MAMPOSTERÍA CONCERTADA. El muro mixto II

  “…la fatiga de que toda carne es heredera”

J.B

La piedra ha sido el principal y casi exclusivo elemento de construcción es esta comarca de las estribaciones de Gredos.   No ha perdido en absoluto su función estructural.  Es un material idóneo para tales afanes porque no se quema,  es escasamente permeable, se degrada con sorprendente morosidad en un entorno natural y -lo que es más trascendente y substancial-  es abundante.

En la piedra está el origen de las construcciones estables del hombre.   Durante siglos ha sido el material elegido para la representación de la duración en el tiempo y del poder.    El  campesino construye con lo que tiene más a mano;  en ciertos casos, como el de la piedra, para las construcciones más humildes, no tiene más que “cosecharla”.   La estructura de sus edificaciones se basa en los muros de carga entre 50 y 90 cms de grosor en función de la altura del mismo. Los muros exteriores son de mampuesto trabado con barro o simplemente en seco.

Hoy día construir con piedra puede ser un signo o de prestigio o posición social en según que entorno. El sillarejo, no obstante, ha sido y es un tipo de construcción genuino de las zonas rurales o de  periodos de depresión económica.

La idea genérica que  inspira este esbozo arquitectónico es construir como se hacía en estas zonas de penillanura o  en los valles cercanos: la casa serrana, pero  sin renunciar  a elementos, detalles de otras regiones o que  faciliten la habitabilidad o mi preferencia personal.

Voy a intentar en esta entrada mostrar cómo se realiza un muro  de mampostería concertada a una cara  y llagueada.

Hay otras  técnicas en  las que los huecos se rellenan con ripios y piedra pequeña o en  que la piedra se prepara con formas homogéneas angulares y se colocan a hueso, sin apenas llaga, otras se valen de grandes sillares (he tenido ocasión de apreciar, en  multitud de ocasiones  y lugares obras de carácter popular  de una factura impecable), pero serán motivo, quizás, de otras entradas. Tampoco es el caso de la colocación de lanchas de piedra fina chapada, que ofrece al muro un acabado y carácter  radicalmente distinto.

Este muro de las imágenes no es muy grande y tiene un vano importante. Es habitual poner las piedras más grandes a uno y otro lado de las paredes  o entradas de las ventanas alternativamente para dar solidez y sacar los vivos.

He preferido conformar la  esquina  izquierda con ladrillo macizo tosco  -hecho a mano en uno de los en otro tiempo numerosos  tejares de la zona-  para romper el predominio de la piedra y  he optado por resolver  las esquinas  del ventanal con piedras  graníticas  y calizas más claras, más homogéneas, angulares y proporcionadas y  así conceder al conjunto de la fachada un aspecto más contrastado.

Esto es lo que hay.  Hasta ahora no he necesitado comprar piedra

La siguiente fase del muro  mixto se realiza, por tanto, con una fábrica de piedra, evidentemente a una sola cara.

Esta semana he realizado  los trabajos previos y  los preparativos  para trabajar con comodidad. He cogido ritmo con  las primeras hiladas.

Al comenzar la semana coloqué un nudillo de madera en el vano  para  posteriormente ajustar una mampara de cristal doble o “climalit”, posiblemente de una sola hoja.  Creo haber comentado  que no hay porqué encerrarse en una zahúrda oscura. Haré todo lo posible para tener vista al  exterior desde cualquier ángulo de la pieza y -por supuesto- facilitar la entrada  de la luz. Para ello he prescindido del antepecho de una ventana convencional.

Como es habitual, cuando se  levanta una fachada de estas características, he colocado una serie de miras: en los extremos, en la pequeña esquina y en las posiciones que definirán el hueco del ventanal,  bien aplomadas y sujetas para que no se muevan con los golpes o al atirantar la cuerda ad oc.    De modo que tengo por delante  en realidad dos paños de muro y  otro mas  corto, remetido, que configura  la esquina.

