PROTOCOLOS DE GERMINADO.

El dilema está servido. Cada nuevo periodo de huerta de verano viene precedido por intensos debates e intercambio de prácticas y sesudas convicciones entre aficionados o agronautas para fijar un protocolo óptimo de germinación.

Las técnicas para reproducir plantas hortícolas de forma casera a través de las semillas son de lo más variopintas y no renuncio a las propias.

Ayer cuando rellenaba contenedores podía escuchar música a través del terminal telefónico. Lo mismo le doy la vidilla a estos orgánulos de reproducción sexual con sesiones adecuadas a tal evento.
La sabiduría popular sugiere que a las plantas les gusta la música o que les hablen. Me da la impresión que debieran concurrir, además, otros factores como la intensidad y los tiempos.

E. Mancuso, conocido neuro-biólogo, explica que, específicamente, las frecuencias bajas favorecen la germinación de las semillas y el crecimiento de las plantas hacia la fuente de ese sonido y que podrían equipararse a frecuencias naturales como la del agua que corre.

Cabe sospechar que el semillado y la consecución de planta propia para el huerto, es uno de los palos más complejos y de difícil resolución en el horticultura de autoconsumo; en muchos casos son trabajos de forzado e implican conseguir que las plantas hagan cosas fuera de su periodos naturales de germinación para conseguir mejores rendimientos, para cultivos des-localizados, o la prolongación en el tiempo de las cosechas.

¿Cuál es el momento óptimo y más oportuno para poner en los contenedores, las bandejas de alveolos o almácigos las distintas especies de plantas?

Tengo la impresión de que tendemos a precipitarnos, porque aunque podemos contar con materiales y medios muy sofisticados para caldear o iluminar las estancias y se pueda conseguir la germinación de la semilla, no hay certeza de que sean suficientes las horas de luz en los primeros día de febrero y que las plantas se desarrollen con relativa normalidad. A la postre si las situaciones no tienen continuidad -es evidente el elevado coste energético de estos procesos si no se dispone de instalaciones que reciban luz y calor natural- las plantas permanecen latentes, paradas, durante muchas semanas, con los importantes riesgos de que enfermen o incluso acaben por perderse; no voy a insistir en la dedicación que requiere este proceso.

Un test de germinación con garbanzo negro es siempre una práctica entrañable. Plumilla y radícula despiertan toda la fascinación por la potencia de la naturaleza vegetal.

Son las solanaceas las principales protagonistas en estos periodos invernales de semillado y en función de qué especie se trate (entendido para la zona centro peninsular) inicio las tareas en casa no antes del veinte de febrero.

Unos días antes, si la finalidad no es estrictamente comercial, y si se dispone de medios profesionales que conciernen a invernaderos y umbráculos o incluso si se dispone de un sistema de cama caliente, pueden empezar a entrar en contacto con los sustratos una buena parte de semillas de hortalizas de hoja y el triunvirato de estío, llámense tomate, pimiento y berenjena en sus distintas advocaciones, más aliaceas o algunas plantas plurianuales y plantas auxiliares.

Cada reproductor tiene sus preferencias en cuanto a la composición del sustrato, pero suele haber coincidencia en el empleo de humus, fibra de coco y arena con variaciones a base de perlita o vermiculita y dependen de la interpretación que cada uno haga de las características o prestaciones de este tipo de materiales inertes o de los costes previstos.

Salvo excepciones mi formulación básica es sencilla: 1:1:1, como para realizar esquejes, esto es, una parte de buen humus, una de fibra de coco y otra de arena de río. Pero como para otras tareas siempre depende y pueden hacerse modificaciones compositivas en función de la frecuencia de riego, las necesidades de drenaje de la especie, de la humedad mínima, la temperatura o de los requerimientos nutritivos -siempre exigentes en estos primeros estadios- de las plantas.

Están muy bien descritos algunos fenómenos relacionados con el escaso índice de germinación no imputable al índice natural de brotación de cada planta o a la “caducidad”. Hay que tener muy presente para algunos casos determinados que un desajuste de riego puede rompen ese proceso iniciado al entrar la semilla en contacto con el agua y el sustrato (en condiciones idóneas de temperatura) hasta el punto de que -truncado el ritmo- ya no es capaz de retomar y completar ese camino iniciado que debiera terminar cuando aparecen los cotiledones.

Más de una vez las marras, superan la media. Pongo por caso, ahora, las siembras directas de planta con semillas minúsculas. En ocasiones el éxito de estas operaciones en los bancales (directas, muy superficiales) está condicionado del mismo modo, por la viabilidad de la semilla, el grado de germinación inherente o la forma de regar. A veces es una buena práctica, precisamente, no hacer nada y esperar, por ejemplo, a poner los chorrillos de zanahorias, nabos, rúculas… en la tierra en vísperas de lluvias moderadas en lugar de remover la simiente con el agua, torrencial para el caso, de la regadera.

Me gusta hacer el primer riego de los semilleros en profundidad y que el sustrato tome toda el agua que necesite, introduciendo los almacigos en bandejas con agua. La fibra de coco tarda en absorber esa húmedad tan necesaria para la hidratación de las simientes, pero también tarda más en soltarla que otros materiales floculantes. Basta verificar, al peso, que están saturados. Los riegos con atomizadores suelen humectar la capa superficial escasamente si no se hace a conciencia o se repiten las tandas.

La actividad discreta de estos días, sin visibilidad en el campo pero febril, condicionará en gran medida el rendimiento de la huerta de verano, aunque no renuncio a repartir tandas de lechugas, espinacas o acelgas por los rincones, al voleo, a la intemperie, para que germinen cuando les toque y luego repicar a pie del tajo.

Es siempre tan placentero empezar cosas, estrenar, echarse al camino…. Y esto no ha hecho más que empezar, de nuevo.

Salud.

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DE PARRONES, PODAS Y NIEVES.

La decisión no es un instante, sino un proceso. La decisión tiene una historia, una preparación, una maduración. Requiere tiempo. ¿Cuánto? Su propio tiempo, ni más ni menos. Tiempo de humus, de barbecho, la temporalidad de la emergencia.”.  
                                                                                                                                                                                        Atribuido a Jean Oury.

Decía Bigas Luna que la presencia de plantas es síntoma de felicidad.

La parra es una excelente promotora de sutiles satisfacciones y de bonanzas recurrentes: los pasos de la luz entre las hojas, la marcha de pámpanos y zarcillos vistos desde una posición privilegiada bajo el baldaquín verde, la evolución del envero de la uva o algunas tareas que la miman; es agradable la sensación de que ya no se parte de cero en la construcción vegetal, oculta, silente.

