¿Tiempo de patatas?

Me he despertado de madrugada, asustado.   Con un miedo antiguo, profundo.

Me he acercado a la huerta a regar las patatas, por fin.  Enseguida han agradecido el agua.  Son noventa días y unas semanas más para que se encorche la corteza.

Improbables lectores, me han cedido un huerto, tengo unas pocas gallinas. Ahora alzo la vista a las montañas silenciosas e intento recuperar el ritmo ceremonioso, casi olvidado,  de la comunidad campesina  y de su habitar.  Pero es  una severa indiscreción hablar con tan escasa autoridad de los secretos de estos lugares y de lo que aquí ocurre;  comento una profunda injusticia al describirlo de forma tan superficial.  Son inútiles  aproximaciones.

Tantas salas abiertas que ya no necesitan techo, tanto recelo, tanta desconfianza, en las gentes también. Y  los horizontes de encinas buscando el renuevo de las estaciones…

Es arrogante escribir sobre todas estas cosas,  como consecuencia del resquemor narcisista y de la querencia a llamar la atención.  “Deja todo esto en paz”, pienso.  Son, en ocasiones, descripciones  alejadas de la realidad, cuando no sesgadas por  el corretaje de mi vehemencia o por la literatura.  Alguien dijo que te sientes de un lugar cuando dejas de escribir sobre el.

Me voy  leyendo la cartilla  y las más veces el apresuramiento que contraje en la ciudad aún  me confunde y me convierte en un charlatán.  (La ciudad es una madre vieja que amamanta a una progenie insaciable.)  Abuso de la palabra.

En tiempos en que todo se exhibe, de deslealtad e impostura, un espacio virtual corre peligro de convertirse en un burdo sicario de la publicidad o el proselitismo.

Afortunadamente el día no da tregua para sentirse solo o maldito.  La transición a ésta vida campesina aún no se ha completado.   Salgo de la noche cerrada abandonando una oscura bruma y cada día es una nueva tentativa. Esta vida imposible es lo realmente esencial, como la madre del rio cercano, como el  lecho que ocupa el agua en sus crecientes  regulares;  aunque  se sale de su álveo natural con frecuencia, siempre vuelve a su “manso ruido”.

¡Cómo el esplendor de la naturaleza realza la sencillez de esta morada!  La clave del rito de paso está en la cotidianeidad y ésta no tiene interés ninguno para los demás;  cada día veo menos necesario hacer entradas en el  blog.   El tiempo me  acuna  hasta una lasitud dulce, me adopta sin recelo, pero aún me pierde entre sus miembros  difusos y angulosos.   Salud

PATATAS

Canta el gallo

la tierra sus negras plumas abierta

araña la piedra

y pone sus huevos

no las levantéis demasiado pronto

alumbran

a través de su piel luna

a los muertos

durante las nieves

amontonadas en las bodegas

gravemente prestan

cuerpo a la sopa

cuando faltan

no tiene carne el arado

y los hombres mueren de hambre

como el gran oso en la noche invernal.

J. Berger

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2 respuestas a ¿Tiempo de patatas?

  1. robin dijo:

    No abusas de la palabra. Haces magia.

  2. Francisco Haro dijo:

    Es paciencia y tenacidad. Son tan significantes las palabras algunas veces que el mérito lo tienen aquellos que las fijaron en nuestro idioma. y me gusta rendirles homenaje usándolas sin vanidad. Salu, Robin.

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