VIEJA MATERIA.

 “Es fácil ver los árboles en las vigas o recordar el movimiento del hacha. Hay quien puede recordar de qué lado soplaba el viento dominante cuando la viga era un árbol en el bosque”

JB.

He adelantado el muro y se va haciendo necesario colocar un cargadero, la traviesa que cierre por la parte superior del hueco y poder rematar.

Habrán podido observar  en la foto inicial que curro poco en la casa y no puedo  mostrar fotos de una huerta,  prácticamente abandonada y en la que a duras penas sobreviven unos ajos y los arbustos frutales;  en estos momentos es poco agradecida. No es su tiempo.

Las notas en los cuadernos se acumulan, ya no las controlo,  maremagnun sin orden ni concierto. Me demoro en publicar entradas… Para  editar una gacetilla de estas características sólo se precisa  un poco de vanidad, pero ese es otro tema.

Digo que ya estoy terminando el muro y he  consolidado la parte exterior de lienzo sur que linda con otra propiedad.

El “palito”  que  se aprecia en la foto superior procede de los rodales de robles,  en otro tiempo más vigorosos,  en el  mar de encinas que oculta este patio trasero de Castilla.    El roble no es una madera estructural muy comercial  hoy día por la presencia de nudos u ondulaciones de las fibras…, pero es lo que se ha utilizado siempre por aquí junto con el negrillo  y, además, me gusta su textura.

Tenía guardados desde hace algún tiempo unos  palos procedentes de la reforma de una casa del pueblo, construida a principios del siglo pasado y que sus propietarios generósamante me ofrecieron o yo pedí  (no me acuerdo) La mayor parte del maderamen fue pasto del fuego del hogar.   Esta partida  en concreto está  casi fosilizada por  efecto del humo.    Estas casas están profusamente ahumadas.  El tiro o chimenea se fabricaba de tales dimensiones que escapaba el humo y hasta hace poco la cubiertas eran de tejabana,   esto es, teja colocada sobre ramaje de aliso o ripias finas para facilitar el escape del humo en las construcciones  más humildes;   en puridad algunas  no son mucho más sofisticadas que un chozo celta.

No tengo experiencia  en los trabajos con la madera, ni en los  factores que la degradan.  Sabemos, atareados lectores, que la intemperie, el sol y la humedad o los agentes biológicos como hongos y algunos insectos especialmente voraces la destruyen, que arde si  no colocamos elementos aislantes ante los focos del fuego.

Podemos evaluar el estado de la manera “de oídas”.  Si la manipulamos o  la golpeamos con un martillo  y el sonido no es claro o neto puede tener podredumbres interiores.

Pero lo que realmente valida su idoneidad para integrarla en una casa -independientemente de su aspecto general, ausencia de  grietas  o nudos sospechosos,   es su capacidad de absorción cuando  aplicamos cualquier tratamiento.  Lo mismo vale para la madera comprada en almacenes.  Si los palos no embeben con facilidad  es que  están húmedos y pueden ser invadidos por hongos  e insectos con mayor facilidad. No está en condiciones de ser reutilizada.  Otro ardid para comprobar la calidad de la madera nueva  consiste en echar aceite templado en alguna tabla, antes de comprar una partida grande; si se coagula o quedan perlitas seguramente la madera fue cortada en una estación  poco propicia.  En este ámbito hay de todo, como en botica,  y no están los tiempos  como para comprar mal.

La buena madera desprende  al trabajarla ese olor característico que tanto nos gusta, tiene un color homogéneo concreto  para cada tipo, apenas tiene defectos o nudos y las  fibras están dispuestas de forma rectilínea, lógicamante si las piezas están cortadas al hilo.

No voy a abrumar con  prolijas descripciones de las escuadrías, secciones  y  despieces que pueden encontrarse en la bilbliografía especializada o en la red,  pero en la construcción se habla con más propiedad de madero, tablón, listón, cacha,  tabla, tablero, listoncillo, ripia,  chapa… que me acuerde ahora.  Ya son muy comunes los tableros laminados para encofrar, preparar pequeños andamios,  etc. No se retuercen, ni se deterioran con facilidad.

Todos conocemos las propiedades  mecánicas, estructurales o estéticas de la madera. Piedra, arcilla y madera  es la terna básica  de una construcción amable.  Sigo en la línea de gastar lo menos posible (sin que se vea comprometida la estabilidad del edificio) y guardar  todo lo que encuentro, pido o me ofrecen a la espera de encontrarles  su lugar.  Voy apilando insignificantes pecios en el corral,  un provechoso empeño de rodearme de objetos singulares más allá de las retamas y los canchos que  pueblan  estos silencios.

Este es un sencillo elemento,  restos de un pié derecho o pilar cortado para desmontar la cubierta de una casa. En un extremo se puede apreciar el rebaje de una unión de la madera a caja y espiga  que se emplea para establecer apoyos en luces muy amplias.

Colocaré,  para completar el cierre un ángulo de hierro y otro trozo de madera hacia el interior de la sala.  Supongo que el conjunto aguantará  unos años.

En esta foto se aprecian los taladros de las larvas de la carcoma. Para más seguridad se puede inyectar con una jeringuilla en cada orificio algún producto anticarcoma; es  ya una  tarea minuciosa de restauración a fondo.

Estas son notas anecdóticas  sin rigor técnico, pero a mí me sirven para darle nuevo uso a unos palos viejos. Ahora bien,  lo que prima cuando compramos madera, es la garantía de un proveedor de confianza y el precio, claro.

Apenas le he quitado el polvo y aplicado “una manita” de gas-oil  mezclado con un poco de aceite de motor;  cuatro litros se ha tragado.  Tengo que limpiar la pieza, sanear alguna zona mínima acorchada y carcomida con un insecticida,  pero no por casualidad está muy curada y muestra un color que ningún tinte mejorará;  es madera vieja, dura y pesada  con una textura casi cristalizada por el hollín.   La madera dispone, pues,  de  una protección natural pero al colocarla ahora a la intemperie -con  una función también ornamental-  es conveniente estabilizar su estructura  para que soporte una carga mínima y resista unos años más.

Una vez colocado en su sitio el cargadelo le aplico a las zonas que van en contacto con la piedra o el mortero, no expuestas,   una mano de clorocaucho o pintura, como es el caso, para aislar la madera de la la humedad.  (Hay que ir apurando botes  que van quedando)  He tenido la oportunidad de observar cómo un buen número de cuartones o vigas  en casas antiguas empiezan  a pudrise precísamante por las zonas  ocultas que entran en los paramentos o apoyos.  Poniendo esta membrana sintética  evitamos,  en las regiones más húmedas, un deterioro precoz .

Llega el  aire templado del sur y a medio día se está bien sentado en lo alto del andamio a esperar la improbable visita que me libere, con la conversación,  de  tan infausta laboriosidad.

No sé por qué motivo al trabajar estas piezas requemadas me pasan por el caletre  las esculturas de Giacometti. Los bustos negros, las texturas de las figuras humanas en movimiento y de los animales,  la sobriedad… el claroscuro mineral, la amargura.  Una nueva sinzazón.    Salud.

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