.

Con renovado pragmatismo  he adoptado la técnica de probar selectiva e individualmente todos y cada uno de los frutos. No hace falta morder o rajar los frutos ni mucho menos cocinarlos. Basta con sacar una pequeñísima lasca con el cuchillo y catarlo para verificar si alguno de los  pimientos que se traiga uno entre manos tiene sabor picante.

He localizado en La Red ,  por lo que se refiere al pimiento del Bierzo, información comercial relacionada mayoritariamente con el  procesado y  la promoción,  y casi exclusivamente páginas dedicadas al pimiento asado e interesadas en la  homogeneidad y  en torno a una denominación de origen,  a ponderar sus peculiares características organolépticas.

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Foto: Infobierzo.

He podido hacerme una idea más clara del pimiento que he cosechado porque, entre otras cosas, se cultivan y asan por aquellos parajes otros tipos distintos a los que yo me vengo refiriendo es esta entrada.

Hay, no obstante, un aspecto relacionado con sus características que quisiera recordar para poder decidir si vuelvo a cultivarlo.  Algunos  medios digitales revelan que esta hortaliza presenta  formas y cualidades  óptimas -después que se ha cocinado- cuando se ha guardado en un almacén al menos diez días tras su recogida.

La  posibilidad de conservar el pimiento después de ser cosechado, sin maltratarlo en la nevera, ofrece una línea de trabajo muy destacada para  campañas excedentarias en las huertas familiares.  Esta cualidad de determinados tipos de pimiento permite además en huertas pequeñas, con pocas plantas,  ir reservando frutos aunque se pongan algo blandos,  hasta que haya suficientes para ser cocinados o embotados si riesgo de perderse.

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TOMATES DE AGUA.

Estamos  algo acostumbrados ya  a escuchar la letanía del tomate feo -rajado o con formas caprichosas- para valorar las excelencias de lo tradicional o natural; pero tengo para mí  que semejante título se ha convertido en un indicio prescindible y a la postre síntoma espurio de calidad y buenos atributos.

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No es habitual que se formen estos gajos tan pronunciados. 

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Inserción del estilo muy irregular en tomate negro de Crimea

Cultivar en orgánico y a la intemperie implica casi indefectiblemente la mutabilidad e irregularidad de los frutos que se obtienen aunque se pretenda incluso mantener la genética de las variedades utilizando bolsas de hilo o papel.  También  las variedades híbridas más estables acusan estas contingencias.

No es nada nuevo ni sorprendente para el huertero que trabaja en orgánico cuando, a mayores, las condiciones ambientales no son las más deseables para muchos cultivos en no importa ahora qué lugares. El monto de las taras, pliegues,  pudriciones, recovecos,  quemaduras y otras deformidades…, sobre todo en lo que afecta al tomate, puede ser muy destacables e implica esencialmente (a quien le importa sobremanera la producción de alimentos saludables para consumo propio) un deficiente o  aprovechamiento de los frutos.

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Suele insistir este hortelano en el desinterés por los huertos estéticos, demasiado condicionados por  la limpieza, el reparto  de los espacios  con tiralíneas, por la fotogenia de las plantas o por la esmerada presentación de las hortalizas ante familiares, amigos o redes sociales.

No obstante cultivo comida y si se pierden muchos frutos -o partes de los mismos- por malas prácticas, flaco favor le hago a la despensa.  Las tareas culturales son esenciales para que no haya mermas y están, ineludiblemente, vinculadas al  tiempo que se dedica a fiscalizar todos y cada uno de los factores que inciden en un crecimiento saludable de las plantas  y  a la producción de frutos  meridianamente aptos para el consumo.   Cada cultivo, cada hortaliza es un desafío y si un hortelano conoce bien media docena de especies raya la excelencia.

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Weston. Pepper 1930

 

 

No cultivo variedades de tomate específicas para conservar si no van destinadas, además, a satisfacer el gusto más indiscreto e indagador del hortelano novato que les habla.  De modo que los excedentes, si no ofrecen olores indeseados o están muy pasados,   las piezas “tocadas”, aquellas quemadas o afeadas por una deficiencia de nutrientes  son la materia prima,  primero, de gazpachos, salmorejos,  salsas, confituras  y conservas derivadas.