Me quito “la chupa” y a currar.

En circunstancias normales -y si la fábrica fuera a dos  caras- se necesitarían dos personas una a cada lado del muro y  dos cordeles con las reglas ajustadas al trabajo concreto. Se trataría de levantar los dos paramentos u hojas a la vez,  pero este  no es el caso.  Ésta que yo empleo es  una forma más sencilla y práctica, sobre todo para los que lo tienen mucha experiencia.

El espacio que resta, por tanto,  para la piedra es de unos 25 cms, de modo que, consolidado con antelación el proyecto, he  recuperado durante algunos años  piedra de unas medidas ajustadas, ni muy grandes ni muy pequeñas y he acumulado (esto es tan importante como las piezas de piedra)  un buen montón de ripios cuñas, guijarros, cantos, tejas rotas o cualquier material  que pueda servir para calzar o como relleno.

En la base de la pared, (lecho) sobre la cimentación se echa una primera torta, cama o tendel de pasta antes de colocar la piedra.  Es muy importante que la masa sea lo suficientemente consistente para que al poner la piedra encima no desplace todo el material de agarre y nos deje sin posibilidad de maniobra, de corregir la posición y sin llaga.  No podemos emplear pasta  blanda o desintegrada, pero tampoco tan dura que  no se pueda ni manejar.  El mortero debe  tener la plasticidad y consistencia  adecuadas  para que  no se descuelgue. El sobrante debe recortarse con la paleta sin  manchar la piedra. Si la piedra queda sucia  deja unos cercos de sales procedentes del cemento que afean mucho el acabado; hay que limpiarlos.

Es estética y estructuralmente recomendable colocar la piedra a soga o longitudinalmente a la cuerda y a tizón, o  transversalmente.

Después de darle muchas vueltas al tema del mortero –porque es el elemento que da cuerpo al conjunto y dota del color final a la llaga- he conseguido encontrar una tierra en los desmontes y las cunetas de las carreteras cercanas de un color rojo muy vivo que al mezclar con cemento gris concede una textura y color muy semejantes al barro. Es lo que podríamos entender por arena de mina. No he necesitado cribarla. Debe estar formada por alguna roca sedimentaria ferruginosa o algún óxido.  Cuando limpio la herramienta el agua se tiñe y sale el color con toda su intensidad. Quiero imaginar que bien molida daría cuerpo a los pigmentos que utilizaron  los primeros artistas peninsulares (el almagre)  Las posibilidades de esta tierra son sin duda sorprendentes.  Este ocre rojo concede a las texturas de los muros una luz  y una calidez inigualable; tendré que seguir trabajando con ella para otras intervenciones.

La otra opción era emplear cemento blanco estructural y tintes (o cal morena y arena de río al modo tradicional), pero  quedaría demasiado clara para mi gusto.

Es decir que para la argamasa de unión mezclo dos partes de tierra roja o almagre, tres de arena de río limpia y fina para  dar resistencia a la mezcla y dos de cemento gris.  (Hay distintos tonos en función de la cementera que lo fabrique, unos más oscuros que otros)

También se puede usar como elemento de unión arena y cal, que es lo que se ha utilizado tradicionalmente, además del barro. Debo precisar que preparo una masa con el color deseado y otra convencional, incluso más fuerte, para “retacar” y rellenar las partes que no van a la vista. Me entretiene un poco y avanzo más despacio, pero tengo que mirar también  por la economía de los esfuerzos  y de los materiales que no proceden del almacén de construcción.

Creo esencial buscar un equilibrio entre los tonos y texturas de la piedra y el color de la llaga, sin que  llegue a destacar, en mi  modesta opinión, ninguno de los dos elementos.

