BREVES EPISODIOS DE SOL Y SOMBRA.

El huerto hay que madrugarlo cuando se alcanza este largo verano de Castilla, cada año más largo. Poco se puede hacer con treinta y cinco grados al medio día salvo dejar que las plantas se manejen con la intemperie que les ha tocado en suerte.

Algunos vecinos y compañeros de lances hortelanos utilizan redes o tramas para controlar el exceso de sol y las altas temperaturas.  No es nuevo, claro.  Tengo para mi que tendremos que ir incorporando esta técnica para mejorar el rendimiento de las plantas y moderar las secuelas de tantas horas de estrés térmico. Filtrar la luz quemante  durante las horas centrales del día permite mantener algunas horas más la humedad en la tierra, evita la perdida de frutos por quemaduras, mejora las condiciones de trabajo del hortelano. El coste vinculado a huertos familiares o de autoconsumo, para colocarlo sobre determinados cultivos más sensibles, no debería ser un inconveniente. Guardo desde hace tiempo una red apatente de al menos cuarenta m cuadrados y los vientos, tirantes y soportes tampoco van a ser un problema.

No son, me temo, las técnicas más habituales o normalizadas para una horticultura natural,  pero tampoco han sido documentadas hasta ahora estas sacudidas inesperadas del calor.

Viene a cuento esta digresión porque pongo al resguardo del sombrajo limítrofe una planta de cuca melón en la idea de que no es una cucurbitácea adaptada al pleno sol de Madrid; no conozco en absoluto su cultivo, ni su comportamiento pero la delicadeza de tallos y unas hojas livianas me vienen advirtiendo que va a ser complicado que pase el corte de esta primera ola de calor.  Unos finísimos y escrutadores zarcillos abrazan a ojos vista el alambre para trepar.

Resulta amable dedicarle ratos a esta cucurbitacea, menor por ese aspecto tan vulnerable; me he permitido el dispendio de sembrarla con un cubo de tierra vegetal para colaborar un tanto con  su alimentación y la retención del agua.  Quizá deje de ser esta temporada  Melothria Scabra  una planta singular.

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Las plantas de tomate parecen apocadas y enfermas en comparación con las vigorosas y verdesísimas variedades híbridas de mis vecinos.  Pero a este lado de la verja van apareciendo los pomos florales normalmente;  son ejemplares  de follaje parco, limpio y  cargan ya las más precoces algún ramo de tomatillos ovalados.
Aquellas carecen, hasta donde he podido observar,  de los tricomas característicos de tallos y hojas  de estas plantas de polinización abierta, más rústicas.

Las plantas de berenjena de la mayoría de mis vecinos triplican el tamaño de las que vegetan de mi mano.

El tutorado proyectado esta temporada requiere más tiempo y materiales, pero  las tareas no son en absoluto ingratas y me permiten  merodear en el entorno de los bancales de solanaceas, para zarandear de forma también más metódica las plantas en las que van cuajando los primeros niveles de flores o quitar los brotes, tirar de alguna hierba pajarera o retirar alguna hoja seca.

Es otra forma de contar, otra cultura agronómica.

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El lindero natural, improvisado con girasoles gallegos de pipa negra y maíz, con aguaturma a la cabeza, va tomando forma pero me temo que en poco tiempo, cuando las piñas y mazorcas  se desarrollen, acabará invadiendo el espacio de mis vecinos.  Espero no dar mal ejemplo de correlindes porque esta intervención efímera está pactada y hay correspondencia en la buena vecindad.

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Eltomatillo negro es una planta agradecida, apunta ya maneras un poco alocadas y excéntricas; esperamos su pudorosa fructificación.

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Tras dos buenas pasadas de recolección de arvejas hay que ir cortando las matas secas. Las vainas que han quedado  son rescatadas para  obtener simiente después de que acaben de secarse en el pasillo.  No he arrancado la raíz pensando en la incierta marcha de los hongos inoculados este tiempo atrás.

Ya he probado la tortilla de guisantes que me recomendara mi buen vecino virtual de Viña Lagar y han quedado unos puñados aún para trabar un estimable paté de guisantes eludiendo el tahine en beneficio de un aguacate maduro.  Vamos aliñando todo con aceite, ajo y una lima par ir untando el pan y pringarse hasta la muñeca.

Salud.

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