En efecto, estas variedades locales que yo empiezo a llamar “de agua” no son las más adecuadas para procesar y conservar porque pierden casi dos terceras partes de su volumen al cocinarse por evaporación. Quiero creer que esta reducción confiere al producto final unos matices y peculiaridades organolépticas que no se encuentran en la uniformidad de sabores de los tomates para conservar.  No cultivo para hacer conservas, pero gran parte de los frutos acaban en un bote de cristal. Hay, por fortuna,  recorrido más allá de la ensalada y, por supuesto siempre cuentocon algunas variedades que resisten muy bien en el periodo postcosecha, sin degradarse pronto.

Aprovechamiento: de eso se trata. Y si los frutos están muy “desmejorados” cuando se cosechan  hay cosas que se pueden mejorar al margen, en efecto, de los destrozos que produce la intemperie. No es habitual -hay que decirlo todo- que descarte piezas enteras por la pequeña galería de una oruga.  Se recorta hasta sanear y a la cazuela.

Aun conociendo las causas que apuntan los expertos para que se abran los tomates es muy complicado controlar -cuando hablamos de más de media docena de plantas- todos y cada uno de los factores que inciden en un  proceso siempre indeseado.   El “viverismo” es otra cosa.

Un riego mal dado, pero también  los cambios de temperatura  o el exceso de nitrógeno en el suelo, desequilibrios hormonales,  el tamaño de la variedad, sobre-exposición al sol… son algunas de las causas del problema. Es muy recomendable no inundar el cultivo una vez que ha cuajado el fruto, precisamente cuando hace más calor, porque se carga de agua y crece muy rápidamente hasta romper la piel -normalmente muy fina- de estas variedades tradicionales que me entretienen.  (Este verano no ha sido, por cierto, el agua de lluvia en motivo del rajado)   Se trata de que las plantas pasen un poco de sed y no cojan tanta agua una vez “consolidados”  los frutos. El proceso es similar al que se produce cuando se abren grietas  al escaldar los tomates  para quitar la piel con comodidad.

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Un tomate rosa acaba de estallar.

Aún así esta observación -a la restricción del agua me refiero-  es válida para tomateras de crecimiento determinado que producen una tanda de frutos y termina el ciclo, pero  no en el caso de variedades de tipo indeterminado. Las plantas de esta última categoría -necesariamente relevante en lahuertadelorobles–   no paran de dar frutos en tanto sean propicias  las condiciones ambientales, de modo que no se puede olvidar el flujo adecuado y constante del líquido elemento haciendo los ajustes oportunos.

Me inquieta aún el prurito de mantener la tierra muy húmeda, cuando las temperaturas estivales son más rigurosas, para evitar que la planta pierda  lozanía y no se sequen muchas ramas.  Es bien conocido que las plantas reaccionan enrollando las hojas, algunas guías se pierden y salta la alarma. Craso error.  Son el equilibrio, la mesura,  la observación,  la dedicación y la elección de las variedades más adecuadas  y siempre que se  dedique  tiempo a las programaciones,  algunos de  los patrones pertinentes para mejorar la salud de las plantas y contribuir a una  fructificación más proporcional y consecuente.  El tiempo…

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Tomate negro francés deslucido por el moteado grisáceo. 

Otro factor esclarecedor del fenómeno que hoy me ocupa  es la humedad que procede ,al final del verano, de las mareas de cauces y masas de agua cercanos al huerto  (no olvido la altitud) y que se condensa por la noche sobre la fronda.  Esa humedad puede incidir en la descomposición de los tomates por la aparición de hongos.   Muchas mañanas el  hortelano que cultiva en esta populosa vega se empapa rebuscando entre la hojarasca las piezas mejor camufladas.

Durante el pico de producción empiezo, ya desde hace algún tiempo, a recolectar cuando asoman en los frutos los colores que preceden a los de la maduración plena: anaranjados, rosados y, en función del tipo de tomate,  verde, azulado. Pintones, vamos.  Pero también puede hacerse al tacto. (No creo que el sutil adelanto de parte de la cosecha incida de forma decisiva en el sabor final)  Es fácil conocer el punto de maduración de un tomate palpando y apretando, con temple, cada uno de los frutos y comprobar si van entrando en sazón.  No son los estragos que se producen  en la coloración al final del verano, la pérdida de brillo,  lo que más preocupa (los tomates tienden a ponerse pardos o grises). Luego, si hay espacio en casa van madurando de forma más controlada.

