HUERTAS COMO LIBROS.

He pasado toda la mañana solo en la huerta. Por fin un día para madrugarla y observar todos los rincones, el estado de los cultivos, la disponibilidad de terreno para los nuevos inquilinos, pero también para adelantar algunos trabajos ineludibles como la limpieza de goteros y hacer inventario de tubo, cañas,  modificar una acometida, liquidar una compostera…

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He ido retirando escarolas que se van espigando.  Las lechugas aguantan bien y se van llenando de hojas tiernas escalonadamente. Las espinacas también se alzan con los picos de calor y hay que terminar de aprovecharlas.

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Plantas de tomate de Béjar.

Los primeros trasplantes de solanáceas suponen siempre cierto riesgo. En  estos días primaverales la fuerza del agua de una tormenta puede  llegar a segar los plantones tiernos. La brusca subida de temperaturas quema las hojas aún tiernas. Una bajada del termómetro por debajo de cinco grados corta radicalmente el ciclo vegetativo de las plantas…  Esta fase en que se ponen los plantones en la tierra siempre es turbadora. Hay una emoción inaugural en el empeño del hortelano por afinar en los replanteos, en repartir nuevas variedades de aromáticas, en retocar las distancias canónicas entre plantas o estimar las necesidades hídricas a la hora de colocar los tubos de riego…  Arquitectura efímera de cañas,  aromas  y ramajes.

Van primero los tomates pata negra de Béjar, la principal apuesta tomatera de este año por en número de pies. Hay sitio despejado por ahora para  colocar una decena de plantas de tomate gordo de Cuenca de buen tamaño.

Prefiero insistir ahora en el  abonado  repartiendo y envolviendo con la tierra el compost más curado para que  al menos en esta etapa inicial haya nitrógeno disponible.  Como ya es tradicional  entierro los plantones hasta el segundo nivel de inserción de hojas.  Un tercio del tallo al menos.

En estas condiciones están menos expuestos al viento hasta que se fortalezcan y puedan atarse al tutor; es más improbable también  que se deshidraten.

Llevo al huerto esta primera tanda de tomateras cuando llegan a un tamaño -en mi opinión, óptimo- de al menos veinte o veinticinco cms,  adquieren  un verde luminoso, un tallo ligeramente troncocónico  de color azulado donde proliferan los  tricomas.

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Tomates malacara aún en el cobertizo

Ya tengo preparados dos pequeños barriles de caldos y  purines verdes. La semana que viene abordaré un ensayo incorporado al pie de cada planta una pequeña cantidad de inóculos de  inóculo micorriza que me han cedido y que se aplica diluido en agua.

El suelo no ofrece aún las mejores condiciones estructurales para que prolifere y sobreviva el hongo. Parece poco probable que pueda mantenerse  una simbiosis  que contribuya a una alimentación más eficaz de las plantas y por lo tanto a una mayor resistencia a enfermedades. Es complicado que sobrevivan los hongos, pero mal no le va a hacer al entorno de los bancales.

En otras ocasiones he recogido de los montes cercanos a lahuertadelosrobles esa primera capa de materia vegetal  en descomposición  que se forma bajo las encinas, rica en hongos, humus y microorganismos, a sabiendas de que estos aportes continuados  mejorarían significativamente las condiciones  estructurales y vitales del  compost y, por ende, del suelo donde se fuera a distribuir.

Van adaptándose algunas plantas de plantas auxiliares y ornamentales para poder reproducir más adelante.

Los ajos han acabado infestados de roya de modo que ya poco van a prosperar. En este entorno las esporas permanecen latentes en la tierra  de modo que  habrá que trabajar en el aspecto preventivo en próximas temporadas.  Antes de intentar mejorar, a estas alturas, la salud de las  aliáceas con intervenciones fungicidas de dudoso efecto, me he decantado por adelantar el fin del cultivo que es,  por lo demás,  de ciclo contrastadamente corto.  El bulbo  está prácticamente formado y solo cabe ayudar un poco a que engorden tronchando los tallos, según recomiendan algunas tradiciones hortelanas, pero que no he podido contrastar.  En ocasiones damos por infalibles algunos trabajos culturales en el huerto sin haber hecho comprobaciones  mínimas.  Entre tanto me planteo si debiera  acaso calibrar algunas piezas antes y después de haberlas pisado para verificar el engorde proverbial, en unos días  se puede dar otro paseo por el ajar a la espera de que las plantas se vayan secando.  Es posible que  levante  el tinglado antes de S. Juan y pueda preparar el terreno para colocar los pimientos.20160501_125550_opt

He plantado tres líneas de judía a amarilla manteca Roquencourt, calabacines redondos y alficoz.

cocinando con lola.

Foto: Cocinando con Lola.

Sigo teniendo serias dudas sobre la viabilidad de las calabazas y otras cucurbitáceas por estos pagos; los resultados pueden no ser los deseados debido a la abundancia de variedades en el entorno más cercano y la casi segura hibridación de los frutos.  Espero poder eludir la deformación o pudrición apical de los frutos hasta que la tierra esté.

Las acelgas arco iris van cogiendo tono a duras penas.

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Las patatas azules han quedado limpias de adventicias y el terreno donde prosperan más suelto.

La carga de habas es estimable y a la postre  el acoso de los insectos masticadores no ha afectado a la producción; he despuntado los tallos más largos  para controlar el crecimiento de la leguminosa y eliminar las pequeñas colonias negras de pulgón. Está demostrado que las intervenciones preventivas  con caldos y macerados orgánicos son efectivas cuando se realizan con frecuencia y tenacidad.     Voy dejando  también ya vainas de habas en los tallos para que empiecen a granar. Tampoco es necesario que se hagan demasiado grandes, salvo las que se van a guardar para re-senbrar en otoño. Quizás pueda poner en conserva los excedentes. Embotar estas verduritas requiere algo más de atención porque no alcanzan el alto grado de acidez, tan recomendable para embotar, de los tomates y  pueden estropearse con más facilidad.  Recuerdo ahora una buena opción de la huerta del oeste. Pero también pueden conservarse los granos en el congelador una vez escaldados.

