NOTAS RADICULARES.

Me ayuda a concretar las planificaciones un modelo que tiene en cuenta lo que nos comemos de las plantas: hoja, tallo, fruto, raíz; siempre es posible en combinación con otros como los requerimientos relacionados con la nutrición, la familia botánica, el ciclo vegetativo o el tamaño. Acaso no tener modelo definido es un modelo y no renuncio a la eficiencia por ello

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De modo que he cogido estos días carrerilla para hacer siembra directa de media docena de plantas de raíz y bulbos donde crecieron solanáceas. No tienen buenas perspectivas este tipo de plantas en suelos arcillosos o que se compactan con facilidad.

Las zanahorias son -por ejemplo y para comenzar con la revisión- un verdadero reto. Debo reconocer que fracaso casi sistemáticamente y que si no pongo las semillas sobre bancales con suelos preparados ad oc, bien abonados y friables, tras unos cuantos meses apenas crecen más allá del tamaño de un meñique y/o se espigan formando sus características umbelas. Es muy probable, por lo demás, que me interese e integre alguna otra variedad de zanahoria menos pivotante. Porfío en más ocasiones de las que debiera e insisto con plantas que no marchan bien cuando quizá optando, en este caso de daucus carota, por alguna más oronda de ciclo algo más corto (variedades locales siempre que puedo) que no necesitara penetrar tanto en el terreno como las de tipo Nantesa y demás, mejoradas, otras serían las cosechas.

Pero son otros muchos los factores que inciden en el progreso de los cultivos que parten de semilla de muy pequeño tamaño, de siembra directa y que complican su consolidación.

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Se me ocurre insertar aquí algunas anotaciones relacionadas con otras tantas raíces comestibles.

Vengo sustituyendo el sistema de riego por goteo en favor de la tubería micro-poro; creo que es determinante en el cultivo de raíces. La siembra puede hacerse a lo largo de las cintas -que no entierro en principio- y el reparto homogéneo de la humedad queda asegurado.

Antes de hacer referencia a otros requerimientos no puedo obviar que el estrés hídrico o los encharcamientos inciden negativamente en todas las fases de la germinación, de todas las plantas; el crecimiento posterior de muchas puede ser muy anómalo y provocar muchas marras.

Nunca uso regadera con su característico difusor o similar, porque estoy en la idea de que por mucho cuidado que se tenga se altera el nivel en el que fue colocada la semilla. Al echar agua de forma poco cuidadosa se remueve ese primer centímetro de suelo donde se sitúa la simiente; unas se entierran más, otras se sacan a la superficie. En el caso de que hayan comenzado a brotar puede truncarse el proceso y muchas especies no reinician la secuencia codificada genéricamente. No hay que molestar en un tiempo. Ya tienen bastante con los pájaros.

En todo caso -y si fuera necesario por la perspectiva de falta de humedad- hago dos pequeños surcos en los laterales de la línea de siembra donde verter el agua e hidratar el terreno por capilaridad.

Cierto que es práctica común sembrar con generosidad, al chorrillo. Las semillas suelen emerger amontonadas en ciertos sitios, se abren calvas en otros, muy apretadas o dispersas. El aclareo posterior se hace muy complicado. Es así que llevo tiempo sembrando zanahorias, rábanos y canónigos, rúcula u otras planta con semilla de muy pequeño tamaño sobre una hendidura en el suelo practicada con el canto de una tabla o un listón, a golpes de entre tres y seis granos separados al menos cinco cms; me aseguro de la posición que ocupan, dónde caen y de que la profundidad sea homogénea. Malo ha de ser que no germine alguna de cada lote, de forma más arreglada.

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Es ley natural que las adventicias germinen al mismo tiempo que las hortalizas cuando, además, el agua de lluvia humedece la superficie plácidamente y las condiciones climáticas en general son benignas como en estas últimas semanas.

Ya conocemos un sistema muy popularizando en pequeños huertos o jardines para retrasar o alterar la presencia de hierbas no deseadas y que consiste en cubrir las zonas afectadas con papel o cartón (limpio de colores y plásticos) y taparlo todo con tierra. Lo de las membranas agrícolas es otra história.

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Del mismo modo corto tiras de cartón ondulado o similar, ligeramente humedecido, de entre ocho y doce cms, por ejemplo, para colocarlo entre líneas de siembra, cubrir y sujetar con paja mojada, restos vegetales muy picados, tierra o incluso humus y contribuir en la fertilización a medio plazo.

No tengo dudas a la hora de tirar de las plantitas nacidas para -en varias pasadas y a lo largo del ciclo vegetativo- dejar solo las más aparentes, canónicamente separadas. Son ineludibles binas minuciosas y conocer el aspecto de ciertas plantas del terreno en sus fases primeras para poder purgarlas.

Pero quizá sea mejor, si se mantiene la humedad y las condiciones óptimas de germinación, olvidarse un poco del asunto y dejar pasar las semanas sin intervención alguna. Cuántas veces sorprende el tamaño de zanahorias u otras raíces que nacieron más o menos espontáneas en lugares ocupados por plantas de otras familias, al abrigo de auxiliares.

No puedo eludir a estas alturas del año hacer algún comentario sobre esos bulbos picantes que tan bien se comportan por todo el Mediterráneo.

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Siembro los ajos cavando un pequeño surco de la profundidad que marca la hoja de una pequeña azada y con tiralíneas, no necesariamente por cuestiones ornamentales, sino por guardar las distancias con precisión para situar otros cultivos. Si me voy de línea en tramos pequeños puedo condicionar el número y la presencia de pies de plantas en asociación o para otras sucesiones.

