EL CUADERNO DE HOJAS A CUADROS.

 

Se terminaron las hojas del cuaderno y esta mañana he comprado  con la prensa (lo vengo haciendo desde que era adolescente, al menos los fines de semana) un bloc escolar y un bolígrafo  de tinta verde.

 Cada entrada en el cuaderno virtual cierra el ciclo de una lectura, una impresión, una imagen, un estímulo, que le dio origen.

Debería, quizás, imprevisible lector, dejar el bolígrafo en el bote del escritorio y sólo subrayar libros, textos de otros, los periódicos con mis pequeños  lapiceros de colores;  anotar en  los  papeles recortados de las hojas caídas del calendario la cita de un científico sereno que habla por la radio, el título de un libro sugerente, trasladar la voz comprometida de algún escritor.  Debería ser cada día mejor lector. La lectura es el territorio de los placeres ocultos,  de los deleites callados que difuminan las lindes de lo que es exterior o interior.

Me gusta hablar y estoy expuesto  desde hace algún tiempo a la opinión de los otros, a lo que digo y a su composición.

 El chisme, la crítica banal -debo decir que el cotilleo-  siguen siendo los nexos de  la socialización.  El comadreo compone la urdimbre de los mentideros televisivos, periodísticos  o de las plazas públicas y bares.  Las redes sociales no están exentas de estas querencias ,ni siquiera son ajenas a los imbéciles.  

 Me gustaría destilar el trabajo del blog  y  ocuparme de glosar, parafrasear, de descifrar, de comprender lo que dicen o escriben los que saben más que yo. 

 Hacer públicas ciertas cosas  no supone, en todo caso, riesgos más  importantes que dejarlas en un cajón o en un archivo de word porque, en general, escribimos, decimos, participamos en un mundo caótico de datos, testimonios, cifras, signos… más que leemos, observamos, escuchamos y  callamos. En ese maremágnum estoy a salvo.   Difícil equilibrio entre la privacidad o la discreción  y el imperativo de la trabazón pública.

Aquellos tejidos cicatrizados, pues,  componen estos textos, con no poco esfuerzo.  No me lamento porque, como dijo  hace poco Leonard Cohen en un discurso de agradecimiento al recibir un premio-  “Si queremos expresar la derrota que nos ataca a todos tiene que ser en los confines estrictos de la dignidad y la belleza”.        

Sigo escribiendo en un cuaderno escolar con las hojas cuadriculadas y con margen a la izquierda, para no torcerme.   Salud.

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