ESTRATEGIAS Y MERODEOS INVERNALES.

Un equivalente natural del crecimiento periódico de la densidad del tiempo vivido puede encontrarse en esos días en que se alternan sol y lluvia, en primavera o a principios del verano, cuando las plantas crecen, de manera casi visible, varios milímetros, centímetros al día. Esas horas de crecimiento y acumulación inconmensurable respecto a la horas de invierno, en que la semilla yace inerte en la tierra.” 

J. Berger

Aun bien hecha, la horticultura no deja de ser una actividad incierta. Tiene más preguntas que respuestas. Una forma sencilla de sustanciar dudas o curiosidades es detenerse a observar o encontrar analogías y yuxtaposiciones.

La huerta es un paisaje emocional siempre contradictorio, entre la inutilidad o la desesperanza y el gozo de la pura observación  o entre el  dolor y la ilusión más serena por los alimentos obtenidos.

Sabemos algunas cosas de las plantas, pero la naturaleza es medianamente previsible y pueden desencadenarse todo tipo de sucesos adversos para la consecución de buenas cosechas; ayudamos a unas pocas para alimentarnos y/o por el placer de su sanadora compañía.

Cuando se cultiva son siempre necesarias adaptaciones y renovaciones del criterio. Gran parte del trabajo en la huerta tiene que ver con la previsión, para ser más preciso con  la anticipación. Son necesarias tareas precisas más allá de la simple sucesión de labrar y sembrar y actuaciones que van a ser esenciales para llegar a buen fin.  Y eso para cada uno de los “palos” hortelanos. Por eso, iniciado el invierno, es tan determinante lo que se hizo en otoño.

En este orden de tareas culturales no puede olvidarse, por ejemplo, la dinámica de los suelos que condiciona buena parte de los procesos agrícolas. Conviene continuar con algunas tareas de incorporación de materia orgánica, estiércoles, pero también es momento de dejar la tierra en paz. A mil m de altitud las temperaturas invernales bajan de cero de forma recurrente. Los primeros cms del suelo se congelan durante muchas semanas.

Algunos hongos que se desarrollan en los niveles más superficiales dejaron esporas que se activarán en primavera por todo el terreno; otros operan en la paja aún.

Gran parte de las plantas que pueden verse en la imagen insertada más abajo (hierbas, arbustos, árboles) son capaces de resistir la congelación; el sistema radicular que han ido desarrollando establece una serie de estrategias para protegerse. Las raíces de las plantas acumulan agua muy rica en azúcares y sales minerales en y entre las células, lo que permite que suba el punto de congelación;  pueden, del mismo modo, liberar agua en el entorno más cercano de la rizosfera, mejorando la respuesta al frío.

Algunos protozoos sobreviven a las bajas temperaturas formando una capa gruesa y resistente en torno a sí mismos. Es un tipo de enquistado que puede compararse a la hibernación; una maniobra muy eficaz cuando no hay agua presente o se congela.

Conocemos, cada día mejor, el papel de los microorganismos en la descomposición de la materia orgánica. En cuanto las condiciones físicas y de temperatura cambian recuperan su actividad primordial que va encaminada a consumir la energía que contiene aquella para poder ponerla, transformada y asimilable, a disposición de las plantas.

Nueve grados bajo cero en vísperas de la noche de Reyes. Aun con sol predominante el termómetro no marca positivo en todo el día. 

El Sistema Central ha retenido una severa tormenta de nieve que ha afectado a gran parte de La Península. Poca nieve presente en los campos pero la tierra es pura roca y se pueden suceder  heladas negras.

Sé dónde estoy. Bajo mis botas la vida se demora, permanece latente, cambia de ritmo, cede. Disfruto con la huerta en invierno. Aprecio esa engañosa inactividad.

Se suceden las noches para tomar notas y apuntar pequeños proyectos o hacer capturas en la red.  Hay tiempo para esbozar detalles ornamentales, constructivos, para enfocar una sutil arquitectura efímera, u observar las correrías del agua.

Me había planteado hacer rótulos o etiquetas perdurables, para poner al píe de cada árbol o arbusto.  Basta con el nombre común, científico y fecha de plantación. Los soportes pueden variar: losas de pizarra, retales de madera de teka pirograbada, pletinas de aluminio impresas … La memoria es voluble y limitada. Cierta propensión hacia el arboreto íntimo me lleva por ahora al inventario, a mapear el escenario de y representar cada pie en el punto exacto y archivar imágenes digitalmente, junto con la flora autóctona. El procedimiento por el momento me va a permitir actualizar la información con las marras, trasplantes o las incorporaciones, en el tiempo.

Voy a modificar ciertos hábitos de consumo energético. Viene de camino una placa solar con otros componentes, para arrinconar el farragoso, indiscreto y contaminante motor de explosión y así incorporar algunos servicios básicos: luz y energía para la pequeña herramienta de mano, programadores.

