El viejo zacho.

He recuperado un almocafre que encontré hace unas semanas cuando colocaba un poco la herramienta, los pertrechos propios y heredados o encontrados en el antiguo vertedero.

Tiene esta herramienta de mano alguna “cicatriz” pero el mango de un limatón en
desuso y unos ajustes sobre el torno para enderezar la hoja, son suficientes
para ponerla de nuevo a disposición del agronauta.

Zacho con mango de una lima

Si bien empleo la azada aún de forma esporádica para dar tierra a puerros, partir un caballón y perfilar bancales, en El prado de la isla las herramientas grandes para cavar o levantar suelo, empiezan a estar proscritas. No entiendo ya la idea del trabajo duro y esforzado en los huertos de autoconsumo o familiares cuando ya llevan algún tiempo en marcha, formados sobre bancales de suelo agregado, suelto y fecundo.

Para mejorar las competencias hortícolas ando buscando métodos y procedimientos, tareas culturales vinculadas a cultivos concretos, herramientas inusitadas que vayan encaminadas -al menos en una primera instancia- a disminuir el impacto del trabajo sobre el cuerpo. Es sceptable manejar una buena pala que no ceda o se doble con el uso exigente, pero también he apañado algún pequeño rastrillo estrecho para escarbar entre líneas, soldando y dando forma a unas varillas de acero.


Estoy obligado reconocer y aplicar operaciones mas aeróbicas y, por supuesto, a evitar que se instale el desánimo o que el trabajo se resuelva de manera ineludible como dolor. En esta dinámica permanente es fundamental la adaptación y elección de las herramientas.

Es posible que no haya herramienta mas apropiada para la labranza manual que una horca, si el suelo está preparado pero, del mismo modo, se trabaja bien con la pala recta o la laya. Es muy popular ya -y se ha conseguido un apreciable nivel de sofisticación- la orca de mango doble o grellinete, al menos en otros países como Francia y el mundo anglosajón.

Las azadillas de hechuras más rectas y ángulo más abierto pesan más que el almocafre y se embazan con facilidad si el terreno está un poco húmedo. A veces el pequeño astil es muy grueso.

Para el caso que me ocupa doy cierta relevancia al ángulo que se establece entre la lámina triangular y el mango. En efecto, puede parecer a algunos usuarios un poco cerrado e incómodo porque obligaría a bajar un poco más la mano, a trabajar más agachado
o rodilla

Para el caso que me ocupa doy cierta relevancia al ángulo que se establece entre la lámina triangular y el mango. En efecto, puede parecer a algunos usuarios un poco cerrado e incómodo porque obligaría a bajar un poco más la mano, a trabajar más agachado
o rodilla en tierra.
Visto lo visto, el zacho es una herramienta ligera y versátil -de precisión añadiría- muy adecuada para tareas como siembras de pulsos o granos, permite buscar en niveles bajos y sacar la tierra húmeda sobre la que depositar las semillas, realizar trasplantes. El diseño del regate de la varilla que une hoja y mango no es caprichoso. Una muestra soberbia de tecnología popular.

Pulsos de garbanzo “gitano” pacense.

El garabato, voz con la que nombran en otras regiones a este útil es, a todas luces, adecuado para formar regolitas en torno a un plantón en tanto recibe el primer riego de asentamiento, permite realizar binas minuciosas o afinar y raspar los sellados duros, las costras que se forman en tierras poco agregadas, después de la lluvia y la acción del sol o por riegos a manta continuados.

Un aspecto que me parece especialmente facilitador tiene que ver con el uso y
mantenimiento de la herramienta. Quienes utilizamos herramientas de
horticultura o jardinería sabemos que la
integridad estructural de estas, con mango de madera, requieren ajustes cuando no se usan en un tiempo. La madera se seca y hay que hidratar el extremo del mango o meter cuñas para poder ajustar la hoja de
hierro. En no pocas ocasiones abordamos las tareas de mala manera, con la hoja bailando sobre el mango.

Con la pequeña empuñadura del almocafre clavada no es tan frecuente esta
eventualidad y basta un ligero golpe para
encajar la empuñadura.

El herrero-carretero ha sido en toda la España rural durante siglos una institución, un oficio que puede tener origen -como algunos otros relacionados con el campo- en la Edad de Hierro. Es
indiscutible la herencia latina, para la Península, de buena parte de las
herramientas del agro que conocemos hoy, reconociendo sin dudar el origen
musulmán de una ingente cantidad de vocablos y pir tanto de los aperos que nombran, relacionados con este mismo universo.

Pero no seré yo quien exponga ni desarrolle un capítulo de la historia campesina, de la jardinería y de los aperos, si hay quien lo hace de forma
rigurosa, breve, generosa y mostrando una afección envidiable.

Me gusta imaginar al dueño de la azadilla en tiempos y los escarceos del herrero
con el metal en una fragua de altos paredones y tejavana. Me gusta ver el
momento en que quedó orillada junto a un trillo, unos changarros rotos, el
ripio de cardar lino o unas viejas cajas de fruta, para que en decenios nadie volviera a utilizarla. Solo pensar en ello tiene recompensa.

Créditos:
:

Pdf.
“EL ORIGEN LATINO DE LAS HERRAMIENTAS DE LABOR Y DE CORTE” de Luciano Labajos Sánchez. En la orbita del Jardin botánico
DE CORTE” de Luciano Labajos Sánchez. En la orbita del Jardin botánico

de Madrid.

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