Las plantas tienen el mismo protocolo de crecimiento sobre y bajo tierra y puedo imaginar raíces en busca del cationes, pero atiendo esta vez a lo más evidente

Aún hay tiempo, pensaba días atrás, de podar la parra moscatel antes de que alcance la borrasca el territorio. Esta temporada va encaminada la tarea a mejorar la producción de uva más que a la generación de sombra. (El otoño pasado se han cosechado veinte kilos de uva)

No podía dejar de intentar, a su vez, reproducir esta semileñosa de muy buena clase.

En esencia la poda que se realiza en invierno a la vid busca quitar madera. Si se dejan muchas varas para producir hoja la planta emitirá menos flores y por tanto menos uva. Se pretende suprimir -periódica y selectivamente- una buena parte de la última vegetación, toda vez que cada individuo tiene ya un forma predeterminada. Más adelante se realiza un deshojado o poda en verde de la que, si fuera a realizarse, podré hablar en otro momento.

Intento apuntar aquí, después de algún tiempo alejado de la gacetilla, algunas descripciones y anotaciones sobre un tema cuya verificación  y para diferentes entornos siempre estará condicionada por factores de fertilización, variedad, clima, suelo, etc, (Siempre depende), pero tb sorprendido por la magnitud de una nevada que ha bloqueado la vía de acceso a la aldea.

En efecto, los expertos dejan claro, por ejemplo, que el vigor vegetativo de la parra es inversamente proporcional al de la floración, de modo que la poda no es tema baladí. No es de ningún modo una planta silvestre y la intervención del hombre es imprescindible.

Observo cómo ha quedado el ramaje de la parra que da la bienvenida en el patio de casa -perdidas ya todas las hojas- y decido desde el suelo los primeros cortes. Arranco desde el fuste principal por cada ramificación dejando pulgares con dos yemas y alguna espada; voy valorando opciones y seleccionado las guías que van a llevar a la planta un poco más lejos. Se cortan sarmientos en paralelo o cruzados.

De derecha a izquierda: espada y pulgar. Dos pulgares resultantes del corte de ramas del año anterior.

Está contrastado que cuantas menos yemas se dejen en la rama que se va cortar más vigorosos se manifiestan los brotes en primavera, de ahí que sea habitual dejar no más de tres. Es fundamental proceder con cierto tino y partir con idea clara de que las flores nacen en brotes del año anterior. No salen de madera vieja.

 

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Los restos de poda más aparentes van destinados a la reproducción.

Procuro no cortar muchas ramas viejas, mas gruesas, a ras de las principales (poda ciega). Son ya elementos esenciales para la acumulación de reservas y juegan una función primordial en la aparición de las jóvenes.

Mi vocación parralera tiene algún tiempo. Alcanzo a conocer ya “las cuatro reglas” pero confundo términos y nomenclatura relacionada con el oficio y el cultivo, no acabo de hablar con propiedad su fisiología o de tareas culturales, pero con cada ciclo le saco más provecho, sobre todo en lo que se refiere a la cosecha.

Cada pie es distinto al siguiente en la viña o el parrón y, si bien sólo los expertos podadores abordan el trabajo de manera rápida y bien encaminada, ya voy realizando ésta y tareas similares con discernimiento.

De forma que llaman los entendidos oreja o espada a segmentos vegetales, ramas que pasan de seis brotes, y vara a otros, si aquellas se mantienen en toda su longitud, acaso despuntada.

                                                                 Fisiología de la vid. Fuente: Cajamar

Suelen aparecer más racimos cerca del tronco principal. Es aconsejable en consecuencia buscar el equilibrio entre el puro ramaje y el fruto. Procuro que, a la postre, haya un reparto proporcional de racimos por toda la planta.

Algunas cosas van quedando claras: los desequilibrios inhiben el rendimiento. En efecto si algún año se descuida está tarea, la parra emite fronda con brotes muy largos, pero no dan fruto.

Otro comportamiento, bien descrito ya, de vitis vinifera implica que los brotes son más vigorosos si crecen en vertical y es mayor la producción de flor en aquellos que crecen más inclinados. Es éste un fenómeno que se acentúa cuanto más se acercan las ramas a la horizontalidad. La savia tiene más dificultad para circular cuando la rama va mirando progresivamente hacia abajo, por lo que se genera menos hoja y mas fruto. No es por tanto casual que se hayan empleado tradicionalmente estructuras en parra, en cordones o en “T” para la producción de uva de mesa, intentando también la aireación, el alejamiento de la eventual humedad del suelo y la prevención  de enfermedades fúngicas.

Como para otros frutos la cantidad de racimos incide en el tamaño y hay técnicas bien documentadas para eliminar algunos pomos florales -si se muestra la planta muy cargada- en beneficio del calibre.

El viento no viene sólo: agua, tan necesaria, y un frente frío.En los primeros días de enero hasta donde alcanza la vista, al pie del Macizo Occidental de Gredos, el paisaje amanece cubierto por treinta y cinco cms de nieve.

La víspera he tenido tiempo de buscar acomodo para una veintena de sarmientos.

Llegado que sea el nevazo, cubre el silencio albar el primer renque que inaugura la viña. Sembrados han quedado unos pies de uva Moscatel roja y blanca, Arbilla y Corazón de cabrito. La huerta del Cañamar acogerá también la variedad del Cuerno rosada, Molinera y Corinto procedentes del proyecto de recuperación de variedades históricas que se viene realizando desde hace unos años en la localidad de Terque. Almería.

 

Son buenas las expectativas de que las las variedades puedan encontrar acomodo en un emplazamiento a mil metros de altitud, en la Iberia Continental, en otro suelo y con distintas condiciones climáticas; es conocida su proverbial adaptabilidad en toda la Cuenca Mediterránea. Pienso, incluso, que podrían variar para mejor en unos años algunas cualidades organolépticas de la uva, de su piel o pulpa y soy consciente de que se modificarán otros vectores como los tiempos de maduración o matices de color y estarán menos expuestas a ciertas enfermedades o fisiopatias derivadas de los vientos muy calientes.

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En este año del trasplante voy a respetar las dos ramas

Sobre la cuerda que me sirve de guía he trasplantado y tutorado esta planta de la imagen que permanecía en un gran contenedor produciendo fruta ya. El próximo año la poda tiene que promover la formación de una planta en doble cordón que se bifurque a la altura del pecho.