He conseguido sacar adelante una decena de plantas de arvejas, para intentar probarlas y, al final de la primavera,  conseguir semilla suficiente para próximas  siembras. Ya están tutoradas estas leguminosas y en flor.

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Dice el crítico Calvo Serraller  a propósito del poema “Fuera” del poeta estadunidense Gary Snyder (Los Ángeles, 1930) que observar la naturaleza exterior no es solo una amena acción ecolátrica, sino la mejor manera de contemplarse a uno mismo.  ¿Difícil matrimonio de libros y plantas?

¿Es una paradoja de manual? Me hace pensar en la  intimidad que se construye en estos pequeños espacios abiertos. La huerta se vive, las más veces, con idéntica privacidad que  el “ecosistema casero”.   Si bien es cierto que desde los años setenta se viene produciendo una  reactivación social y comunitaria más que apreciable de la cultura hortelana  tanto en el campo como en las ciudades  -e incluso  muy reivindicativa- y a pesar de los avances “tecnoindustriales” o de los cambios atropellados de usos y costumbres, seguimos construyendo  el mismo vínculo que hace miles de años con ese trozo de terreno; en soledad,  normalmente en soledad, como con los libros.

No ha cambiado en lo fundamental esa ligadura íntima con el  entorno en el que se cultivan hortalizas (tan intensa como la que puede establecerse con el sofá o el jergón, desde su invención, o los libros), y en el que se emplean todas y cada una de las mejores cualidades humanas.sale la semana del agua y el fin de semana pinta ideal para sembrar. Primavera canónica ¿no?

Salud.

 

 

 

 

 

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3 respuestas a HUERTAS COMO LIBROS.

  1. Sobre los setenta, quizás un poco antes, nace el neorruralismo, época de las últimas grandes emigraciones del campo a las ciudades (últimas de las grandes, porque el fenómeno ha continuado ininterrumpidamente como un goteo). En España, como para otras muchas cosas, llegamos con retraso, y hubo que esperar hasta los ochenta, momento culmen de la vuelta al campo. Desde entonces, ha habido diferentes oleadas, siempre más o menos modestas, hasta la última, la debida a la crisis sistémica actual.
    Muchos lo han hecho por principios, otros muchos por necesidad y desesperación, pero el balance final es desalentador. Cada día que pasa, la población urbana aumenta a lo largo de todo el planeta, con todo lo que ello conlleva: la destrucción del entorno natural, la explotación del medio rural, la depredación de los recursos, la mercantilización de la vida, la contaminación omnipresente.
    El hacinamiento y la alimentación industrial dan como resultado un crecimiento descontrolado de la población, totalmente desconectada de su mundo, alejada de su nicho ecológico e imposible de ser sustentada por el ecosistema. No hablemos ya de la quema de combustibles fósiles,el consumo de energía y materias primas ni de la producción de residuos. Una pesadilla.
    La única respuesta clara es que la civilización es insostenible, una suerte de enfermedad virulenta que sigue siendo dañina aunque la pintemos de verde y le pongamos huertas en la azotea.
    Me viene a la cabeza lo que he leído esta mañana a un hombre muy inteligente, a propósito de cuál sería la palabra para definir el día o el momento en que se acaban todos los problemas y todo comienza a ir bien: meteorito.

    P.D.: Aunque pudiese parecer que soy enormemente pesimista, en realidad sólo estoy cansado y harto.

    • Paracelso dijo:

      Claro, eso es: “silencio mineral”. No nos vamos a poner apocalípticos, pero es que están muy presentes tb las perturbaciones- por decirlo de una manera benevolente- que generan las relaciones muy enrarecidas y tóxicas entre las personas, la intolerancia…. qué se yo, si por dónde miras no hay más que paisajes desoladores …

      No parece que haya remedio y el único alivio puede estar en que no nos toque vivir de lleno el derrumbe del chiringuito.
      Son algunos hombres buenos, sabios y honestos al final de sus vidas los que piensan por mí, maestros con los que alguna vez comprendes cosas.

      Hay un libro de Rafael Sánchez Ferlosio realmente esclarecedor del que siempre me acuerdo, cuando toca la vena pesimista, que comienza con este poemilla.

      (campana vespertina)

      Vendrán más años malos
      y nos harán más ciegos,
      vendrán más años malos
      y nos harán más malos.

      Vendrán más años tristes
      y nos harán más fríos
      y nos harán más secos
      y nos harán más torvos.

      Mira qué oportunidad para buscar dónde anda y volver a echarle un vistazo.
      Que son cosas así, como la fotografía, la música, el arte en en general o la más humilde de las artesanías o las conversaciones esporádicas con otros “vecinos de la red” lo que nos va salvando de la quema o eso quiero pensar.
      Pero como suelo decir de forma monocorde desde hace algún tiempo, cuando hablo con la gente, lo importante -a pesar de todos los problemas que no podemos controlar- es no rendirse y estar bien…
      Salud.

  2. Por supuesto, el ser humano tiene, al igual que todas las especies, el instinto de conservación. Lo que no nos sale tan fácil es enseñar los dientes, al menos por las cosas que realmente importan y valen la pena.
    Quizás todo sea un sueño, un mal sueño, y algunos vemos retazos entre los pliegues, que como dices, nos salvan de la quema.
    En fin, hoy estoy un poco malhumorado. Cosas de Olea europaea.

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