EL HORTELANO DE FORTUNA (y los tomates)

Después de un par de semanas sin aparecer por la huerta los cambios se muestran muy notorios. Los cultivos se asisvestran y las adventicias encuentran su momento para  florecer y producir millones de semillas. Comienza a mostrarse la fase mas ruinosa del terreno cultivado. El mango de la azada se ha secado y la hoja se gira atolondrada.
Piensa el campesino que si se resuelven las plantaciones, sin mas inclemencias que algún chaparrón de final de verano, se debe a un puntito de buena suerte. Sus maneras son aun bruscas. Ha recogido prácticamente toda toda legumbre de mata baja y comienza a cosechar las vainas secas de la judía de verdeo.   Una vez puestas al sol solo es preciso un poco de paciencia y viento para separar a parva del grano; en seco son excelentes para preparar ensaladas.
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Casi toda una mañana cogiendo tomates de las distintas variedades.  Los conejos se han cebado especialmente con el tomate Santiam. La mata es de porte bsjo y las piezas maduras que están mas pegadas a la tierra aparecen mordisqueadas. Es cierto que estas manos de tomates están sembradas entre dos filas de maíz y los animales se sienten mas seguros. Paradogicamente muy cerca están los Pata negra y no los tocan. Quizás tenga que plantearse poner una pequeña valla perimetral.  Este verano los jabalíes han hecho importantes destrozos a otros hortelanos de la vega y es un argumento mas para plantearse hacer algún tipo de cerramiento bajo.
A la postre este traficante de semillas es un sentimental y acepta de buen grado el precio que le marca la naturaleza.

Son días de cierto nerviosismo y se despierta mas temprano de lo habitual. La “marea” nocturna procedente del río carga ya de humedad las hojas y perla los frutos.   No es trabajo duro el de estos días pero hay que tocar muchos  palos. Trillar las judías, despejar algunas zonas de hierbas, desmontar tutores progresivamente, aporcar puerros, cosechar pacientemente… y procesar los excedentes, verduras que no alcanza a consumir frescas.

Le apetece abordar una ensalada con al menos cinco tipos de tomate distintos y con matices  bien marcados o, por ejemplo, preparar un gazpacho de “Green Zebra”, licopersuicum de piel muy fina, carne jugosa y dulce. Un pepino, un pimiento verde, aceite, vinagre, ajo y sal. Una sopa fría tan humilde como vistosa. Este tomate ofrece una posibilidades culinarias destacables y es muy probable que su cultivo en lahuertadelosrobles deje de ser pintoresco.
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Pero es que el campesino no tiene hartazgo, todas las variedades le parecen  buenas por  los mas dispares motivos. Pero sobre todo le pierde la curiosidad. De formas redondeadas y hombros poco pronunciados, duros para que se conserven por mas tiempo, algunos que maduran a la vez, arracimados,   los feos, los gigantes o los brillantes, unos con mas agua que otros, los de colores atractivos, los de  exuberancia carnal.
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No le sera fácil, pues, alejarse de la cocina.

Es el momento de completar el disfrute de estas hortalizas frescas y esperar a que engorden las calabazas y granen los maíces o el mijo de escobas.  Algunas calabazas vascas cuelgan de los tutores de las judías y es posible que tumben en tenderete.
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El hortelano de fortuna no pierde ocasión para indagar lo que cultiva el personal en otras regiones o latitudes.  Si existen 1.500 variedades de tomates va a necesitar varias reencarnaciones para cultivarlas todas. Algún día se ocupara concienzudamente del huerto. Tendrá tiempo de comentar las nuevas adquisiciones en la Américas: kumato, cherokee purple, campari y una variedad de tomate de pera naranja y listado del que desconoce,por el momento, el nombre.
Dejo algunas estampas del huerto.
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Con los melones no hay nada que hacer no superan el tamaño de un pepino.
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Es probable que aun pueda recoger alguna lechuga negra.
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O escarolas.
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Este es el mijo de escoba ya granado. Solo es preciso esperar a que se seque para cosecharlo.
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Aún no ha caído suficiente agua para calar bien la tierra.

Pero basta ya de cháchara, que la gente tiene cosas que hacer.

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