UNA CONFERENCIA POCO PEDAGÓGICA.

Estas navidades Antonio, de LA CASA ECO me envió un enlace de una conferencia muy recomendable.  A quien le intere los temas educativos, la antropología… Transcribo aquí algunas notas en respuesta a su “detalle” y adjunto algunas direcciones.
Es conveniente ver primero  ver y escuchar la conferencia.

Por fin he podido “echar un reojo” al video de la conferencia  de  Pedro.

Reflexiones de un maestro-pastor seriamente cabreado,  podría subtitularse.
El conferenciante es un hombre curtido e inteligente. Y ha  volcado sus experiencias en esos cuadernos escolares tan baratos y tan prácticos para hacer un ejercicio de autocrítica  o lo que es más exacto, de  revisión de la sociedad contemporánea, de las contradicciones en las que esta inmersa.   Menudo repaso.  .
Nos ofrece  un punto de vista inusitado.  ¿Seguro que tienen arreglo todas esas contradicciones? Ha asumido nuevas perspectivas durante años. Como un viejo maestro cabreado hasta la nausea entona un réquiem  y  pone  los montes por medio.
Nos mira desde el extrañamiento agarrado a los referentes filosóficos contemporáneos, pero también desde la credibilidad que le otorga haber conocido otras culturas más francas y humildes.
Es esclarecedor su firme compromiso con la alteridad, con la opinión del otro, con la firme convicción de la presencia del otro, con la reciprocidad.
Es un baño de agua fría escuchar esos pasajes y te revuelve un poco porque nos recuerda las cosas que hemos dejado de hacer y que se puede vivir con dignidad. Logramos entrever, mientras escuchamos que existen otro tiempo y otro espacio diferentes.
¿Recuerdas, Antonio, todos esos relatos sobre  el sentido de la vida  indígena o sobre la ayuda mutua, el trabajo comunitario, el favor por favor,  la necesidad de observar al otro? Es impensable, en la sociedad que conocemos, que las partes en conflicto se pongan a hablar hasta conseguir solucionar un problema,  ineludiblemente.  Ya no se concibe dar sin esperar nada a cambio.
Cuanto más alto grado de civilización se consigue, peores son las condiciones  de vida de los ciudadanos.  Las ciudades son inmensos sanatorios. ¿Cómo no se va a poner a “dar hostias” a todo quisque”?
Es cierto, es un hombre baqueteado -tiene mundo diría alguno- y eso le dota de instrumentos para analizar y diseccionar.  Profesor disidente, nómada y pastor.
He disfrutado de “los casos prácticos” y me ha sorprendido la coherencia del discurso.
No habla desde el púlpito, ni desde la palestra. No es un brillante orador, ni un visionario.   Está subido a una peña, mira a lo lejos, toma nota, recuerda y observa a sus cabras. Se ha concedido un sistema equilibrado que se nutre de soledad. Quiere ser un hombre libre. A todos nos gusta, en definitiva, que nos dejen en paz.
Por momentos me daba la impresión  que tenía mis recuerdos,  mis decepciones, mi cabreo,  que hubiese leído las mismas cosas, que  habíamos  llegado a la misma aldea por distintos caminos.  Con los años me he dado cuenta que hay una generación –todas están de paso  y se han desperdiciado- a la que le ha tocado de  todo.
No es, la suya,  una evolución exclusiva, ni singular; muchos han recorrido esa senda que va desde el sistema, la avaricia, el abuso o el miedo y la desconfianza hacia la insumisión y la disidencia. “Tarde se aprende lo sencillo” recuerda un poeta. Yo, con los años, al menos,  me he ido librando del tercer grado carcelario.
El maestro  desde una mente casi frenética parece dar la última lección y se despide diciendo: “Ahí os quedáis que yo me piro”.
La soledad requiere mucho esfuerzo. ¿Tanto  miedo tenemos a estar solos? ¿Nos hemos sentido realmente satisfechos en alguna ocasión?
Me “chinan”, como dice un amigo, los resignados. No entiendo a la población inerte.  Es la derrota del mundo dice el poeta argentino Juan Gelman:

llegó la muerte con su recordación/
nosotros vamos a empezar otra vez/
la lucha / otra vez vamos a empezar/
otra vez vamos a empezar nosotros

contra la gran derrota del mundo/
compañeritos que no terminan/ o
arden en la memoria como fuegos/
otra vez / otra / vez / otra vez/

En efecto, escribimos para que nos quieran, para hacer llamadas de atención.  Por alusiones,  tengo la convicción  que mi experiencia  se construye ahora más que nunca con las palabras.  Son las palabras las que piensan por mí.  Pedro es un entomólogo, observa a sus bichitos, pero a mí me gustan las historias y mirar,  porque me permiten también -como a él-  vivir la vida de otros,  recrear  recuerdos, respiraciones,   apetitos o empeños que no son los míos y eso no tiene precio.
Sus convicciones te zarandean te turban un poco; sorprenden sus historias atropelladas por la tiranía del formato de la charla y lo que  le queda por decir (¿observaste sus cuadernos de campo?) y molesta porque advierte de la magnitud del engaño. ¿Quién de forma honesta valora la preeminencia de la comunidad frente a la sociedad demofascista?  “Votar es la muerte”- dice.   Ha superado el maniqueísmo. La ausencia de dogmatismo en su discurso procede de la  disparidad de estímulos, lecturas, referentes, de la vida…
¿Te has fijado ,Antonio, cómo al hablar de los indígenas sosiega el paso de las palabras, echa el cuerpo hacia atrás, respira, evoca a su familia, habla más bajo…?
De todos modos tendré que verlo otra vez.
No nos deja indiferentes.   Resuelve internarse en el monte y resistir.
Entre tanto, ni ordenado, ni disciplinado ni constante.   Salud.

web del autor: http://www.pedrogarciaolivoliteratura.com/
Blog de Antonio: casaeco.blogspot.com/

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