En estos días de elaboración casi diaria de conservas, de largas tardes procesando hortalizas de tan delicadas y jugosas  carnes, acaba apareciendo en la cocina un gran recipiente con los recortes y partes más feas de los frutos: quemaduras,  podredumbres en ciernes, galerías…  Por lo demás  si la inserción del pedúnculo es grande o la cicatriz del estilo se resuelve  como una suerte de cárcavas y hoyas que hay que eliminar, el desperdicio puede ser importante.  2016-09-21-16-54-20

Una vez en la cocina los tomates inocentemente agrietados  pueden llegar a ser al completo  carne de compostera.   Es en  la grieta suberizada, sobre todo en variedades locales o autóctonas, donde empieza la ruina.  Es muy probable que un año con otro casi un tercio de lo que produce un huerto familiar sea desechado, pero éste no sale en la foto.

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Este tomate rosa que algunos llamarían “de toda la vida” muestra, en efecto, un aspecto muy jugoso,  pero puede observarse con claridad el tamaño de la inserción del pedúnculo y las grietas cicatrizadas. La inmediata columna placentar  muy endurecida tampoco se  puede aprovechar. 

 

Es conocido que las variedades con frutos de  mediano  o pequeño tamaño tienen menor atracción para los insectos pero también  menor predisposición a estos defectos de que hablamos y suelen comportarse de forma muy generosa. Suelo incluir entre las propuestas de cada año algún híbrido de piel dura y carne más compacta, de gusto más plano pero de mayor capacidad para durar tras la cosecha y sin más taras que las variaciones normales de tamaño y coloración.

Quería, al comenzar esta entrada, presentar la ficha técnica del tomate rosa de Guijuelo, hortaliza donde las haya sabrosa,  suculenta, delicada, sangrante, jugosa cuando está en sazón.   Pero me temo que he planteado un exordio más extenso de lo que es habitual  y quizás, pudiera desviar la atención, llegado ese momento, sobre la materia aquí planteada.

Dejaremos para otro momento la presentación de esta sorprendente y muy productiva variedad.

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Ya van quedando pocos…

Salud.

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DE HERBAZALES, HORTALIZAS Y CARTONES.

Verán los lectores que voy recogiendo ya el huerto de solanáceas. Retiro los ramajes que se han envalentonado con las temperaturas menos rigurosas y el descuido en los riegos. Aunque la mayor parte de las plantas están secas muestran algunas aún pequeños frutos globulares, solitarios y desangelados de difícil aprovechamiento.

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Una vez retiradas las plantas y el cañamazo puedo abordar el desherbado de los bancales. Las adventicias han vuelto a colonizar el huerto, como es habitual, y sólo cabe eliminarlas con la hoz,  rodilla en tierra, manualmente y más adelante con las cavas, retirar sin descuidos toda la materia vegetal subterránea identificable que sea posible  y poder volver a sembrar.

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Una cobertura de cartón inhibe durante algún tiempo la germinación de plantas menos insidiosas y  dificulta el rebrote de las que se han segado.  Si vuelven a subir las temperaturas  este otoño las hierbas se cuecen, se pudren bajo plásticos o lonas.  En otros casos espero que la tierra se seque un poco y vuelvo a sacar de raíz juncias, cañizo y correhuelas.  Este trío invasor está dotado  de sistemas de reproducción  infalibles, vigorosos y puebla amplias zonas del huerto. Rizomas, semillas… No sirve tirar  de las hierbas o escabuchar superficialmente los cultivos. En estos espacios poblados de vegetación de ribera resulta especialmente complicado siquiera mantener limpios los bancales.

Especialmente despiadado es el carrizo,  una planta perenne, con un rizoma rastrero de hasta un dedo anular de grosor y cubierto con vainas coriáceas semejantes a escamas; conformando entrenudos tiene la  capacidad de  crecer en superficie en busca de  agua y si además se le facilita el paso ahuecando el suelo…

 

De modo  que, una vez asumida la complejidad se su manejo, empleo cualquier método que contribuya de forma económica y limpia a despejar no solo el terreno cultivable para poder sembrar, pero también pasillos y zonas de servicio.  Es ésta una verdadera escuela de control de adventicias.

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Se va llenando el carrete digital con fotos de este periodo  transitorio, pero apenas llegaré una vez más, como se puede comprobar, a poner una nota al pie e ilustrar algunos de los sucesos o dar cuenta de la cosecha al margen de los tomates.

Algunas plantas, como los calabacines redondos, remontan y es muy probable que lleguen otros pocos ejemplares a la cazuela después de todo un verano en blanco.

