EL HIELO

Tres bajo cero. La noche mantiene su influjo hasta bien entrada la mañana con su paso de hielo. Un velo blanco lo cubre todo.

Apenas se puede hacer nada. Abro a las gallinas e impávidas comienzan su voraz rutina. Después de unos días encerradas y una vez reblandecida la dura capa helada de tierra vuelven a remover todo el bancal central del corralón del cura en busca de lombrices y semillas pregerminadas .

Es la parada obligada, la suspensión del paso que lleva a trabajar en casa con las palabras o en algún pajar bien orientado con la madera, el banco de semillas o con la mirada  fija, aquistando todas las versiones del tiempo.

Se transita por el día sin prisas y sin miedo. El mundo puede esperar.

El hielo ahueca la tierra. El frío de las manos se recuerda como el corte accidental con una navaja.

Estos días hay que comer con contuendencia.

Pasan lentas y cálidas las vacas con sus terneros hacia las praderas heladas. Las plantas aprovechan las escasas horas de sol para pegar tirones de supervivencia. El suelo humeante de la huerta acabará por mostrar si podré sembrar hoy los ajos. Salud.

Anuncios
Esta entrada fue publicada en Monólogo interior. Guarda el enlace permanente.

Puedes dejar un comentario

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s