NUEVO POST que trata del progreso de la avícola relación y continúa con las discretas anotaciones sobre las costumbres de las gallinas de La Huerta de los Robles y se cuentan otras gustosas historias de la vida por estos pagos.

 Sabemos ya que las barradas (Plimouth rock barred) son hermosas adolescentes que importunan a las adultas. Escamotean, si pueden,  los tajos más grandes de lechuga.  Aún, cuando se recogen -tan grandonas ya- buscan el cobijo de su nodriza, Federika, la gallina enana.  Recorren su tramo de la percha de un lado a otro hasta que encuentran  acomodo.  No creo que tenga que marcarlas, por ahora, en vista de que conservan intactos sus picos.  Serán unas buenas ponedoras en primavera. 

   Al salir del gallinero por las tardes escucho leves piulidos, mientras empiezan a soñar con las enormes lombrices que atraparán al día siguiente.  

Federica ha puesto pocos huevos desde la primavera y no se ha vuelto a agachar.  Suele ser el objetivo prioritario de los gallos. Es  más pequeña y accesible que las semipesadas  barradas y algunas veces la he desenredado de la persiana de la ventana.

La rubia teñida es el  regalo de un vecino.  Va por libre.  Hace escapadas en solitario hasta la jaula de los conejos de monte por si puede truquear algún bocado de repollo o hierba fresca. No tiene tanta querencia  al gallinero como el común de las mortales gallinas de la Huerta de los Robles y transcurren sus jornadas como las de una artista de varietés de gira por provincias, hospedada en una fonda de intachable reputación.  Tiene unos pocos meses. Terrible edad de mocita descarada: se acicala, se arregla las plumas perfectas, grises y doradas. Come despreocupada alzando el obispillo, pícara, provocadora.

Pero todas observan  precavidas y distantes como si pertenecieran a un bajorelieve egipcio. No se dejan fotografiar, pero si hay comida por medio, me la quitan de las manos.  Cuando entro en el corral el viejo portón chirría, por sus goznes oxidados, y acuden presurosas a ver qué les cae. Al rato, siguen su ceremonial: una vez más, indiferentes, arrastran la tierra con las patas y vuelven a picotear lo que han trillado. 

Leonina o ¿era Leontina?   No tiene remedio y sigue su instinto de matrona avezada ¡Una gallina terrible!  Ahueca sus plumas y eriza las del cuello. Se tira como una cobra para proteger a sus pollos.  En cuanto encuentra cuatro huevos juntos se agacha y a engüerar. Lleva algunas semanas un poco más enfurruñada de lo normal.  La aparté hace unas semanas y acaba de cuajar un sólo pollo negro,  patilargo,  sospechosamente parecido al gallo castellano. Y que no se lo toque nadie. Se ha dejado un poco y  está un poco sucia y desaliñada.  Es muy aficionada a la mesa camilla.

Días hay que presiento el vuelo de los milanos o escucho el jirijío de las águilas a gran altura mientras arreglo el corral o corto madera.  Paro y levanto la mirada. No son amenazas para las gallinas, ni siquiera los milanos en el casco urbano, pero el tío Rafa, no sé si para alarmarme o para cachondearse un poco de mis desvelos con las aves,  dice que han rondado el corral en mis breves ausencias.  Cada cual tiene sus propios demonios y  las gallinas no van a ser menos.  Las gallinas duermen  en perchas contiguas y defecan en la misma letrina y todo eso une.   Las veo sanas y no más inquietas que lo que les  dicta la genética.

Después de la primera carga del buche suelen darse los adultos un baño de arena o de tierra fresca hasta quedar literalmente enterrados.   Creo que se desparasitan con rigor con tanta polvareda.

 

 Di por buena hace unos días la selección del encargado de la granja donde suelo comprar, al sacarme dos barradas,  dos pollitas de gallina azul (¿Inglesas, andaluzas?) y dos “morunas”  o “zarradías”.  Craso error.  No me fijé y me colocó algunas pollitas muy pequeñas y se han ido muriendo.  Las que han quedado –las dos morunas y una barrada- están muy activas y han sido adoptadas por Leonina que -al final- parece que sacará  adelante  a su pollito.  

 Haré alguna fotografía y las publicaré una vez que se vayan manifestando sus características.  Alguien  conocerá a esas “zarradías” (que nombre mas bonito)  Parecen tener un capuchón tostado en la cabeza y el plumaje grisáceo.  No encontré nada en la red por “morunas”.  

De modo que, la guardería a todo trapo y las nuevas -tan gansas- se suben ya a la chepa de la nodriza.                   

Termino esta accidentada relación con anotaciones realizadas con tiempo por delante.  Impresiones del gallinero que no por ser más banales o intrascendentes son menos verdad.

Por un momento, mientras permanecía  sentado en la lata, cogido al mango  semipodrido de la horca, quedé en suspenso  pensando en el tiempo que se aproxima  de quedarse  muchos ratos, después de la tarea,  al calor de la lumbre sin hacer nada, dormitando, soñando, tal vez leyendo. Una delicia. Salud

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