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Los pimientos del Bierzo  –mas cortos y carnosos que los italianos– han tenido dificultades porque los coloqué,  como ya comenté en anteriores entradas, a la sombra de tomateras de crecimiento indeterminado.  A estas alturas del año me encuentro con plantas de pimiento poco robustas y ahiladas, pero también con frutos sin quemaduras. Al menos docena y media de pimientos entre las que se incluye algún buen ejemplar para reproducir.

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Es fundamental que los plantones de berenjena se desatollen en sus primeros estadios de manera rápida y vigorosa con temperatura adecuada y buenos alimentos.  Muy retrasadas han marchado estas hortalizas esta temporada. Apenas una una docena de berenjenas blancas ha sido suficiente, al menos,  para probar su delicado sabor.  No parece probable que puedan llegar a ningún lado las flores que aparecen al final del verano.

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Por el contrario los pimientos cornicabra seguirán siendo hasta que empiecen las heladas carne de mermelada.  Esta variedad que suele dejarse para secar  (las condiciones climáticas o la falta del lugar adecuado no permiten estas prácticas en algunas ciudades) y se emplea como base de muchas salsas o guisos patrios, tienen una piel indeterminada y muy poca carne pero tan fina y sabrosa que puede emplearse perfectamente para confituras. Una cebolla, medio kilo de estos pimientos rehogados lenta, muy lentamente, azúcar y aderezados por ejemplo con pimienta y cardamomo, son suficientes junto con un pedazo e queso,  para desagraviar de la pelea con la hierba al humilde hortelano cualquier tarde de invierno.

 

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Días templados para poner los semilleros al sol: cebollas gigantes, acelgas arco iris…

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Salud.

 

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TOMATE MALA CARA EN MADRID.

 

Siempre ha hecho calor en Madrid,  mucho calor en julio y agosto,  pero no es óbice para que puedan salir adelante, por el momento,  algunas variedades de tomate  y con resultados más que aceptables. Se puede cultivar tomate malacara en la periferia sur madrileña..

Las plantas se agostan a ojos vista. Es el sudor, al rato, el protagonista de las primeras secuencias en el huerto , cuando además se tira desde el principio de hoz para despejar pasos y cultivos. Pero tampoco se dan las condiciones -sometido por la canícula y preso de la molicie- para dar la cara en la red.

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Las plantas al límite por las altas temperaturas.

Estimulado, no obstante, por probar una nueva máquina fotográfica sigo dando cuenta de las variedades de tomate sembradas este año.  Unas pinceladas hay que ofrecer, al menos, procedentes de las observaciones sobre el terreno y sujeto como estoy  al compromiso adquirido en entradas precedentes.

Me pregunta un vecino sobre la procedencia de unos “albaricoques” que llevo en la cesta.  – ¿Dónde tienes el árbol?  Qué curioso aspecto ofrecen las bayas de un rojo mate, es cierto, con esa textura cerosa, pero no es fruta de hueso sino tomate.

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Terminan de formarse aquellos  mala cara de los que ya hablara esta primavera con la perspectiva de que pudiera reproducirlos y estimulado por el interés de una “tomatista” argentina. Son cuatro pies, al fin,  que se manifiestan vegetativamente con un porte muy abierto y con poco ramaje. Muy agradecida, se deja querer la planta sin apenas más trabajo que limpiar algunas hojas secas y tutorar con acierto. Está más que contrastado que los insectos  los prefieren grandes y bellos  y estos más feotes salen prácticamente indemnes del huerto. Me refiero a los tomates,  claro. Siempre es de agradecer la relajación de prácticas encaminadas a alejar  la pequeña fauna.

El cultivo  de esta variedad no se debe exclusivamente al interés por recuperar semilla o a la pretensión de exhibir impúdicamente  una singularidad local. Más bien representa  una apuesta substancial, pragmática, encaminada a  disponer de tomates de temporada, frescos, para el auto-consumo familiar durante más tiempo.

El tomate mala cara no está listo a mediados de agosto, no madura de forma escalonada sino de forma intensiva al final del ciclo.  Es conveniente recordar que estos tomates, de  morfología tan alejada de otros comerciales, deben cosecharse antes de que lleguen a madurar para contribuir a la conservación pos-cosecha. Es, por tanto, una variedad tradicional cultivada en las comarcas de origen (Segarra,  Lleida) para colgar, muy apropiada para guardar y a ello contribuye,  además de la firmeza del fruto o las características de los sólidos solubles,  el  nivel de acidez  (en torno al 4.9 de ph) que va aumentando con la maduración. Ya sabemos que el nivel de ph es un factor esencial para inhibir la presencia de los hongos que degradan tanto frutos crudos como conservas.

