GALLINOCULTURA.

Hace unas semanas me llamaron para presupuestar una pequeña reforma en un pueblo aledaño. Se trataba de derribar parte de unos  muros no muy grandes de adobe y piedra para conectar una  casa con el pajar anejo.  Después de observar a conciencia la tarea presentí que me costaría un tanto abrir un hueco, a juzgar por el  grueso de la pared y las dimensiones de algunas piezas.  Tras echar un vistazo por la parte del pajar vi que cada edificio tenía su propio lindazo.   Abobe enlucido, enjalbegado y teñido de añil en el zócalo y con una hornacina a modo de fresquera por el lado de la vivienda; piedra bien trabada con barro para el  muro del portal o cobertizo.   Se pretendía conservar esa conformación tradicional a pesar del espacio que se perdió cuando se hizo.  Podría retirarse sin problemas el muro de adobe porque el palo de la cumbrera pasaba y cargaba sobre el muro de piedra.  Dudamos entre la conservación y el aprovechamiento de espacios independientemente de la apertura de la  puerta.

Lo único que podía hacer por el momento era quitar los descorchones  del fondo revocado.  Cogí la alcotana y en seguida la piedra dio la cara.

Quedé en volver al día siguiente y darle en mano el presupuesto.  Quedamos, por fin y  del  mismo modo, en respetar el muro de adobe con la idea de que se podrían hacer                    a posteriori más celdillas y utilizarlas como elementos ornamentales  o para colocar objetos.  Se calaría para hacer una puerta justo a partir de la hornacina.Aceptaron mis cálculos y comencé las obras.

Había oído hablar de casos parecidos pero no podía creer que me pudiera suceder a mí.

Para abrir un hueco en un muro lo habitual es hacer una roza longitudinal  a la altura deseada, colocar una o varias  vigas de castilla, de hierro o similar, recibirlas para  que funcionen a modo de cargadero y poder quitar las piedras o ladrillos en su caso por debajo, sin riesgo de hundimiento. Así lo hice una mañana templada de este otoño. Comencé por retirar  ya en la casa el cerco de madera en el que debieron estar fijadas las puertas de la alacena  y poder  poner un cargadero más robusto.  Se pretendía ensanchar el hueco y calar al otro lado, operación habitual por estos pagos para ventanas y huecos muy pequeños, si se quiere conseguir más luz. Cuesta quitar la primera piedra pero luego caen todas fácilmente.

Al tirar de una de las jambas se derrumbó una buena parte del lateral y dejó a la vista los plúteos de una estantería bronca  de madera con unas docenas de libros oscuros, muy rozados y  encuadernados en piel. La sección de mi cerebro más oscura me dictó en ese instante que debía callármelo, meter los cueros en unos sacos de rafia y echarlos en la furgoneta como si fuera escombro.

El propietario vive en la capital y yo dispondría de tiempo para examinarlos a conciencia, para  apreciar en su neta medida sus contenidos y  ajustar  su valor bibliográfico y pecuniario. Dejé la porra, los guantes…coloqué los libros en unos cajones de fruta que se almacenaban en el doble del pajar, golpeandolos  previamante unos con otros para quitarles algo de polvo y  me largué con los mamotretos.  En tanto llegaba a casa intenté descifrar los títulos borrosos o  semiperdidos grabados en los lomos:  Navarro y Sol…,  Colmenas y gallineros. Tesoro(…) gallinas. Fabric(…)  de aceites recolec(…)  Compendio de carpintería. Gran parte de lo que pude entrever  en un primer momento era ilegible. Tenía las gafas sucias de polvo centenario.  Con los guantes puestos y el nerviosismo no podía atender lo que me traía entre manos.  Cría lucrativa de gallinas.    … tenerse gallinas.    Industrias anexas. Castelló y Car…   Imprenta liberal,  Calle del Rincón.

Estaba aturdido por las letras góticas de las portadas, las encuadernaciones deslustradas, los años de edición (cuando figuraban), el editor: Viuda de… no se quién. La aparición de grabados con extrañas máquinas, enumeraciones, esquemas,  grecas en el cabecero de las páginas, planos… hacía que me ardiera el seso.  En muchas casos (una vez que me pude  serenar para hojearlos) observo que las palabras están doblemente impresas y parece que las leyese un borracho. Se aprecia  en las hojas amarillentas el relieve amable obrado por la presión de los tipos en el papel.

Me ha pasado esto, le comenté  por teléfono al propietario por la tarde, tras haber realizado un riguroso escrutinio de las cartillas, los libros y enciclopedias  -algunas sin tapas- que aparecieron tapiados en la casa.  Algún ratón tuvo oportunidad de montar un acogedor nido a costa de algunas hojas, pero la mayoría de las obras están casi en perfecto estado.

