21 días.

   “-¿Y hasta cuándo cree  usted que podemos seguir en este ir y venir del carajo? –le preguntó.
    Florentino Ariza tenía la respuesta preparada desde hacía cincuenta y tres años, siete meses  y once días con sus noches.
-Toda la vida  -dijo?”                                   
                                                                             El amor en los tiempos del cólera   
                                                                                                                                                                                                                                     

 Después de 21 días de espera  han nacido en el gallinero de la Huerta de los Robles dos pollitos realmente graciosos.   Como los gallos castellanos aún no podían realizar sus funciones procreadoras,  Arsenio, el panadero del pueblo vecino, me ha dado media docena de huevos de castellana fertilizados por un gallo  pardo.   La inexperiencia te pasa factura.   En realidad  hay que decir que se han sucedido, además,  una serie de circunstancias, que han impedido obtener mejores resultados.   Federika se escondió cuando se puso “a engüerar”.   Las barradas, muy astutas     -y a pesar de que había procurado separarla de las demás-  le han ido colocando otra media docena de huevos en unos días, de modo que la nodriza no ha podido cubrirlos todos y algunos  embriones se han malogrado.

Durante estas semanas se han encadenado las tormentas casi a diario.  Las leyendas campesinas dan fe de que los embriones  en días de tormenta se “atruenan”.   Aquí  mandan los cánones de cría de La Meseta y no voy yo  ahora a cambiarlos.  En el siguiente intento habrá que colocar, como predican mis vecinas, unas tijeras en cruz o unas agujas de hacer punto para conjurar tanto estruendo maléfico.  Estoy pensando que, quizás, le vendrían bien a la puesta unas cuantas misas.   Hablaré con el cura…    Está bien, las supersticiones están en el aire en muchas zonas rurales y siento mucha curiosidad.

Al parecer, la explicación más empírica es que la gallina se pone muy nerviosa y zarandea en demasía los huevos y “descoloca” a los embriones de modo que no salen adelante.  Pero si te pones a analizarlo en muy pocas ocasiones salen todos los pollos del cascarón.

Pedrisco, tormentas, sequía, plagas: estamos literalmente a la intemperie, a expensas de la madre naturaleza.  Nunca habían sido tan desmitificadores los días en el campo como hasta ahora,  cuando se trata de sacar adelante unas hortalizas y unas gallinas, o trabajar dos días seguidos sin agua, a la intemperie.   Los eventos climatológicos ponen a cada uno en su sitio.    Estos días te hacen más  culto, más cauto y se te bajan esos humos de urbanitas reciclado en granjero.

Muestro, por ahora, algunas fotos poco ilustrativas porque son tan pequeños que apenas se distingue su fisonomía.   Y otras de la evolución de castellanas y barradas.

                                                                                   
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