Subestimo en ocasiones las consecuencias de los fenómenos meteorológicos en el monte, en la huerta. No podré decir que no estaba al tanto. Había que buscar un hueco sin heladas -tres o cuatro días- para realizar estas tareas, pero el hortelano las más veces no saca el tajo adelante cuando quiere, sino cuando puede.

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En algunos hoyos aparece la roca madre a poco más de cuarenta cms. Los encharcamientos en el entorno cercano o la naturaleza de la vegetación espontánea dan indicio de la saturación del suelo. La textura franco limosa derivada de los aportes milenarios del aluvión en la vega y la variable superficialidad del granito van a condicionar los cultivos. No necesariamente para mal.

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Las encinas centenarias no se sorprenden.

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Otro es ya el panorama. En días sucesivos el hielo generado por la baja temperatura de la tierra marcará el ritmo. Confío en que estos meteoros no interfieran en el cierre de las heridas o en los resultados de la propagación.

Me quito las polainas y las botas. Sacudo el barro pegado a la rodilla y atizo la lumbre.

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CON LO QUE TENGAMOS POR AHÍ. Un bancal en ojo de cerradura.

Venimos observando con interés el trasiego de nociones y recursos, las idas y venidas de métodos, corrientes de pensamiento permacultural,  prácticas orgánicas, ecológicas, metodologías  arquitectónicas y artes constructivas que dan lugar a modelos de huertos o jardines adaptados a unas necesidades específicas y ligados, a su vez, a la disponibilidad de medios humanos y materiales,  a la situación social de sus usuarios; en estos términos las redes sociales son esenciales  para su  promoción o difusión, para su mejor valoración entre los ciudadanos cada día más interesados por los temas ecológicos de sostenibilidad o auto-consumo.

Estos días de cálido otoño he participado en la construcción de una estructura hortelana muy socorrida y popularizada en el África Subsahariana, en países y regiones con el tejido social muy degradado o afectados por enfermedades o hambrunas. Se trata del keyhole.

Conocen los lectores mi escasa predisposición a repetir argumentos, conceptos o modelos que ya explican otros con mayor detalle, cercanía y rigor, pero no voy a dejar pasar la oportunidad de hacer una propuesta concreta con cosas que había por ahí.

Los huertos en ojo de cerradura posiblemente ya fueran utilizados con distintas manifestaciones en el sur de Inglaterra mucho antes de que tomaran tanto predicamento o quizá en Centro Europa (y desde la EM quizá), para obtener verduras frescas al pie de las casas.

Hay por tanto versiones africanas muy destacables y con altísimo grado de eficiencia y permanencia en el tiempo, otras europeas y americanas…

Los fundamentos de su construcción y uso están ligados al aprovechamiento o al reciclaje -decimos hoy- de materiales de desecho o que están presentes de forma natural en el entorno: piedra, adobe, ladrillo tosco, madera, paja tierra vegetal, estiércol…

La ejecución es muy básica y cualquier persona o grupo interesado puede llevar a buen puerto el proyecto sin grandes derroches energéticos; está ideado para perdurar y no tiene apenas mantenimiento.

La estructura del suelo cultivable en este modo de cultivo de auto-consumo o familiar se conforma en el lugar, teniendo muy presente los fundamentos del compostaje. Se trata de que este huerto elevado se mantenga unos años sin apenas labranza, haciendo aportes periódicos de humus en la cesta central e insistiendo en las prácticas y siembras intensivas, en cultivos múltiples ( principalmente de hoja y raíz) adecuadamente asociados y de cosecha continua, en función de las necesidades diarias.

Pueden los lectores interesados aventurarse con plantas de portes altos, más  frondosos pero los huertos  en ojo de cerradura no están pensados para solanáceas o panizos. No obstante es  indudable su función complementaria para huertos pequeños y de mediano tamaño, escolares o con una finalidad netamente ornamental; el pequeño recinto de las hortalizas a la puerta de casa en grandes fincas donde la huerta queda lejos.

Con un trozo de malla gallinera o similar, con una “cesta”  fabricada con ramas o cañas se monta un cilindro entramado de poco más de un metro de alto y de diámetro variable (entre treinta y sesenta cms pongamos por caso) que va a retener la materia orgánica y el humus que alimentarán a las plantas.

Una circunferencia de metro y medio de radio trazada en el suelo con una estaca y una cuerda será la referencia para ir colocando los elementos constructivos que a modo de zócalo de no mas de cincuenta cms de alto, van a retener la tierra y los distintos materiales vegetales sobre los que se cultivarán las hortalizas.

Es sencillo y común, por ejemplo, situar piedras (colocadas con mortero o en seco) o troncos, piezas de bloques de cemento, celosía sobrantes de alguna obra como en el caso que nos ocupa, para dar forma al recinto practicando un pequeño mordisco, vaciando una porción de un imaginario queso, que facilita al hortelano el acceso a la columna central del humus para hacer nuevas incorporaciones. El terreno quedará, pues, en pendiente desde lo alto de la cesta equidistante al borde perimetral.

Las dimensiones permiten realizar las tareas culturales de desherbados, cosecha, etc, sin necesidad de pisar el bancal y a una altura muy cómoda, para llegar con la mano a las zonas mas alta.

He podido ver en alguna ocasión variantes adaptadas a personas de movilidad reducida o discapacitados, en entornos urbanos, realizadas con otros materiales más sofisticados y distintos acabados.

El rendimiento puede ser sorprendente y algunos promotores hablan de que puede producir verdura fresca durante gran parte del año a una familia practicando sucesiones sencillas.

Pongamos en la base ramas de mediano tamaño, restos gruesos de cultivos más leñosos, como maíz o girasol.

Utilizando una técnica tipo lasaña se van incorporando alternativamente y bien repartidas capas de materia vegetal verde y seca de no más de diez cms: paja, restos menudos de poda, madera podrida pero también humus o tierra vegetal, hasta colmar el recipiente.

Este perfil obtenido con los materiales más arriba citados permite, con la hidratación adecuada, un compostaje lento y a la postre obtener un reservorio que podrá poner a disposición de las raíces de las plantas suficientes nutrientes, durante años.

No es de menor importancia comentar que la estructura aireada y ligera, la adecuada textura que se genera con la degradación progresiva y el  acomodo continuo de la materia orgánica son muy pertinentes para el cultivo de hortalizas.

