LA SOMBRA.

Es ya una práctica habitual por estas fechas colocar tandas plantón de tomate que vienen a renovar o complementar las que se hacen más tempranamente, pero que están al albur de la meteorología más caprichosa y pueden haber marrado.

Si se desata el granizo sólo cabe instalar con antelación mallas protectoras.

Hay alternativas para manejarse con las altas temperaturas que cada primavera -lenta, pero casi indefectiblemente – parece que van subiendo algún punto.

Apenas levantadas las estructuras que han sustentado la manta térmica y con el fin de poder retirar restos de cultivos del invierno, fertilizar y labrar los bancales, no parece imprescindible volver a colocarlos.

No quisiera pasarme de frenada asegurando que el meteoro de que hablamos se repite cada año por estas fechas, en esta misma semana. Al menos vale decir que son frecuentes las tormentas y una cortina de piedra puede arrasar cultivares enteros, llevar al traste el trabajo de varios meses.

Sé a ciencia cierta que no debieran plantarse las solanáceas en las huertas del centro peninsular, por estos pagos del piedemonte occidental de Gredos hasta que no se abordan los primeros días de junio, eludiendo gran parte de las amenazas y más cerca ya de los días en que el suelo está más templado y empieza a correr al agua por la regadera.

Los sombreos y coberturas son de obligado cumplimiento en la Castilla mas esteparia. Pongamos que hablo de madrid.

Habida cuenta de los daños que se producen, y pensando en la prevención de las alteraciones que producen en las jóvenes plantas los picos de calor puntuales, puede plantearse sin temor a pecar de exceso de celo, instalar de nuevo, los arcos para cubrir el plantel, al menos la mitad de su área de influencia, con una malla adecuada y atendiendo a la orientación. Despejado para la incidencia del sol en las primeras horas del día y sombreando desde el mediodía.

Cumple esta sencilla y básica infraestructura una doble función, al menos, en las primeras semanas de calor: dar cobertura a las plantas -algunas muy sensibles a la fuerte radiación, como lechugas y otras hortalizas de hoja- y soportar la eventualidad de un barrido del pedrisco.

Pero entre tanto, me afano en otros procedimientos de urgencia como poner en torno a las plantas unos ramos de algún arbusto aromático, cartón o similar. En breve el suelo de los bancales estarán de nuevo cubiertos con diez cms de paja..

Así mismo.
Algunas lechugas a cubierto en los primeros días en la huerta. En paralelo unos ramos de romero para proteger plantones de tomate.

Busco la humedad al hacer el hoyo y echo unos puñados de humus de lombriz para envolver con la tierra extraida al cubrir el pié, en esa zona caliente que la botánica conviene en llamar rizosfera.

La transición de las plantas desde el umbráculo a huerta puede resultar crítica y prefiero asegurarme de que las raíces no han sido confinadas en contenedores o alvéolos muy pequeños, pero también de que van a una profundidad ajustada, por debajo de esos primeros cinco cms del terreno que se deshidratan en pocas horas.

Es aconsejable hacer una regolita en torno al pié de la planta para que recoja el agua del riego de asentamiento.

Coberturas para tomate a base de ramas de laurel.

Todo esto permite hacer riegos profundos cada tres o cuatro días, por el momento.

Tomate corazón rosa, ruso o Kosovo, (que con todos estos nombres puede identificarse) o Tomate de Sama y otro, tipo cóctel, como Siberia, Taxi, negro trufa.

Tengo ya la convicción de que resulta complejo obtener rendimientos aceptables si no se implementan sistemas de sombreo o coberturas en los cultivos más sensibles. Tanto al suelo como a planta.

Lo conozco bien para el tomate.

Por encima una temperatura bien contrastada el polen del tomate no es viable y condiciona severamente la fertilización.

Los artífices de Kokopeli hacen hincapié en este hecho:

La fertilización de la flor en sí misma depende de varios factores complejos. Las condiciones climáticas desfavorables durante una semana de verano darán como resultado 1 mes y medio más tarde una serie de frutos muy pequeños o deformes, porque la fertilización de las flores no se habrá llevado a cabo correctamente. La temperatura es, además, un elemento importante en el proceso de fertilización: las flores se “hunden” por debajo de 13 ° C y más allá de 23 ° C (durante la noche) y 39 ° C (durante el día). También se ha observado que las denominadas variedades de “hoja de papa” con flores grandes encuentran muy difícil dar fruto cuando la estación se caracteriza por temperaturas altas sostenidas.

Sabemos del gusto del calor de los ácaros a los rigores veraniegos y éstos no se encuentran cómodos en la umbría que disminuye la evo-transpiración y permite distanciar los riegos.

En el mismo orden de cosas se previenen o evitan fisiopatias por quemaduras de los frutos o alteraciones del color y rajados.

La radiación directa y continuada sobre el suelo de cultivo eleva la temperatura de la rizosfera. A partir de ciertos niveles la planta deja de absorber agua y nutrientes y hay modificaciones muy severas en el habitat de la microfauna.

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