EL RASTRO DEL COLOR

¿Cómo sería la concepción del arte sin los pigmentos?. ¿Cómo entenderíamos ciertas emociones estéticas? o, sencillamente, ¿por dónde abordaríamos la visión pintoresca de algunos entornos.?

Qué misteriosas cualidades la de los elementos que inciden en la retina, de tan incontables formas, siguiendo los dictados de la luz, para que podamos ver la paleta inabarcable del color.
Hago colores para la casa.

Todos estos años he trabajado con los blancos, grises y ocres que procuran las tierras ferruginosas, el cemento o las cales. Ofrecen los morteros primigenios texturas y tonalidades que se integran de forma discreta y estimulante en un entorno feraz.

Hay oportunidad, no obstante, de emplear como complementos constructivos otros polvos secos para rematar algunos trabajos y conseguir efectos decorativos inusitados, poco comunes.

A partir de un tinte verde he conseguido un agregado con el que he cubierto las llagas de una parte del empedrado que, a modo de faja, bordea el enlosado del patio que inicié este verano, renqueando y quejándome lo justo.
En ocasiones se esparcen unas paladas de arena sobre las baldosas y la circulación, el uso o la intemperie hacen que se cubra la llaga de la solería.

Es habitual utilizar lechadas a base de cemento y agua; con la densidad apropiada, repartido por la superficie, penetra y acaba cubriendo las ranuras que quedan entre las piezas.
El problema de esta técnica para solados de colores vivos es la manera de retirar los sobrantes que se realiza lavando con abundante agua y sucesivas pasadas de cepillo. Es muy comprometido manejar las aguas residuales cargadas de cemento y coloreadas.
En esta ocasión he mezclado unos puñados de arena de río tamizada, muy fina, un poco de cemento gris y una punta de paleta de polvo verde.
Lo mismo para las zonas soladas con piezas rojas de 15×15.

Primero riego generosamente la superficie que voy a rejuntar para que las piezas porosas, fabricadas con cemento, absorban la humedad y sea ésta la que precipite de forma controlada y limpia la reacción con la mezcla y fragüe entre llagas.

En lugares con inviernos rigurosos y heladas frecuentes es muy recomendable sellar las juntas con un aglomerante formado por cemento, arena y el tinte de marras. En ocasiones cuando las llagas quedan sin cubrir, el agua acumulada puede congelarse y, según materiales, hacer estallar los bordes. Hay que evitar el deterioro de los encuentros.

De modo que, una vez seca la superficie, se vierte el mortero, seco también, coloreado y se barre llenando las juntas. Se pueden dar pases atravesados o el la dirección de la llaga para que vaya quedando tapada pero sin dejar muchos restos….

En unas horas la humedad que acumulada el solado permite fraguar el material de relleno y resulta ya improbable que se descubra.

Y transitar y utilizar los espacios con normalidad sin necesidad de más agua que aquella procedentes de la humedad ambiental o las lluvias ocasionales.
Estas piezas toscas utilizadas para solados exteriores presentan características que ayudan en los acabados o remates. Aunque las superficies son rugosas e irregulares, formando vetas, los bordes vienen rebajados, biselados y la “lechada” seca se acumula con facilidad para completar el proceso.

La combinación de estos productos tintoreros permite hacer algunas pruebas ya imaginadas para, por ejemplo, llaguear en verde los ripios del suelo o de muros vivos donde proliferan musgos y líquenes.

Voy rematando los bordes del patio con ripios y losetas de piedra procedente de los merodeos por viejas canteras locales o buscando en zonas más descubiertas de los alrededores de la aldea, entre las lajas que la intemperie saca a la roca viva, con lo que encuentro por ahí y que no hace enmienda en el más mínimo detalle del entorno.

Detesto el gris cemento para acabados de trabajos a posteriori con piedra o en entornos de marcada rusticidad. Pienso en el ocre, en los ceniza para respetar -en las construcciones de nueva fábrica o en entornos muy sensibles- la tendencia estética de casas o edificios auxiliares, pero también en el rojo o el verde.

Cuando veo llaguear a rejuntar con cemento gris muros levantados a piedra seca o con barro levantados en su momento con materiales del entorno no puedo eludir una cierta decepción. El cemento Portland forma parte de otra cultura constructiva y hay que hacer juegos malabares para intervenir e integrarlo con originalidad y sin estridencias…en el entorno campestre.
Los tintes que se utilizan para morteros en la construcción son muy versátiles y mantienen sus características durante mucho tiempo.

Siempre he utilizado tierra mazarrón o amarillo albero para teñir en rojo, o tostado cuando el tajo lo precisaba, para conseguir un efecto sorprendente pero discreto; ya no es fácil encontrar estos productos a granel.
Las posibilidades decorativas se amplían cuando se utilizan para rebocos y enfoscados finos en interior o jaharrados, hasta el punto de que no haya necesidad de pintar; tirolesas con gravilla en paramentos que dan al exterior…

Recuerdo el aspecto de eminentes obras arquitectónicas que, observadas en la distancia, toman una buena parte de su dimensión por el color, que al acercarse y pasar la mano, en la medida en que se fija la mirada en la estructura íntima de cada pieza y de sus uniones, de los amplios rebocos, pueden intuirse los procesos constructivos y los trabajos de los hombres. La Alhambra, pero tambien los palomares zamoranos, los chozos manchegos o las casas adaptadas al terreno, colgadas en las Alpujarras; los pueblos de la arquitectura negra ocultos en el paisaje ceniciento de Guadalajara. El añil es otro cantar.

Hay que contar siempre con las reacciones químicas que genera el agua en el aglomerante y es necesario esperar a que seque y poder ver el resultado final.
Para estos casos empiezo tanteando en seco con cemento gris. (Hay que estar muy atento a los distintos cementos y sus fabricantes porque la presencia de cenizas y las características de la roca con que se fabrica, entre otros factores, dan como resultado morteros de diferentes tonalidades de gris) la arena y el colorante seco ya mencionados…

La mezcla ensucia toda la superficie y me temo que solo el tiempo y algo de intuición permitirán verificar el tino en las proporciones. El cemento blanco lleva a otra tanda de colores cálidos y suaves, matizados…
Aún queda un tramo de rejuntado. Prefiero no dejar las rebabas y la textura bruñida que le confiere el pase de la paleta. Para desbastar un tanto el llagueado -pasadas unas horas y perdida una parte de la humedad para no manchar la piedra- raspo con un cepillo suave. Los restos quedan en el tajo hasta pasados un par de días en que se puede barrer con normalidad.

Probablemente una mujer puso una mano sobre la roca y sopló un color o sacudió una rama cargada con ocres y negros de la madera quemada para dejar impresa una de las primeras manifestaciones artísticas de que se tiene noticia. Quizá pasó los dedos por su cuerpo huntados de almagre humedo para mimetizarse; acaso quería llamar la atención de los hombres o de los astros… o evitar las picaduras de los insectos.

Una referencia técnica.

http://www.atelier-st-andre.net/es/paginas/tecnica/colores/pages/verts.html

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