Estas humildes estructuras son muy eficientes  en entornos húmedos o de lluvias regulares para que las necesidades hídricas estén cubiertas sin necesidad de regar, regiones donde no es complicado acceder a las materias vegetales que interesan, con el fin de no tener que pagar por ellas. Aún así, nada impide complementar el conjunto o hacer una nueva adaptación con un sistema de riego con tuberías de exudación o similar.  No obstante también han tenido un rendimiento destacado en regiones áridas muy desfavorables para el cultivo,  situando los bancales elevados  en el entorno de las aldeas, junto a las casas donde se tiene acceso a los materiales que aportan fertilidad y al agua.

Los hortelanos también dan puntadas. La aguja ha sido preparada a tal efecto con un trozo de caña de bambú. 

Los sucesivos aportes de materia orgánica procedente, por ejemplo, de los residuos domésticos permite mantener, a mayores, la pila perfectamente alimentada, por descomposición y mineralización, primero, y lixiviación progresiva o filtración  de los minerales hacia los bordes. Puede corresponderse ¿porqué no? con el patrón de una pequeña granja de lombrices.

Es viable colocar una malla fina en la base de la estructura para impedir el paso de ratones de campo o topillos, pero no de la fauna menor más beneficiosa.

No es reglamentario pero conviene dotar al conjuro de un sistema o entramado de madera para sombrear o de una caperuza o tejadillo para el elemento  central construido con caña ramas, madera también u otros materiales que tengamos a mano. De este modo se puede paliar la  degradación prematura sin aprovechamiento  del núcleo nutricio por acción del sol o la lluvia. La pérdida de estos elementos constructivos  no es irreparable y puede ser incorporada a su vez la compostera o restaurados  Es notorio su efecto ornamental y para el caso que nos ha ocupado estos días se ha recurrido a unas cañas de bambú, entrelazadas con cuerdas y a una caperuza que puede concretarse en forma de pirámide o cúpula.

 

En las imágenes  pueden observarse el poste centrar (que no es imprescindible) sobre el que se han ido apoyando en forma de cubierta recíproca  las cañas que quedarán cubiertas por tela de saco, bien atada y cosida para que no se la lleve el viento.

Son numerosas las perspectivas que se pueden adoptar para los propósitos o motivaciones más dispares en estos asuntos relacionados con el acceso a verduras y hortalizas limpias y saludables o con  el auto-consumo.

Si de algo puede hablarse de forma certera y con prodigalidad en relación a estos temas, es de la multitud de métodos y procedimientos  populares que, con la ayuda de una tecnología que hoy llamaríamos de perfil bajo y el ingenio de las gentes,  de qué modo permiten obtener alimentos frescos y, tengo para mi,  desde el principio de los tiempos en que los hombres decidieron cultivar. No parece que vaya a tener fin.

 

 

 

 

Referencias:   Las imágenes fueron tomadas por el autor del post  en la finca de Helechos Leganés

La información sobre este tema es abundante pero me permito hacer referencia a estas dos direcciones para empezar el recorrido.

Keyhole-garden Niftyhomestead

Jardín keyhole

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PAISAJE.

Sólo tengo memoria del día  de hoy.

Foto: Sally Mann.

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LA PEREZA DEL COLOR

El color hace huerto. Y viene que ni pintado el asunto porque cuando el agronauta anda perrángano puede echar mano de la galería fotográfica y salir al paso con una entrada sobre la vida cotidiana de las plantas que nos comemos.

Apenas da el resuello para enderezar el espinazo y apreciar los matices que ofrece este entretiempo mesetario y periurbano.

…son ya versos sueltos entre las matas color tabaco, cenicientas. Unos pigmentos degeneran para dar relevancia a otros renovados. La menta rebrota bajo la mejorana segada.

Hay que alzar un poco más la mano en una planta aislada para alcanzar las gotas púrpuras de algunos tomates cereza.

Los montones de estiércol, secos superficialmente, albergan bajo la capa de paja morena los precursores y agregados nutricios que darán vida a las plantas del huerto de invierno. Va entrando el alimento en la tierra en sus diferentes presentaciones naturales, pero hay pocos cocineros. He puesto en marcha una granja mestiza de lombrices.

Gran parte de las pipas de girasol gallego van destinadas a conseguir germinados.


Va a ser al final del verano cuando los tomatillos con cáscara cuajen (physalis alkenkengi) y abran sus capas pringosas para mostrar un azul intenso entreverado, casi negro. Por ahora no hay manera de hincarles el diente por la carga más amarga que ácida. No, si buenos y nutritivos serán, pero me manejo mal con algunos sabores exóticos. Alcaloides y fisalinas no van a amargarme una ensalada.

Como siempre hay mucho interés por esta planta el motivo de su presencia en el huerto es recuperar semilla Par a realizar trueques.

Cautivan las piezas de berenjena estas semanas y esperan en la pequeña mata el momento de la cosecha final para levantar el cultivo; sobre la parva del acolchado visten hojas ocres las mamilas blancas de luz.

La melongena turca se exhibe impúdicamente al pie del camino; parecen tomates exóticos. Cabe recordar que durante mucho tiempo fue considerada una planta tóxica hasta que alguien decidió no comerla cruda. Tampoco las he probado.

Me dicen los que saben que estos malum deben ser cosechados un poco antes de que cojan ese color azafrán listado y por supuesto ser cocinadas con conocimiento de causa. Va siendo suficiente por ahora el aprovechamiento estético…


Las tareas del huerto tan prosaicas, tan banales a veces, tan sucias y arrastradas no están reñidas con las bellezas espontáneas o intencionada

Salud.

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UNA PUERTA PARA EL HORNO.

Muchas familias disponían de horno hasta mediados de siglo pasado en gran parte de las comarcas rurales de ésta “Hispania fecunda.”

Puedo hoy prestar atención a una construcción complementaria -como pajares, zaurdas, casillas, fraguas- erigida con elementos más sobrios y toscos que las casas.

La ruina vuelve a dejar el pensamiento en suspenso, intentando atajar los modos y maneras de manejarse, en tiempos, para cocer el cereal molido y fermentado en éstas instalación exentas las más veces pero tb integradas en las casas.

La fábrica y los materiales varían en función de las comarcas, los recursos de que se dispone o la tradición constructiva, pero es habitual emplear ladrillo, como en el caso que muestra la imagen inferior.

La intemperie deja a la vista las piezas toscas que en origen estuvieron cubiertas de una generosa capa de barro.

