MATINAL.

Pronto  la luz atravesará los cristales para inundar la sala en la que no se acabará de  sentir el tiempo de la madera quemada durante meses.  Enciendo aún la lumbre. No da ya tanta pereza salir al día – mientras se calienta  el desayuno- a desperezarse con los gatos, contrariado y excitado por la persistencia de las nubes;  son  las primeras ceremonias amables, irrenunciable.

Esta es la última oración  para exorcizar los rigores invernales.  Arranco al son de las primeras notas de la siringa pánica.

Hace días que cambié la cabecera.  No puedo encajar las tropelías sociopolíticas de las clases dirigentes.   Dos cosas hay importantes en este mundo -entiende  Cervantes  y lo pone en boca de Sancho- que son tener y no tener.    Desde que dejamos de ser recolectores y nómadas no ha cambiado nada.

Tras las abluciones se calza uno las botas y sale.

Salud.

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