LECHUGA TALLO Y DEMÁS.

No pueden faltar lechugas en los huertos de autoconsumo o familiares, en casi ninguna estación. En lo más duro del estío si no se les facilita un ambiente en semi-sombra y con suficiente humedad se malogran y en lo más sombrío del invierno detienen su progresión. Pero los modernos y económicos sistemas de protección mitigan estas eventualidades.

En tanto llegan al final de ciclo las leguminosas de invierno o las brasicas no dejo de cosechar casi a diario distintas variedades de lactuca sativa.
Contaba hace unos días en los bancales hasta siete tipos diferentes de esta humilde pero insustituible pieza gastronómica. Son el resultado de siembras continuadas, a veces masivas, en no importa qué lugar. Si dudo y entre tanto pienso qué hago, siembro lechuga.

Comprendo ya que no cuesta germinar diversidad y para este caso no elijo tanto, como amplio las oportunidades sembrando a discreción.

La variedad y el conocimiento temprano de estas rosetas para los horticultores que empiezan a cultivar, dan juego para afinar en las cosechas, de forma que no estén a punto todas a la vez y se mejoren los rendimientos. Alguna siempre puede esperar o pueden sacarse varias a la vez, más tiernas. Unas variedades crecen en veinticinco días otras permanecen dos meses en la huerta.

Con las mas populares -tipo hoja de roble, oreja de mula o cuatro estaciones- pueden cultivarse otras más resistentes a florecer o de ciclo vegetativo más largo como la lechuga pecosa, tan equilibrada; incluso otras que permiten el corte de hojas sueltas para realizar mixturas sorprendentes, pero siempre pensando en conseguir las mejores cualidades nutritivas.

Es el caso de Wosum, o lechuga espárrago, (lactuca sativa var. asparagina.) que entró en la huerta este pasado otoño. Se trata lectuce para algunos cocineros y consumidores, una planta de aspecto silvestre, color verde claro, pero al mismo tiempo delicado, esbelto. Es precisamente el tallo la parte más apreciada.

No hay que olvidar que las variedades hortícolas de hoja cultivadas en ecológico (según variedades y distintas capacidades de rehidratación y conservación ) tienen una post-cosecha corta, pierden rápido su textura crujiente y prefiero cosechar y consumir en el día.

Al contrario que otras de su rango, esta hortaliza (que dudo en clasificar en función de la parte aprovechable) desarrolla unas hojas muy finas y desde el principio un tallo muy generoso que entra a formar parte de los ingredientes de una buena cantidad de platos cocinados. Por ahora cojo las más tiernas y las preparo para ensalada, en crudo.
Agradezco siempre la facilidad de cultivo y de manejo y por lo que concierne al gusto el contrapunto ligeramente amargo, a distancia de las lechugas-agua comerciales, tan pobres desde el punto de vista nutritivo.

No se trata mas que de una hortaliza humilde de otras regiones que se adapta perfectamente en la zona de referencia que conozco.

Ya están otras, también rústicas, como la lechuga negra de La Sierra de Francia, haciendo torreones para perpetuarse.

La variedad radicheta procedente de la Sierra Pobre de Madrid tolera bien el frío y las altas temperaturas de La Meseta.

Todas van acompañadas por unos socorridos canónigos o de las últimas zanahorias, acaso unos pétalos de flor de caléndula.

Cultivo lechugas a contracorriente de las imposiciones de la industria agroalimentaria que busca mediante las denominadas mejoras genética plantas a la moda más pequeñas compactas, acogolladas y uniformes con vistas a la comercialización y en detrimento manifiesto de los valores nutritivos.

Referencias de consumo:

Meet The Vegetable: Celtuce, a Mutant and Delicious Lettuce

Celtuce ribbon salad

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