Hay quien, decepcionado con el resultado llega a pintar las llagas. (¿)

Decía, antes de esta disquisición sobre el material de agarre, que se pone una buena cantidad de argamasa. Voy, a continuación, colocando piezas de mampuesto buscando las mejores caras para que queden vistas – planas y al gusto-  aplomándolas y alineándolas a la cuerda, calzándolas y asentándolas con ripios o pequeñas cuñas si fuera necesario, evitando dejar “cojeos” y procurando que vayan trabadas  o cruzadas e incorporando piezas que abarquen todo el ancho del muro de vez en cuando. Después  se van rellenando los huecos que van quedando detrás con piedras, cascote y mortero.

Es recomendable desde e punto de vista estructural y sobre todo de la labor,  ir completando hiladas a lo largo de todo el muro  -o el tajo que nos hayamos planifcado para el día- con piedras de semejante tamaño e ir buscando el elemento que nos parezca idóneo para un sitio concreto.   Es esencial –disculpen que insista- llevar hiladas terminadas porque también permite que el mortero vaya secando y la obra aguante mejor la incorporación de nuevas piezas  (la piedra, independientemente de su estructura, tiene un índice de porosidad muy bajo de modo que  absorbe muy poca humedad del mortero, tarda en secar o “escupe” el exceso de agua, chorreando por la pared y manchando la piedra. En tiempo caluroso se puede mojar la superficie o el soporte de ladrillo o arcilla.

Es mejor en estos momentos no tocar demasiado la llaga; simplemente se va recortando el sobrante de pasta con la paleta según se coloca la piedra. Ya volveremos más tarde a repasarla -cuando esté más dura-  y a rellenar los huecos  y juntas anchas con piedras pequeñas  o chapitas finas de canto.  Por tanto  no se debe trabajar por un solo lado en altura amontonando piedras.

Con cada tanda o mano se levanta una altura con piedra más o menos proporcionada en cuanto al tamaño.  Al  mismo tiempo, si lo permite la estabilidad de las piedras y el fraguado, una vez colocadas, se enrasa y se remata, cubriendo con masa y ripio la  hilada para conseguir una superficie óptima que reciba la siguiente entrega.

Para conseguir una llaga más uniforme y homogénea  coloco en la base dos o tres cascotes de teja o grapas de ladrillo; así evito tener que rectificar continuamente  levantando piedras y volviendo a echar mortero si se han quedado muy pegadas o sin llaga. Los cascotes dan la pauta del grueso de la llaga de forma más cómoda,  sujetan la piedra que, como los perspicaces lectores habrán tenido oportunidad de comprobar, pesa.

Si una pieza no nos convence le damos vuelta,  buscamos otro asiento, (sobrelecho) observamos si puede encajar en otro lugar o se desecha para otro estadio de la obra.  Siempre podemos, además, ajustarla a nuestras necesidades golpeándola con la maceta para recuadrarla, quitarle aristas incómodas o partirlas.   Hay que colocar las piedras preferentemente en horizontal y del modo en  que queden más estables. Al comenzar los trabajos en sucesivas jornadas  se puede aprovechar -una vez endurecida la fábrica- para colocar piedras de mayor tamaño.  Así no hay riesgo de que se venga abajo la obra anterior.

Estoy colocando mampuesto para una fábrica de sillarejo; la piedra no está labrada ni es un uniforme, está tal cual la encontré en el monte. Hay que buscarse la vida -perdonen  la confianza- y seleccionar  las piezas más cuadrangulares, alargadas o en forma de losa de que dispongamos. Es altamente recomendable evitar los bolos o piezas muy redondeadas (éstas, que irán quedando sin colocar, se pueden ir partiendo para relleno o  para  dotarlas de una cara aceptable) Tenemos que decidir, con cada pieza, una cara para que quede vista  y otra aceptable para el asiento.  Para ello necesitamos disponer de un número suficiente de piedras donde poder elegir y encontrar la que más se pueda ajustar en el tajo y extender todo  para que quede a la vista.  Podemos, así mismo, si se prefiere, separar por tamaños,  aspecto o forma. Todas estas acciones hacen más fácil un trabajo duro, nada  cómodo y que requiere mucho esfuerzo. En estos trabajos no se puede correr.