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Compadreando con la verdolaga.

Supongo  que es el intenso calor lo que  me permite recoger unas cuantas bayas, como adelanto de una previsible y gratificante cosecha al final del verano cuando apenas queden otros. Ahora puedo  mostrarlos  en la idea de poder catalogar el tipo con más rigor un poco más adelante.

No voy a insistir en los valores y niveles de licopeno  (más alto dicho sea de paso que en otros tipos más rojos),  o  el gusto que podremos ir valorando a resultas de frotar y restregar sobre el pan tostado algunos frutos, como mandan los cánones para el pan con tomate alguna mañana del otoño.

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En  la sección longitudinal puede apreciarse el grosor del mesocarpo   en detrimento proporcional del  endocarpo interior. La pulpa no es muy firme y se deshace fácilmente.

Recuerdo que algunos tomates se mantuvieron firmes la primera vez que los sembré, olvidados en un plato,  hasta bien entrado el mes de noviembre. Pero eran otros tiempos y otras tierras. Veremos cómo se comportan por estos eriales.

El nuevo encargo que me hace el huerto supone una apuesta por conservar tomates sin procesar en un entorno poco propicio para estas costumbres de pueblo.

Salud.

 

 

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SOPA DE TOMATE NEGRO DE CRIMEA.

 

Suelo rondar la huerta con más asiduidad cuando hay problemas.  Sería realmente vivificante despertar velado y comenzar a vivir, al menos durante algunas horas, ajeno a un estado mental concreto, sin noticias, angustias, confidencias, premuras…

Oyes tus ruidos, el  merodeo por la cocina,  cierras una  puerta, el perro que se despereza cuando le acaricias y suena la ducha… Alguien te ha suplantado y cumple con tus obligaciones más farragosas, atiende compromisos, requerimientos… ataja proyectos y  planes. (Una joven directora ha rodado un cortometraje  con este argumento)  No tienes necesidad alguna de empezar nada. Lo van a hacer todo por ti. No llega a ser extraordinario más que un instante.  Puede, entonces, permanecer uno fuera de sí, y medirse con la tierra, seguir un rastro difuso, atender al eco de la fertilidad. Los demás propósitos acaban en sí mismos.  Pasear acaso la huerta.

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Las plantas se desatan torrenciales hacia los extremos de las varas y soportes o saltan de unos encañados a otros,  trepan por los rodrigones más resistentes. Indagan algunas matas por el suelo, cargadas de frutos,  escudriñando a la sombra de otras más feraces.

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Vuelven a cintilar las superficies de los tomates abiertos por la mitad.

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Alguna mañana fresca me seduce preparar intensas sopas de tomate. De un tirón, poniendo a freír unos cuantos tomates aún sin nombre, sin pieles ni semillas. Cuando el zumo denso pierde una tercera parte de su volumen es preceptivo añadir un chorrito de buen vino blanco,  cebolla  fresca picada muy fina y pochada, ajo, unos dados de patata, orégano, pimienta…

La observación y el cotejo con los modelos que ofrecen algunos productores locales me llevan a suponer que este tomate sin identificar en la huertadelosrobles  es Negro de Crimea.

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De modo y manera que se van confirmando, con esta última tanda, las mejores características de unos tomates negros  que vegetan por segunda  vez en este huerto casi abandonado  a partir de aquellas semillas que me procurara un hortelano en  sur de Salamanca, al pie de Gredos.   Ha sido cultivado con éxito en zonas donde el verano es corto y en la noche pueden bajar las temperaturas a ocho, cinco grados.  -Pata negra, me dijo, para insistir en enjundia y valía de la hortaliza.

 

El fruto  es macizo y pesado, con pocas semillas, de buen tamaño,  achatado, lleno, jugoso y de piel tan delicada  que favorece,  casi ineludiblemente,  el rajado. Los peculiares listados y los hombros verdes se precipitan hacia el rojo  intenso, con tonos muy oscuros, sanguíneos… Tomates muy rústicos y vigorosos cuyas matas crecen libres ya de podas. No es raro que vayan  brotando nuevas ramas de otras que ya han dado su fruto y desorienta un poco.

Las fuentes consultadas repiten que tiene su origen en Rusia o las regiones del Mar Negro  como otras variedades oscuras, casi negras. Su proceder por estas tierras indica fehacientemente que se trata de un tomate de polinización abierta, de cultivo tradicional, de aquellos que no han sido manipulados pero que se acomodan  con facilidad a los cambios ambientales a los que se le somete.  Estos tomates  soportan bien el estrés térmico y el ataque de la polilla cenicienta  ¿Es éste aquel que se fijara en la costa norte del Mar Negro?