En los alrededores pueden apreciarse las mordidas realizadas para extraer la piedra con que se construyen hogares y casillas auxiliares.

En muchos casos no se prepara tiro o chimenea en la embocadura y el humo sale con facilidad por la tejavana.

Abandonado ya hace decenios, un amigo me sugiere la posibilidad de limpiar el recinto de zarzas y saúcos pero sobre todo preparar una nueva puerta con unas pocas tablas, no sé si puesta la intención en una improbable restauración.

La cubierta desapareció hace tiempo, seguramente expoliada tras el derrumbe.

No tiene mayor importancia la tarea. Tampoco es momento de realizar un estudio detallado de este tipo de instalaciones de utilidad múltiple (a juzgar por las piletas y pesebres colocados en el interior para alimentar a los animales) o consecutiva, pero es agradable poner la mirada sobre algunos detalles, en las técnicas y procedimientos de la arquitectura popular más humilde.

Las jambas, el cargadero y la pisa son elementos cardinales del hueco para acceder a la casilla que alberga el horno; pueden apreciarse unos trabajos paradigmáticos de maceta y cincel para encajar la puerta y poder cerrarla: rebajes, hendiduras, sisas…

Las piedras están aún suficientemenas y basta con medir para montar un bastidor y sobre él clavar la ripia que completa la puerta.

Quedó perforada en su momento la piedra donde va a entrar el eje en la parte superior y se colocó una pequeña pletina de hierro -rehundida y encastrada en la peana– donde pueda pivotar el estribo y realizarse el juego del elemento de madera principal.

La muesca, el arañazo en la pisa de granito -aquí más oscurecido por la humedad- facilita el montaje.

Con una pieza angular, como la que muestra la estampa superior y forjada por un herrero, hubiera sido suficiente para conseguir un giro suave, pero cumple ya su función en otro sitio y se ha sustituido por un tornillo grueso en el extremo sobre el que la puerta apoya en la base.

Hay que hacer alguna prueba antes de terminar.

Los refuerzos en la trasera no vienen mal.

Con el horno reduciendo la temperatura, acaso las mujeres echan unos dulces.

Salud.

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SAN MARZANO

“Plantar una semilla, verla crecer,cuidar la planta y después recoger los frutos era una satisfacción sencilla pero profunda. La sensación de ser custodio de aquella pequeña superficie de tierra tenía un cierto regusto de libertad.” N. Mandela

Son al menos cuatrocientos compuestos químicos los que conciernen al tomate. Ya sabemos que sólo tras ser cocinados podemos asimilar alguno de los más interesantes para nuestra alimentación. Entre los treinta y algunos mil registros de germoplasma de tomate que hay en el mundo podremos, con certeza, encontrar algunos grupos de genes que pudieran corresponder a variedades muy recomendables para guisar. Madrid no es la Agro-Nocerino Sarnese, pero es posible cultivar tomate San Marzano con buenos resultados.

Solo dispongo por el momento de un puñado de estos sobrios tomates, de modo que voy a probarlos en crudo; quizá lleguen para elaborar un salmorejo.

Ardoria, utilizando pimiento, o salmorejo es, era una comida de pobres a base de ajo, pan, aceite, vinagre, sal y agua fresca que admitió el tomate a posteriori, en la medida que las clases populares tenían acceso a la baya. El caso es que en mi humilde mesa la sopa fría se va quedando en tomate aliñado con buen aceite, sin pan, porque no es preciso engordar ni afinar la mezcolanza.

Es ésta que figura más abajo la ficha que he podido elaborar después de las búsquedas en la red y algunos manejos de la planta.

Nombre común: San Marzano

Origen: Italia. Laderas del Monte Vesubio (en las denominadas Viñas del San Marzano)

Lugar de cultivo: Sur de Madrid, a la intemperie

Tipo genético: Polinización cruzada. Variedad local.

Semilla: Cultivo orgánico. Cedida por Helechos.

Color: Rojo brillante.

Forma/ tamaño: Alargada con depresiones paralelas longitudinales, cilíndrica pero irregular, casi cuadrangular o piramidal. Longitud de 60 a 80 mm y en torno a 22 de diámetro La sección transversal puede aparecer, por tanto, en ángulo o más redondeada. Minina cicatriz peduncular. El ápice puede aparecer deprimido o en punta.

Interior: Se presenta al abrirse longitudinalmente con dos o tres lóculos que pueden aparecer vacíos y con paredes muy gruesas. El endocarpo del fruto ofrece casi todo el volumen aprovechable. Escasa presencia de semillas y haces vasculares en una placenta que queda reducida a una “raíz” engrosada. Apenas sin agua, el gel que envuelve las semillas es prácticamente testimonial. Carne firme y consistente. Esta cualidad permite elaborar estimables filetes.

Maduración. Escalonada e irregular. Los hombros del fruto permanecen verdes algún tiempo en periodo de pre-maduración. En el mismo grupo de frutos pueden aparecer piezas en distintos estadios de maduración.

Planta: La mata crece de forma más desordenada que los arbustos de otras variedades. A la intemperie alcanza más de 150 cms de altura por lo que precisa tutorado.

Tipo de hoja: Pequeña, de un verde moderado. Pinnada, es decir con foliolos anchos a lo largo del raquis o eje principal, recubiertas de vellosidades como es común en otras tantas variedades.

Crecimiento: Indeterminado. Variedad de ciclo medio-tardío caracterizado por plantas vigorosas. La planta no se ramifica en exceso. El tallo, en principio erecto, pronto comienza a generar grupos de entre cinco y doce bayas.

Rendimiento: Muy bueno

Fisiopatías/ enfermedades: Resistencia a las enfermedades, no se raja con facilidad, aunque como otras variedades de tipo local tiene baja tolerancia a las situaciones de estrés.

Características organolépticas. Sabor del buen chocolate dicen los expertos. Agridulce. Carne firme de un rojo intenso muy vistosa. Sabor ligeramente amargo en boca y de muy baja acidez. (En torno a 4.5) hasta el punto de que hay quien no incorpora sal en su preparación. Tiene una proporción mayor de azúcar que de ácido en comparación con la mayoría de los tomates, pero aun así mantiene, en general, una bajos niveles de azúcar y ácido. El sabor único del tomate San Marzano se ha atribuido tanto a las cualidades intrínsecas de la variedad como a las condiciones únicas de los entornos en los que se ha cultivado tradicionalmente, con largos veranos y suelos volcánicos.

