VERGELERO.

                                                                  “Junto a los arriates se siente tu morada,
                                                                   al arrimo de mirtos te agradará habitar;
                                                                   en sus hojas contempla el nocturno rocío,
                                                                   cual gotas de bedelio o de aljófar sartal.”

                                                                                      Moseh ibn Herza

Me desconciertan los jardines terminados. No entiendo -y es posible que se deba al carácter inconstante de mi proceder- que se pueda tener un jardín  bien atendido y cuidado, de rigurosa observancia estacional.

Por aquí manda el ritmo circadiano, o lo que es lo mismo, el rito de paso, más que las flechas bidireccionales del reloj, la sucesión de acontecimientos predecibles o el imperio del calendario. Creo haber dejado dicho ya que prefiero la amalgama del vedeger, el jardín pagano de aromas herméticos y “mansos ruídos”,  desordenado, podrido, superviviente, maduro, dejado de la mano de alguna sombra caída en desgracia.

Recuerdo perfumes de plantas  del sur,   tan sutiles como los  que desprenden las vesiculitas de arrayán. Los jardines, intuyo, son excelentes pretextos para invocar, imaginar o evocar.

A lo lago de la historia han sido muchos los que han visto indicios de la capacidad de percepción del desánimo o la euforia de sus cuidadores. No lo sé. Si las asistes te recompensan con su tempo.

He sembrado plantas toda a tarde.

La búsqueda de armonía, más que una trivial afición, da sentido a lugares como el que muestra María José en su Diario (diariodemijardin.blogspot.com) ;  un jardín de marcado carácter anglosajón, digo. No dejen de ver, ocupados lectores, las fotos que inserta estos días de Fragas del Eume, haciendo, al pie, una reflexión sobre el incendio que ha dejado tocado este bosque ibérico increíble días atrás. Seguro que algún salvaje ha pagado para prenderle fuego como infame inversión de futuro o para explotarlo como parque temático. No me excuso por el exabrupto.  Salud.

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