Seguía sin asimilar lo que me estaba sucediendo. Recordaba  casos citados en la prensa.  Libros escondidos o tapiados en las casas,  de gozoso y fortuito descubrimiento, a lo largo de la historia, por motivos tan peregrinos como  indocumentados en la mayoría de los casos. Es normal encontrar enseres domésticos, botellas antiguas, periódicos que se deshacen entre los dedos, herramientas, juguetes, pero…

No te preocupes. El fin de semana me acerco por el pueblo y lo vemos. Me tranquilizó mi interlocutor.   Entre tanto se me ocurrió que al menos me los prestaría para ir volcando sus contenidos  o scanear alguno y divulgarlo en esta gacetilla.  En su mayoría son tratados y manuales de gallinocultura y cunicultura, albañilería, conversaciones instructivas,  un  curioso opúsculo de contabilidad rural, lecciones de  ebanistería con profusión de grabados en  la mayoría de los casos. Destilados, vinicultura.

Tengo que reconocer que me dejé atrapar por un cierto desencanto en la idea primigenia de que pudieran ser ediciones perdidas de la dramaturgia  del Siglo de Oro, obras olvidadas de algún erudito del XVIII o incluso algún  breviario o incunable…  Crasa decepción, al fin.

Pero duró poco el sinsabor, porque las satisfacciones que me viene produciendo el manejo de estas obras suplieron la mala sangre de no poder quedármelas, tras estimar -a mayores- el curioso caso del dueño primero de aquellos libros y la verdadera historia de los manuales que luego me fueron contando.  Pero esa ya es otra historia.

Me han pedido discreción, de ahí la ausencia de imágenes.  Ya caerá alguna con permiso de la propiedad.

Comienzo leer alguna tarde…  Cito textualmente.

“Nada emprendas en Avicultura sin haber leído, por lo menos, cuanto dejo consignado en este libro.
2 . No te arriesgues á emprender en grande escala más que lo que experimentalmente hayas podido ver en pequeña obteniendo buen resultado.
 3 . Nada intentes sin plan fijo y sin contar con el capital y los elementos necesarios para sostenerlo.
4 . a No desmayes ante el fracaso de algunos que, sin elementos, se creyeron avicultores, no sabiendo siquiera mo debían serlo, pues tú, más apto, inteligente y vigilante de tu industria, sacarás producto de donde ellos no supieron obtenerlo.
5.a No olvides que el mayor ó menor orden y á ¡a buena ó mala administración, así como el aprovechamiento ó abandono hasta de un grano de maíz que pueda quedar esparcido y olvidado en el suelo, se deberá el éxito ó el fracaso de la industria.
6 . No te forjes ilusiones; ve aumentando tu producción según convenga al mercado que te vayas abriendo, é insensiblemente y sin darte cuenta, pasarás á ser gran productor, sin que ni remotamente hubieres pensado en serlo.
7 . Si no quieres ser avicultor industrial y sólo sientes por la Avicultura simple afición, foméntala y entrégate resueltamente al noble spo?~l que de ella se origina; permanece junto al hogar cuidando de tus avecillas cuantos ratos puedas, en la seguridad de que entre ellas no hallarás nunca sinsabores, y en cambio verás mil veces omprobada la verdad de aquellos sentidos versos de fray Luís de León, en que me inspiré al tratar de escribir las primeras líneas de este libro y en que sigo creyendo al dar gracias á Dios por haberme permitido concluirlo.”

Y lo dejo y abro otro.

Salud.

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6 respuestas a GALLINOCULTURA.

  1. Isa dijo:

    Es curiosa la excitación que siempre nos producen estos hallazgos por mínimos que sean. ¿Tendremos alguna neurona mal diseñada?

  2. ¡Enhorabuena!!! ¡Qué fascinante hallazgo Paracelso! Lo que habría dado por estar allí contigo en el momento del descubrimiento… y de qué año son las ediciones? Un abrazo

    • Paracelso dijo:

      La mayora son de mediados del siglo XIX. Ayer estuve repasando un pequeo opsculo de un agricultor manchego sobre el cultivo del azafrn y el ail. Lo mejor, la descripcin pormenorizada de las labores culturales, pero tiene una descripcin de la situacin socioeconmica en esos aos que parece un anlisis de la situacin de crisis actual. Viene a decir tb que son fundamentales los trabajos y tareas de subsistencia. Como el cultivo del azafrn al que se dedicaban en tiempos los jornaleros con muy pocos recursos o sin tierras, arrendando partes dedicadas al cereal o de peor calidad, a bajos precios. El rendimiento estaba asegurado y complementaba en invierno los ingresos familiares. Una joyita de un simple agricultor de Ciudad Real. Han aparecido varios manuales de cra de gallinas, algunos muy rigurosos para la poca y otros basados en la experiencia. Se podra ir haciendo una interpretacin antropolgica, literaria etc muy interesante, pero me supera. Espero que con tiempo pueda ir volcando ms informacin. Salud.

      > Date: Thu, 22 Nov 2012 09:32:56 +0000 > To: fhmsolerias@hotmail.com >

  3. Oliva dijo:

    Nada ocurre en tu vida por casualidad. ¿Cómo te estaban esperando los libros? ¿Cómo sabían los libros que te “gustaban” las gallinas???????

    • Paracelso dijo:

      Serendipia se llama. Porque algo estaba “buscando”, seguro. Lo que ms me interesa ahora, independientemente del inslito y fantstico suceso, es intentar ir volcando la informacin de ms inters para los cultivos, la cra de gallinas y la autosuficiencia en el campo. Salud.

      > Date: Wed, 12 Dec 2012 21:51:18 +0000

      > To: fhmsolerias@hotmail.com >

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