DE CALENDARIOS, SIMIENTES, ESTERCOLEROS Y PEQUEÑA MALHERBOLOGÍA.

                                                 “Las gotas de azul del alba”. J. Berger

 

La otoñada invita a la intimidad, a la simplificación (también en la escritura) y  a pesar de que todas las tareas parecen insuficientes, va el hortelano recogiéndose. En  la casa se acumulan higos, libros nuevos y viejos, nueces, papeles, manzanas, herramientas, cuerdas, pan, un bol con pimientos asados, calabazas… No hay un “mejor lugar” de la casa. Está todo a la vista. Las cacerolas, los tarros de cristal con legumbres o galletas…

Las fotografías  permiten una lectura atenta del huerto.

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No termina nada con el final del verano. Muy al contrario. Para la cultura hortícola da comienzo una nueva secuencia que pauta el calendario gregoriano en torno al día de S. Miguel  hasta Los Santos, siempre supeditada al paso de la estación otoñal.

Comienzan las labores destinadas al mantenimiento y preparación de la huerta para los fríos y las que  propician y mejoran las siguientes conversaciones con el huerto.  No se puede permitir el hortelano desertar.  Queda por hacer, entre otras cosas dejar la tierra en paz una buena temporada.

CIMG2349Hay dos aspectos fundamentales que se deben tener en cuenta para la producción en orgánico de verduras y hortalizas: la escrupulosa selección de las semillas y el manejo de abonos.

El hortelano debe ser capaz de seleccionar y reproducir  semillas, aunque muchas vayan destinadas al trueque.  Cuando maduran los frutos  se pueden ir seleccionando las piezas que van a proporcionar las nuevas simientes. El paisano procura que lleguen a su sazón en las  propias plantas y antes de que empiecen a estropearse del todo o que hiele; se recogen y se someten al proceso de extracción y secado. Con cada especie hortícola se opera en consecuencia y todas pasan por la desinfección, la limpieza y el secado.

El maíz, por ejemplo, donde mejor está es en la mazorca.

CIMG2381Semilla de maíz azul.

CIMG2395Pero el tomate requiere algo más de tiempo para poder guardar la semilla limpia, seca y sin rastro de posibles enfermedades.  El olor  durante algunos días, cuando se preparan media docena de variedades -en  los que la semilla se cura en su jugo- es insoportable  y un foco nauseabundo de pequeñas moscas,  pero  se garantiza la esterilización

CIMG1959Sacando simiente de tomate Campari.

CIMG2352 En la imagen superior una lechuga Reina del hielo en flor, ya seca. Se colocan las inflorescencias en una caja de cartón o una bolsa donde se desgranan fácilmente, para a continuación pasarlas por un colador con una trama que no deje pasar las semillas, al tiempo que se va soplando para separar otros restos vegetales.

CIMG2374

Las lechugas son muy agradecidas y una sola planta puede proporcionar cientos de semillas.  No importa que se espiguen algunas porque siempre se pueden aprovechar para incorporarlas al pienso de las gallinas, como la nabiza, el cilantro…

El mijo acaba de granar  y adquiriere su característico color rojo.

CIMG2371En este periodo se suelen cambiar las camas de los animales en cuadras y cebaderos, se limpian los corrales y se amontona el estiércol en las afueras de los pueblos. Lahuertadelosrobles  no  puede generar toda la materia orgánica que precisa,  se recogen  algunos componentes  orgánicos  de las aldeas vecinas y del  monte. No trastoca mucho los planes diarios  buscar algo de estiércol.

En tanto se puedan transitar los caminos se pone la basura a pié de huerto pero puede dejarse madurar unos meses y que pase por los montones un invierno más;  ya habrá tiempo para recuperearlos.

Se despeja la capa superficial menos curada y se saca el humus más pasado y oscuro. Un buen aporte de materia orgánica en otoño, aunque no se labre la tierra por el momento, permite una lenta integración. El hortelano  no va ahora  a voltear  todo el terreno, pero sí  procura despejar de hierbas, lo mejor que sea posible, las zonas que se van  a cultivar mas adelante.

Este comienzo de otoño se ha repartido in situ una compostera  en la que predominaba la viruta de madera de encina  procedente del corte de leña. Apenas ha modificado su estructura en un año, pero ahí queda.

Se extienden hojarascas o restos de cosecha  que se degradan fácilmente y  que actúan como  un acolchado de invierno y  que retrasan la aparición de hierbas.  A lo largo de varios años se  han realizado a tajo enmiendas destinadas a conseguir una estructura más equilibrada para la siembra, un sustrato que retenga más la humedad,  nutra el suelo y mejore la actividad microbiana y el mundo fungi. Hay zonas  ya muy mejoradas.