Para mí es  fundamental  la dimensión estética del trabajo, la incorporación de elementos decorativos…  Mi terna preferente es la piedra, el ladrillo y la madera, con la inserción de algún elemento  que otorgue a la obra un toque personal, como la marca del cantero.  Hay quien incorpora verdugadas o fajas de ladrillo como elemento decorativo, de refuerzo o porque se dispone del material, como es mi caso y hay que colocarlo.

No tengo la más mínima  intención encarecer el presupuesto final de la obra con  la colocación de piedras llave en las esquinas; tienen que venir labradas y medidas de la cantera o el almacén y  se necesita maquinaria o mano de obra adjunta.  La solución del ladrillo en esquinas o vanos no es una acción nueva  o puramente decorativa.  Todo está  en función del presupuesto.  El ladrillo es más barato, más cómodo de colocar y soluciona los problemas que plantean los encuentros de dos muros, por ejemplo.  Pero también interviene el ingenio, consustancial a la construcción de tipo popular, que resuelve eficazmente éstas y otras cuestiones. Es una decisión, por lo que a mí me concierne, de carácter  formal que va encaminada en este caso a dotar a la fachada de un aspecto tosco e integrado en la arquitectura del entorno.  Construcción discreta.

Habrán podido observar, los más viajados, la presencia de notables muestras de estos acabados  en construcciones de tipo popular por casi toda la península.   También es habitual colocar piedra de distinto origen, composición o color, lo que aporta  a los muros  un aspecto muy vistoso y  altamente decorativo.  O combinar sillar y sillarejo  o texturas más finas con otras más toscas. Las posibilidades son numerosas y en ocasiones interviene una escuela, un método constructivo local o de una comarca concreta.

Estos trabajos no terminan con la colocación de la piedra. Es necesario dejar un tiempo al final de la jornada para repasar y “ripiar” la junta,  para retirar el sobrante de argamasa y dejar la piedra limpia. Si la piedra queda sucia creo necesario limpiarla con cuidado con un trozo de goma-espuma y agua.

En este tiempo  me gusta afinar al día siguiente cuando la llaga esta consolidada y se puede raspar con una madera, la paleta,  rebajarla ligeramente y por fin pasar un cepillo.

La otra alternativa  era colocar la piedra más limpia y sin llaga, rejuntando con piedras más pequeñas, pero me he decantado por un muro vivo, colonizado desde el inicio por  líquenes y musgos que ya lleva la piedra de serie.

Debo adelantar que para el cargadero o dintel del ventanal tengo preparada una viga de roble sacada, como no,  de un derribo que debo limpiar y tratar antes de colocarla.

Es mi intención, en el futuro, levantar otra altura pero con una  apariencia notablemente distinta para eludir la monotonía de la piedra; posiblemente la construya con un entramado o armazón de madera vieja  y guijarros, ladrillos, trozos de teja, manchas de enfoscado de cal y arena intercalados o   con  un jaharrado.  Cuanto más aparentemente descuidado y sobrio más singular me parece.

La piedra ofrece cobijo, traza intemporales paredes en el paisaje,  recoge a los animales, erige humildes parideras; amontonada  marca un territorio, recorta los caminos, sepulta a los muertos….  La piedra imita al hombre,  nos regala ruinas bellísimas.

Por donde mire asoman canchos, losas, pedrizas, berruecos,  encinas  de fuste mineral en una tierra pobre, salvaje y en silencio.

En  las noches frías de verano es agradable tumbarse en alguna lancha a observar el techo apretado de luminarias, para dejarse obsequiar por el calor que acumula durante el día y con el íntimo deseo de que no se mueva nada.    Salud.

Una vez colocado el pre-cerco  sirve de guía para la parte interior del hueco.

Se quita uno la chupa

Una carretilla con pasta ocre.  Habrá que esperar a que seque para ver el resultado final.

La foto no hace justicia. Está tomada al atardecer y no he conseguido atrapar el color rojo tan peculiar. Lo intentaré en otro momento del día.

