SUSPENSIÓN DE LA CREDULIDAD.

Hay que estar atentos a las artimañas de los “amos del universo.” Me viene al pelo la observación de M. R. Rivero en un artículo reciente en el que hace referencia a la suspensión de la credulidad. Ahí tenemos los mensajes de la clase política y los periodistas a sueldo de los grupos mediáticos, las corporaciones industriales, del ocio, de la tecnología, infiltrados en nuestras aspiraciones;  los empresarios mezquinos hablando por la TV. Sospechan de todo, están inseguros, fingen y –paradójicamente- son celosos hasta de su propia mierda. ¿Quién son?, ¿Qué autoridad moral o intelectual poseen? Sólo tienen datos: unos y ceros. Y pasta. No solamente está trucado el mensaje, sino que el emisor es un trilero. Es decir, nos quieren hacer comulgar con ruedas de molino, que diría un castizo. Se muestran ficciones, argumentos bastardos que arrastran hacia una verosimilitud que nada tiene que ver con la realidad que observamos.
Esa cesión del instinto crítico es el resultado de las industrias espurias de la coerción. No podemos acabar con tanta iniquidad, tanto privilegio, tanta sinrazón execrables, tanta tropelía. Cada tiempo tiene sus avaros. Los que siempre lo han pasado mal nunca han dejado de tener apreturas.
“Averío de furiosas gallinas” dice Rivero, pero…
Podemos alumbrar la resistencia más perspicaz con la comunicación, la correspondencia, la corresponsabilidad, el comentario; se puede llegar donde se quiera escribiendo o componiendo música, plantando un huerto y manejar nuestro ocio o nuestro sustento, cuidando cabras o gallinas, haciendo queso, o nuestra propia casa, diseñando nuestras propias costumbres. Se trata -por empezar de algún modo- de trascender el encorsetado y tutelado foro o las enajenantes redes sociales y dejar de mirarse al ombligo, de engordar la cuenta de resultados de unos pocos con cada click. Conocen nuestros estilos de vida; no se escapa ni el más recalcitrante anti-sistema, ni el filantrópico anacoreta huido al campo. Nos quieren vender de todo.
Va de suyo que un blog, un libro, una película pueden ser la caja de resonancia de toda una corriente de ruidos, quejas, gritos, que se desvelan a través de la bulla de otros; permiten insistir en renovar aspiraciones, en trazar cada día nuevas certezas para cada proyecto.
Cuando creo que empiezo a ponerme tendencioso me callo.
Busco donde están las personas que observan (lo que más me interesa es la insistencia en la mirada), que construyen y recuperan la cara más amable del trabajo en el tiempo, en compañía o que se responsabilizan y resisten. Tengo la certeza de que muchos lo hacen.
Salud.

“Se puede ser intrépido o se puede ser libre, pero no las dos cosas”.
John Berger.

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4 respuestas a SUSPENSIÓN DE LA CREDULIDAD.

  1. esposible dijo:

    Me llena de entusiasmo ver que todabia se lleva ésto de decir la verdad y espresar lo que realmente muchos pensamos; mediante blogs o sitios webs como éste. Y que además hacen eco de articulos en prensa, gracias por hacernos llegar a ellos ya que alomejor los hemos pasado por alto.

  2. Paracelso dijo:

    “Los medios”, entre ellos internet ,están muy interesados en generar desorientación, duda o -lo que es más infame- miedo, para que la clase política profesional nos pueda tutelar y perdonarnos la vida.
    Tengo siempre un escozor de publicar algunas de estas técnicas trampa que se valen del lenguaje, la psicología, la publicidad o el espectáculo.
    Quizás sea un buen momento para inaugurar otra sección en el blog dedicada a temas menos pastoriles y así recobrar nuestras costumbres mas peleonas. Salud.

  3. esposible dijo:

    SI, creo que seria muy interesante ya que veo que su blog es muy activo.
    Siempre es un placer leer entradas como ésta y como usted dice recobrar esas costumbres peleonas, o mejor dicho no avandonarlas. Todo lo que sea luchar y hacer una critica desde el conocimiento siempre tendra lugar.

  4. Paracelso dijo:

    Tengo tiempo para ello.
    En fases críticas de la sociedad, la opinión de los ciudadanos es más dúctil de lo habitual.
    Hace algún tiempo leí a un asesor de las grandes multinacionales y comentaba, sincerándose, que se nos empuja a tomar decisiones bruscas haciendo predominar en nosotros las opiniones emocionales como si las reacciones instintivas fueran las más importantes.
    Creo que apenas se nos concede tiempo para reflexionar vía publicidad, inmediatez informativa, decisiones políticas, tecnología,… de modo que estamos siempre más cómodos con la “panda” de los más fuertes o de los más numerosos. Supongo que será una propensión genética ancestral muy estudiada. El objetivo final es sumergirnos en un estado de exasperación generalizada mientras buscamos, anhelantes, algo en qué creer.
    En las zonas rurales ya no es diferente, pero se puede eludir parte de la presión y cerciorarse de que lo que decides se adecua a tus convicciones. Se adquiere la perspectiva que procura la soledad y el ritmo más natural de la vida. Salud.

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