Las candelas.

La luz enciende las candelas de las encinas al amanecer.   Los nuevos brotes primaverales pronto se serán  un verde coriáceo inconfundible, casi negro. La fecundidad.

Me he acercado temprano al huerto para llevar unos sacos de paja.  Los guisantes de Siles  que sembré en febrero han ido cogiendo fuerza arropados por la turba.  He tenido que colocar a las plantas  unos pequeños tutores.

Me he agachado a colocar la paja que cubre los caños para mantener la humedad y al levantarme, aún en  la sombra  de la noche proyectada por las serrezuelas próximas, ha recorrido mi figura el corte del sol.  Se abre de nuevo la frontera del día.

“…por un momento el resplandor pulverizó , calcinó sus huesos, desintegró sus cuerpos para que se olvidaran de sus nombres , sus formas, de su dolor y su carga, y del tiempo que anida en las venas y se parece al plomo o a la arena caliente y nunca, pero nunca jamás concederá un momento de descanso. “
A. Stasiuk.
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