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Ha sido el primero en ponerse colorado en Lahuertadelosrobles  y va  colmando la cesta cada tres o cuatro días.   Tomates, en fin, precoces para el tamaño que adquieren y, tengo para mí que, tardíos si toleran las moderadas temperaturas otoñales y aguantan los entramados tanto forraje.

Hace algún tiempo me preguntaban por él y si disponía de semillas. Dudaba, consciente de que pudiera ser alguna marca registrada después de haber germinado semillas una sola vez y no poner más atención que ponerlos en la mesa.  Ahora ya puedo incluir una referencia más en el banco de semillas y trocarlas como tales conociendo, además, la valiosa procedencia de la simiente.

Oloroso y dulce, procedente de un cultivar serrano, basta acariciar un poco la piel para curiosear en sus matices aromáticos. Gazpacho de pata negra, sopa de negro de Crimea…

Otro oscuro  objeto de deleite veraniego.

“No busco detrás de cada cosa significados remotos o improbables. Trato más bien de rescatar de ella esa presencia que me da la razón de cada día. Como ya sé con certeza total que cualquier comunicación que intentes con el hombre es vana y por completo inútil, que sólo a través de los oscuros caminos de la sangre y de cierta armonía que pervive a todas las formas y dura sobre civilizaciones e imperios podemos salvarnos de la nada, vivo entonces sin engañarme y sin pretender que otros lo hagan por mí ni para mí.

La muerte del estratega. A. Mutis.

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EL HUERTO SUCINTO.

Inauguro con esta entrada una serie -que empieza ya a ser tradicional llegadas estas fechas- dedicada al cultivo del tomate y otras hortalizas veraniegas. Un recorrido, cada temporada más lacónico que conciso, por las mudanzas vegetativas y el rendimiento de un puñado de plantas domesticadas.

Una sencilla organización basada siempre en los esfuerzos y resultados de otros años permite ajustar el tiempo que se le dedica al huerto y afinar en las podas, la sujeción de los ramajes, la retirada de las adventicias mas cercanas a los tallos, la vigilancia de los riegos o simplemente a demorarse en volver al huerto para disfrutar de los avances que muestran cada semana.

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Los racimos de tomate que cuajaron mirando al norte cuentan con menos piezas que los situados a pleno sol.

Sólo en un bancal  he vuelto a sembrar  tomates en dos filas apenas separadas setenta cms de modo que vuelve a ser muy complicado aclarar la maraña de ramas y hojas; hay, consecuentemente, caras menos accesibles al escrutinio del hortelano y su navaja.  Se libran muchos brotes innecesarios y en pocos días aparecen en ellos nuevas flores; tampoco es bueno que la planta cargue demasiados frutos.

Los demás bancales se han constituido con una sola línea de vegetales domesticados dotados de tallos fuertes  pero también  limpios de  hojas -cuando la variedad lo permite- de al menos  cuarenta cms desde las primeras ramas hasta la tierra. El acompañamiento se resuelve esta vez con los pies de pimiento o berenjenas,  éstas últimas apenas con cuatro hojas aún.

Queda sitio pata intercalar flores en una huerta sucinta que se recompone adaptándose, hoy por hoy, a pocos cultivos.

Calabacines redondos, cuatro cuerdas por las que trepan unos pepinos (por que ya saqué hace unos días las patatas azules) los restos de remolacha chata,  hortalizas que giran en torno al gazpacho y la fritada.

Me traigo a casa, para arrancar con la cosecha, los tomates que cogen en los bolsillos. Verde cebra y las piezas mas maduras de los racimos de Campari.20160702_125630

Los  pequeños pepinos que vengo recogiendo y unas hojillas de menta dan cuerpo y sabor casi cada noche a finísimas cremas frías.

Debidamente elevados sobre el nivel del suelo estos negros de Francia no tardarán en madurar. wp-image-2008022898jpg.jpeg

En un rincón apenas visible por el cañizo prosperan visiblemente tres pies de judión negro. Las lianas alcanzan ya los tres metros y se disponen a caer de nuevo hasta el suelo.Hortelano de poca fe el que les habla que no ha podido sospechar  los beneficios del rigor veraniego de la meseta  sobre el ayocote.  Apenas esperaba alguna flor con fines ornamentales pero hay que esperar al otoño para confirmar si cuajan las vainas.