Al empezar la temporada de setas se pueden preparar  purines o pastas con los hongos habituales de la zona para intentar mejorar las micorrizas. Es previsible que se le dedique una entrada al tema. Las pastas con diversos tipos de hongos son muy utilizadas para los viveros forestales y no estaría demás probarlas en los almácigos hortícolas.

Cuatro o seis metros cúbicos de estiércol podrían ser suficientes para cubrir las necesidades  de choque en toda la huerta.

El riego por inundación provoca escorrentías,  se lleva la materia orgánica hacia la parte baja de la huerta que siempre está, por tanto, en mejores condiciones, pero también arrastra una multitud de semillas de adventicias que se sitúan a lo largo de los caños e  infestan el terreno.

En las cálidas y aún largas tardes de octubre apetece  replantear las pequeñas parcelas, prepararlas para cultivos específicos;  una nueva disposición del terreno tirando de estaca y cuerda  en función de los espacios que se van a destinar a cada especie,  avanzar un plan no muy complicado de rotaciones. Solanáceas por leguminosas, hojas por raíz…   Las cucurbitáceas con el convencimiento de que están siempre  mejor si se colocan en pies aislados… Cosas así.

Estos tomates  de la foto inferior,  que proceden de plantones sobrantes, se sembraron en una zona donde apenas hay materia orgánica y los micro-nutrientes son de difícil asimilación; la actividad biológica es muy precaria.  Las solanáceas acusan las deficiencias y la poca retención de la humedad.

CIMG2391 No convence el color de una tierra, que  se apelmaza con mucha facilidad, que tiende más al árido que al humus.   Sigue pendiente un análisis esclarecedor de la estructura,  del nivel de ph y del predominio de arcillas, limos…   Los “análisis” a simple vista y los comportamientos de plantas o las cosechas dan indicios de  la situación, pero no son suficiente para abordar las enmiendas en  huerta.    Tristes tomates, tristes.

Por el momento es preciso agenciarse unas tiras reactivas para comenzar las pruebas.

TirAS REACTIVAS. 41WIalryJeL._SY355_El  azafranal en ciernes. En este espacio se ha integrado la  maleza  seca de muchos años, con la certeza de que va a costar  mucho limpiarlo  a lo largo de los próximos meses.

CIMG2399 Así da gusto ver el terreno, después de repasarlo, pero dura poco.

Los caballones del azafrán necesitaban ya una limpieza de  hierbas otoñales.   Es más eficaz hacer estas escardas cuando la tierra está un poco seca para desarraigar bien los brotes, que se sequen y no se embacen las herramientas. Apenas aparecen las plántulas se pueden identificar las especies por los cotiledones y  vislumbrar lo que nos va a acarrear.

En esta zona, limítrofe con otra muy asilvestrada del entorno de la huerta abunda Anacyclus clavatus, pers  La magarza, o margarita loca, plantea serias dificultades en Lahuertadelosrobles.

La identificación de estas plantas  adventicias es primordial -pero  más aún conocer  sus ciclos vegetativos- para poder atajarlas sin el empleo de herbicidas. Muchas guías de identificación se convierten en catálogos de  agro-tóxicos selectivos.  Cada hortelano conoce las suyas  pero algunas son muy comunes a nivel mundial  Las pautas de clasificación se corresponde con sus características físicas, ya sea por la presencia, por ejemplo, de pelos o la forma de los  cotiledones.  No es una cuestión menor.  Una buena parte del esfuerzo, no sólo de  post-siembra,  sino de todo el año, se emplea en la eliminación de adventicias.

No es misión de esta huerta reproducir tablas, fichas y relaciones clasificadoras cuando existe una amplia documentación al respecto, pero no puede  dejar de insistir otra vez en  algunas que le tocan.

El  popular cenizo o bledo es un  amaranthus  especialmente persistente.  Es fundamental librarse de estas plantas en sus estadios iniciales; desarrollan profundas  raíces y si no se sacan en su totalidad con la azada o similar rebrotan endemoniadamente y con mas fuerza. El tallo se parte con facilidad al tirar de ellas con la mano.  Este campesino novato suele dar un golpe con la azadilla de dos puntas para soltar las raíces de la tierra, retirarlas amontonarlas y quemarlas en cuanto sea posible. No se le ocurre echarlas a las composteras.    Son viejas conocidas  las dos variedades que aparecen desde que comienza la primavera, pero fundamentalmente la variedad erythrostachys o roja que  se identifica claramente por el color verde ceniciento de los cotiledones y las primeras hojas verdaderas, pero de un color rojizo en el envés.

Producen una gran cantidad de semillas al finalizar el verano.  (Hasta cien mil por planta). También es rojo el panículo terminal que constituye la flor y especialmente urticante para algunas personas alérgicas.  Es una labor pesada, decepcionante, minuciosa en ocasiones porque la germinación se ciñe a los plantones de hortalizas en desarrollo y hay que meter en muchas ocasiones los dedos para arrancarlas. En otros estadios la planta se camufla entre las leguminosas.