Va a ser necesario completar fases de cierre en la valla perimetral.

Si van a entrar gallinas a finales del invierno en la huerta es más que necesario garantizar el bienestar de las ponedoras, establecer protecciones preventivas,  rigurosas.  Los zorros van a merodear tenaces para buscar su sustento.  Sin compasión y con un insignificante descuido una garduña o un zorro, en una noche atroz, pueden acaban con todas las aves. 

Hay que dar continuidad al diseño de riego o a la planificación de los espacios destinados a las hortícolas, sus asociaciones, rotaciones y sucesiones.  Lectura del terreno, manchas de color, niveles vegetales y profundidad del suelo, estimaciones de tamaños a medio plazo, el juego de las sombras…, pero dando siempre opciones a la improvisación. Se van  definiendo áreas de cultivos permanentes o de semileñosos como el boj o los frutos del bosque, vid en cordón doble y parras,  borduras diversas pero -por supuesto- también dejar hacer al lugar…

El Prado de La Isla se integra en un entorno antropizado, aunque difuso en la actualidad por el éxodo proverbial de las tierras de Castilla, desde mitad del siglo pasado. Es palpable la diversidad botánica y de vida silvestre en general con algunos desequilibrios apreciables.

Los árboles frutales plantados hace más de medio año están sanos, arraigados y queda por delante, en dos o tres años, una estimulante tarea de poda y maniobras de formación específica para especie o grupo

Empiezo estos días a pensar en algunas adquisiciones, en los trueques de semillas, en la reposición de árboles y arbustos.

Fracasó de nuevo  la plantación de avellanos por la falta de humedad ambiente quizá, pero tengo preparados dos pies más pequeños que en otras ocasiones, para intentar que se adapten las plantas al lugar, procurando establecer sombreos y mejorando la capacidad de retención de agua y la estructura del suelo. En este sentido he podido hacerme con un pequeño ejemplar de haya de dos savias, siendo consciente de que estoy jugando con el límite meridional de la presencia de la fagaceae en La Península. He leído que sus hojas tiernas son comestibles y no descarto incorporarlas en unos años -si tengo tino en su localización y tienen recompensa los cuidados que le preste- a las ensaladas primaverales. Dos pinos piñoneros, un pié de arándano rojo grande (vaccinium macrocarpon) que tiene una moderada resistencia al frío, un nogal, dos castaños obtenidos de frutos procecentes de la comarca de La Vera, son algunas de las especies que van a formar parte de las especies de gran porte en el bosque comestible.

Una docena de arbustos de goji.

El hielo me obliga a respetar el estado de buena parte la huerta. No labranza, ninguna intervención o volteo.

Las adventicias con raíces pivotantes profundas ya hacen su labor. Muestran un estado vigoroso, dentro de la contención a la que se ven sometidas por las bajas temperaturas.

El suelo no debe estar nunca desnudo, expuesto a la intemperie. Cualquier cobertura verde, viva o seca cumple una función determinante para mitigar la meteorización o la escorrentía gratuitas. En horticultura el menestral formado y con criterio, debe imitar hasta donde sea capaz a la naturaleza, ser parte de las sinergias que dirigen el crecimiento saludable de las plantas.

Cubro los bancales que tracé en la primavera pasada con estiércol flojo de caballo, hecho viruta o con paja, hojas, restos de crucíferas…

Nardus stricta

Aprovecho las horas de sol  para sacar algunos cervunos (narus stricta) que se resistieron al cultivador el año pasado.

Ofrece la huerta en algunos rincones un aspecto de media montaña respecto de la vegetación predominante, musgos y líquenes, incluidos.

Voy haciendo acopio de todo tipo de restos de poda, hojarasca, plantas secas de solanaceas y otras hortícolas, auxiliares anuales con vistas a la quema -casi ritual- en febrero.

Urge desmontar ya los castillos de bambú empleados para tutorar el tomate. Aún quedan por el suelo algunos tramos de tubería de exudación y toda la red secundaria de riego, que habrá que modificar.

Los frutales muestran un aspecto extraordinario en su joven desnudez y voy pensando ya en las intervenciones que van a requerir las distintas especies y variedades, para conseguir estructuras que contribuyan a obtener buenos rendimientos, longevidad y permitan la estabilidad de los ejemplares frente a la intemperie. La formación de los frutales tradicional, en copa, puede ir admitiendo modificaciones atendiendo, por ejemplo, a la bifurcación más baja de las ramas principales y a la utilización de soportes y estructuras metálicas o de madera para establecer palmetas o vasos que hagan más accesibles los frutos al agronauta y permitan la simplificación de tareas. No parece que haya que seguir alejando en altura la fruta de los notorios escamoteadores, como en otros tiempos

No es momento para podar aún. Tendrá que esperar a que las temperaturas sean más propicias.