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Casi inaccesibles están las matas bajas de la variedad amarilla. Entre sol y sombra, escudriñando, una buena mañana aparecen buenas cargas de estuches alargados llenos de semillas que pronto tornarán negras.

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Echo de menos en estos sembradíos urbanos el olor de la oscuridad serrana.

Salud

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SOLO COSER Y PODAR.

Al pleno sol castellano la luz se refleja en el suelo ceniciento y seco y pone en evidencia las características aún poco favorables de la tierra. Hay algún tramo muy mejorado y empieza a estar más suelto y graso. La siembra de ajos, cebollas  y leguminosas de este invierno resultará sin duda providencial para la formación de un suelo más fértil.

Echo de menos el frescor subterráneo.  Sólo cabe la posibilidad de escucharse haciendo cosas , confiar en las posibilidades del huerto, porque forman parte de esta vida como tal…

Soy más proclive a trabajar en el equilibrio del  suelo que en la cara  incorporación de  aditamentos alimenticios. Unos puñados de humus o estiércol al pié de cada planta durante la floración pueden ser más que suficientes si se hace bien el trabajo de abonado en invierno, algunos botes de purín…

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Este de la foto superior es un buen plantón de tomate negro trifele. Una planta hermosa por su rareza, por el porte robusto…, por la forma de las hojas; aún aguanta tersa y estirada los treinta grados de estas primeras semanas de primavera. Creo que debería decir ahora aquello de que ese aspecto se debe (las ganas que tenía de decir esto…) a un gen recesivo. Sin saber muy bien lo que significa este enredo genético de alelos y monocigóticos recuerdo otros empeños, no por olvidados o secretos menos evidentes como en el caso del tomaquet malacara de penjar, una variedad antigua, de planta trunfera (así llaman en algunas regiones peninsulares a la planta de la patata) resistente al frío y que puede llegar a los dos metros de altura. Todos estos aspectos parecen poco relevantes, me temo, para el lucimiento en las redes sociales, pero permiten disponer de tomates bien terminada la temporada. Alguna vez me han preguntado cómo es que tengo albaricoques en octubre. Si llega a buen fin habrá que completar la ficha preceptiva.

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Foto: hortapobla. Malacara.

Las matas de tomate de la Sierra de Béjar están en vías de fructificar y parece que son las mejor adaptadas a este entorno, limpias y vigorosas.

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En la zonas perimetrales ha cuajado un apaño de calabacín redondo con cebollas, que prosperan a la sombra de estos parasoles naturales. Apenas intervengo para tirar de algún cenizo o escarbar entre las hojas en busca de la sprimeras flores. No va a faltar pepino, alficoz ni dos matas de calabaza gigante, creo.
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La solanera de junio es implacable y transforma el suelo húmedo de hace unos días en puro adobe. Apenas puedo clavar la pala en las zonas que no se han trabajado  y cuesta encontrar dónde sacar tierra para sellar la compostera.

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Este año no habrá, sosegados lectores -como creo que había adelantado- apenas plantas  formando altas galerías. Parece mucho más cómodo  emparejar los tomates con pimientos o berenjenas blancas de porte, estas últimas, mucho más bajo y que además pueden proporcionarán sombra a la tierra donde se asientan las primeras. Algo menos agotadoras serán las labores de limpieza de juncias u otras adventicias.  Tomates en espaldera hasta que se  terminen los soportes.

Comienza a erigirse de  nuevo el armazón de cañas al mismo tiempo que se van haciendo las primeras podas.  Solo coser y podar, por ahora.  Con la misma navaja que se van retirando  algunos tallos axilares y ramas bajas  de las tomateras o se saca punta a las cañas se cortan los trozos de cabo que sujetan los tramos.

20160611_115706 (1)Terminan de abrir las umbelas de las zanahorias arco iris  y a casi dos metros de altura las rojas. Es imposible evitar el estrés ambiental que sufren algunos cultivos y las plantas, que se ven en las últimas tienden a semillar. El suelo compactado acelera el ciclo vegetativo de la planta y las raíces se ponen duras como estacas en muy poco tiempo.  He dejado suficientes para semillas, pero no estoy muy seguro de que sea lo más acertado.

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Lo mismo ha ocurrido con las remolachas, aunque algo voy sacando.

 

A la vera de este ejemplar espontáneo de girasol gigante de Aragón aparecido al final del invierno he sembrado un puñado de pipas. Dejémosle en paz  que va solito.