Información complementaria. Su cultivo es más viables en climas cálidos. La baya se desprende con facilidad de modo que hay que proceder en la recolección de forma cuidadosa para no hacer caer los frutos inmaduros, pero también a la hora de manejar la planta. El tomate San Marzano es muy agradecido para pelar cuando está muy maduro lo que facilita en gran medida su procesado.

Referencias históricas y de cultivo. La Denominación de Origen Protegida solamente designa al tomate pelado para embotar y a los gruesos filetes de la piel. La planta crece de forma más desordenada que otros arbustos. Por esta razón, no se adapta bien a la recolección mecanizada moderna, de modo que San Marzano ha sido sustituido por variedades híbridas determinadas cuyos frutos se pueden recoger al mismo tiempo. Los tomates tienen una forma similar al original, pero son más cilíndricos y menos sabrosos. En la actualidad, como para otras variedades locales, es en el ámbito de la agricultura familiar y de auto-consumo donde se conserva el ecotipo tradicional.

Las tareas culturales contribuyen a obtener una producción de calidad. La planta debe crecer verticalmente sin muchas ramificaciones secundarias para su mejor manejo. La aparición de los frutos a cierta altura evita el contacto con el suelo y con el agua de riego. Por lo general se realizan podas encaminadas retirar los retoños laterales o axilares que no vayan destinados a una formación más plana de la planta.

Como para otras cosechas es la mano del hortelano, hábil y metódico, la que consigue frutos limpios y en su estado óptimo de maduración.

En su lugar de origen suelen utilizarse para tutorar alambres de hierro galvanizado paralelos al suelo, montados sobre postes de madera, normalmente de castaño. Por lo general, se disponen tres niveles de cables (a 50, 90 y 130 cm del suelo), mientras que los postes de madera se colocan cada 4-5 plantas, espaciados a 200-250 cm a lo largo de las filas

San Marzano es tomate para conserva y fue el procesado lo que disparó la industria italiana del ramo hace más de cien años. La razón es clara: al margen de cualidades como textura, sabor y una alta proporción de carne compacta, en relación con el jugo y la escasez de semillas y una piel fácil de quitar, el procesado es económico y cunde; la reducción del agua es más rápida. Es un tomate de notables cualidades para cocinar una vez pelado.

No obstante las variedades originales del San Marzano eran vulnerables a muchas enfermedades. En los años 70 del siglo pasado el virus del mosaico del pepino destruyó en toda la zona de Nápoles lo que quedaba de un frágil mercado. En la actualidad, los tomates mejorados que pudiéramos comprar enlatados provienen de variedades híbridas que son menos sabrosas pero si muy resistentes enfermedades comunes.

Valoración: Desde el punto de vista del aroma y sabor supone un verdadero hallazgo por la naturaleza neutra de la carne, sin rastro de flavor. Es siempre de agradecer la resistencia que ofrece al rajado y otras fisiopatías. Tomate de gran aprovechamiento e incuestionablemente adecuado para la conserva.

Créditos:

Página oficial San Marzano:ttp://www.colturaecultura.it/content/san-marzano Miguel Rosa Alta cocina italiana.

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EL ALFICOZ Y SU RABITO.

“Nuestros cuerpos son jardines/en los que hacen de jardineros nuestras voluntades”

                                                 Shakespeare 

Si me preguntan está noche cuál es mi palabra del castellano diría alficoz. Espero mantenerme firme para no divagar sobre Al-Andalus.

Ya que está suficientemente documentado su origen, distribución y características nutritivas  va de suyo abundar un poco en la voz, en la sonoridad de una palabra con que nos referimos a este melón alargado. (Cucumis melo flexuosus) y tampoco voy a privarme de hacer una coda gastronómica.

 Cohombro es el “sinónimo perfecto” y lo utilizamos para nombrar tanto al fruto que aparece en la foto superior, como a la planta que lo produce y tiene origen muy claro: Cucumis. Pero la voz hortense alficoz  parece un poco arábica, no?

Ya me dijeron en el cole que muchas voces que comienzan como ésta de que hablo proceden de la lengua árabe y  recuerdo que no es anecdótico ni  casual.

 Para estas vicisitudes e investigaciones están los diccionarios. De modo que transcribo literalmente la entrada de una enciclopedia digital que plantea una teoría romántica sobre el origen de alficoz. 

Dice el Diccionario de Autoridades, no obstante, que Alpicoz procede del  “dialecto de La Mancha” y que pasó a Valencia y Murcia  por simple vecindad.

alficoz: (Del ár. al-faqqus, especie de melón.)(¿del sup. ár. and. «alfiqqús», del arameo rabínico «pikkūsā», acción de preparar el cohombro para su consumo?) m. *Cohombro (planta cucurbitácea y su fruto).

alficoz. (Del ár. hisp. *alfiqqús, y este del arameo rabínico pikkūsā, acción de quitar el rabillo al cohombro para consumirlo). 


Vamos a quitarle el rabito al fruto, pues; quizá no debiera pelarlo. 

Ya que no es en absoluto dulce, (pero nunca amarga) cambio de dirección y sin pudor alguno preparo una sopa fría donde el protagonista puede llegar a perder plano en favor de la menta, de tanto valor condimentario. 

Un alficoz de pequeño tamaño, ajo, aceite, sal rosa, vinagre, con dos yogures griegos -para darle cuerpo y contribuir  a mejorar su textura –  más dos hojas de la  verde aromática son suficientes.

Salud.


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DESPUES DE TANTO TENDEDERO PARA TAN POCO TOMATE.

Una economista agrícola del oeste de Stavropol que proseguía sus estudios en la Universidad Humboldt de Berlín (el dinero para vivir lo ganaba en un establecimiento de Wedding), insistía en que el amor como objeto de trabajo para las personas civilizadas tiene su sede no en el interior del individuo, sino en que es la red que surge espontáneamente entre las personas que mantienen entre sí una relación amorosa. Dicha red es siempre más rica que las intenciones de las dos personas que deciden quererse […] Hasta la mirada casual de un transeúnte pude aportar algo, y todas esas cosas el otro no tiene por qué compartirlas ni saberlas” 

                Alexander Kluge. El hueco que deja el Diablo.


Del mucho hacer a no hacer nada no hay más que todo un corpus de modelos agronómicos, con sus seguidores, dispuestos -en más ocasiones de las que serían deseables- a no ceder ni un ápice en ideario, normativas o postulados.

