LOS PLIEGUES DEL AGUA.

Hace algún tiempo acostumbraba acercarme  a un arroyo hurdano  a consumar  el mismo sencillo, si se quiere maniático,  ritual : sentado en alguna piedra de la orilla,  metía  los pies en el agua…      Entre tanto he cogido agua varias veces con las manos  para  arrojármela en la cabeza pelada.Permanezco un instante  con las manos cálidas abiertas sobre la testa, mientras veo el agua correr, hasta que se me ponen los dedos  de los pies morados.  Es tan gratificante tener cerca agua.

El sonido del agua en el invierno de la Alhambra corriendo por lo alto de los muros, por las acequias, en las pilas de las fuentes u observarla serena en los estanques, sin la distracción  de exuberancias primaverales, ni  de los turistas.     El agua en Al-Andalus, un sueño.

Molino-proa.

En el ámbito  de una sociedad desarrollada como la que conocemos pocos agricultores u hortelanos de huertos familiares, colectivos  y urbanos ignoran que el buen manejo del agua es fundamental para el mejoramiento sostenible de la producción de frutos y un abastecimiento racional.

Dice un informe de la FAO que  “la reducción de la capacidad de un suelo para aceptar, retener y trasladar el agua reduce a su vez la productividad de la biomasa, ya sea de cultivos, pasturas, arbustos o árboles. La porosidad del suelo está estrechamente relacionada con los rendimientos, con la economía de la explotación agrícola y con la sostenibilidad y medios de vida de las familias de los agricultores. Los agricultores comprenden claramente que la tierra labrada donde había vegetación prístina proporciona una fertilidad gratuita de la cual se benefician los primeros cultivos. Pero también saben que después de unas pocas cosechas esa productividad declina y que parte de esa declinación está asociada a la degradación de las condiciones físicas del suelo. Sin embargo, es menos conocido el hecho que este daño hecho al suelo y  la pérdida de materia orgánica llevan a una mayor escorrentía superficial y a una disminución del contenido de humedad en el suelo.

A mí me interesan los caminos del agua.

El caño del lavadero

…puede ser, entonces, buen momento para sistematizar algunas cuestiones  sobre el agua en el sembradío que  conocemos,  sobre su comportamiento, los distintos grados de hidratación del suelo y su incidencia en la vida de las  plantas y aportar algunas observaciones  personales.

El agua controla dos aspectos fundamentales  del crecimiento de las plantas: el aire y la temperatura del suelo.

Ya conocemos que el suelo está formado por partículas inertes, minerales, corpúsculos orgánicos y seres vivos formando muchas veces agregados. Los poros más pequeños  se llenan de agua y los más grandes de aire. Una parte del agua infiltrada circula con partículas en suspensión por los poros más grandes.

La atracción del agua hacia la tierra (absorción) se origina como consecuencia de que en las partículas sólidas existe una descompensación eléctrica. Así,  las moléculas de agua actúan como dipolos y son atraídas por la fuerza electrostática.

El agua en la tierra es retenida  por su carácter dipolar: su extremo es retenido por cargas negativas de un sistema que los entendidos llaman caloide, (como la piedra pómez, la  espuma,  el humo,  la mayonesa, la niebla…), por lo que se forma una nueva capa negativa que orienta y retiene otras capas. Los edafólogos lo llaman higroscopicidad.  Hay otros  procesos de retención derivados de la capilaridad o capacidad de adhesión del agua a las partículas y la repulsión de partículas.

Tornas en primavera.

Las planta no asimilan toda el agua útil y del total incorporado el 98% es eliminada  a través de la transpiración.  El agua circula por toda la planta, desde las raíces a las hojas, merced a la diferencia de humedad entre el suelo, la planta y el aire.

Son los estomas  -o  bocas de las plantas-  los que regulan el cierre y apertura de las puertas de intercambio gaseoso con el exterior (estiolos), que a su vez absorben dióxido de carbono y expulsan oxígeno y vapor de agua, los que regulan  un proceso que se conoce vagamente porque no se han precisado con exactitud los mecanismos que accionan la apertura o cierre de estos órganos.  Sugieren algunos  que inciden algunos estímulos externos como la  luz, la aportación de agua o  la concentración de gas carbónico.

El agua en el suelo incide de forma señalada en la síntesis de la materia vegetal, en el transporte de los materiales absorbidos por las raíces y  en el control de apertura y cierre de estos órganos más arriba citados.

Sabemos que cuando se riega gran parte del agua se evapora en la superficie del terreno en las siguientes 24 horas, de ahí que el sentido común nos lleve a realizar esta tarea en los momentos  con menor radiación solar.

En el suelo hay deficiencia de agua cuando el agua útil es inferior a la que se evapora por la transpiración,  es decir a la suma de agua evaporada  y la que transpira la planta.  En estas condiciones deficitarias se hace preciso el aporte de agua para mantener equilibrado el rendimiento del cultivo. Ya sabemos que un riego a tiempo puede salvar una cosecha.