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No dispongo de herramientas para captar algunos sucesos de la huerta. Los tricomas del tomate, por ejemplo,  van capturando los insectos más menudos desde el  tallo hasta las hojas. La tuta absoluta es otro cantar.  Las polillas brotan de la tierra o de la misma compostera. La única posibilidad de reducir la incidencia de la plaga en este entorno tan desequilibrado va en la línea de los tratamientos locales que tienden a repeler y ahuyentar.

Creo que han germinado satisfactoriamente algunas semillas de sandía de pulpa amarilla pero no tengo claro que vayan a tener espacio sin el esfuerzo que requiere despejar de cañizo y cardos  algún otro tramo del huerto.
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Hay ya puestas algunas matas de tomate gordo de Cuenca en el bancal y voy completando con pimiento del Bierzo, pero además  queda por insertar algunas cebollas rojas.

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Las plantas con cepellón grande apenas notan el cambio a.

Va siendo hora de plantarse y cerrar ya la siembra de hortalizas. No habrá muchas más plantas en el huerto hasta el otoño.

 

Salud.

 

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AJOS DE LECHE.

Es ajo es uno de esos placeres elementales.  Tome cuenta el lector que la cocina del ajo en España es inabarcable. Es, junto al perejil, el aderezo base de buena parte de los guisos peninsulares y, si se tiene oportunidad y entorno propicio, no se deben olvidar a la hora de planificar las siembrar. Como diría mi abuela “no dan guerra, la verdad”.
De aroma siempre amable alliun sativum es esencial, como el pan o el aceite, en la liturgia culinaria de las gentes sencillas.

No se terminan las labores culturales del ajo cuando se cosechan.  Una vez desenterrados hay que limpiar los restos de tierra y retirar la primera camisa del bulbo para que vaya secándose a cubierto y  pueda mantenerse sin germinar el mayor tiempo que sea posible. Atados y colgados aguantan al  menos tres meses.
Nunca cuantifico el rendimiento económico de las hortalizas pero si hay alguna especialmente  relevante, por su conservación tras la cosecha,  es el ajo. Aun así cinco o seis kilos de ajos…

La estructura del terreno que trabajo,  manifiestamente arcillosa y  la incidencia de la roya han influido de forma evidente en el desarrollo del cultivo, pero el calibre que han alcanzado satisface con creces las necesidades, pero sobretodo los gustos, de este hortelano novato.

Prefiero siempre los dientes de ajo de pequeño tamaño. Creo que son más finos al paladar, más aromáticos, aunque claro está no muy preciados en la cocina rápida de poco pelar.

Hay que ir despejando, no obstante, las dos tablas para algunos plantones de tomate…

Los ajos de siembra, en convencional, costaron  cuatro euros y medio el kilo. En otoño puse dos kilos en la tierra y se han transformado en poco menos de seis meses en dos buenos cestos colmados. No está nada mal para un cultivo de secano.  1:6 es un buen desarrollo, pero lo fundamental es que puedo disponer de ajos para casi todo el año si se conservan de forma apropiada y no germinan.

Hay quien guarda los ajos en la nevera y es habitual en la industria agroalimentaria conservarlos en cámaras para evitar que broten.  Una vez secos me vale un lugar fresco, ventilado y  ambiente no muy seco.
Me regañan los vecinos porque, al parecer, me precipito al sacarlos de la tierra sin haber dejado que se sequen bien los tallos. Si es que no hacen carrera de este hortelano inexperto…

-Pero si hasta San Juan no se cosechan…Aún pueden engordar…
-Pero no le quites las raíces, que se conservan mejor…

Allá cada cual con su saber convencional, como diría el maestro Vázquez Montalban.  Si son de ciclo corto habrá que cosecharlos pronto, ¿no?. Voy a procurar que  se curen bien.

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Tienen estos ajos de leche camisas gruesas aún cabezas que se abren si se cortan los tallos, en cuanto van secando.

Una de las tareas para el próximo otoño es intentar conseguir ajo rojo de diente alargado.  Ajo autóctono que  al parecer aguanta mucho tras la cosecha y no se deshidrata con facilidad. Un decir porque las condiciones ambientales -de temperatura y contaminación- tampoco son las más propicias para alargar la vida poscosecha de cualquier fruto en ambientes urbanos.

Me cuentan que gran parte de los agricultores en extensivo han sucumbido al ajo chino, más grande, precoz y atractivo en su comercialización, pero no hay que dejar de indagar ni ensayar.
Voy a abordar un ajoblanco… Salud.

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