Si bien la ciencia hortelana tiene una faceta que entrampa los sentidos -y por tanto el gozo-  no es menos estrecha su vinculación al pensamiento, hasta  el punto de otorgar, en espacios relativamente pequeños, con tareas amables,  suficientes satisfacciones de orden intelectual,  pero también sensaciones muy cercanas a la serenidad.

Y aunque no siempre es la laboriosidad desatada lo que más nos convenga, la imaginación excita ciertas tareas y se les va dando suelta si las deidades familiares y del agro así lo dispusieran

Cuando el huerto es pequeño también se puede profundizar en el aprendizaje  de algunas tareas culturales que no perjudican a las hortalizas, pero muy al contrario permiten corregir el rendimiento, la salud, el aspecto final de los frutos. Por ejemplo, tutorar.

Entiendo que son los cultivos de verano los más  necesitados de estas instalaciones temporales. 

Voy levantando semana a semana unas estructuras un poco más elaboradas para las tomateras.
Si las  solanáceas no están bien ancladas por el sistema radicular, el  viento, los aguaceros y chaparrones que nos agitan algunos días pueden tumbar todo el huerto en un rato.
He probado distintos apaños a lo largo del tiempo -con la connivencia explícita y anónima de muchos huerteros- para afianzar y mantener erguidas las plantas del tomate  y hasta ahora han sido éstas las que de forma habitual terminaban, con agua, sol y buenos alimentos, campando a sus anchas, enmarañadas.

Los procedimientos  tradicionales de tutorado empleando cañas, estacas, cuerdas, tablas, (más recientemente las mallas agrícolas) o el simple caballón alzado, me vienen pareciendo precarios en según qué modelos de cultivo o variedad; quizá no llego a conocer bien aún el empleo de cada técnica.

Trípode de bambú para cultivar pepinos en vertical con un tirante para aguantar la tensión del cable. Foto: huerta agroecologica en Leganés (España)

Con menos terreno cultivable puedo dedicar también más tiempo a cada planta, individualizarla, observar  sus querencias y, si fuera preciso, hacerle  un soporte a medida.

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 Mucho tutor ahora para tan poca mata, esta temporada

Podemos hacer referencia a algunos modelos básicos.

Como por ejemplo un canónico entramado en forma de caballete  más o menos alzado a base de cañas, varas o ramas, varillas de hierro forrado con tubo corrugado o de bambú…

Se ven en vivo y en las redes sociales, trípodes a modo de tipi indio para plantas aisladas, o estructuras metálicas estables, complementadas con tutores en espiral de acero galvanizado que abrazan los tallos principales;  estructuras con mallas de hierro o varas de fibra de vidrio.

Tutorado tradicional del judion con tres palos en la Comarca de Barco de Ávila.  Foto: cortesía Sergio.

Se utilizan en túneles y viveros macarrones elásticos  que parten desde el pié de la planta y que el hortelano va enrollando alrededor del tallo principal y tensando hasta un soporte superior, corrido, por encima de la fila de plantas, de alambre o similar. Pero también  se emplean en campo abierto, estructuras metálicas o bastidores de madera donde atar  el extremo superior del cabo o rafia. No es fácil encontrar en la ciudad cuerda de pita con que suelo hacer las ataduras de forma preferente;  es orgánica, se degrada con facilidad y el nudo se aprieta cuando se moja. Estas técnicas van bien cuando la planta tras decir la poda crece con una sola rama principal. (En general con menos rendimiento.) Para variedades y prácticas con más ramificaciones la tarea se complica.

Pueden emplearse, a falta de materiales rígidos y alargados,  postes anchos bien clavados en el suelo con tensores en ambos extremos de las filas de tomate para tender cuerdas, pasándolas a ambos lados de las plantas y a distintos niveles. El manejo del tutorado con cuerdas es rápido y barato, se trabaja menos, pero tengo la certeza de que la planta si persiste  en su tendencia a acodarse y a bailotear con intemperie, en su querencia  a asilvestrarse, no va a resultar  fácil hacerse con ellas

Y palets o jaulas metálicas redondas o cuadrangulares que se pueden adquirir en centros especializados.

Pero una planta puede colgar, así mismo, de un contenedor,un cubo,  macetón  etc, accesible y que sustente todo.

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Hay otros elementos sustentantes especialmente acertados desde el punto de vista estético, como éste de Bengt Andren

Cualquier soporte es válido, efectivamente, si cumple su función  esencial: aislar de forma estable la planta del suelo, sujetar el peso del follaje y de los frutos a lo largo de todos los estadios del crecimiento, hacer más cómoda la recolección y facilitar  el acceso diáfano a las bayas, pero también la observación de los mismos o la realización de las distintas tareas de limpieza y eliminación de hojas secas.

Cuando se clavan las cañas en la tierra al pie de cada planta y se atan en la parte superior formando esa galería piramidal tan popular, limito en buena medida el acceso  visual o manual, más aún  cuando el marco de plantación es un poco apretado. Creo que se está contraviniendo la tendencia  natural de la mata -incluso a ras de tierra- a extenderse, a abrirse buscando la luz, al menos por lo que se refiere a solanáceas.

De modo que la estructura convencional para sujetar una serie de plantas vigorosas va implicar, al menos ésta temporada, algo más elaborado que un simple poste, cabo, o guía  y  – sin tener en cuenta las determinaciones intensivas y comerciales- el empleo de un sistema alternativo múltiple, basado en un ingenio mas cerrado al pie y en la posibilidad de abrirse a la par que  las ramas en forma de embudo, copa o sus variantes.

Partiendo de esa estructura básica en forma de “uve” para plantas de pequeño porte o determinado, pueden plantearse otras alternativas o variantes válidas incluso para pimientos y berenjenas que cargan frutos pesados e ir ganando en altura y resistencia en función del crecimiento de las matas.

La opción de un un agronauta en la red

Tiendo a un sistema que me permita incorporar elementos a medida  que van apareciendo los pomos florales.   Es muy fácil, luego, llevar las bayas a descansar sobre un peldaño o soporte horizontal.

Es habitual que algunas variedades superen por arriba el nivel  de cañas  u otros elementos  sustentantes establecidos y  -si no se despuntan las ramas- caigan en cascada cubriendo las partes bajas dando sombra o limitando la aireación.

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Esta planta de tomate chocolito va a necesitar varias ampliaciones del trípode.

Al comenzar  los cultivos de verano no pueden faltar tutores  y ya desde principios de primavera voy inventariando el material disponible o reponiendo, si fuera preciso, el más deteriorado. Las cañas, si se cortan en febrero y se guardan bajo techo en invierno, pueden durar varias temporadas.