Convendría ir colocando la tanda de bulbos de primavera (una tarea de otoño normalmente) y otras plantas plurianuales que cada año voy introduciendo. A media tarde, frente a la caseta de aperos puedo rellenar un tramo de arriate con buen sustrato y entierro tres veces su tamaño bulbos de tulipanes, jacintos, ranúnculos, crocus –todas melíferas- algunas cebollas de primavera, para terminar cubriendo todo con estiércol de caballo.

La regadera carga unos cms de  hielo. Una mano de crucíferas han llegado a duras penas al estadio apropiado para cosechar. El hielo ha quemado los brócolis. Si se pierde algún pié lo dejo sobre el bancal entre hojas de roble y hierbas en ciernes. 

En ocasiones consigo alguna partida de paja, paquetes que se deshacen o se mojan y cogen hongos, se guardan peor y los desechan los ganaderos; un pienso que no quieren las vacas.

Las empacadoras comprimen la paja y toman un cuerpo laminar. Es muy interesante deshacer en pliegos de entre seis y ocho cms de grueso estas alpacas, a modo de losas orgánicas, y utilizarlas para cubrir los bancales en los que proliferan ya las  hierbas.

La intemperie y los organismos nativos irán propiciando la integración en el suelo de todos los materiales secos ricos en carbono y otros elementos para contribuir en la formación de grumos, agregados más estables y biopeliculas. Siempre mejor que labrar, por ahora.

Paja sobre los bancales helados.

Es sobradamente conocido el rendimiento de la paja para retener la brotación y desarrollo de adventicias que, junto con otros subproductos vegetales, como los fragmentos de madera o la viruta que se genera con las podas forestales, pueden funcionar como eficaces reguladores térmicos también en invierno. He visto lombrices en un nivel relativamente superficial, cuando en estos meses pueden llegar a bajar metros. En profundidad -donde encuentran el terreno más templado- las lombrices se agrupan en bolas (lo habitual es encontrarlas en solitario) que recubren de baba y pueden pasar la estación en mejores condiciones. Esa mucosa les permite mantener la humedad y sobrevivir hasta que cambia el panorama.

No he sido capaz de destapar unos calçost para asar en la lumbre. La azada rebota en el caballón. No pierden. En otro momento será.

Al menos han brotado la mitad de los pequeños cormos de azafrán que puse en junio, en una tabla  paralela a la regadera. En torno a Los Santos florecieron un puñado de rosas, como es frecuente en el primer año del cultivar. Lentamente van desarrollando el espartillo característico. El azafrán tiene un ciclo contra-vegetativo, es decir que inicia el periodo de floración primero y luego se desarrolla el follaje cuando las demás plantas de forma generalizada van en retroceso.

He podido dar la vuelta a un montón de estiércol de vaca que recogí en verano en los prados del entorno, propiedades de ganaderos que trabajan el ganado en extensivo. El compost obtenido está estabilizado, pero muy húmedo. Aquella bosta seca se ha humificado en cuatro meses y muestra una textura, color y olor característicos.

De este modo, con ayuda de una compostera metálica, voy haciendo una nueva pila intercalando capas de estiércol de caballo de un año. Hasta mayo puede que haga un nuevo trasiego pensando en introducirlo superficialmente en los bancales y mejorar la aireación.

Debía valorar la eventualidad de reducir la superficie de los cultivos hortícolas si en mayo no hay nieve en La Sierra. Las penurias derivadas de la escasez de agua al final del verano no son nada edificantes.

Llega un momento, antes de irme, en que el trabajo se hace merodeo entre los bancales desdibujados, por la zona de compostaje, subo al cancho más alto, paseo ya regateando restos de poda de robles, encinas o alisos del invierno pasado. Se dispara la descripción mental de las cosas por hacer. Debía valorar la eventualidad de reducir la superficie de los cultivos hortícolas si en mayo no hay nieve en La Sierra. Las penurias derivadas de la escasez de agua al final del verano no son nada edificantes.

Me observan los robles, aún con algunas hojas pardas, que forman un austero telón de fondo desde el límite norte. Entro y salgo de la casilla guardando herramienta o apurando el calor del fuego, Levanto la cabeza para observar la montaña, ligeramente cubierta por la nieve…

Morillos en el hogar.

Todo lo que sucede estimula nuevos procesos creativos y de continuidad en íntima connivencia con la naturaleza, la vida silvestre, comprometido con las buenas prácticas de baja tecnología.

Una garza levanta el vuelo, incómoda por el sonido de los golpes de la maza sobre una estaca Un águila atraviesa el territorio. La huerta no termita en sus límites.

Salud.

Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.