CALIGRAFÍA DE LAS UVAS Y VENDIMIA DE RIESGO.

Ni que decir tiene que el emparrado representa en amplias zonas de la Península Ibérica un elemento indiscutible de la arquitectura popular.   Al margen de los aspectos estéticos, la vid que trepa y se desarrolla sobre un armazón más o menos sofisticado hasta formar pérgolas, tiene una función esencialmente crematística  porque proporciona frutos muy nutritivos en temporada (vale señalar  el esmero con que sus propietarios cuidan las vides del acoso de avispas o pájaros y de la proliferación de hongos, así como la protegen de los hurtos… ) pero al mismo tiempo ofrece sombra un buena temporada y evita que penetre en la casa el exceso de radiación solar; es un elemento constructivo más.

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Estas cubiertas vivas crean en patios y callejones un espacio de encuentro donde sestear o charlar. Una sombra, en efecto, de calidad que se retira al llegar el otoño dejando pasar la luz cuando más falta hace.  La sombra de la parra o o el espacio que genera su recuerdo es parte de la casa. La parra custodia la entrada a la vivienda, cobija a sus moradores durante decenios y no es raro que sobreviva a ambos.

Es ésta la del emparrado una actividad de riesgo.

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Trazos gruesos en altura.

Sin tratamiento alguno y, sorprendentemente, sin atisbo de las enfermedades más comunes,  cuelgan en el corralón que habito junto a lahuertadelosrobles  los primeros racimos de vitis vinifera.   Tras cuatro años de cuidados y podas de formación sobre una estructura alta de madera, ha cuajado y madurado por primera vez un buen número de racimos de uva.

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Intento averiguar si se trata de alguna variedad conocida, aunque tengo para mí que forma parte de esa legión de híbridos colocados en la puertas de miles de casas o en  huertos de toda la Meseta Castellana.  Pregunto a los vecinos de la red y agronautas. Muchos reconocen el racimo pero no doy con su nombre.

Al parecer se conocen  miles de variedades cultivadas de vid pero, como ocurre con el tomate, lo más probable es que en muchos casos se denomine al mismo tipo de distinta manera y que cada zona considere, incluso, tener cultivar propio.

Esta parra, que empieza a dar buena sombra en verano, procede del sarmiento cortado de una vid asilvestrada, casi centenaria, situada en las afueras de la aldea; una planta en ruinas allí puesta, seguro, al  mismo tiempo que se construyó la fachada principal de una casa ahora desolada.

La nueva vid pegada al muro norte del corralón es de pámpano vigoroso.

El racimo que corto no es muy grande.

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Las uvas con que almorzaré muchas mañanas este otoño son pequeñas  y esféricas pero de distintos calibres;  no se forman  en racimos muy apretados.  Por lo general son más pequeñas según van saliendo hacia el final del raspón.

El color de la piel va del verde al morado y está cubierta por ese polvillo tan característico de las uvas (y  otros frutos como las ciruelas)  llamado pruina, un “residuo” que  contiene las levaduras imprescindibles para que el mosto se trasforme en vino.  Esta “cerilla” ha sido siempre muy apreciada por los panaderos  que, en ocasiones, utilizan uvas pasas como precursores de  la masa madre.  Las uvas no están sucias y por más agua que les echemos la pruina no se desprende más que parcialmente cuando pasamos los dedos.

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Me gusta comer estos racimos tirando con los dientes de cada uno de los granos poco carnosos y de gusto ligeramente agraz ;  no tienen apenas pepitas  pero cuando se mastican son un nuevo regalo para los sentidos. La lengua  acusa la presencia de los taninos.

El envero (en francés véraison) se produce en torno a mediados de septiembre; proceso en que las uvas van adquiriendo el color propio de un fruto ya maduro. Pero no se puede tentar a la suerte.  No me he arriesgado a dejarlas unos días más en la parra –a la espera de que pudieran endulzar más-  por temor a que los pájaros den cuenta de ellas en unas horas.

Tres estupendos cajones, pues.  Si no me diera tiempo a colgarlas, para evitar que se pudran, puedo hacer mosto durante unos días.

Hay quien sugiere  -de forma tan poética como improbable-  que la palabra parra  no procede de la lengua de los visigodos,  sino de la de los griegos, párrafo, por la semejanza de unas cuantas palabras juntas con estas “fábricas”  que se levantan como si las gentes escribieran con la vid a lo largo de los años .

Salud

 

 

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2 respuestas a CALIGRAFÍA DE LAS UVAS Y VENDIMIA DE RIESGO.

  1. Mavi Arroyo dijo:

    Bonito post. Me voy a enterar del nombre de la variedad de las parras de este pueblo.

  2. Paracelso dijo:

    Es muy complicado porque todas los inventarios de variedades que he visto tienen que ver con el vino. Este es un trabajo de campo…. ¿no? Pero alguien debe saber en los pueblos cómo las llaman… Salud.

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