Con las labores profundas engordamos cada año un magnífico banco de semillas de hierbas no deseadas  que permanecen en estado latente  y que van germinando  según se trabaja la tierra o se descubren con los riegos.  Todas las acciones de desherbado reportan  victorias pírricas.  Tal presencia es supervivencia neta asociada a los desequilibrios de la tierra.

En ocasiones deposita los huevos en el envés de sus hojas algún escarabajo de la patata u otros insectos -son excelentes hospederías- pero pronto se pasa a otras plantas más apetecibles. Paradógicamente,  en determinadas circunstancias, los modelos en eco recomiendan el establecimiento de bandas de adventicias entre los cultivos.  En general los cultivos hortícolas favorecen la aparición de plantas anuales  de ciclo corto y eso nos permite controlarlas mejor, pero en ocasiones se convierten en verdaderas malezas que tapizan amplias zonas.

Pero tampoco hay que obsesionarse, siempre van a estar ahí  porque la “limpieza” de la huerta depende de los medios que se empleen, del tiempo de que se disponga y lógicamente de la superficie cultivada.

Ya hay quien ha mostrado interés en estudiar cómo pueden aprovecharse las propiedades de las plantas arvenses  (sobre todo por la presencia de piretrinas)  en la lucha contra los insectos  u otros animales que comen plantas.  Al parecer la planta, que se resuelve como un calvario para el común de hortelanos, puede ser un importante aliado.  Es tan sencillo como  probar preparando un caldo y rociar eficientemente las hortícolas. En el Huerto 2.0 se hace un  repaso a esa insistencia. En algún que  otro sitio se documentan mas ensayos con especificaciones técnicas muy precisas y sencillas de poner en práctica.

Pero solo es preciso algún chaparrón para que empiecen a surgir otras nuevas como la stellaria media o hierba pajarera.  Los caños abandonados -a la sombra  primero de especies altas como el maíz- se cubren de  esta adventicia, tan molesta como tierna, porque es  al mismo tiempo es una excelente forrajera. Casi todos los días en esta época acaba algún saco de pamplinas en el gallinero.  Está contrastado que casi la totalidad de semillas que produce la pamplina en los años siguientes a su aparición puede permanecer bajo el terreno de los prados,  latente durante decenios.

Muchos hortelanos por falta de tiempo, porque cultivan de forma más intensiva o para trabajar menos utilizan otros métodos mecánicos como presentar plásticos negros sobre los caballones dejando un orificio donde poner los plantones.   En efecto se controla de forma eficaz  la germinación de hierbas no deseadas y, aunque lleva a muchos habitantes subterráneos a profundizar, lo que en principio puede mejorar la estructura del suelo no parece que  favorezca  la actividad biológica  más superficial de la tierra.

Estas dos fotos de abajo las manda hace algún  tiempo un  amigo  y hortelano de La Rioja que utiliza el plástico negro para que la tierra mantenga la humedad  y controlar las adventicias.  Un cierto aire de  pragmatismo no debe eludirse para conseguir alimentos. SAM_1193Foto. Juanjo.

El aspecto es inmejorable.  Las plantas se sitúan al pié del caballón para que tengan mejor acceso al agua.   Se maniobra mejor con las herramientas.  Las adventicias con el terreno compactado en el caño  crecen peor.

SAM_1199Una de las acciones más efectivas es realizar falsas siembras sucesivas para hacer brotar semillas y remover  superficialmente la tierra en dos o tres semanas pero requiere una buena planificación.

Esta temporada se sembrará centeno como abono verde.  Este cereal, si se siembra apretado, sofoca otras plantas no deseadas, sobre todo la temible grama y permite enriquecer el terreno si se incorpora antes de que llegue a granar.   Algunos abonos verdes con largas raíces sacan de las zonas mas profundas de la tierra  los minerales o nutrientes y los pone en superficie, los hace más accesibles a otras plantas cultivadas.

Pero no todo es trabajo duro en esta “zona de conflicto”. Los tajetes gigantes están aún muy vistosos.  Se plantaron tardíamente. No deben faltar en la huerta.

CIMG2394

 

Estaría bien hablar un poco de la malva, aunque no tiene mucha presencia en la huerta, quizás por los recuerdos de infancia, pero la gente de Ecoluciona lo hacen muy bien.

El desmán de las adventicias  es, pues, siempre un problema y  la bina debe establecerse como prioridad en los trabajos rutinarios, al menos hasta que no comprometa la producción y los rendimientos de la huerta.  Siempre van a estar ahí, pero no se cultivan ¡Eh!.

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