Pero tan perjudicial como el déficit de riegos es la inundación continua del terreno; suele aumentar el riesgo de plagas y la propagación  de hongos, si no se cuecen las plantas antes.

A pormenorizar.

En función de parámetros como el movimiento  o  la localización en el terreno se habla de agua de escorrentía, gravitacional,  retenida,  capilar y de absorción ligada.

El agua de escorrentía circula por la superficie o por el  interior del horizonte  paralelo.  Sabemos que no es constante porque se produce en terrenos inclinados en el momento de  precipitaciones intensas  cuando, por sus características, estos no pueden absorber el agua caída.   Son especialmente delicados los suelos arcillosos, en pendiente y desprovistos de cubierta vegetal.

El agua llamada gravitacional se infiltra en el suelo por efecto de esta fuerza terrestre y circula por poros superiores a 0.008 mm. Tiene un flujo más rápido si circula por intersticios superiores a esos 0.008 mm y la pérdida de perfil se produce  en las primeras horas después de la lluvia; un flujo más lento, al discurrir por poros de entre 0.005 y 0.008 mm, retarda su descenso a los dominios infernales de Hades.   El agua gravitacional alimenta los acuíferos.

La  combinación asombrosa de moléculas de hidrógeno y oxígeno que hemos convenido en llamar agua  y  que ocupa o rellena los poros inferiores a 0.005 mm se denomina agua retenida

El agua capilar es la que retine el  suelo  formando menisco  y puede ser absorbida por las raíces de las plantas. Hagamos un pequeño escolio sobre este efecto.

Cuando las fuerzas de adhesión entre las moléculas del líquido y de las paredes del recipiente que lo contiene son mayores que las fuerzas de cohesión del líquido, se produce la  conocida concavidad del menisco.  Según las fuentes del ramo  consultadas los meniscos en los líquidos  son consecuencia  de la capilaridad de un líquido con un sólido (como la tierra), debida a la interacción entre las moléculas del líquido y las del sólido.

El agua de absorción ligada  se encuentra formando una película en las partículas del suelo y es retenida con tanta fuerza que no es accesible a las plantas.

Todos sabemos  también que en suelos arcillosos, más compactos, la retención de agua es mayor que en los arenosos y por tanto en estos últimos alcanza mayor profundidad, pero de no existir una capa mas impermeable se pierde con rapidez del perfil.

La intensidad con que el suelo retiene el agua depende  en primera instancia de la cantidad de agua presente, claro.  Cuanta más cantidad de agua hay en el suelo mayor  es la fuerza  de retención, pero también depende del tamaño de las partículas del suelo;  cuanto menor es el tamaño de las mismas, mayor es la fuerza con que se retiene el agua.

Todo el que trabaja la tierra para cultivarla y obtener un rendimiento hortícola intuye los distintos estados de hidratación del suelo.

Por ejemplo,  la máxima cantidad de agua retenida por el suelo se denomina capacidad de campo o lo que es lo mismo la suma del agua capilar y la de absorción.

En palabras de los expertos  este concepto “se refiere a la cantidad relativamente constante de agua que contiene un suelo saturado después de 48 horas de drenaje. El drenaje ocurre por la trasmisión del agua a través de los poros mayores de 0,05 mm de diámetro; sin embargo, la capacidad de campo puede corresponder a poros que varían entre 0,03 y 1 mm de diámetro. El concepto de capacidad de campo se aplica únicamente a suelos bien estructurados donde el drenaje del exceso de agua es relativamente rápido; si el drenaje ocurre en suelos pobremente estructurados, por lo general continuará durante varias semanas y este tipo de suelos de estructura tan pobre raramente tiene una capacidad de campo claramente definida. La capacidad de campo se determina mejor en el campo saturando el suelo y midiendo su contenido de agua después de 48 horas de drenaje. Los expertos pueden medirla sobre el terreno transcurridos tres días después de un periodo de lluvias y protegido el suelo de la evaporación”.

Para nosotros, sin instrumentos de mensura,  el suelo a capacidad de campo se siente muy húmedo en la mano.

La cantidad de agua que se encuentra ligada a las partículas del suelo se denomina punto de marchitamiento  permanente y no está disponible para las plantas. Se refiere, por tanto, “al contenido de agua de un suelo que ha perdido toda su agua a causa del cultivo (…). En esas condiciones, el cultivo está permanentemente marchito y no puede revivir cuando se le coloca en un ambiente saturado de agua.Si cogemos con la mano este tipo de suelo lo sentimos ligeramente húmedo o  casi seco.

Estamos ante una clasificación biológica de la humedad del suelo.

El agua útil, entonces, es la que está a disposición de la planta y su índice se obtiene por la diferencia entre el agua a capacidad de campo y la cantidad de agua en el punto permanente de marchitez.  Es el agua capilar. Un terreno bien estructurado,  con aportaciones de humus periódicas, mejora la disposición de agua útil en nuestros huertos y permite el intercambio, el tránsito del líquido elemento.  La tierra tiene “jugué” o “tempero”, diría un campesino por aquí.

