EL HUERTO SUCINTO.

Inauguro con esta entrada una serie -que empieza ya a ser tradicional llegadas estas fechas- dedicada al cultivo del tomate y otras hortalizas veraniegas. Un recorrido, cada temporada más lacónico que conciso, por las mudanzas vegetativas y el rendimiento de un puñado de plantas domesticadas.

Una sencilla organización basada siempre en los esfuerzos y resultados de otros años permite ajustar el tiempo que se le dedica al huerto y afinar en las podas, la sujeción de los ramajes, la retirada de las adventicias mas cercanas a los tallos, la vigilancia de los riegos o simplemente a demorarse en volver al huerto para disfrutar de los avances que muestran cada semana.

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Los racimos de tomate que cuajaron mirando al norte cuentan con menos piezas que los situados a pleno sol.

Sólo en un bancal  he vuelto a sembrar  tomates en dos filas apenas separadas setenta cms de modo que vuelve a ser muy complicado aclarar la maraña de ramas y hojas; hay, consecuentemente, caras menos accesibles al escrutinio del hortelano y su navaja.  Se libran muchos brotes innecesarios y en pocos días aparecen en ellos nuevas flores; tampoco es bueno que la planta cargue demasiados frutos.

Los demás bancales se han constituido con una sola línea de vegetales domesticados dotados de tallos fuertes  pero también  limpios de  hojas -cuando la variedad lo permite- de al menos  cuarenta cms desde las primeras ramas hasta la tierra. El acompañamiento se resuelve esta vez con los pies de pimiento o berenjenas,  éstas últimas apenas con cuatro hojas aún.

Queda sitio pata intercalar flores en una huerta sucinta que se recompone adaptándose, hoy por hoy, a pocos cultivos.

Calabacines redondos, cuatro cuerdas por las que trepan unos pepinos (por que ya saqué hace unos días las patatas azules) los restos de remolacha chata,  hortalizas que giran en torno al gazpacho y la fritada.

Me traigo a casa, para arrancar con la cosecha, los tomates que cogen en los bolsillos. Verde cebra y las piezas mas maduras de los racimos de Campari.20160702_125630

Los  pequeños pepinos que vengo recogiendo y unas hojillas de menta dan cuerpo y sabor casi cada noche a finísimas cremas frías.

Debidamente elevados sobre el nivel del suelo estos negros de Francia no tardarán en madurar. wp-image-2008022898jpg.jpeg

En un rincón apenas visible por el cañizo prosperan visiblemente tres pies de judión negro. Las lianas alcanzan ya los tres metros y se disponen a caer de nuevo hasta el suelo.Hortelano de poca fe el que les habla que no ha podido sospechar  los beneficios del rigor veraniego de la meseta  sobre el ayocote.  Apenas esperaba alguna flor con fines ornamentales pero hay que esperar al otoño para confirmar si cuajan las vainas.

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Casi inaccesibles están las matas bajas de la variedad amarilla. Entre sol y sombra, escudriñando, una buena mañana aparecen buenas cargas de estuches alargados llenos de semillas que pronto tornarán negras.

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Echo de menos en estos sembradíos urbanos el olor de la oscuridad serrana.

Salud

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