Para el huerto de verano estoy preparando una estructura  básica cruzando elementos de los materiales  más diversos  a un metro de altura; tubos clavados al pie de cada una de las dos líneas de plantas, cruzados en forma de tijera y atados  para ir situando otros soportes verticales u horizontales según sean las necesidades.
 Un tendedero de tomates con diversos elementos que me permite atar de forma minuciosa casi cada rama y  abrir la planta a la circulación del aire  o el flujo de aromas de otras auxiliares y la incudencia del sol. 

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De forma habitual voy retirando hojas secas o muy deterioradas y cuando el tallo principal es suficientemente robusto, es posible recuperar las cañas más bajas que quizás sujetaran el primer nivel de tomates, para reutilizarlas mas arriba.

Para otras manos de tomate he colocado golpes sucesivos  de tres cañas perpendiculares al suelo, con una estructura  zigzagueante y adaptada a un tipo de planta concreto. Sólo cabe ir añadiendo peldaños cada semana.

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Nuevos soportes verticales pueden rectificar la altura.

Las ramas no van a salir fácilmente de estas estructura, ni  se  van a tronchar con facilidad por su longitud, el peso de los frutos o por el azote de los meteoros.

Algunos hortelanos especializados que disponen del terreno suficiente,  miman sus plantas o quieren evitar rigurosamente la hibridación, insisten en sembrar cada planta de tomate a la distancia que pueda marcar un adulto con los brazos extendidos hacia todos los puntos cardinales.  Valen en estos casos estructuras de madera bien armada.

Foto: Dean Slater. EEUU.

Sabemos que la voz “cultura” tiene la misma raíz que “cultivo”. Y cultivar supone trasformar un espacio físico, realizar una serie de labores de muy diversa índole relacionadas con las plantas, los insumos y algunos materiales complementarios; es trasformar con ritmo una realidad por otra, al mismo tiempo que toma sentido el tiempo que se le dedica. Cultivar no sustituye a nada. Nunca se puede olvidar al hortelano.

Es estimulante montar soportes al ritmo lento de las plantas. Una navaja y una bobina de cuerda en el bolsillo son suficientes esta tarde.

Salud.

 

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BREVES EPISODIOS DE SOL Y SOMBRA.

El huerto hay que madrugarlo cuando se alcanza este largo verano de Castilla, cada año más largo. Poco se puede hacer con treinta y cinco grados al medio día salvo dejar que las plantas se manejen con la intemperie que les ha tocado en suerte.

Algunos vecinos y compañeros de lances hortelanos utilizan redes o tramas para controlar el exceso de sol y las altas temperaturas.  No es nuevo, claro.  Tengo para mi que tendremos que ir incorporando esta técnica para mejorar el rendimiento de las plantas y moderar las secuelas de tantas horas de estrés térmico. Filtrar la luz quemante  durante las horas centrales del día permite mantener algunas horas más la humedad en la tierra, evita la perdida de frutos por quemaduras, mejora las condiciones de trabajo del hortelano. El coste vinculado a huertos familiares o de autoconsumo, para colocarlo sobre determinados cultivos más sensibles, no debería ser un inconveniente. Guardo desde hace tiempo una red apatente de al menos cuarenta m cuadrados y los vientos, tirantes y soportes tampoco van a ser un problema.

No son, me temo, las técnicas más habituales o normalizadas para una horticultura natural,  pero tampoco han sido documentadas hasta ahora estas sacudidas inesperadas del calor.

Viene a cuento esta digresión porque pongo al resguardo del sombrajo limítrofe una planta de cuca melón en la idea de que no es una cucurbitácea adaptada al pleno sol de Madrid; no conozco en absoluto su cultivo, ni su comportamiento pero la delicadeza de tallos y unas hojas livianas me vienen advirtiendo que va a ser complicado que pase el corte de esta primera ola de calor.  Unos finísimos y escrutadores zarcillos abrazan a ojos vista el alambre para trepar.

Resulta amable dedicarle ratos a esta cucurbitacea, menor por ese aspecto tan vulnerable; me he permitido el dispendio de sembrarla con un cubo de tierra vegetal para colaborar un tanto con  su alimentación y la retención del agua.  Quizá deje de ser esta temporada  Melothria Scabra  una planta singular.

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Las plantas de tomate parecen apocadas y enfermas en comparación con las vigorosas y verdesísimas variedades híbridas de mis vecinos.  Pero a este lado de la verja van apareciendo los pomos florales normalmente;  son ejemplares  de follaje parco, limpio y  cargan ya las más precoces algún ramo de tomatillos ovalados.
Aquellas carecen, hasta donde he podido observar,  de los tricomas característicos de tallos y hojas  de estas plantas de polinización abierta, más rústicas.

Las plantas de berenjena de la mayoría de mis vecinos triplican el tamaño de las que vegetan de mi mano.

El tutorado proyectado esta temporada requiere más tiempo y materiales, pero  las tareas no son en absoluto ingratas y me permiten  merodear en el entorno de los bancales de solanaceas, para zarandear de forma también más metódica las plantas en las que van cuajando los primeros niveles de flores o quitar los brotes, tirar de alguna hierba pajarera o retirar alguna hoja seca.

Es otra forma de contar, otra cultura agronómica.

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El lindero natural, improvisado con girasoles gallegos de pipa negra y maíz, con aguaturma a la cabeza, va tomando forma pero me temo que en poco tiempo, cuando las piñas y mazorcas  se desarrollen, acabará invadiendo el espacio de mis vecinos.  Espero no dar mal ejemplo de correlindes porque esta intervención efímera está pactada y hay correspondencia en la buena vecindad.

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Eltomatillo negro es una planta agradecida, apunta ya maneras un poco alocadas y excéntricas; esperamos su pudorosa fructificación.

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Tras dos buenas pasadas de recolección de arvejas hay que ir cortando las matas secas. Las vainas que han quedado  son rescatadas para  obtener simiente después de que acaben de secarse en el pasillo.  No he arrancado la raíz pensando en la incierta marcha de los hongos inoculados este tiempo atrás.

Ya he probado la tortilla de guisantes que me recomendara mi buen vecino virtual de Viña Lagar y han quedado unos puñados aún para trabar un estimable paté de guisantes eludiendo el tahine en beneficio de un aguacate maduro.  Vamos aliñando todo con aceite, ajo y una lima par ir untando el pan y pringarse hasta la muñeca.

Salud.

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