Pero los terrenos también pueden llegar a la saturación cuando todos los huecos están llenos de agua. Este estado es temporal por efecto de la gravedad; gradualmente los poros van llenándose de aire.

Por tanto el agua se mueve en el suelo  en función  de factores como la climatología,  la estructura del suelo  y la temperatura ambiente. El agua tiende a descender por efecto de la gravedad pero su recorrido está supeditado, evidentemente, a la cantidad que reciban los suelos, a las pendientes y  a la incidencia de las escorrentías y  está condicionado, de forma evidente por las cubiertas vegetales presentes.

Aquí debería ir un gráfico de distribución del agua en suelos francos con riego por infiltración lateral, un  dibujo de la capilaridad o similar que tengo por ahí pero mejor pongo esta foto para no cansar.

Por aquí entró alguna vez el agua.

La textura arcillosa limosa, o arenosa de un terreno determina el movimiento del agua.    La estructura  del suelo es un condicionante esencial en el movimiento del agua gravitacional que ocupa los poros más grandes. Para que en un suelo la permeabilidad sea óptima, la cantidad de macroporos tiene que ser superior al 10 % del volumen del suelo.  En suelos equilibrados esta porosidad forma grumos.

Pero el agua también presenta movimientos ascendentes derivados de la evaporación y la transpiración de las plantas en momentos de intensa insolación o periodos secos.  Los terrenos se van desecando  con la pérdida de agua en superficie produciéndose un  desequilibrio entre las zonas profundas y las superficiales.  En estas condiciones se produce una corriente capilar ascendente condicionada por el  tamaño de los macroporos , por la variación térmica y por la presencia previa de agua en capas inferiores.  Hay quien  recomienda intervenir lo menos posible en los cultivos para  que la corteza del terreno limite estas pérdidas de agua.

Otros factores físico-químicos como la Ley de Darcy -que describe el movimiento del agua en un medio poroso-  regulan los movimientos del agua en el perfil.

Un ejemplo paradigmático de estos movimientos del agua lo encontramos en  el bosque, donde la sombra y la transpiración que generan las plantas, crea unas condiciones de humedad  que no permite que el suelo se seque,  como cuando cubrimos o acolchamos o empajamos  un cultivo.  Estas técnicas, como algún laboreo par evitar que se formen costras,  rompen la capilaridad.  Así las cosas, las necesidades de agua son menores con el consecuente ahorro en recursos hídricos.

Es muy recomendable intentar crear un microclima más húmedo en el huerto con la presencia de otras plantas o setos y cortavientos.

En la huertadelosrobles se riega con el principio básico de infiltración lateral,   es decir, por surcos.  El agua discurre por el caño, con tierra más compactada, donde no hay plantas y se infiltra en los caballones  lateralmente, por capilaridad.  Tras el paso del agua  y en unos instantes la tierra se humedece casi en su totalidad.

Este procedimiento cuenta, en el caso que nos ocupa, con un aliado que podríamos denominar estructural.  Se trata de la escasa profundidad del suelo y la presencia de un perfil de roca que propicia el reparto del agua.  Este sistema de riego  me permite separar los surcos y transitar por el cultivo sin dañar las plantas.   Las hojas de las plantas permanecen más alejadas del agua y no se pudren los frutos que aparecen más bajos. El agua se maneja con comodidad y  preciso menos cantidad al saturarse el terreno con relativa facilidad.

He venido observando que la aparición de adventicias se localiza, al menos en las primeras semanas de los cultivos, en los límites de las zonas húmedas con las más secas y se hace más fácil su eliminación.  Tras el riego germinan las semillas de cenizos, juncias y otras hierbas. Antes de que se desarrollen, en unos días, debo retirarlas escabuchando el terreno con una azadilla pequeña.

El inconveniente más relevante es la necesidad de no espaciar la secuencia de los riegos más de cuatro o cinco días en días muy calurosos.   El riego no se puede delegar, evidentemente, como en  un sistema “mecánico”, requiere constancia hasta bien entrado el verano y se precisa alguna pericia y experiencia para la sistematización del terreno y el aprovechamiento de las caídas.

Voy comprendiendo el método de canteros, tornas  y tablas con caballones anchos, regueras primarias de entrada del agua y de vertido…

Dicho lo cual disculpen, amigables lectores, la gravedad  y desarticulación de estos escritos,  de montaje anodino.  Son notas,  secuencias sueltas de mis lecturas y merodeos por libros y sitios de la red.    En el frente incruento de la curiosidad se acaba el dolor y el que mira nunca se arrepiente. . .

Mis fuentes:

Depósitos de documentos de la  FAO, alguna de las numerosas páginas de edafología de la red y Nuria Alonso.

 

Esta barca… en otro tiempo.

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