LIBROPESÍA

Es 23 de abril y voy a hablar de libros. Son las prerrogativas del único empleado de esta gacetilla virtual.

Yo compro libros,  algunas veces me los prestan en las bibliotecas y para joder un poco siempre los regalo en fechas señaladas. No he tenido la oportunidad  en estos días de meterme en ninguna de las librerías que suelo frecuentar y consumar  la costumbre ya antigua  de hacerme, en un día como hoy, con alguno de los  libros que tenga  anotados en cualquier papel y pendientes de hojear.  Tengo por casa otros  por empezar de modo que puede servirme  cualquiera de ellos para homenajear el aliento cervantino.

No quiero ponerme lechuguino, ni pedante. Lo detesto, de modo que si les aburro cierren.

No concibo la vida sin estos objetos de papel cosido entre unas guardas y con tapas de cartón, cuanto menos.  Es una enfermedad, a decir de Quevedo, que llamaba libropesía a esa propensión  maniática a coleccionar libros sin más.  Pero les aseguro, tolerantes lectores, que alguno leo.

Esta tarde empezaré Archipiélago de Hölderlin en una edición  muy cuidada, publicada hace unos meses por la editorial La oficina.   Soy muy influenciable y fue Félix de Azúa con un hermoso y vehemente artículo publicado en El País quien me condujo a buscar el libro y leerlo. Perder lo que nunca fue nuestro. Es un poema, un poema de 296 versos.  Con eso puedo. Pero lean el artículo de Azúa que lo explica mejor que yo.

Estaba  el ejemplar un poco a trasmano porque estoy embarcado  aún en la lectura de las Empresas y tribulaciones de Maqroll el Gaviero en una edición  de Alfaguara que, para mi grata sorpresa, encontré en la biblioteca municipal y de la que me pude apropiar con permiso de la bibliotecaria, “porque nadie lee esas cosas”.  No se siquiera si está  aún está a la venta.  Lo que más me duele es no poder gastar mis lapiceros de colores subrayando y haciendo anotaciones por cualquier espacio en blanco.   No es por azar que me lo esté pasando tan bien descifrando y  registrando  los guiños literarios y cinematográficos de esta colección de novelitas.  Una  abierta satisfacción.

Se muy poco del autor alemán y nada  de  Alvaro Mutis.  Es tentador en ocasiones leer a saco, sin prejuicios o condicionantes de tipo vital  o estético y  abordar lecturas por sugerencias de los amigos  o intuiciones.   Como decía precisamente Cervantes, cada uno es hijo de sus obras y a las de estos tipos me dedico en estos días.  Será otro el momento de referir las impresiones,  evocaciones o presencias que unos y otras puedan promover.  ¿Por qué me llevan los infortunios de El Gaviero  a las películas de la historia del cine que más me han gustado y a las que vuelvo asiduamente, a los personajes y los guiones más audaces, a unos tipos de moral en extinción, a algunas novelas de género imprescindibles, a la tradición oral, a la literatura dentro de la literatura?  No se muy bien…

Asumo  que la lectura me trastorna. A ver si voy a coger una perra con estos libros, como  Don Quijote con los de caballerías, y acabo de marino mercante.

Sólo un cosa más. Si tienen oportunidad lean  El Dorado, un  ensayo del autor de La isla del tesoro  (Son sólo cuarto páginas)  o cualquiera de sus escritos no novelados.

Seguro que me repito. En la navidad de 1888 Stevenson  escribió  en un sermón para su familia:

<<Ser honesto, ser amable  –ganar un poco y gastar un poco menos, por lo general volver mas alegre a una familia  por su presencia, renunciar  si es preciso y no sentirse amargado, tener unos pocos amigos pero éstos sin rendirse jamás, sobre todo, con esa severa condición, ser amigo de sí mismo–  he aquí una empresa que requiere toda la fuerza y la delicadeza que pueda tener un hombre. Posee un alma ambiciosa quien pidiera más, y un espíritu optimista quien esperase que tal  empresa sea exitosa. Hay,  sin duda alguna, en la suerte humana un elemento que ni siquiera la ceguera puede controvertir: sea cual fuese  nuestra tarea, no estamos destinados al éxito. Nuestro destino es el fracaso. Así en  toda arte y todo  estudio; es así sobre todo en el mesurado arte de vivir bien>>

La humildad.  Nunca me cansaré de transcribir estas líneas.

Esto  no es para Stevenson, en opinión de Manquel -uno de sus mejores antólogos- causa de lamento, sino de regocijo: “Si no estamos obligados al éxito podemos disfrutar de nuestras labores sin sentimiento de culpa y sin temor al castigo”    Vale.  Salud.

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4 respuestas a LIBROPESÍA

  1. Me apunto El Dorado, me encantó la Isla del Tesoro. Un abrazo.

  2. veronica dijo:

    Antes ya la padecía, pero desde que tengo mi ebook y puedo llevar en el bolso toooda mi biblioteca (tengo al menos 250 ebooks) sin que mi hombro sufra las consecuencias, mi libropesía es más aguda que nunca jejeje, es una gozada poder escoger en cualquier lugar y momento qué lectura prefieres (y no pagar plus por exceso de peso de equipaje en el aeropuerto jajaja).
    Gracias por la recomendación y feliz Sant Jordi, un día después.

    Saludos!

    • Paracelso dijo:

      No descarto hacerme con uno, Verónica; las posibilidades que ofrecen esos electrodomésticos son inimaginables. Pero tengo más problemas: imaginad la sensación que produce coger un libro para releerlo o simplemente echar una hojeada y que aparezcan notas de hace diez años, bisoñas, ingenuas o deslumbrantes, hojas y fichas con una letra que ya no reconoces. Y que te lleve a la persona que te lo recomendó o la época en la lo compraste.
      Tengo alguno que pasó por las manos de su autor para hacer algún dibujo o poner una nota afectuosa en la primera página; libros infantiles de difícil traslado a otro soporte por las ilustraciones, la textura del papel, el color de las hojas, porque tienen una mancha de yogur o mil veces repetidas las huellas dactilares de tu familia…
      Con el tiempo se relee más que se lee. Nos volvemos más maniáticos. Salud.

      • veronica dijo:

        Creo que la ventaja de estos aparatos es precisamente la facilidad de acceso a la lectura en cualquier sitio y momento. Como digo, no tener que escoger qué libro llevarte por ejemplo en vacaciones, si eres de los que, como yo, puedes leer dos o tres libros al mismo tiempo. Pero desde luego donde se pongan las sensaciones que transmite un libro en papel, no podrán ser sustituidas nunca por ningun ebook. Normalmente en ebook suelo tener muchos libros, muchos “conseguidos” de la red y que posiblemente por motivos económicos no compraría, no puedo comprarme todos los libros que quisiera. Cuando uno me gusta mucho mucho mucho, tanto que lo leo y lo releo, entonces me lo compro en papel. Yo soy de las que firma sus libros en la primera página y pone la fecha, también de las que en lugar de utilizar un punto de libro dobla la esquinita jejeje… de las que los soba vamos ¡¡tengo libros de cuando era pequeña!! He vuelto a comprar libros que me habían gustado tanto que los había prestado y que por diferentes motivos no habían vuelto a mi.

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