Solanum tuberosum.

Ya están en marcha las patatas.  Me he decidido por dos variedades procedentes de  Valdivia, en la vega del Guadiana, Badajoz.   Una es agria y  la otra es  jaerla. Quizás el terreno esté un poco falto de humus, pero no se ha cultivado en algunos años y con los restos vegetales incorporados con el laboreo no creo que se den mal.   En algún sitio he visto que incorporan estiércol en los caños para que se disuelva con los riegos o se forme un caldo que se filtre a la tierra. Otras veces  hago caldos para  las ornamentales con excremento de ovejas y las plantas lo agradecen.

Me interesa tener producción temprana.  La jaerla, de carne amarilla,  es un cultivo de 90 días.  La agria, más blanca,  es tardía y puede permanecer  más tiempo en  la tierra;  si no se encharca, es dónde mejor están aunque esté el campo con medio metro de adventicias.  He visto en  algunas páginas de internet procedimientos de conservación de tubérculos en cajones, a base de arena y viruta de madera.

El marco de plantación que me recomiendan es el de una patata-una huella poniéndola en el caño y dejando  surcos  o caballones anchos de 60 centímetros aproximadamente al taparlas.  Se debe dejar a unos diez centímetros de profundidad.  Por la zona de esta Meseta Alta Castellana  corren el peligro de  helarse, cuando a los 8 o diez días hayan aparecido los primeros brotes.  Si éstos se queman con el hielo la cosecha se retrasa y disminuye el rendimiento.  Por aquí, si se  prevén  bajas temperaturas, “parten el surco” y las tapan para que vuelvan a brotar. Como el medio mecánico más sofisticado que tengo es una azada, (al fin y al cabo tecnología popular) se pueden aporcar ligeramente sin dañar los brotes.

Algunas voces insisten en que no importa  que pasen un poco de sed al principio, entre otras cosas  porque la planta se desarrolla con las reservas de la patata madre, de modo y manera que con los primeros riegos pegan un tirón considerable.

Otra cuestión a la hora de echar las patatas es si se debe partir o no. El sentido común nos indica que si la patata es “sembradera”, esto es,  si tiene el tamaño de una nuez o un huevo pequeño, no es necesario partirla, sobre todo porque dejamos la simiente con menos brotes.  Pero si el tubérculo  es un poco mas grande se puede partir, distribuyendo los brotes de forma equilibrada (hay quien le quita el “culo” o la parte del extremo de la patata que no tiene brotes y quien las parte longitudinalmente sin desaprovechar nada) .

El año pasado,  con las prisas, se plantaron  en surcos muy largos  y el agua no se repartía de forma idónea.  Habrá que proceder como lo hacen los que no tienen, como yo, tracción animal.  Torna o pasada y canteros.

Estas tierras francas y sueltas producen, con la colaboración ineludible del agua fría del Tormes -y si no se las trata con insecticidas o abónos  de síntesis-  unas patatas finas y sin sabores extraños.

Espero poder controlar este año la plaga del escarabajo.  He leído que se introdujo en Europa procedente de Estados Unidos.   Están esperando a que salga el primer brote para acoplarse, de modo que casi todos los días les doy un repaso a las plantas retirando  un buen puñado de escarabajos y destruyo los huevos que ponen bajo las hojas e incluso en los “cenizos” y otras adventicias de hoja ancha, si no se han retirado.  Si veo que desmandan les echaré el caldo de macerado de tabaco con un poco de jabón biodegradable.  No acaba con ellos pero les pone las cosas difícil a las larvas.   Las lluvias están siendo providenciales  y no les está faltando la humedad necesaria.    Nunca hubiera podido pensar que la meteorología fuera un aspecto del habitar tan decisivo, cuando en otro tiempo únicamente interesaba que no lloviera los fines de semana para poder salir disparado de la ciudad o para que no hubiera demasiados problemas de tráfico.

                                           1-   “La diversidad se expresa por medio del  número                
                                          de especies sobre el planeta, y por la variedad de  sus conductas                                                                                                              
                                                                           G. Clément.   Manifiesto del tercer paisaje.
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