.

El tendel con dos “tejitas”, como decía mi abuela, para dar la pauta de la llaga. Hay que procurar que la piedra no toque nunca la cuerda para evitar hacer panzas. Es una refernecia.

La primera mano. Ahora se escojen las mejores piedras y apenas hace falta acuñarlas, pero hay que gastarlas todas.

Piedras llave y filigrana de mampostería a hueso. Este acabado era otra posibilidad.

Otra vista desde el patio.

Al díaa siguientePiedras angulares sin repasar ni limpiar.

 Del otro lado. El márgen izquierdo del paramento con el remate final de ladrillo. me gusta hacer resaltar la piedra rebajando la junta. Se puede sejar más enrasada. Cada uno decide.

 Es conveniente remojar los ladrillos unas horas para que no se arrebate el mortero y se fijen mejor.

Otra vista antes de irme a comer.

Y para terminar la jornada laboral otro “empedrao” más nutritivo.

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5 respuestas a MAMPOSTERÍA CONCERTADA. El muro mixto II

  1. Viñalarga dijo:

    Chulísimo va a quedar. No hay nada como una pared de piedra.

    • Paracelso dijo:

      Si, pero ahora llega la fase más complicada de trabajar en altura. Mañana tengo que montar ya el andamio. Hay que subir todo el material y suficientes piedras para bajar lo menos posible. Se adelanta menos, pero tengo tiempo por delante. Salud, Viñalarga.

  2. mensh dijo:

    Saludos.
    A propósito de la belleza de la piedra:
    Wang Shu, premio Pritzker.
    Es para felicitarse. No dejéis de estudiar sus armoniosos edificios de tejas y materiales de derribo.
    De verdad, Paco, fantástico trabajo el que estás haciendo.
    Salut

    • Paracelso dijo:

      No tengo más cojones, mensh, que creer en la reencarnación, en la transmigración, ¿se dice así? de las almas -idea tan ajena a la cultura occidental- para poder hacer todo lo que me va a quedar en la “lista de tareas pendientes”.

      En mi tercera o cuarta vida tengo que dedicarme a la construcción de casas y moradas para la nte, pero ya sin doblar el espinazo, claro. Tengo la enfermiza sensación de que todo debe pasar por mis manos y siempre se necesita ayuda.

      Ya aparecen más referencias en internet para poder ver el trabajo de este hombre. Es curioso que le den a un arquitecto tan joven este premio. Estoy convencido de que su obra, a pesar de las pocas imágenes que he localizado, es un acto continuado de rebeldía. Está bien, porque al margen de su originalidad, el respeto a la tradición o el uso equilibrado de los materiales de los desastres naturales o reciclados traza sendas por las que deberían transcurrir los proyectos urbanísticos y constructivos.

      Como dice Norberto Chaves, un arquitecto bonaerense: una arquitectura sin valores añadidos, no artística, sin retórica, callada, ya usada, musical, anónima, franca, serena y limpia, contundente, inadvertida, expresión de su habitar, primaria, sin segundas intenciones, convencional como el lenguaje, ya dicha, que no es un manifiesto, hecha de actos, como una aldea, humana y natural, piedra y sentido, como el cuerpo, actual y milenaria; sabia y prudente, mero efecto arquitectónico de la vida… Pues la vida es más que el arte.
      Si tengo un rato reproduciré todo el artículo-poema en una entrada.

      “La otra arquitectura.” Yo lo he leido en la revista Sileno Nº 6. La casa.
      Un momento…
      Lo encontré: en este enlace hay más cosas. foroalfa.org/articulos/la-otra-arquitectura

  3. Paracelso dijo:

    Siempre que comento los comentarios releo las entradas en busca de alguna ” j ” perdularia, de letras que no acaban de quedarse en su sitio o discordancias manifiestas. Enmiendo todo lo que puedo veo pero… No tengan el menor pudor en sacarme los colores comentando, tb, por correo estas eventualidades. Salud.

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