La ley general, muy difundida y de eficacia comprobada, es enterrar “las semillas” no menos de dos o tres veces su tamaño y con estos gajos no voy a hacer excepción. La siembra somera permite a los pájaros, siempre atentos, tirar de los pequeños ápices claros y extraer los ajos de la tierra. Del mismo modo el sistema radicular de ese contenedor de nutrientes, corto pero vigoroso y sobre un suelo que puede ofrecer resistencia, tiende a empujar al ajo hacia la superficie. Son numerosos los factores que inciden en estas prácticas. Algunas tradiciones son milenarias. Pongo mucha atención en el conocimiento de los ciclos vegetativos o climatológicos, me detengo siempre que puedo en intentar comprender un poco más cómo funciona el suelo. Asimilo prácticas culturales que puedo implementar y testar con sencillez de no importa qué origen, y dejo que pasen cosas, practicando el antiguo juego de la prueba y el error, procuro rotar con cierto criterio, generar materia orgánica e incorporarla regularmente con cada gesto. Entiendo inexcusable mantener esa primera capa de los bancales con una estructura nacroporosa que garantice la aireación e infiltración del agua y el oxígeno. Quizá nunca llegue a conocer el nombre de los seres vivos de esta granja que mimo y alimento en cada huerto pero si están en buena riña me darán mejor de comer.

Así las cosas aún no me ha tentado la observación celeste para tener en cuenta las fases lunares o demás formas y conjunciones astrales creadas por la imaginación humana en las siembras, las podas o cosechas. No estoy por quedarme en vela a comprobar si el satélite tira de los ajos.

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Me cede generosamente un amigo ajos zamoranos blancos, de excelente aspecto y, casi seguro, estimables cualidades organolépticas. Deben ser muy diversos también los condicionantes del aroma y el sabor del ajo, al margen de su genética y se suele mencionar la cantidad de agua recibida, el tipo de suelo o la temperatura. De entrada no huelen igual que los que puse hace unas semanas y predominan unos compuestos volátiles de matices húmicos, avainillados muy agradables. No encuentro en todo el manojo ni un solo diente en mal estado. Algunas fuentes, frente a lo que se suele considerar, aseguran que es el frío lo que determina el nivel más elevado de picor y parece tener sentido si se consideran las áreas tradicionales de producción.

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Al abrir las cabezas perfectamente selladas de los ajos que algunos botánicos encuadran ahora dentro de la familia de las amarilidaceas, se aprecia que no se trata de una variedad (aunque todas sean la misma planta), convencional o mejorada como las que están proliferando en estos últimos años en el campo y en los mercados. A diferencia del ajo spring o chino que no tiene muchos más de ocho gajos gordezuelos y de sabor un poco plano, en este eco-tipo asoman dientes más pequeños según avanzamos hacia el interior. Y esto me agrada.

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Se acostumbra uno a tratar con la homogeneidad también en este tótem culinario (no voy a enfatizar de nuevo su relevancia económica o cultural) y hay quien agradece no perder demasiado tiempo en pelarlos, pero mis necesidades en la cocina son variadas, lo mismo pequeños para frito, sin pelar, que más grandes para picar o abordar la salsa española. No debo perder de vista la diversificación y me gusta trabajar en la reproducción y conservación de variedades autóctonas o locales. Después de todo el ajetreo advierto que las capas que protegen el germen no son precisamente blancas en comparación con otros que he sembrado en ocasiones de la misma región. Se conocen en la península tres tipos de ajo atendiendo a su color o aspecto exterior: blanco, rosáceo y otro más tostado, aunque de cultivo menos extendido. Tema para el debate.

De conformidad con lo que vengo glosando me planteo sembrar estos ajos intercalando entre diente y diente remolacha, rábano o alguna otra raíz. Es ésta una distribución que permite un aprovechamiento muy eficaz de la superficie disponible, pero sobretodo difumina la carga de tablas o bancales con una sola planta y no parece que vayan a llevarse mal. Durante un buen tramo del periodo vegetativo, si no son necesarios riegos, pueden prosperar a la par y cuando fuera necesario un nivel de humedad más alto pero dispar es probable que se hayan cosechado unos ajos que no son muy exigentes o quizá mucho antes las crucíferas. El terreno no queda desnudo a la espera de otros cultivos de verano.

Ya han brotado las primeras tandas de ajo pero hay espacio, ánimo y tiempo para preparar otras. Hay pocos cultivos tan agradecidos. Una vez dibujado el surco echo una cama de humus de lombriz y voy colocando encima los mejores dientes. Cubro con la azada. Toda vez que he dejado marcada la situación de cada diente siembro, esta vez intercalados, granos de zanahoria apenas arañando la superficie y cubriendo someramente.

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Vuelvo a revisar las imágenes guardadas estos días por ver si de ellas se desprende alguna coletilla.

Un sobre con semillas poco comunes de salsifí resalta sobre los bancales oscuros. Barbas de chivo. Otra raíz, otra rareza por lo que me atañe y que será objeto de alguna entrada porque aún no tengo apenas datos sobre su cultivo y no puedo esquivar, a estas alturas, cierta sensación de pudor, como para otras veces, otros cultivos y otros lances en que pudiera mostrarme más estupendo, excéntrico o snob. Ahí quedan sembradas junto a daikón verde y blanco, kabu, nabicol, grelo y otras tan pedestres como apetecibles.

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Salud.

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